Falta de resultados contra violencia de género ha llevado a paro y protestas a 15 escuelas de la UNAM
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Falta de resultados contra violencia de género ha llevado a paro y protestas a 15 escuelas de la UNAM

La falta de resultados por parte de la UNAM, denunciada por estudiantes, ha provocado que en la actualidad haya 15 escuelas y facultades en paro de actividades de manera parcial o indefinida, o en toma de las instalaciones. El CCH oriente también se sumó al paro, pero el motivo está relacionado con la designación del director.
Cuartoscuro
Por Celia Guerrero
7 de febrero, 2020
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La violencia de género que se vive al interior de la UNAM ha provocado, desde octubre de 2019 a la fecha, una serie de manifestaciones, paros y tomas de instalaciones, impulsadas o lideradas por mujeres universitarias que exigen acciones concretas para frenar las agresiones en su contra.

En estos cuatro meses han surgido propuestas como la instalación de nuevas Unidades para la Atención de Denuncias (UNAD), para documentar y dar seguimiento a las quejas fuera de Ciudad Universitaria. Sin embargo, a decir de las propias alumnas impulsoras de la medida, las autoridades universitarias le han quedado a deber a la comunidad estudiantil, pues no todas las unidades se han instalado al 100%, además que han detectado casos donde los maestros denunciados no han sido sancionados, en tanto hay docentes que han recibido penas menores como el dejar de laborar por una semana o ser enviados a otras escuelas.

“Hay casos de maestros que se tomaron sus vacaciones de ocho días y como Juan por su casa regresaron a dar clases. Lo que pudimos hacer es que ellas no tomaran esas clases”, dijo Arisbeth Resendiz, consejera universitaria de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, en el Estado de México.

Entérate: “Deben evitarse los paros injustificados”: AMLO ve mano negra en la UNAM

Esta falta de resultados por parte de la UNAM, denunciada por estudiantes entrevistadas por Animal Político, ha provocado que en la actualidad haya 15 escuelas y facultades en paro de actividades de manera parcial o indefinida, o en toma de las instalaciones. La última que se sumó a las protestas fue la facultad de Psicología que acordó este miércoles un paro de 54 horas para solidarizarse al reclamo de otros planteles contra la violencia hacia las mujeres y la falta de solución de las autoridades universitarias ante las denuncias.

Alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente anunciaron el jueves 6 de febrero que la escuela entrará en paro de actividades por 72 horas, con lo suman 16 planteles de la UNAM en protesta, sin embargo, la exigencia de los estudiante en este plantel es que Efraín Peralta Terrazas no sea designado nuevamente como director.

Lo que está pasando en la UNAM es una respuesta necesaria ante la falla de los términos legales en el protocolos, la lentitud y la evasión de las autoridades para llevar a un término justo las denuncias, consideró la doctora Mónica García Contreras, académica de la Universidad Pedagógica Nacional, quien  ha estudiado la historia y memoria de los movimientos estudiantiles en México.

“Se trata de un acontecimiento histórico que muestra una continuidad generacional del activismo y el feminismo de las mujeres universitarias”, expuso la investigadora, quien sostiene que la desesperación de las alumnas ante el contexto de violencia que viven ha provocado una “conciencia” y un “conocimiento de que si no lo hacen ellas, nadie lo va hacer”.

En octubre de 2019, las agresiones de acoso y abuso sexual en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM se acumulaban y las estudiantes, hartas de tener que convivir con sus agresores hasta en las aulas, realizaron un tendedero de denuncias que culminaría en un paro de actividades. Esta FES está dividida en campo 1 y campo 4. El primero se encuentra en una zona habitacional. El segundo se localiza 11 kilómetros más al norte, en una zona semirural e industrial. Allí está también la administración de la Facultad, incluyendo la única oficina jurídica que había antes del paro en donde las alumnas podían presentar cualquier tipo de queja o denuncia, desde un robo hasta las de violencia de género. Otra opción era ir a la Unidad para la Atención de Denuncias (UNAD) en Ciudad Universitaria.

