Moralizar no es la solución a los feminicidios, reclaman mujeres en Palacio
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Itxaro Arteta

Moralizar no es la solución a los feminicidios, reclaman mujeres en Palacio Nacional

Las mujeres argumentan que la moralización de la sociedad no es la solución para enfrentar los feminicidios como lo plantea el presidente López Obrador.
Itxaro Arteta
18 de febrero, 2020
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Los feminicidios no se solucionan con una constitución moral, fue el reclamo que esta mañana llevó un grupo de mujeres a las puertas de Palacio Nacional, luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijera el lunes que feminicidios como el de Fátima, de 8 años, se deben a la descomposición social que provocó el neoliberalismo.

“Nos están matando. No se va a acabar con una constitución moral. ¡Estamos hartas!, ¡hartas! Por Ingrid, por Fátima, por todas!”, gritó una chica con la voz desgarrada.

El lunes empezó a correr en redes sociales una convocatoria lanzada por la colectiva feminista Dignas Hijas para protestar a las 7 de la mañana, hora de inicio de la conferencia mañanera, contra las declaraciones del presidente.

Lee: Fátima era curiosa, nunca festejó su cumpleaños y quería ser doctora para ayudar a otros

Unas 50 chicas acudieron con pañuelos verdes, morados, pancartas hechas a mano en cartulinas, y algunas con latas de pintura. Hubo pases de lista en los que se recordaron los nombres de casos emblemáticos: Fátima, encontrada muerta el domingo pasado; Ingrid Escamilla, desollada por su pareja el domingo anterior; Lesvy, ahorcadas por su novio en la UNAM y que primero se quiso hacer pasar por un suicidio.

Se dio lectura a un comunicado titulado Más políticas, menos sermones, que expresaba la preocupación de que además de la falta de políticas públicas con perspectiva de género y derechos humanos, se quiera “moralizar” de la mano de iglesias.

Lee: Omisiones y fallas de autoridades facilitaron la desaparición de Fátima

“Las instituciones religiosas -particularmente las católicas y evangélicas- son conocidas por encabezar movimientos antiderechos, en particular derechos de las mujeres”, señaló. “No puede ser, entonces, que se quiera combatir la violencia contra las mujeres -la cual tiene como raíz el sistema patriarcal y el machismo- impulsando instituciones machistas”.

En la protesta no faltó el canto de “Un violador en tu camino”, creado en Chile por la colectiva Las Tesis. Y todas las mujeres señalando al interior de Palacio Nacional al gritar “el violador eres tú”, y agregaron “el asesino eres tú”.

Se acercaron mujeres de la coordinación de atención ciudadana y solo provocaron más enojo.

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“Que lo asesoren. Les falta perspectiva de género, les falta educarse, les falta estudiar, les falta leer, les falta entender de qué va la situación. Les falta entender que no se va a acabar con una constitución moral. ¡Un gramo de empatía!”, les gritaron.

Como había programadas varias manifestaciones alrededor de la sede del gobierno, por las calles había decenas de policías mujeres. Al frente de Palacio, se concentraron en proteger las puertas, así que las chicas que traían pintura en aerosol hicieron grafitis en las paredes. Hasta después de 15 minutos la policía trató de acercarse, pero las chicas lo impidieron.

“Ojalá nos cuidaran como cuidan a sus monumentos, a sus paredes. Si tienen la capacidad de organizar un grupo de policías para cuidar nuestra marcha, cuídennos a nosotras, ¡cuídennos a nosotras!”, fue otro reclamo.

Después de alrededor de hora y media, hicieron una pequeña fogata donde quemaron sus carteles, que no afectó ninguna pared ni mobiliario. Antes de retirarse, amarraron pañuelos verdes en una de las ventanas de Palacio Nacional y colocaron cuatro veladoras por las mujeres asesinadas.

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La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020

En 1909, E.M. Forster escribió una asombrosa novela corta con un relato que parece actual en muchos aspectos, escribe el editor de arte de la BBC Will Gompertz.
5 de julio, 2020
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Mi esposa estaba escuchando un programa de radio el otro día y oyó a un hombre hablar sobre inteligencia artificial.

Mencionó una novela corta de ciencia ficción escrita por E.M. Forster llamada The machine stops (“La máquina se detiene”), publicada en 1909, y dijo que era profética.

Nosotros no sabíamos de su existencia. Sinceramente, no teníamos a Forster por un novelista de ciencia ficción, más bien lo recordamos por las adaptaciones al cine de la productora Merchant Ivory protagonizadas por Helena Bonham Carter y sus elegantes vestidos victorianos.

Compramos un ejemplar.

“¡DIOS MÍO!”, como no hubiera dicho Forster.

“La máquina se detiene” no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020.

