Sin medicamentos y en la pobreza extrema: así enfrentan niños con cáncer el desabasto en Veracruz
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Manu Ureste

Sin medicamentos y en la pobreza extrema: así enfrentan niños con cáncer el desabasto en Veracruz

De acuerdo con padres de pacientes, el desabasto se ha agravado con la llegada de 2020 y del nuevo Insabi, que es responsable de diversos hospitales en el país.
Manu Ureste
4 de febrero, 2020
Comparte

“¿Por qué el presidente dice en sus conferencias mañaneras que ya hay medicamento para los niños con cáncer si realmente no los hay”

Felipe Romero se hace la pregunta sentado en una de las sillas verdes de plástico que hay en el Hospital Regional de Río Blanco, en el municipio de Orizaba, en la zona centro del estado de Veracruz. 

Son las diez de la mañana del jueves 30 de enero y hace algo más de tres horas que Felipe bajó desde la sierra de Zongolica por estrechas y zigzagueantes carreteras que lo llevaron desde Soledad Atzompa hasta la sala de espera del piso tres de Oncología Pediátrica. 

Aquí, junto a su pareja, una mujer indígena de largo cabello negro que peina hasta la cintura, acompaña a su hijo Bryan; un joven espigado de 14 años que, como todos los niños que van a recibir una sesión de quimioterapia, oculta la tristeza y el cansancio de su rostro con un cubrebocas.

Lee: No solo es CDMX: en otros estados también hay reclamos por falta de medicinas contra el cáncer

Felipe también está cansado, se nota en sus ojos enrojecidos que contrastan con el esmalte blanco de sus dientes y la tez cobriza de su rostro. 

Pero, sobre todo, dice, está preocupado y asustado. 

Desde que irrumpió en sus vidas la Leucemia, una palabra de la que desconocía su significado hace tres años, cada día es una pesadilla para su familia. Tanto por la enfermedad y los dolores físicos con los que castiga a Bryan, como por el desgaste de combatirla: los estudios y los medicamentos, que pueden ir desde los 4 mil a los 40 mil pesos, son extremadamente caros para un salario que apenas supera los 100 pesos al día en los campos de maíz. 

Pero lo peor, subraya Felipe, es “la lucha continua” para que el Hospital de Río Blanco, que depende de la Secretaría de Salud de Veracruz, les dé medicamentos para el combate a la Leucemia, como la Vincristina, o el Methotrexate, Y, más importante, que se los proporcione con la regularidad y la puntualidad que exige el tratamiento.

El desabasto, dice el campesino, se ha agravado con la llegada de 2020 y del nuevo INSABI que mantiene a este Hospital, y a muchos otros de toda la República, en una transición complicada debido al desabasto de medicinas. 

Situación que, desde el 1 de enero, ha desatado protestas de más padres de niños con cáncer en el mismo estado de Veracruz, como la que tuvo lugar el pasado 7 de enero en el Centro Estatal de Cancerología (Cecan) de Xalapa; y en otros estados, como Yucatán, y Puebla, donde el jueves pasado varios padres denunciaron que los médicos del Hospital del Niño Poblano utilizan medicinas alternas para tratar a los menores, por la situación de desabasto. 

“Antes, con el Seguro Popular, tampoco había muchas medicinas, pero algo había. Ahora, en cambio, no hay nada de medicamento. Nada”, subraya Felipe, cuyo testimonio coincide con lo expresado fuera de grabadora por varios integrantes del personal del Hospital de Río Blanco, que, si bien admiten que con el extinto Seguro Popular también hubo momentos críticos de desabasto, ahora la situación es más crítica si cabe.

“A veces, no tenemos ni para darles un paracetamol, o unas pastillas para la gastritis”, dice una de las fuentes médicas que pide anonimato.

“Vuelva en 8 meses por su medicamento”

Tras la quimio de su hijo, Felipe necesita mucho más que un simple paracetamol. El doctor le dio una hoja en la que le señala que, durante la próxima semana, el niño debe tomar varios fármacos, entre ellos la Vincristina y la Mercoptopurina. 

Por fortuna, hoy es día de inspección en el Hospital. Y ante la visita de funcionarios de salud estatal con batas blancas y folders con hojas donde toman notas, los estantes de la farmacia lucen más llenos de lo habitual, luego de que hace un par de días llegó un camión con medicamentos.

Entérate: Con protestas del aeropuerto a Gobernación, padres de niños con cáncer logran promesa de abasto total

Aún así, Felipe no se fía. 