Las alumnas de la FES Cuautitlán no sabían que el paro en su escuela marcaría el inicio de una serie de manifestaciones sin precedentes, en diversos planteles universitarios, bajo la misma exigencia principal: alto al acoso y abuso sexual en el ambiente estudiantil.

No era la primera vez que las estudiantes de esta Facultad se manifestaban para visibilizar las violencias que viven como mujeres universitarias. En 2018 el feminicidio de una de sus compañeras, Lupita Benítez Vega, activó una preocupación en la comunidad estudiantil: la violencia de género que enfrentaban cotidianamente dentro y fuera del plantel parecía imparable.

En esa ocasión instalaron un tendedero de denuncias, donde lograron visibilizar entre sus compañeros el problema y sentar a los directivos de la escuela en una mesa de diálogo.

“En la mesa de diálogo con el director se le planteó que aunado a vivir violencia sexual en el campo 1, corremos riesgos porque alrededor estamos en un punto rojo donde nos asaltan, nos acosan, el transporte público no es nada seguro. Y no se hizo nada”, lamentó Amanda, una estudiante del campo que habló de manera anónima.

Para el segundo tendedero, realizado hace 4 meses, las alumnas optaron por una opción más drástica: tomaron las instalaciones del campo 1 y pidieron iniciar un paro de actividades. Sus compañeras en campo 4 las respaldaron y también anunciaron paro.

Esta vez reunieron alrededor de 200 testimonios. Amanda recordó que lo que más les enojó fue descubrir que un solo profesor acumulaba varias denuncias formales de alumnas y profesoras y, a pesar de ello, continuaba impartiendo clases.

Las denunciantes ya habían acudido a la Defensoría de los Derechos Universitarios y a rectoría de la UNAM. En esa última instancia, dijo, entregaron una carta para el rector y los funcionarios que la recibieron desconocían que existían varios campos en FES Cuautitlán.

“Somos la facultad más al norte y no se destapa nada si no vamos a Ciudad Universitaria. Pero trasladarnos nos lleva por lo menos 2 horas y media, y luego en lo que te atienden. Ir allá a presentar tu denuncia es perder un día. A las chicas se les quitan las ganas de denunciar”, opinó Arisbeth Resendiz, consejera universitaria.

A lo anterior se agregan el reclamo en el que coinciden estudiantes de otras FES en la periferia de la ciudad: las direcciones y oficinas jurídicas de cada facultad no atienden las denuncias por violencia de género, constantemente impiden que se formalicen y revictimizan a quienes las presentan, por eso muchas mujeres prefieren no seguir el procedimiento.

Lee más: Complicidad e ‘intereses’ en la UNAM frenan denuncias por violencia de género: Tribunal Universitario

Acuerdos incumplidos

El 13 de noviembre, después de tres semanas de paro en la FES Cuautitlán, las alumnas en campo 4 llegaron a un acuerdo y entregaron las instalaciones. Mientras, en campo 1 la negociación terminó hasta el 15 de noviembre.

Una de las exigencias del pliego petitorio del campo 4 fue una UNAD, que hasta entonces no existía en la facultad. La dirección aceptó y poco después, en diciembre, rectoría anunció la creación de las 8 nuevas oficinas de la UNAD en otros planteles, entre estos sus cinco FES, y dijeron que estarían trabajando para el primer semestre de 2020. Pero hasta el momento, la dirección de la FES Cuautitlán continúa sin cumplir este acuerdo.

“El director, Cuellar, no ha dado la cara. Quien nos ha dicho que están esperando a que rectoría apruebe a los abogados y psicólogos es Francisco Montiel, el secretario general”, contó Arisbeth Resendiz.

Agregó que otro de los compromisos hasta ahora incumplidos es la solicitud de psicólogas especializadas en violencia de género. Actualmente continúan siendo 4 psicólogos no especializados para una matrícula de 16 mil alumnos.

Durante el paro en ambos campos se llamó a la comunidad a formalizar las denuncias de violencia de género. Hasta el 31 de enero, según las autoridades de la facultad se presentaron 21, de las cuales 20 concluyeron en: 10 rescisiones de contratos, 6 suspensiones académicas y 3 expulsiones provisionales.

