Caso Samir Flores: Un año de coraje porque su asesino sigue impune
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Caso Samir Flores: Un año de coraje y miedo a encontrarse en la calle con un asesino impune

Hoy se cumple un año del asesinato de Samir Flores en Amilcingo, Morelos. Su viuda denuncia que no hay resultados en la investigación. El Proyecto Integral Morelos (PIM), al que se oponía, está paralizado por amparos y plantones.
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– ¿Cree que se ha cruzado alguna vez con el asesino de su marido?

– “Híjoles, yo creo que sí. Creo que nos hemos cruzado varias veces en el camino. Desafortunadamente, no sabemos. Pero creo que sí, no solamente una, sino varias veces”.

Liliana Velásquez tiene 36 años, cuatro hijos y es viuda. Su esposo, Samir Flores Soberanes, fue asesinado a balazos el 20 de febrero de 2019 en Amilcingo, Morelos. Desde entonces su muerte sigue impune. Y Velásquez vive con la sospecha de que cualquier día, en cualquier calle del pueblo, puede cruzarse con la persona que apretó el gatillo, aunque ignore de quién se trate.

El año pasado fue terrible para una mujer a la que enlutaron prematuramente a tiros.

“Seguimos con coraje, con rabia, con mucha impotencia, de no tener respuesta, de no saber quiénes fueron ni por qué”, dice la mujer, desde la casa que compartía con Flores.

Se trata de un domicilio propiedad de sus suegros en el que sigue conviviendo con toda su familia política. Ahí fuera, a doce pasos de la puerta, está la roca en la que su marido cayó moribundo tras recibir dos disparos en la madrugada del 20 de febrero. Doce pasos que fue lo le dio tiempo a caminar, arrastrado por desconocidos, hasta que le dieron el tiro de gracia sobre el pedrusco en el que ella misma lo encontró, todavía con vida.

“Recordarlo todos los días es difícil. Pero también están mis hijos. Y ellos son los que no quisieron irse de aquí”, explica.

Desde hace seis meses, autoridades del gobierno mexicano la incluyeron en el Mecanismo de Protección a Defensores junto a otros compañeros, e instalaron mallas y cámaras de seguridad.

“Vivimos como pollos enjaulados”, dice Velásquez.

Admite que la fortificación puede impedir que alguien quiera hacerle daño en el interior de su casa. Aunque a Samir tampoco tuvieron que entrar a buscarlo. Les bastó con hacerlo llamar.

“Nada nos protege”, dice.

Leer más: Pueblos opositores a termoeléctrica acusan que consulta fue amañada y rechazan el proyecto

La verdadera garantía, la que reclama Velásquez desde hace un año, es que arresten a los que mataron a su esposo. A los que lo llamaron de madrugada y le dispararon y también a los que ordenaron hacerlo. A todos los que tuviesen algo que ver con dejarle viuda.

Pero eso no ocurre.

No ocurre nada.

Apenas un par de visitas a la fiscalía.

“Es un año en el que no hemos tenido respuestas”, lamenta.

Seis líneas de investigación, pero ningún detenido

La muerte de Samir Flores fue un símbolo. Por activista náhuatl, por integrante del Consejo Nacional Indígena (CNI), por promotor de la radio comunitaria Amiltzinko y por ambientalista que se oponía al Proyecto Integral Morelos (PIM), una iniciativa energética que incluye una planta termoeléctrica, un gaseoducto y un oleoducto que se extienden a través de los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Él fue uno de los fundadores del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua. Desde 2012, el colectivo se opone al proyecto desarrollado por la Comisión Federal de Energía (CFE) pero que cuenta con participación de las empresas Elecnor, Enagas y Abengoa, de capital español, y Bonatti, de capital italiano. Entre sus argumentos: los perjuicios ecológicos del proyecto y la ausencia de beneficios a las comunidades.

El asesinato del activista se convirtió en el primer ataque contra un opositor a un proyecto que el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, defendió a capa y espada nada más llegar al gobierno, después de haberlo rechazado cuando estaba en campaña.

Además, el homicidio representa también la impunidad generalizada en México. Ha pasado un año y no hay ni un solo detenido.

“La investigación continúa”, dice Armando Herrera, vocero de la Fiscalía General del Estado de Morelos.

Explica que, hasta hoy, existen “seis líneas de investigación”. Estas son: la represalia de un grupo criminal denominado comando Tlahuica (se dijo que una cartulina reivindicando el ataque apareció en el lugar de los hechos), la acción gubernamental por las protestas contra la instalación termoeléctrica, la acción de grupos ciudadanos a favor de la termoeléctrica, una acción para frenar a la radio comunitaria que fundó Flores, un conflicto sobre posesión de terrenos con el Ayuntamiento de Temoac, al que pertenece Amilcingo, y el conflicto por una escuela.