Teme que todo sea “pura fachada” para quedar bien con los inspectores. 

Así que baja las escaleras hasta la primera planta, recorre laberínticos pasillos, y se dirige hasta un mostrador, donde, en una ventanita con marcos de aluminio, hay un letrero escrito en castellano y náhuatl que informa que ahí se encuentra la farmacia del Hospital.

-Buenos días -se presenta Felipe-. ¿Si tiene la Vincristina o la Vinblastina? -pregunta leyendo con cuidado lo que el doctor le escribió en la hoja.

El boticario lo observa en silencio y a continuación voltea hacia los estantes, donde a simple vista se aprecia que hay varias cajas de cartón apiladas. 

-Me parece que no hay -responde-. No hay ahorita. 

-¿Y para cuándo los tendrán, más o menos? -insiste Felipe-. 

El empleado cierra los ojos y niega en silencio con la cabeza.

-Nos acaba de llegar medicamento y se supone que es para todo el año -responde señalando con la barbilla los estantes-. Pero esos no nos llegaron. Eso quiere decir que puede tardar unos ochos meses…

Felipe baja la mirada y relee la hoja con los nombres de los medicamentos. 

Su reacción no es de enojo. No grita, ni reclama, ni hace aspavientos para tratar de explicar que no se puede interrumpir el tratamiento de su hijo. 

Lee: Tras protestas de padres de niños con cáncer, Gobernación acuerda mesas de trabajo

Más bien parece aturdido. Súbitamente exhausto.

-Oiga, ¿y qué voy a hacer sin el medicamento hasta dentro de 8 meses? -balbucea sin dejar de mirar la hoja que le dio el doctor. 

A lo que el farmacéutico, con un sincero tono de pesadumbre en la voz, le responde encogiendo los hombros:

-Desafortunadamente, así es nuestro Gobierno. No nos han mandado nada. 

“¿Cómo vamos a pagar una quimio de 40 mil pesos?”

Adriana Utrera es de Huatusco, una localidad de la zona cafetalera de Córdoba, a unos 60 kilómetros de carreteras angostas salpicadas de pueblos como Coscomatepec o Chocamán, que hacen que el relativo corto trayecto en taxis rurales hasta Río Blanco se extienda un par de horas.

Ella también trajo a quimio a Luisa Adriana, su hija de 9 años de ojos risueños y almendrados que lleva un cubrebocas rosa con dibujos de estrellitas y unicornios voladores.

Mientras la niña se entretiene haciendo dibujos sobre unas mesas, Adriana asegura que lo que más teme de venir a las quimios es bajar a la farmacia. 

Adriana Utrera, madre de Luisa Adriana, de 9 años y paciente de Leucemia, dice que con el salario que deja la recolecta de café no pueden pagar los medicamentos que no les surte el Hospital Regional de Río Blanco. Foto: Manu Ureste.

“Solo nos dicen es que no hay medicamentos y que si los queremos tenemos que ir a comprarlos por fuera”, dice la mujer, madre de otros dos niños.

Pero ella y su esposo son campesinos, añade a colación, y el trabajo en la recolecta de café apenas les alcanza para cubrir los gastos básicos de alimentación y de llevar a los niños a la escuela. 

Por lo que comprar cada semana de su bolsa medicamentos como la mencionada Vincristina, que según el portal del IMSS tiene un precio por una ampolleta de 10 mililitros de 2 mil 300 pesos, u otros como el Desrazoxano inyectable, que cuesta 4 mil 200 pesos, es prácticamente imposible. 

Y ya no hablemos de fármacos más especializados, apunta la mujer con el dedo índice alzado, más otros tratamientos, un sinfín de estudios, y los traslados continuos hasta Río Blanco, para los que tiene que hacer varios ‘trasbordos’ desde Huatusco viajando con su niña en la batea de unas camionetas que hacen las veces de taxis rurales colectivos. 

“Un día pregunté por una quimio y sale en más de 40 mil pesos. Y, a veces, son tratamientos de varios días seguidos de quimios. Imagínese, ¿cuándo podría yo juntar ese dinero?”, se pregunta la mujer con los ojos negros muy abiertos. 

Doña Rosa García está a sentada a unas pocas sillas de distancia de Adriana. En silencio, observa a su niño Armando que juega distraído con un payaso cuya peluca verde y rosa contrasta con los habituales blancos mortecinos de las salas de espera de cualquier hospital. 

