Juez abre proceso contra pareja por feminicidio de Fátima
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Juez abre proceso contra pareja por feminicidio de Fátima; da 4 meses más para cerrar investigación

De ser encontrados culpables al finalizar el proceso de los delitos planteados por los fiscales ambos podrían alcanzar una pena superior a los 100 años de prisión.
Cuartoscuro
22 de febrero, 2020
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Un juez de la Ciudad de México determinó esta madrugada someter a proceso penal a Giovana “N” y Mario “N” por su presunta responsabilidad en el secuestro agravado y feminicidio de la niña Fátima de 7 años, y concedió a la Fiscalía de la Ciudad de México cuatro meses mas para completar la investigación, previo a llegar al juicio.

Luego de una audiencia de cuatro horas y media de duración que se realizó casi en su totalidad a puerta cerrada, el juez Agustín Moreno Gaspar ordenó que la pareja de inculpados permanezca en prisión preventiva mientras se desarrolla todo el proceso. Mario en el Reclusorio Oriente y Giovana en el penal femenil de Santa Martha.

Lee: Presuntos responsables del feminicidio de Fátima se escondían con un familiar en el Edomex

El juzgador consideró que el equipo de fiscales encabezado por Luis Fernando Trejo Vargas, fiscal de la Fuerza Antisecuestros, había aportado los datos de prueba iniciales suficientes, que van desde testimonios y videos hasta diversos peritajes y muestras genéticas, para presumir que Giovana y Mario fueron los responsables de la desaparición y asesinato de Fátima.

De acuerdo con las autoridades ministeriales, el plagio de la menor perpetrado cuando salió de su escuela el pasado 11 de febrero, no tuvo como finalidad pedir dinero o alguna compensación, sino directamente generarle un daño físico a la menor de parte de Mario con la participación de su pareja.

De ser encontrados culpables al finalizar el proceso de los delitos planteados por los fiscales ambos podrían alcanzar una pena superior a los cien años de prisión.

La audiencia se realizó bajo fuertes medidas de seguridad en la sala 7 de alto impacto del edificio de juzgados del Poder Judicial de la Ciudad de México localizado en la colonia Doctores.

La sesión inició cerca de las 9:50 de la noche, con casi una hora de retraso debido a la certificación del estado de salud y emocional que se hizo a los dos imputados. Tras determinarse que se encontraban bien es que pudo arrancar el procedimiento.

Leer más: Tulyehualco despide a Fátima con dolor, rabia y desconfianza hacia las autoridades

Al inicio de la sesión se permitió el ingreso de 13 representantes de distintos medios de comunicación, entre ellos Animal Político, pero antes de que comenzara a plantearse formalmente la imputación inicial los fiscales pidieron que la audiencia fuera privada y sin presencia de periodistas, bajo el argumento de que se revelarían datos personales e información sensible sobre un crimen perpetrado en contra de una menor de edad.

Al no haber oposición ni de los representantes de las víctimas ni de los abogados defensores, el juez Moreno Gaspar accedió a conceder esta medida, por lo que a los diez minutos de haber iniciada el procedimiento se desalojó a los medios de comunicación y a tres personas que habían acudido como público.

Fuerzas desiguales

Uno de los hechos más llamativos de la audiencia inicial fue la disparidad de fuerzas, al menos en cuanto a numero de abogados y representantes, entre las partes. Mientras el equipo acusador estuvo compuesto por ocho fiscales y litigantes privados, los acusados fueron representados por dos abogados de oficio.

Del lado acusador estuvieron presentes tres agentes del Ministerio Público de la Fuerza Antisecuestros de la fiscalía capitalina, encabezados por Luis Fernando Trejo Vargas, y por cinco abogados particulares en calidad de asesores jurídicos de la familia de Fátima.

Entre los abogados particulares se encontraba Ana Katiria Suarez, litigante experimentada en casos que involucran violencia de género y que en el pasado ha llevado exitosamente casos como el de Yakiri Rubio, y Olivia Rubio Rodríguez, quien es maestra y experta en política criminal por el INACIPE.

Previo al arranque de la audiencia Katiria Suarez confirmó que esperan un proceso judicial justo en el que se reúna la evidencia suficiente que permita demostrar sin espacio a duda razonable la participación de los detenidos en el crimen de Fátima. También destacó la importancia de que se respeten los derechos a la defensa y debido proceso de los inculpados.

Por otro lado, al defensa de Giovana y de Mario estuvo conformada por dos abogados de oficio (puestos por el Estado de forma gratuita): María Rosalba Fisher y Oscar Omar Andrade.

El juez comunicó a los imputados que si en algún momento del proceso quieren integrar a otros abogados particulares están en libertad de hacerlo.

Cabe señalar que la defensa contaba con el derecho de haber pedido un plazo de hasta 144 horas para reunir pruebas que permitieran desvirtuar las imputaciones iniciales de los fiscales e intentar que no se vinculara a proceso, pero decidieron no hacer uso del mismo y que la determinación se tomara de forma inmediata.

Entérate: Omisiones y fallas de autoridades facilitaron la desaparición de Fátima y complicaron su búsqueda

Inexpresivos de arranque

Tanto Giovana como Mario mantuvieron un semblante serio y tranquilo, si hacer evidente alguna emoción o mueca, al menos durante los diez minutos iniciales de la audiencia antes de que la misma se decretara privada.

Mario, quien vestía pantalón y una chamarra deportiva de color gris, fue el mas activo previo al arranque de la sesión pues en al menos dos ocasiones intercambió algunos comentarios con los abogados de oficio.

Giovana en cambio, con ropa de color oscuro y el cabello recogido, permaneció en el extremo de la mesa casi siempre con la mirada hacia enfrente y sin interactuar con nadie. Se le pudo apreciar mas tranquila en comparación con algunos videos y fotos de su detención donde denotaba un visible nerviosismo.

De lado de la familia de Fátima no estuvo presente ningún integrante en la sala de juicio. La madre de la niña, María Magdalena, quien tiene la calidad de víctima indirecta, comunicó que no se sentía bien para acudir a esta audiencia, pero sus derechos y representación estuvieron cubiertos por los cinco asesores jurídicos que nombró previamente.

CDHDF prepara recurso

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México integra una investigación que podría derivar en la emisión de medidas cautelares, tras haber recibido al menos dos quejas en las que se advierte la posibilidad de que se vean vulnerados los derechos de defensa y de un proceso con perspectiva de género de Giovana “N”.

Autoridades del organismo autónomo indicaron que ya se lleva a cabo la investigación y en breve se darán a conocer los resultados.

Ayer una abogada particular declaró en medio de comunicación que tenía la intención de representar legalmente a Giovana pero que desistió luego de haber recibido “amenazas”.

Una de las quejas promovidas ante la Comisión subraya la importancia de que se requiera a la Fiscalía que la investigación complementaria que lleve a cabo se desarrolle con perspectiva de género, es decir, que se analice el contexto de violencia y la relación de subordinación, violencia y desigualdad que podría presentarse entre Giovana y Mario.

También se solicita que la CDHDF emita medidas cautelares para proteger los derechos de los hijos de la pareja de inculpados

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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