Viajes lujosos y contradicciones en domicilios: cómo justificó el juez mantener a Rosario en la cárcel
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Viajes lujosos y contradicciones en domicilios: cómo justificó el juez mantener a Rosario en la cárcel

La exfuncionaria federal trató de convencer al juez de que no tiene intención de darse a la fuga y de que una medida cautelar menos severa sería suficiente para garantizar que se presentará a las siguientes audiencias de su caso. 
Cuartoscuro
6 de febrero, 2020
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Con la mirada perdida en la nada, Rosario Robles acaba de escuchar visiblemente desolada cómo, después de una audiencia maratónica, un juez federal le niega por tercera vez el beneficio de enfrentar su proceso en libertad y la manda de regreso a Santa Martha Acatitla, donde permanece en prisión preventiva desde agosto pasado por su imputación en el caso de La Estafa Maestra por un presunto ejercicio indebido del servicio público.

“Es muy injusto esto que estoy viviendo”, se queja Rosario con la voz entrecortada y algo acatarrada por el aire acondicionado de la sala de audiencias del Reclusorio Sur, en la Ciudad de México.

A continuación, la extitular de Sedesol y Sedatu repasa varios de los puntos que, a lo largo de una jornada de nueve horas, expuso su equipo de abogados y ella misma para tratar de convencer al juez de que no tiene intención de darse a la fuga y de que una medida cautelar menos severa, como el uso de un brazalete electrónico y el arresto domiciliario, sería suficiente para garantizar que se presentará a las siguientes audiencias de su caso. 

Lee: Nuevo juez en el caso de Rosario Robles ratifica prisión preventiva en su contra

Ganther Alejandro Villar, el nuevo juez de control de la causa en sustitución de Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, responsable de vincular a proceso y ordenar la prisión preventiva de Robles, escucha en mitad de un silencio tenso los alegatos de la exfuncionaria.

La escucha, por ejemplo, decir que ella no es una embustera, como la acusan los agentes del Ministerio Público, quienes la señalan de haber caído en múltiples contradicciones desde la primera audiencia del caso; como cuando al momento en que fue requerida para comparecer ante la justicia en México dijo que se encontraba de viaje de turismo con su hija en París, Francia, mientras que sus abogados dijeron al Ministerio Público que había ido a Costa Rica a dar un curso. 

Y la escucha también asegurar -y reiterar- que tampoco mintió acerca de su domicilio habitual en Coyoacán. Y que, de hecho, un perito que contrató su defensa ya probó que la firma que aparece en una licencia de conducir a su nombre donde figura una dirección diferente a su domicilio de Coyoacán, es falsa. Por lo que una de las pruebas esgrimidas por el juez Delgadillo Padierna para decretarle prisión preventiva por riesgo de fuga, ya no tendría vigencia. 

Y, por último, la escucha asegurar que tiene “muchas dudas” por la resolución que acaba de emitir, acerca de que es “infundada” la solicitud de la defensa de revocar o modificar la medida precautoria de la prisión preventiva. 

Entérate: La Estafa Maestra: Investigan a Zebadúa por lavado y presentan nueva denuncia contra Robles

 “Señoría, esto es ya una pena anticipada. Me están juzgando por quien soy”, recalca Robles con los ojos clavados en los del juez Villar, a lo que éste, impertérrito, se limita a responderle con una sentencia: 

“Le agradezco sus comentarios, pero mi decisión ya está tomada”. 

Los domicilios

Antes de llegar a la decisión del juez, los agentes de la Fiscalía y el equipo de tres abogados de Robles, en el que desde ayer ya no forma parte del mismo Julio Hernández Barros, se batieron en una de las habituales batallas dialécticas que se han visto en las anteriores audiencias del caso. 

Una batalla, sin embargo, que el juez de control Ganther Alejandro Villar trató de controlar a rajatabla desde el inicio de la audiencia, cuando advirtió con tono severo que no permitiría descalificaciones durante el proceso, y que, de hecho, cumplió cuando impuso sendas multas de 20 salarios mínimos a la Fiscalía y a la defensa por no atender su advertencia. 

En esta ocasión, la defensa introdujo una variante en su estrategia: llamó al estrado a Rosario Robles para interrogarla. 

Durante aproximadamente media hora, la exfuncionaria respondió las preguntas de sus abogados -se negó a hacer lo propio con las de la Fiscalía- para tratar de acreditar que en los últimos 24 años solo ha tenido un domicilio, el ubicado en calle de Las Flores 91, en la alcaldía Coyoacán.

Lee: Las fallas en el caso de Rosario Robles y que no fueron suficientes para su liberación

Este punto, cabe recordar, es clave en el caso, puesto que en la audiencia inicial del caso la Fiscalía acusó a Robles de no dar certeza sobre cuál es su domicilio real, lo que hizo sospechar al juez Delgadillo Padierna que podría haber riesgo de fuga por falta de arraigo. 