En 2015, a Armando le diagnosticaron Leucemia Linfoblástica Aguda, explica Rosa, que asegura que durante el tiempo que estuvo afiliada al Seguro Popular el Hospital de Río Blanco le dio el tratamiento a su hijo. 

Pero todo comenzó a complicarse, aún más, en agosto del año pasado, cuando al niño le brotó una bolita en el cuello. 

Su oncólogo pediatra solicitó de inmediato una biopsia para analizar el bulto. Pero Rosa explica que para ella “fue muy difícil” hacer ese estudio, ya que el Hospital le dijo que no podía hacérselo y su esposo, que trabaja como ayudante en una bodega de abarrotes, no reunió el dinero suficiente para pagarlo. 

Como consecuencia, el estudio se retrasó cuatro meses; hasta diciembre del año pasado. Y los resultados no fueron buenos: la Leucemia de Armando aprovechó ese valioso tiempo perdido y evolucionó a Leucemia Linfoblástica Pre-B, una estadía de cáncer más agresiva. 

Ahora, jueves 30 de enero, Rosa es la primera vez que acude a consulta médica tras la evolución del cáncer. Aunque sonríe al ver a su hijo, su rostro macilento es el de una mujer también agotada: acaba de regresar de la farmacia y, como a Felipe, le han dicho que no pueden surtirle los cuatro medicamentos, entre ellos la Vinblastina, que le recetó el oncólogo.

-¿Por qué no te lo dieron? -le cuestiona alarmada Guadalupe Martínez, de 45 años, que apenas comienza a caerle el veinte del largo camino que tiene por delante ella y su hijo recién diagnosticado de Leucemia el pasado 19 de enero.

Como respuesta, Rosa sonríe resignada. 

-Solo me dieron esto -dice inexpresiva mostrando dos recetas, en las que cuatro sellos dan fe de que a su hijo no le surtieron ninguno de los medicamentos que necesita para salvar la vida. 

La sociedad asume la responsabilidad del Estado

“Sin medicamentos, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos?”, se pregunta Marcos Vallejo, papá de Rigoberto, un niño de ocho años que también tiene Leucemia, y que explica que, en muchas ocasiones, los propios doctores les dicen que sin los fármacos necesarios poco más pueden hacer. 

La responsabilidad de responder a la pregunta de Marcos ha recaído en la sociedad civil. En concreto, en la Asociación Orizaba Propone AC (AOPAC), una fundación sin fines de lucro que apoya a las personas de escasos recursos de la Sierra de Zongolica dándoles albergue, que pueden utilizar durante el tiempo que el menor esté internado, un comedor, y atención integral, incluyendo los medicamentos contra la Leucemia y otros tipos de cáncer.

Marcos Vallejo, papá de Rigoberto, cuenta que ha tenido que vender su propiedad para poder afrontar los gastos del tratamiento de Leucemia de su hijo. Foto: Manu Ureste.

María de los Ángeles Pírez, presidenta de la Fundación, explica en entrevista que AOPAC existe desde hace más de tres décadas, cuando el patronato de la Feria de Orizaba, integrado por empresarios de Orizaba, creó un programa para niños con cáncer de comunidades marginadas de la sierra que, a la fecha, lleva 547 menores atendidos.

Durante todo ese tiempo, el Hospital Regional de Río Blanco y la fundación han mantenido una estrecha colaboración.  

Por un lado, el Hospital pone la planta de oncología pediátrica, paga el sueldo de dos oncólogos especializados y el de las enfermeras, y a través del Seguro Popular debía de brindar medicamentos a los menores inscritos en el seguro de gastos catastróficos. 

Mientras que la fundación, en el tiempo en que se tardaba en que los niños fueran dados de alta en el sistema del Seguro Popular, que podía llegar a los tres meses, apoyaba con la compra de medicamentos durante ese espacio de tiempo, para que los menores fueran atendidos inmediatamente. 

Pero desde la llegada en 2019 del nuevo Gobierno Federal y de su nuevo sistema de compras, que promete ahorrar recursos y evitar prácticas de corrupción y de monopolio en el sector de la industria farmacéutica, pero que ha desatado múltiples protestas en el país por desabasto, Pírez asegura que la Asociación ha asumido prácticamente toda la responsabilidad de dar los medicamentos a los menores internos en el Hospital de Río Blanco. 