De acuerdo con un grupo de alumnas entrevistadas para este reportaje, quienes pidieron hablar de manera anónima por temor a represalias, hubo casos que se manejaron como rescisiones de contrato, pero en realidad los directivos procedieron como si se tratará de jubilaciones para los profesores.

En el caso de las suspensiones, las alumnas detectaron  que éstas duraron una semana. Fueron “una burla”. Por lo menos 2 de esas suspensiones son de profesores de la carrera Médico Veterinario Zootecnista, acusados de abuso sexual.

Aparte, la oficina jurídica de la escuela se han negado entregar información sobre las fechas de audiencias de las propias víctimas denunciantes, bajo el argumento de que comunicar esos datos puede vulnerar la seguridad de los señalados.

“El mandato de los directivos es claro: proteger a los profesores y alumnos agresores”, sostuvo Arisbeth Resendiz.

Animal Político solicitó la versión de la UNAM, a través de su vocería, respecto a los señalamientos de las alumnas, pero hasta el momento de la publicación no dieron respuesta.

La FES Iztacala, por su parte, ha dicho que todas las denuncias presentadas han concluido y hubo despidos, sin embargo, de acuerdo con alumnas entrevistadas esto no es del todo cierto. “Varios maestros denunciados siguen dando clases. Solo sacaron a un profesor de taekwondo que tenía más de 8 denuncias. Pero lo movieron a una prepa en donde sigue dando clases”, narró Dulce, integrante de la colectiva Nushu, quien pidió cambiar su nombre por un tema de seguridad.

Las FES de la UNAM son la segunda entidad académica con mayor número de denuncias, de acuerdo con los tres últimos informes de la  de la Oficina de la Abogacía General. De 2018 a 2019, por cada 100 denuncias, 48 fueron en CU, 31 en las FES, 8 en los Colegios de Ciencias y Humanidades.

La información de la UNAM muestra que las denuncias contra alumnos agresores en las FES aumentaron del 27 al 38 por ciento. Mientras, los agresores académicos y administrativos de estas facultades fueron del 34 por ciento en 2017; 38 por ciento en 2018; y 30 por ciento en 2019.

Consecuencias de la desatención

Desde su creación, la colectiva Violetas de Aragón identificó que eran muy pocas las estudiantes que conocían el protocolo de denuncia de violencia de género de la UNAM. Por ello, durante mucho tiempo se dedicaron a asesorar a sus compañeras para que presentaran las quejas.

Con el tiempo se dieron cuenta de que los funcionarios de la oficina jurídica se dedicaban a obstaculizar el proceso. ‘Eso no es acoso’, les dicen cuando se presentan a levantar un acta e implícitamente les niegan la atención, no dan apoyo psicológico con perspectiva de género ni les informan sobre su derecho a la orientación, enlistó Estrella, integrante de Violetas, quien solicitó cambiar su nombre por temor a represalias.

Por ello, hay un buen número de denuncias que no se hacen: mientras la colectiva tiene alrededor de 122 casos de violencia de género detectados, oficialmente la facultad reconoce 55 denuncias, hasta noviembre de 2019.

Hace aproximadamente un año, Violetas denunció directamente en la UNAD la negligencia del encargado de la oficina jurídica de la FES Aragón. Después de un largo trámite, la decisión de las autoridades fue colocar a otro abogado para atender las denuncias de violencia de género.

“Nos dimos cuenta de que nos estaban cansando. Decidimos dejar un poco de lado el actuar institucional porque nos dimos cuenta de que no pasaba nada”, narró Estrella.

En la FES Zaragoza existen casos en los que la denuncia se detiene en las jefaturas de carreras y ni siquiera llegan a la oficina jurídica de la facultad, menos a la UNAD, consideró Azucena Ojeda, académica y psicóloga social.

Esta facultad está en el límite entre Iztapalapa y Nezahualcóyotl, demarcaciones de la Ciudad y el Estado de México, respectivamente. Su matrícula asciende a casi 12 mil alumnos y cerca de sus campus está El Paraíso, una de las colonias capitalinas en donde se ha dado un “incremento considerable de homicidios”, según apuntan los hallazgos sobre puntos críticos del “Análisis espacial para la reducción de la violencia letal” de la organización México Evalúa.