Según explica Herrera, se ha tomado declaración a familiares y vecinos, aunque reconoce que “lamentablemente, hubo alguna lentitud” en los avances. Entre las razones que argumenta el funcionario está la desaparición de la cartulina con la reivindicación. “No es que la perdiésemos, es que nunca nos la entregaron”, dice.

El caso está en manos de la FGE y, según Herrera, “se tiene una colaboración con FGR y autoridades estatales”, pero “al momento” no se ha considerado que el caso pueda pasar a manos federales “a menos que resultara dentro de las investigaciones algo del fuero federal”.

A meses del asesinato de Samir solo hay pruebas perdidas e impunidad

“Sembrando conciencias”

Según la organización Front Line Defenders, México es, junto a Brasil, el cuarto país más peligroso del mundo para los activistas. Con 23 asesinados en 2019, solo es superado por Colombia (106), Filipinas (43) y Honduras (31). Samir Flores es uno de los integrantes de esta negra lista.

Es posible que los asesinos creyesen que matándolo pondrían fin al activismo. Que atacando a uno obligarían al resto de integrantes de la oposición al PIM a resguardarse en su casa. Se equivocaron.

“Samir sembró en cada una de las comunidades la parte organizativa. Él no era la cabeza, Samir era la persona que sembraba conciencia donde las comunidades han sembrado su lucha”.

Jorge Vázquez, a quien todos llaman “el profe”, conoce al activista desde la educación primaria. Recuerda, por ejemplo, cómo a finales de 2016 decidieron iniciar el plantón que se mantiene en Apatlaco, municipio de Ayala. Ahí ya estaba levantándose la infraestructura para llevar agua del río Cuautla a la termoeléctrica ubicada en Huexca, a unos 20 kilómetros. “Pasamos la primera noche ahí, también con Jorge Zapata (nieto del general Emiliano Zapata)”, explica.

Vázquez, compañero de Samir en cientos de movilizaciones, dice que la comunidad está dolida pero que se mantiene “firme para seguir en contra de todos los megaproyectos”. En Amilcingo, municipio de 3 mil habitantes con tradición zapatista, la resistencia es parte de la institución, que se rige por usos y costumbres.

“Afecta no tener su presencia, no tener esa voz que denuncia y que hace que la gente actúe y se organice. Quisieron sepultarlo pero lo que hicieron fue multiplicarlo”, dice Edilene Carrasco, voluntaria de la radio Amiltzinko.

Reconoce que, en unos primeros momentos, hubo miedo y algunos quisieron dar un paso atrás. Pero cree que ahora también existe un despertar. “La gente ya piensa, habla, se organiza. La gente decide por medio propio. Ya conocemos cuál fue la intención de los que querían acabar con él”, asegura.

La impunidad de los asesinos de Samir genera también la sensación de que cualquiera puede ser el siguiente. Porque las amenazas no han cesado.

“Hemos sido hostigados por el mismo grupo de choque, por la policía, el ejército, que ha hecho presencia en la población. Hemos sido amenazados por redes sociales, que nos van a matar”, dice Eliezer Zamora Pérez, otro de los integrantes del colectivo opositor a la termoeléctrica.

Entre el 23 y el 24 de febrero de 2019, tres días después del asesinato, se celebraron consultas en los 60 municipios de Morelos, Puebla y Tlaxcala en los que estaba previsto que el PIM estuviese operativo.

Quienes rechazaban el proyecto alegaban que la votación no respetaba el artículo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que es el que regula los procesos participativos con pueblos originarios. Además, con el cadáver de Samir todavía caliente, alegaron que se trataba de una falta de respeto.

Pero la consulta se celebró y vencieron, por un 59%, los partidarios de la termoeléctrica, el gasoducto y el oleoducto, que habían sido apoyados por López Obrador.

Ahora, sin embargo, el proyecto está paralizado.

Existen al menos quince amparos que piden la paralización del proyecto porque la consulta impulsada por el gobierno no contó con garantías. Además, otro amparo interpuesto por Amilcingo mantiene paralizado el gaseoducto. Y otros dos amparos presentados en Huexca impiden que se descargue agua en el río Cuautla. Una última apelación presentada por Tenextepango protege un cauce de de 1186 litros de agua por segundo, que es casi la totalidad de lo que baja en el Cuautla.

Al margen de la vía judicial existen dos plantones: uno en Apatlaco y otro el estado de Puebla.

Animal Político quiso conocer la opinión de la CFE pero, al cierre de la nota, no había recibido respuesta.