“Ahora mismo, la Fundación se está haciendo cargo al 100% de estos niños. Nosotros les estamos dando todo: medicamentos, estudios, análisis, tomografías, absolutamente todo”, asegura Pírez, que añade que, solo entre octubre y diciembre del año pasado, gastaron más de un millón de pesos en la compra de fármacos que el Hospital no proveyó a los niños. 

“Ahora bien -plantea a colación-, los recursos del programa de niños con cáncer no son ilimitados. ¿Hasta qué punto vamos a seguir aguantando? ¿Y qué va a pasar con estos niños cuando se nos acabe el dinero? La asociación está para apoyar, pero no es nuestra obligación comprar todos los medicamentos. Eso es obligación del Estado y no la está asumiendo”. 

Por su parte, el pasado 10 de enero, el secretario de salud veracruzano, Roberto Ramos Alor, admitió ante medios de comunicación que el proceso de abasto no está siendo “tan rápido como lo quisiéramos”, aunque acusó a los laboratorios del desabasto, y aseguró que, fiel a la nueva política federal, ya se está buscando trabajar con laboratorios que ofrezcan “calidad”, “buen precio” y “prontitud” en la entrega de los fármacos. 

Recurren al amparo para conseguir medicamentos

Pero, en lo que eso se produce, la AOPAC acudió con la organización civil Renace, dirigida por el abogado José Mario De la Garza, para interponer un juicio de amparo ante la justicia. 

El objetivo, explica en entrevista la abogada Raquel Álvarez, de Renace capítulo San Luis, es recurrir ante un juez federal para que el Hospital de Río Blanco y la Secretaría de Salud estatal cumplan con su obligación de suministrar medicamentos a los niños con cáncer.

Se trata de un recurso legal que ya ha tenido éxito, subraya la abogada que, como el resto del equipo de Renace, trabaja en estos casos de manera gratuita. Por ejemplo, en noviembre pasado, un juez les concedió el amparo y obligó al Instituto Nacional de Cancerología a brindarle todos los medicamentos necesarios a Ricardo Villalobos, un paciente de Leucemia de 40 años.  

Mientras que, en otros estados, como Nuevo León, Querétaro, Ciudad de México, Tamaulipas, o el Estado de México, otros grupos de abogados probono, como Andrea Rocha y Marco Antonio Vargas, interpusieron más amparos para proteger a niños con cáncer y a pacientes de VIH-Sida. 

“Esto no es una cuestión política -recalca Álvarez-. Lo que estamos haciendo es obligar a las autoridades de salud a que cumplan con dar atención médica integral y a que garantice los derechos humanos de los pacientes”. 

Para este reportaje, Animal Político acudió el viernes 31 a la dirección del Hospital de Río Blanco para solicitar una entrevista, pero no obtuvo respuesta.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Qué es el "efecto padres" en la educación y cómo podría marcar a la generación COVID-19

Con el cierre masivo de escuelas, los padres han tenido que adoptar un rol protagónico en la educación de sus hijos. Pero no todos los niños están en igualdad de condiciones y eso puede tener consecuencias a largo plazo.
16 de mayo, 2020
Comparte

Pablo y Florencia son un matrimonio de doctores uruguayos. Cuando la pandemia de covid-19 llegó al país a mediados de marzo, sabían que tendrían más trabajo, sobre todo él, que es médico de emergencia e internista.

Lo que no sabían es que también pasarían a hacer horas extra como maestros auxiliares de sus hijos.

Desde hace casi dos meses que, ante la suspensión de clases por parte del gobierno uruguayo, las escuelas de sus hijos de 3 y 7 años implementaron clases a distancia, que todavía mantienen.

“Inicialmente fue a través de una plataforma por la cual los maestros suben actividades y tareas”, explica Pablo a BBC Mundo. “Uno tiene que realizarlas con ellos y luego hacer la devolución, escaneando, sacando fotos o filmando el proceso, y subiendo todo de vuelta a la plataforma”.

Luego, se sumaron las videoconferencias por Zoom dos y tres días a la semana para el hijo menor y mayor respectivamente.

“Estamos hablando de 2 o 3 horas de acompañamiento escolar diario, sumado a los momentos en que están en Zoom“, calcula.

Antes de la llegada del nuevo coronavirus, Pablo y Florencia se limitaban a ayudar a sus hijos con las tareas domiciliarias.

“Ahora no: ahora tenemos que hacer todo”, dice él. “Si uno sigue con la vida normal, los gurises (niños) no pueden estar al día con la agenda curricular. Es imposible”.