Si se hubiera escrito hoy, seguiría siendo excelente; el hecho de que haya sido escrita hace más de un siglo la hace sorprendente.

"La máquina se detiene" fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

WLC PUBLISHIN
“La máquina se detiene” fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

El breve relato se desarrolla en lo que debió de ser un mundo futurista para Forster, pero no lo será para ti.

Las personas vivían solas en casas idénticas (globalización) en donde escogían el aislamiento (él usa esa palabra), enviaban mensajes por correo neumático (una especie de email o WhatsApp) y chateaban en internet a través de una interfaz de video increíblemente similar a Zoom o Skype.

El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo”, junto con el contacto con extraños (“la costumbre se había vuelto obsoleta”), ahora prohibido en una nueva civilización en la que los humanos viven en células bajo tierra con computadoras tipo Alexa al servicio de todos sus caprichos.

Si ya suena espeluznantemente cercano como para causarte preocupación, no te tranquilizará saber que los miembros de esta sociedad conocen a miles de personas a través de redes sociales controladas por máquinas que alientan a los usuarios a recibir e impartir las ideas de otros.

“En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, escribe con ironía el visionario autor, antes de añadir:

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”.

FOTO 3- FORSTER EN 1924.

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis via Getty Images
E.M. Forster comenzó a escribir ficción en el King’s College de Cambridge, donde primero estudió Literatura Clásica y luego Historia (1897-1901).

No se me pasa por alto que estás leyendo esto en internet, en un dispositivo artificial sobre el cual todavía creemos que ejercemos dominio. No por mucho tiempo, según la historia de Forster ni, sospecho, según algunos de los cerebritos detrás de la inteligencia artificial de hoy día.

Estamos en el territorio de monstruoso de Frankenstein, otra advertencia literaria que probablemente no deberíamos ignorar.

No hay una manifestación física aterradora similar en Forster que indique que la ciencia va mal en “La máquina se detiene” (el título lo dice todo), pero eso la hace todavía más inquietante.

Los dos protagonistas de la historia, Vashti y su hijo Kuno, son gente normal, como tú o yo. Ella vive en el hemisferio sur, él vive en el norte.

Kuno quiere que su madre le visite. Ella no está dispuesta.

“¡Pero puedo verte!”, exclama ella. “¿Qué más quieres?”

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, dice Kuno. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”.

“¡Ay, cállate!”, dice su madre, vagamente sorprendida. “No deberías decir nada contra la Máquina”.

Yvonne Mitchell

BBC
Yvonne Mitchell interpretó el papel de la madre, Vashti, en esta adaptación televisiva de 1966 de The machine stops (“La máquina se detiene”), como parte de una serie de ciencia ficción de la BBC llamada Out of the unknown (“Fuera de lo desconocido”).

Ella prefiere el distanciamiento social y dar su conferencia en internet sobre Música Durante el Período Australiano a una audiencia invisible en el sillón de sus casas que acumula información histórica abstracta sin relevancia alguna para sus vidas subterráneas reales, más allá de ser una distracción ilusoria de su vacía existencia (no muy diferente a los cursos durante el confinamiento, tal vez).

No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón.

En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DEL MUSEO BRITÁNICO
En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

La Máquina (internet, para nosotros) es la cueva solitaria, sin aire y sin sol en la que existimos, la información que imparten las sombras en la pared.

E.M. Forster publicó el cuento entre A room with a view (“Una habitación con vistas”, 1908) y Howard’s End (“La mansión, 1910), dos novelas en las que explora temas filosóficos similares en torno a mundos internos y externos, verdad y pretensión.

“La máquina se detiene” apareció por primera vez en la revista británica Oxford and Cambridge Review el mismo año en que Filippo Tommaso Marinetti publicó su furioso “Manifiesto futurista” en el periódico Le Figaro.

El poeta italiano argumentó lo opuesto a la parábola profética de Forster.

Marinetti abrazó a la máquina, argumentando que un automóvil veloz era mucho más hermoso que una escultura griega antigua. El pasado era un peso muerto que necesitaba ser destruido para dar paso al futuro.

Aunque el "Manifiesto futurista" de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Getty Images
Aunque el “Manifiesto futurista” de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Le habría caído bien Vashti, quien, cuando viajaba en una aeronave para ver a Kuno, bajaba la persiana sobre Grecia porque ese no era el lugar para encontrar ideas: una broma irónica de Forster, dado que la idea para su cuento, vino de la Atenas de Platón.

Eso es todo en cuanto a bromas en una novela donde realmente no existen cosas como la comunidad o la experiencia directa, y es imposible alejarse del constante zumbido de la máquina sin pedirle al Comité Central un permiso para salir al exterior.

En ese momento, te colocas un respirador y te aventuras en el mundo real.

Como dijo el hombre de la radio, es profética. Y muy, muy buena.


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