Es imposible que esa violencia del exterior no impacte en la comunidad universitaria, aseguró Ojeda. Pero están también otras violencias no tan evidentes, de las que nadie habla, las normalizadas u ocultas, explica. Estas son las que, desde hace varios años, han buscado exhibir algunas académicas de la facultad, expertas en temáticas de género.

Una de las propuestas para lograrlo la realizó Ojeda desde 2016. Sería un observatorio de violencia de género para esta facultad, el cual consistiría en la participación de académicas para formar alumnos monitores capaces de detectar y notificar circunstancias violentas entre compañeros y con profesores. Su objetivo principal sería la sensibilización para detectar este tipo de violencia y la participación activa de la comunidad para frenarla.

El proyecto llamado “Observatorio Universitario Libre de Violencias” fue presumido en el informe de avance de compromisos de la UNAM en materia de violencia de género (2016-2018). Pero éste nunca se concretó, el cambio de director de la FES pareció detenerlo y aún están a la espera de que sea aprobado.

Ojeda dijo que la denuncia es tan solo una vía para combatir la violencia de género. Para ella, la prioridad debería ser un proceso de justicia restaurativa, una que lidia, repara y previene el delito.

Mientras, en la colectiva de la FES Aragón han tomado su propio rumbo: los señalamientos en redes sociales para prevenir a las alumnas de posibles agresores y la toma del espacio dentro de la escuela para protegerse y organizarse.

“Nosotras ya no optamos por lo institucional. Si las compañeras quieren denunciar las acompañamos, pero ahora buscamos otras formas, como la sanción social de ser conocido como un agresor. Lo principal es acompañar a la compañera, buscar justicia restaurativa”, opinaron.

En la FES Iztacala, por su parte, la colectiva Nushu se mantiene en contacto con otros grupos feministas en diversos planteles para seguir exigiendo atención a la violencia en su contra. Allí, hace poco más de un año, renació este colectiva feminista que ha realizado diversas actividades para visualizar el problema, como la instalación de un tendedero —una exposición de señalamientos de violencia de género— que duró 2 días y reunió unas 120 denuncias.

Tras esa acción hubo maestros señalados como agresores que se organizaron para recolectar firmas —tanto de alumnos, como de otros profesores y funcionarios— para exigir la prohibición de este tipo de actividades en la escuela.

Actualmente, las integrantes de Nushu consideran que la difusión de la violencia de género es más necesaria que nunca porque por lo menos dos de los profesores señalados como agresores están en la lista para ocupar la dirección de la escuela.

Tanto las integrantes del colectiva Nushu, como las del colectiva Violeta y las alumnas de la FES Cuautitlán son nuevamente blanco de agresiones, por manifestarse en contra de la violencia machista al interior de sus escuelas. Apenas el pasado el miércoles 29 de enero, unas 15 estudiantes de la FES Aragón que se encontraban en un taller de elaboración de toallas femeninas, organizado por la colectiva Violetas, fueron objeto de una amenaza de agresión por parte de unos de sus compañeros de escuela, quien minutos antes de dejarles una maceta en la puerta donde realizaban su taller amenazó con colocarles una bomba. Lo anterior generó que la escuela fuera desalojada.

Aun cuando todo se trató de una falsa alarma, en el boletín oficial de la UNAM, publicado al día siguiente, “la dirección no mencionó que la amenaza fuera una agresión directa a nosotras”, dijo Patricia, otra integrante del colectiva Violetas, quien sostuvo que el mensaje de la UNAM sobre esta amenaza solo demuestra como las autoridades universitarias están más interesadas en encubrir a acosadores, violadores, terroristas y feminicidas, que en reconocer la violencia machista que enfrentan todos los días sus alumnas.

