#SemáforoEconómico: 10 meses de caída, la inversión Fija Bruta registró un mal 2019
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#SemáforoEconómico: 10 meses de caída, la inversión Fija Bruta registró un mal 2019

En su comparación anual, la Inversión Fija Bruta disminuyó en 2.82%, décima caída consecutiva en el año.
Cuartoscuro
12 de febrero, 2020
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Este lunes 10 de febrero el INEGI publicó el indicador mensual de la Inversión Fija Bruta para noviembre de 2019. Durante el mes, el indicador creció 1.08% mensual, después de que en octubre y septiembre presentara decrecimientos mensuales de 1.48% y 1.03% respectivamente. En su comparación anual, la Inversión Fija Bruta disminuyó en 2.82%, décima caída consecutiva en el año. De los 11 meses de 2019 que se tienen datos sobre este indicador, solamente en enero se registró un incremento anual. La tendencia marcada a la baja en la Inversión Fija Bruta comenzó en agosto de 2018. En julio de 2019 se registró una tasa anual de (-)9.33%, decremento más pronunciado desde noviembre 2009, cuando la inversión fija bruta disminuyó 9.42% anual.

Al interior del indicador se encuentra el correspondiente a la inversión en Maquinaria y Equipo, el cual durante noviembre del año pasado creció 2.67% respecto a octubre, pero (-) 2.50% en comparación con el mismo mes del 2018. Hiló así 10 meses consecutivos con caídas anuales; al igual que el indicador total, la tendencia a la baja comenzó a finales de 2018 y principios del 2019. El componente de inversión en maquinaria y equipo registró su mayor caída en julio del año pasado, cuando decreció 12.96%, disminución más pronunciada desde noviembre de 2009, cuando reportó una caída de 15.99%.

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En lo que respecta a la inversión en Construcción, durante noviembre de 2019 creció 1.21% mensual, pero disminuyó 2.38% de forma anual. Este indicador tuvo 9 caídas anuales consecutivas y 6 caídas mensuales durante los primeros 11 meses de 2019. La disminución más pronunciada en el año se dio en mayo, cuando la tasa anual registrada en este indicador fue (-) 8.03%, la caída más fuerte desde septiembre de 2013, cuando fue (-) 8.18%.

Durante 2019 tanto la inversión pública como la privada tuvieron disminuciones anuales en los primeros tres trimestres del año. La inversión pública disminuyó 11.1% en el tercer trimestre del 2019, mientras que la privada decreció 5.5%. La tendencia a la baja en la inversión se ha observado a partir del cuarto trimestre del 2018, y desde entonces no se han registrado incrementos anuales. En promedio, en 2019 la inversión privada registró una tasa anual de (-)4.0% y la pública de (-)10.8%. Por lo tanto, la inversión como porcentaje del PIB ha venido también a la baja, y en el tercer trimestre del 2019 representó el 20.9% del PIB, por lo que el #SemáforoEconómico de inversión de México , ¿cómo vamos? se encuentra en amarillo, pues la meta fijada por la organización establece que la inversión debe representar el 24% del PIB para detonar crecimiento económico. A pesar de que se dio un incremento de 0.3 puntos del segundo al tercer trimestre del año pasado, pasando de representar el 20.6% del PIB al 20.9% en el tercer trimestre de 2019; estos niveles son los más bajos desde el segundo trimestre del 2014, cuando la inversión representaba 20.4% del PIB.

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La inversión en un país es fundamental para el crecimiento de éste, pues funciona como el motor de oportunidades para generar empleos formales y fomentar el crecimiento económico. La falta de confianza por parte de los inversionistas se traduce en una baja en la inversión, lo que refleja un entorno carente de estabilidad y certidumbre. La estimación oportuna del PIB mostró que la economía mexicana decreció 0.1% en 2019 respecto a 2018. Este dato representa la primera tasa negativa del PIB para un año desde el 2009. Similarmente, la generación de empleo formal en 2019 fue la más baja desde el 2009. Al cierre de 2019 se registró una generación acumulada de 342 mil 77 plazas, mientras que al cierre del 2009 se perdieron 171 mil 713 empleos formales. Así el #SemáforoEconómico de empleo formal se encuentra en rojo.

De esta forma, para que la economía mexicana alcance su máximo potencial, se necesita un cambio de rumbo, buscando en primer lugar, hacer al país más atractivo para la inversión tanto nacional como extranjera, de manera que se generen más empleos formales, más recursos y como consecuencia se tenga un mayor crecimiento económico. Todo esto en busca de la mejora de las condiciones que mantienen el bienestar de las personas.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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