Los hijos de Pablo y Florencia son apenas dos de los más de 1.200 millones de estudiantes que no pueden asistir a clases por la pandemia, según datos de Unesco al 12 de mayo.

Pero no todos están bajo las mismas condiciones.

Click here to see the BBC interactive

Click here to see the BBC interactive

En palabras de Luis Felipe López-Calva, director regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe: “Cuando los niños dejan de ir a la escuela, el efecto par (la influencia de los compañeros) pierde preponderancia, mientras que el efecto padres gana“.

El nuevo rol de los padres

“La educación está ocurriendo ahora en el hogar, con mayor o menor apoyo de la tecnología y del colegio, dependiendo del contexto”, dice a BBC Mundo el economista Pedro Cerdan, quien gerencia los proyectos de educación del Banco Mundial en Colombia.

“Así que los padres juegan un rol fundamental en que esos aprendizajes se den“, explica.

Desafortunadamente, es poco lo que se sabe sobre cómo se están ajustando los hogares a la situación, afirma. Lo que es seguro es que no todos tienen las mismas posibilidades.

“Dado el énfasis en la tecnología como respuesta, las familias con mayores recursos, quienes cuentan con mejor conectividad, computadora, espacio para estudiar y padres educados, seguramente tendrán el reto de hacerle seguimiento a sus hijos, asegurar que se conectan a sus clases virtuales, encontrar el tiempo para ayudar en las tareas o aprender algo de pedagogía”, afirma.

López-Calva está de acuerdo: “Ese rol lógicamente se ve determinado por el tiempo disponible que tienen los padres, sus capacidades y la prioridad que le dan a la inversión en capital humano en distintas familias”, dice a BBC Mundo.

Pero aclara que “en el contexto de alta desigualdad que existe en la región, tener el tiempo y la motivación para asumir responsabilidades de educación es un lujo que no todos los padres pueden darse“.

Niño tomando fotos a su tarea.

Getty Images
Existen múltiples tecnologías para educar a la distancia, pero las más tradicionales son las que mejor aseguran la equidad: radio y televisión.

Pablo y Florencia tienen muy claro que el “efecto padres” es real.

“La coordinación familiar obviamente está híper alterada porque lleva muchas horas y tenemos que mantener nuestras actividades laborales”, explica Pablo.

“Pero tenemos la suerte de ser universitarios y de haber vivido muchas experiencias pedagógicas, además de que nosotros mismos tenemos roles docentes como médicos”, agrega.

Es así que en estos meses han ido aprendiendo cuál es la mejor forma de enseñarles a sus hijos ciertos conceptos (“con diferentes herramientas más lógicas o más visuales, por ejemplo”) o incluso cuándo es mejor suspender la actividad y retomarla más tarde o al día siguiente.

“Eso también ha sido todo un aprendizaje“, dice.

Aún así, reconoce: “Nos ha resultado muy difícil que los niños entiendan o nosotros hacerles entender que llegó la hora de ponerse a hacer una tarea o de conectarse al Zoom. Nos cuesta que hagan el clic y se concentren, por más que les tengamos un ambiente preparado con un escritorio”.

Educación e ingresos

“Sabemos que el nivel educativo de los padres es un factor determinante en la educación de los hijos. En algunos países la correlación es altísima”, dice Cerdan.

Padre e hija estudiando.

Getty Images
El nivel educativo de los padres tiene una fuerte correlación con los ingresos en el hogar y es un factor determinante en la educación de los hijos.

El economista explica que los distintos factores que influyen en este fenómeno muy presente en América Latina pueden dividirse en tres.

“Parte de este efecto se da por la condición socioeconómica del hogar: padres educados cuentan con mayor nivel de ingresos y por tanto tienen acceso a mejores colegios, más apoyo, etc.”, enumera.

“Otro efecto -sigue- es la importancia que se le da a la educación en el hogar o el involucramiento de los padres en la escuela. Y el tercero es el apoyo directo al proceso de aprendizaje”.

López-Calva, por su parte, agrega que “a este fenómeno se le llama transmisión intergeneracional del capital humano y está demostrado que su nivel es particularmente alto en América Latina y el Caribe“.

Los números hablan por sí solos.

Clase por Zoom

Getty Images
Las clases y reuniones por Zoom y otras plataformas de videoconferencia se han convertido en la “nueva normalidad”.

“Le doy un dato interesante de Colombia, que es donde estoy mirando el tema en profundidad”, dice Cerdan.