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El peligro de que el río Amazonas se convierta en la gran ruta de contagio de COVID-19 en Sudamérica

El río Amazonas es el eje que conecta decenas de poblaciones de las selvas de Perú, Colombia y Brasil. Y en algunas de sus localidades la pandemia ha golpeado a los grupos más vulnerables.
8 de mayo, 2020
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El río Amazonas es un gigante de más de 6.500 kilómetros de extensión que atraviesa tres países sudamericanos: Perú (donde nace el curso de agua), Colombia y Brasil.

Y es en dos de sus principales localidades ribereñas donde se han presentado algunos de los cuadros más dramáticos de la pandemia del covid-19 en América Latina.

Iquitos, en Perú, y Manaos, en Brasil.

El alcalde de Manaos, Arthur Virgilio Neto, denunció que están viviendo “una película de terror”, con más 4.000 contagios y 620 muertos por el nuevo coronavirus, lo que ha causado el colapso del sistema de salud de la principal ciudad amazónica brasileña.

“No queremos milagros. Lo que necesitamos es un avión lleno de escáneres, ventiladores, medicamentos y equipos de protección”, le dijo el alcalde a la BBC.

La crisis ha llevado a las autoridades de la ciudad a construir una enorme fosa común para sus muertos.

En Iquitos, médicos le contaron a BBC Mundo que no cuentan con camas suficientes para atender la emergencia sanitaria: “La gente se va a morir en sus casas, porque no tenemos cómo atenderla”.

Pero la crisis no se circunscribe a estas dos ciudades: el río es el principal medio de comunicación para las poblaciones que habitan la cuenca del Amazonas y, por tanto, el canal por el que ha llegado la enfermedad a otras comunidades en la región.

Enorme fosa común cavada en Manaos, Brasil

Getty Images
En Manaos, la principal ciudad sobre el río Amazonas, se han tenido que cavar fosas comunes para sus muertos.

Y que amenaza, sobre todo, a las más de 400 comunidades indígenas que la habitan.

“El río es el eje del Amazonas que conecta a la gente de Perú, Brasil y Colombia. Y aunque en el mapa se ve como algo muy disperso, todo se conecta a través de su cauce y sus afluentes”, le dijo a BBC Mundo el médico colombiano Pablo Martínez, quien ha trabajado en la región durante más de 20 años.

“No hay estrategia conjunta”

Martínez, a través de las redes sociales, fue de los primeros en alertar sobre la difícil situación que la pandemia podía crear para las poblaciones ribereñas del Amazonas, principalmente en Leticia, la principal ciudad colombiana en la zona, en la frontera con Brasil.

Grupo trabajando en una comunidad indígena amazónica

Getty Images
Se estima que en la cuenca del río Amazonas residen unas 400 etnias indígenas, muy vulnerables ante al avance del virus

“La mayoría de los gobiernos, durante siglos, solo han visto a la Amazonía como un lugar del que se pueden sacar recursos, pero nunca donde invertir en temas como salud o educación”, reclamó Martínez.

“Por eso han elegido enfrentar este problema desde cada país, de forma individual y con distintas estrategias, y no se han dado cuenta de que el río conecta a esta región como un todo y necesita una atención integral”, señaló Martínez.

El ministro de Salud de Colombia, Fernando Ruiz Gómez, le dijo a BBC Mundo que el gobierno colombiano es consciente no solo de la grave situación en Leticia, sino de su condición geográfica como ciudad limítrofe.

“En términos prácticos, Tabatinga -Brasil- y Leticia son una misma ciudad, y por eso la estrategia debe ser unificada. Este viernes 8 de mayoestaremos reunidos los cancilleres y los ministros de salud de Colombia y Brasil”, señaló Ruiz Gómez.

“Y también hemos tomados medidas integrales como la movilidad entre los municipios, que fue prohibida, salvo que se trate de transporte de pacientes, alimentos, insumos médicos o elementos vitales. El reto con esas restricciones es lentificar la velocidad de propagación del virus para que tengamos siempre disponibilidad en los hospitales”, agregó.

Mapa

BBC

Tal vez una de las mayores evidencias de cómo el río Amazonas se convirtió en un vehículo para la expansión del covid-19 se halla en Leticia, la mayor ciudad colombiana sobre este río más caudaloso del mundo.