“La única manera que el proyecto se haga es una represión más brutal de la que ha habido y, además, imponerlo de modo ilegal”, dice Juan Carlos Flores.

Si alguna vez llegase a funcionar, Lilian Velásquez, viuda de Samir Flores, apela directamente al presidente, López Obrador: “Que venga a vivir aquí, que tome de esta agua y que respire de este aire”.

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Joe Biden: 5 cosas que quizás no sabías del ganador de las elecciones de EU

El demócrata Joe Biden es un experimentado político y fue vicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama, pero no es una figura tan conocida internacionalmente.
7 de noviembre, 2020
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A la tercera fue la vencida: Joe Biden se convertirá en el 46º presidente de Estados Unidos el próximo 20 de enero.

El demócrata derrotó al actual mandatario, Donald Trump, en una disputada contienda que se definió días después de la jornada electoral tras un laborioso proceso de recuento de votos.

Biden, quien fuera vicepresidente con Barack Obama, consiguió recuperar el apoyo de estados clave que en 2016 votaron por su rival republicano.

A punto de cumplir 78 años, el demócrata será el presidente de Estados Unidos de más edad.

Te contamos otros detalles destacados de su vida personal y profesional.

1. Un político de carrera

Como ha insistido en recordarlo Trump a lo largo de la campaña, Biden lleva 47 años activo en la política estadounidense.

Joe Biden en la década de 1970.

Getty
Joe Biden se estrenó en la política cuando muchos de los votantes actuales ni siquiera habían nacido.

Su carrera en Washington DC empezó en el Senado en 1973, donde consiguió un escaño por el estado de Delaware recién cumplidos los 30 años.

Su llegada a la política coincidió con uno de los momentos más trágicos de su vida del que hablaremos más adelante.

Como senador, Biden cimentó la imagen de político cercano, conciliador y con habilidad para llegar a acuerdos con sus oponentes.

Biden en 1987

Getty Images
La primera apuesta de Joe Biden por la presidencia data de1987.

También tomó algunas decisiones no tan elogiadas, como la ley de justicia penal de 1994 redactada por él y aprobada durante el primer gobierno de Bill Clinton.

La reforma tenía como objetivo poner freno a décadas de creciente violencia, pero derivó en encarcelaciones masivas, con un especial impacto en la población negra y latina.

A su larga carrera como senador hay que sumarle sus ocho años de vicepresidente de Barack Obama (2009-2017), con quien construyó una excelente relación más allá de lo profesional.

Barack Obama y Joe Biden en un evento de campaña 2020

Reuters
La camaradería entre Obama y Biden quedó plasmada en numerosas fotografías de su gobierno y de momentos posteriores.

Esta es la tercera vez que intenta llegar a la presidencia del país.

Las dos primeras resultaron un fracaso, lo que hizo que un sector de los demócratas se preguntara si era la mejor baza para arrebatarle la presidencia a Trump.

Las circunstancias demuestran que sí lo fue.

2. La tragedia que marcó su estreno político

Desgraciadamente, la alegría por haber ganado la elección al Senado no le duró mucho tiempo.

Unas semanas después de su victoria, su familia sufrió un grave accidente de tráfico mientras él estaba en Washington DC entrevistando a personal para su nuevo despacho.

Su esposa Neilia y los tres hijos del matrimonio volvían de comprar el árbol de Navidad cuando un camión que transportaba mazorcas de maíz chocó lateralmente con su auto.

La mujer, de 30 años, y la hija pequeña, Naomi, de 13 meses de edad, murieron.

Joe Biden junto a su primera esposa y sus hijos.

Getty Images
La primera esposa de Biden, Neilia, murió junto a la hija más pequeña de la pareja en un accidente de auto.

Los niños -Beau, de 3 años, y Hunter, de 2- resultaron gravemente heridos y fueron hospitalizados.

Empezaba una etapa de dolorosos contrastes en la vida de Biden.

3. Dolor y empatía

Biden, que tomó juramento de su cargo en el Senado en la habitación del hospital donde se recuperaba su hijo Beau, no sabía si seguir adelante con su carrera como senador.

Estaba destrozado.

Criado en una familia católica de clase trabajadora, su padre repetía un breve pero contundente mantra: “Levántate, levántate después de haber sido derribado”.

Eso es lo que hizo. Decidió volcarse en el trabajo, pero sin alejarse de sus hijos.

Joe y Jill Biden

EPA
Joe y Jill Biden llevan casados más de 40 años.

De esa época data una de las anécdotas destacadas de sus primeros años como senador: cada día hacía en tren el trayecto de ida y vuelta entre su casa en Wilmington, Delaware, y Washington DC, más de 300 kilómetros diarios para estar cerca de los suyos.