“Entre los padres sin conectividad ni acceso a un dispositivo para conectarse a clases virtuales, menos de la mitad cuenta con un miembro del hogar con educación secundaria y solamente el 12% tiene educación media”.

En un análisis sobre el tema recientemente publicado por López-Calva en su blog institucional Graph for Thought, destaca otros casos particulares de América Latina y el Caribe.

“En República Dominicana, por ejemplo, aquellos estudiantes del segmento más rico tienen el doble de probabilidades de tener acceso a un escritorio que los del segmento más pobre”, escribe el director regional del PNUD.

“En México tienen el doble de probabilidades de tener una computadora; y en Panamá, mientras que virtualmente todos los niños del grupo de ingresos más altos tienen acceso a internet, solo el 40% de los del grupo más pobre tienen”, continúa.

En base a datos de las pruebas PISA de 2018 con estudiantes de 15 años para los países disponibles de la región, López-Calva logra dar una imagen más general.

Niño estudiando en Caracas.

Getty Images
Computadora, internet y un escritorio cómodo donde estudiar son parte de un capital físico al cual no todos los niños pueden acceder.

“Los datos muestran que, en los hogares de ingresos más pobres de cada país, entre el 10 y el 40% de las madres tienen educación universitaria, mientras que en los más ricos la cifra es de al menos el 50%“, detalla.

Mayor inequidad

Los especialistas consultados coinciden en que la cuarentena y cierre de centros educativos impuesto en casi todos los países de la región, aunque es necesaria desde el punto de vista sanitario, va a generar una mayor inequidad.

López-Calva explica a BBC Mundo: “Si los resultados académicos de un estudiante se vuelven aún más dependientes de las habilidades de sus padres durante el cierre de escuelas, entonces estudiantes similares cuyos padres tienen niveles educativos diferentes, tendrán probablemente resultados diferentes”.

Las diferencias educativas que ya marcan el capital físico (conectividad, disponibilidad de computadoras) y el capital humano (educación de los padres) en el hogar, podrían ser aún mayores para los niños de esta generación covid-19.

De acuerdo al análisis del director regional del PNUD, estos desempeñarán “un papel aún mayor en perpetuar las desigualdades futuras, no solo reduciendo la acumulación de capital humano de los niños en el presente, sino también impactando sus resultados de largo plazo en el mercado laboral”.

Sin embargo, el “efecto padres” no tiene por qué ser una sentencia para el presente y futuro de los niños.

Aula en un colegio

Getty Images
Con la puerta abierta para ventilar y separados unos de otros, así dan clases en Dinamarca en el contexto de la pandemia.

Según López-Calva, “la idea es que quien sea el padre o madre, no se convierta en un determinante para efectos de acumulación de capital humano“.

“Sin cuarentena esto significa darle un rol preponderante a las escuelas, asegurando calidad alta y homogénea entre colegios”, explica.

“Con cuarentena -agrega-, esto significa sustituir a los colegios con mecanismos que no conlleven barreras de acceso vinculadas al ingreso de los hogares”.

Los especialistas coinciden que la radio y la televisión, ampliamente presentes en los hogares latinoamericanos de todas las clases sociales, pueden ser útiles para educar de forma remota.

Cerdan, además, agrega la importancia de los docentes a pesar de la distancia.

“Son ellos los que conocen mejor las condiciones de sus alumnos, además de su conectividad. Son ellos los que pueden organizar ese seguimiento diferenciado y los que ya están respondiendo creativamente a este gran reto, con grupos de WhatsApp o Facebook, o con distintos usos de materiales y juegos”, explica.

Y aclara: “Es importante recalcar que el rol de los padres, incluso en cuarentena, no es dar contenido a los hijos“.

“En general, el rol principal debería ser interiorizar y transmitir la importancia del aprendizaje a sus hijos, motivarlos y acompañarlos en el proceso, incluyendo apoyo emocional”, señala.

En palabras de Pablo: “Como padres, tenemos la posibilidad de hacernos cargo de este aspecto de las vidas de nuestros hijos y que ellos encuentren en nosotros la normalidad que perdieron al no poder ir a la escuela. Pero nunca vamos a poder suplir a un maestro o profesor“.


*Sus nombres fueron cambiados a pedido de ellos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=bDR5eXAxyfs

https://www.youtube.com/watch?v=OZghZxbbTdw

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.

close
Información verificada del COVID-19 #CoronavirusFacts