Aunque no es tan grande como Manaos o Iquitos, Leticia tiene cerca de 45.000 habitantes y, sobre todo, una ubicación estratégica en el punto conocido como la triple frontera.

“Por el río Amazonas circulan personas desde Manaos, ciudad con más de 5.500 casos reportados, y de otras poblaciones que tienen entre 27 y 630 casos”, le dijo a BBC Mundo Carlos Trillos, médico epidemiólogo y docente principal de laUniversidad del Rosario.

“También está cerca Iquitos, Perú, con más de 1.000 casos para la misma fecha. Lo anterior no solo refleja la influencia del río, sino la importancia de incrementar su control”, señaló el académico.

Una calle más allá

Los movimientos, y con ellos la dispersión del virus, están marcados por la falta de controles fronterizos e incluso de divisiones reales sobre el terreno.

“Es importante considerar que Leticia está separada de Tabatinga, en Brasil, por una calle. Esta población brasileña tenía más de 260 casos confirmados, con un control de circulación por el río regulado por las autoridades de Brasil, con problemas según informa la población”, explicó Trillos.

"Cada país ha elegido enfrentar este problema con distintas estrategias, y no se han dado cuenta que el río conecta a esta región como un todo y necesita una solución integral"", Source: Pablo Martínez, Source description: Médico, Image: El río Amaznonas

De hecho, el investigador señala que 10 de los casos confirmados de covid-19 en Leticia procedían de Brasil y uno, de Perú.

Actualmente, el departamento del Amazonas es la provincia con mayor tasa de contagio por habitante en todo Colombia. Hasta este miércoles, Leticia registraba 291 casos y había reportado 14 personas fallecidas por causa del virus.

Y eso ha puesto en evidencia la vulnerabilidad del sistema sanitario, no solo de Leticia sino también de Iquitos yManaos.

El río Amazonas es el más caudaloso del planeta. Atraviesa Perú, Colombia y Venezuela y la mayor parte de la vida y la economía dependen del tránsito por agua.

Hace dos semanas, a medida que la gravedad de la pandemia se acrecentaba, 30 miembros del personal médico que trabajan en el hospital de Leticia decidieron firmar un documento en el que anunciaban una “renuncia masiva a la prestación de servicios de salud” que no fueran “urgencias vitales no covid-19”, dado que no contaban con equipos de protección personal básicos.

“Es un problema que se extiende por la Amazonía: los hospitales no tienen los recursos para atender una emergencia de este nivel. Y eso se sabía incluso antes de que se confirmaran los primeros casos”, señaló Martínez.

Dos niños en un bote sobre el caudaloso Amazonas

Getty Images
El río Amazonas es el más caudaloso del planeta. Atraviesa Perú, Colombia y Venezuela y la mayor parte de la vida y la economía dependen del tránsito por agua.

Cerrar el río

Desde el principio, una de las preocupaciones de las autoridades ha sido que la pandemia del covid-19 alcance a las comunidades indígenas, que no estarían protegidos ante una enfermedad tan contagiosa.

Una de las medidas adoptadas por el gobierno brasileño fue intentar reducir la circulación fluvial.

Pero los expertos consultados por BBC Mundo no solo califican la propuesta como contraproducente, sino como imposible de hacer cumplir.

“El río y sus afluentes representan el 85% de la vía de transporte en esta zona del país (Brasil) y en general para la Amazonía. Si lo cierran, como lo ordenó el gobierno brasileño, van a causar serios efectos”, le dijo a BBC Mundo Alessandra Martins Pontes, especialista en temas de transporte fluvial de la Universidad Federal de la Amazonía.

El poderoso cauce de agua sudamericano no solo se extiende por más de 6.500 kilómetros, sino que además tiene cerca de 1.000 afluentes que lo alimentan hasta que desemboca en el Atlántico.

"Sin transporte, hay escasez de alimentos y medicina. Está comprometido hasta el transporte de pacientes. El sistema aéreo es limitado. En el Amazonas todo viaja por río". ", Source: Alessandra Martins , Source description: Especialista en transporte fluvial, Image: Barco por el Amazonas.