Fue así como Biden desarrolló un estrecho vínculo con sus hijos que no hizo más que reforzarse a medida que se hacían adultos.

En 1977, Biden se casó con Jill, una profesora universitaria con quien tiene una hija, Ashley, y junto a quien logró reconstruir su familia.

Muchos vieron en Beau al posible sucesor de su padre en la política.

Tras servir en Irak con la Guardia Nacional en 2008, Beau fue fiscal general del estado de Delaware por dos períodos y tenía por delante una brillante carrera.

Joe Biden y Beau Biden.

AFP
Beau Biden tenía 46 años cuando murió en junio de 2015.

Pero en 2013 le fue diagnosticada una rara forma de tumor cerebral y murió dos años después.

La pérdida de personas tan cercanas moldeó el carácter de Biden.

Quienes mejor lo conocen dicen que tiene el “superpoder de la empatía”, un rasgo que fue subrayado durante la campaña para presentarlo como el presidente idóneo para superar una crisis sanitaria, económica y social como la que supone la pandemia de covid-19.

4. Globalista y comprometido con el planeta

Biden ha defendido la necesidad de rehacer las relaciones de EE.UU. con los países aliados que, en su opinión, se han visto afectadas durante la presidencia de Trump.

Promete regresar al Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y al seno de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo.

Experiencia no le falta: estuvo al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y presume de que ha “conocido a todos los líderes importantes del mundo en los últimos 45 años”.

Joe Biden y Xi Jingping.

Getty Images
Biden tiene una amplia experiencia internacional.

Sus decisiones en la esfera internacional no han estado exentas de críticas.

En 1991 votó en contra de la Guerra del Golfo; sin embargo, en 2003 estuvo a favor de la invasión de Irak para después convertirse en un crítico de la implicación de Estados Unidos en ese país.

De naturaleza cauta, recomendó a Obama no realizar la operación de las fuerzas especiales que culminó con la muerte de Osama Bin Laden.

A los republicanos les encanta señalar que Robert Gates, exsecretario de Defensa de Obama, dijo que “es imposible que a alguien no le guste Biden”, pero que ha estado “equivocado en casi todos los grandes temas de seguridad nacional y de política exterior ocurridos en las últimas cuatro décadas”.

Gates señaló recientemente que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto.

5. Propenso a las meteduras de pata

Los detractores de Biden opinan que es un desfasado miembro del establishment demasiado mayor para el cargo y con tendencia a meter la pata.

Su estilo directo y campechano le ha causado algunos problemas, como cuando en plena campaña dijo que si un afroestadounidense no estaba convencido de votar por él significaba que no era negro, unas declaraciones por las que se disculpó posteriormente.

Joe Biden

Reuters
A diferencia de otros políticos, Biden se siente muy cómodo cuando se encuentra con los votantes.

Biden dice que el recuerdo de su tartamudez infantil hace que no le guste leer los discursos de un apuntador electrónico y por eso prefiere hablar de memoria.

Un periodista de la publicación NY Magazine escribió el año pasado que la posibilidad de que Biden improvise un discurso era algo que su equipo de campaña parecía “estar concentrado en evitar a toda costa”.

Es por eso que sus simpatizantes respiraron aliviados al ver que fue capaz de superar los debates presidenciales y los discursos de campaña sin decir nada que lo pusiera en un aprieto.

Otra faceta de su personalidad espontánea y sociable es su propensión a acercarse demasiado a la gente, lo que ha dado lugar a situaciones incómodas, obviamente en tiempos anteriores al coronavirus.

El año pasado, ocho mujeres lo acusaron por toques, abrazos y besos inapropiados, mientras que la televisión estadounidense mostró videos en los que se le veía saludando a mujeres en eventos públicos con mucha proximidad física.

En respuesta, Biden se comprometió a “tener más cuidado” en sus interacciones.

Simpatizantes de Joe Biden celebran su victoria

Reuters
Joe Biden se ha convertido en el presidente con más votos en la historia de Estados Unidos.

Su actitud “tocona” pasó de ser una anécdota a algo más serio cuando el pasado marzo una antigua asistente, Tara Reade, alegó que el presidente electo la agredió sexualmente hace 30 años en Washington.

Biden y su equipo rechazaron la acusación y el caso terminó por difuminarse sin ocupar un lugar relevante durante la campaña.

Aunque sus rivales republicanos han intentado retratarlo como un hombre con demencia senil que está en manos de la izquierda radical del Partido Demócrata, Biden ha sabido salir airoso y ha terminado por convertirse en el presidente más votado de la historia de Estados Unidos.

Curiosamente, al evaluar hace unos años si se animaba a participar o no en la carrera presidencial de 2016, Biden dijo: “Puedo morir como un hombre feliz sin ser presidente”.


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