“Sin transporte, hay escasez de alimentos, medicinas y suministros. Todo lo que se pueda imaginar. En el Amazonas todo viaja por ríos”, añadió.

La medida también podría lograr el efecto contrario al que se propone y aumentar los riesgos para los enfermos de covid-19, al dejarlos aislados.

“Está comprometido hasta el transporte de pacientes. El sistema aéreo es limitado“, apuntó Martins Pontes.

Y aunque los analistas coinciden en que el río es la vía por la que pueden llegar a contagiarse no solo las poblaciones ribereñas, sino las comunidades indígenas más remotas, también señalan que es imposible de “clausurar”.

Pero que no se pueda cerrar no significa que no se pueda vigilar.

Voceros de la Organización de los Pueblos Indígenas del Oriente del Perú (Orpio) señalaron que se deben tomar acciones para evitar que la pandemia se expanda siguiendo el río.

Leticia, ciudad colombiana

Getty Images
Leticia es la principal ciudad colombiana sobre el río Amazonas.

“Actualmente no hay control militar o policial en Amazonas, por lo que los barcos privados continúan navegando con absoluta normalidad e incluso ingresan a territorios de las comunidades indígenas con personas extranjeras”, le dijo a la agencia EFE Francisco Cayetano, vocero de la entidad.

Por esa razón, la recomendación es buscar alternativas logísticas para el control de la pandemia en la región.

“El control en puertos y fronteras debe ser absoluto, con pasos restringidos solo a casos previstos por la ley por razones sanitarias y humanitarias. Igualmente, el control de ingreso y contacto con las comunidades indígenas debe ser máximo, todo coordinado con los gobernadores y representantes indígenas”, recomendó Trillos.

Comunidades indígenas

Desde la declaración de la pandemia, los pueblos indígenas en la Amazonía han estado en alerta ante los riesgos que la enfermedad puede traer a sus comunidades.

“Sin lugar a dudas, nosotros, los pueblos indígenas somos uno de los segmentos más vulnerables ante la actual pandemia de coronavirus”, declaró en un comunicado la Confederación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

“A lo largo de la historia hemos sido víctimas de sucesivos invasores (…) por las enfermedades que portaban, como la gripe, la viruela y el sarampión”, continúa el documento.

Aunque no existe una cifra definitiva, se estima en que en la Amazonía habitan cerca de un millón de indígenas distribuidos en unas 400 comunidades.

“Debido a la fácil transmisión del virus, las deficientes condiciones sociales, nutricionales y de salud de la población indígena, deben ser considerados una población vulnerable, con alto riesgo de complicaciones y mortalidad por covid-19”, señaló el docente Trillos.

Y están en riesgo de no solo perder vidas humanas, sino también su acervo cultural.

Mujer atendida en un hospital con barbijos

Getty Images
En Iquitos, los médicos denuncian que el virus ha desbordado la capacidad sanitaria de la ciudad.

“Los indígenas en la región no cuentan con una asistencia sanitaria adecuada, pero no porque ellos no lo quieran, como muchos señalan, sino porque al Estado no le ha importado hacerlo”, reclamó el médico Pablo Martínez.

“Y como hemos visto, la enfermedad ataca a los adultos mayores. Y en las culturas indígenas, los más adultos son los que transmiten el conocimiento a los más jóvenes. La pérdida de este conocimiento sería irreparable”, agregó.

En este sentido, el ministro colombiano destacó que se está trabajando con las comunidades indígenas.

“Las asociaciones indígenas de Colombia desde hace varias décadas cuentan con autonomía para fomentar proyectos de salud, especialmente en el nivel básico. Específicamente en lo relacionado con covid-19, en marzo expedimos con lineamientos para las comunidades étnicas”, dijo.

“En esos lineamientos se les recomienda permanecer en sus territorios, implementar acciones para evitar la salida, limitar el ingreso de personas ajenas a las comunidades, y adaptar los lineamientos generales a sus costumbres y sus usos.

La pandemia ha llegado al Amazonas. Y el río, que lo conecta todo, puede convertirse en el principal camino para que el virus se propague por las comunidades indígenas.


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