En su intervención, Rosario Robles matizó que, si bien su domicilio habitual es el de la alcaldía Coyoacán, asegurando que así puede constatarse en múltiple documentación, como su INE y la escritura del inmueble, también rentó otros dos departamentos durante los seis años que fue funcionaria federal: uno, en Reforma 222, muy cerca de la sede de Sedesol y Sedatu; y otro en Tennyson 223, en Polanco, a donde se mudó después del sismo de septiembre de 2017.

“Hay quienes se mudan a Palacio Nacional para estar cerca de su trabajo, yo lo que hice fue rentar dos departamentos”, planteó con ironía Robles, quien, no obstante, aseguró que los fines de semana siempre regresaba a “su casa de campo” en Coyoacán, porque ese es su hoga; donde tiene sus gatos y en el que suele hacer carnes asadas con su hija y su familia.  

Sin embargo, la jugada de la defensa no salió del todo bien. 

En la exposición de los argumentos de por qué declaró infundada la solicitud de revocar la prisión preventiva, el juez Ganther Alejandro Villar señaló como uno de los motivos la contradicción entre lo expuesto por la defensa de Robles en la primera audiencia y lo dicho en esta acerca del número de domicilios donde vivió la exsecretaria de estado. 

“Todo este tiempo se ha insistido en que solo había un domicilio que habita desde hace 24 años. Pero hoy, en esta audiencia, se señalan dos más. Es decir, existen varios domicilios diferentes al declarado por Rosario Robles en la primera audiencia”, planteó el juez. 

Los viajes de Rosario

Otros de los puntos clave en la audiencia fueron los relativos a los viajes de Rosario Robles y a su capacidad económica, otro de los argumentos que esgrimió en agosto pasado el juez Delgadillo Padierna para decretar prisión preventiva, por el temor a que, debido a que la exfuncionaria cuenta con recursos económicos, pudiera darse a la fuga. 

Lee: Rosario Robles presenta queja en CNDH acusa al MP de fabricar pruebas para dejarla en prisión

Sobre este punto, la defensa apuntó que Rosario Robles es “una mujer de éxito” que ha desempeñado cargos muy importantes como jefa de gobierno de la Ciudad de México, y más recientemente como titular de Sedesol y Sedatu. 

“No se puede criminalizar a alguien por ganar dinero de su trabajo”, subrayó el abogado Epigmenio Mendieta. 

“Las personas pueden utilizar su dinero para lo que mejor les parezca. Ella decidió gastarlo en rentar dos departamentos para estar cerca de su trabajo y en viajar. Eso no puede ser motivo de criminalización”, insistió Mendieta.

Pero el punto de los viajes, precisamente, fue duramente atacado por Manuel Granados, el representante de la Fiscalía.

En su exposición, el Ministerio Público detalló que entre 2018 y 2019, es decir, en 24 meses, Rosario hizo 30 vuelos nacionales e internacionales con un costo de 1 millón 671 mil pesos. 

En 2018, fueron 19 vuelos con un costo de 1 millón 163 mil pesos a destinos como Tokio, en Japón; Kuala Lumpur, Malasia; Seúl, Corea; Vancouver, Canadá; Santo Domingo, República Dominicana, Nueva York y Washington, en Estados Unidos; o Buenos Aires, en Argentina. 

Solo en el vuelo a Buenos Aires, Rosario gastó más de 160 mil pesos en boletos. 

No obstante, Robles, que, si bien admitió previamente que “le gusta mucho viajar”, matizó que estos viajes no eran de turismo, sino que los hizo como funcionaria pública en representación de México en eventos de Sedesol y Sedatu en el país y en diferentes partes del mundo. 

Pero, en 2019, cuando Rosario ya no era funcionaria, la Fiscalía detectó que hizo 11 vuelos en ocho meses por 507 mil pesos a ciudades como Madrid, París, Cancún, Acapulco, o Lima. Solo en el vuelo a Paris, abundó la Fiscalía, Rosario Robles gastó casi 200 mil pesos. 

Rosario dice que ganaba 40 mil, Fiscalía dice que 180 mil

La Fiscalía expuso estos viajes para acto seguido atacar otro punto: el del patrimonio de Rosario Robles. 

De acuerdo con información que la Secretaría de la Función Pública proporcionó al Ministerio Público, Rosario Robles ingresó en 2013 un total de 1 millón 680 mil pesos; en 2014, subió a 2 millones 318 mil pesos; en 2015, 2 millones 223 mil pesos; en 2016, 2 millones 266 mil pesos; en 2017, 2 millones 235 mil pesos; y en 2018, 2 millones 299 mil pesos. 

Lee: Abogados de Rosario Robles acusan “estrategia sucia” en su defensa

En total, como secretaria de estado, Robles ganó 12 millones 961 mil pesos, lo que da un promedio de 2 millones 160 mil pesos al año, y de 180 mil pesos al mes en concepto de salario.

Además, la Fiscalía también expuso que, entre 2013 y 2018, Rosario Robles retiró de un fondo de ahorro otros 3 millones 200 mil pesos, por lo que, durante el sexenio que fue funcionaria, tuvo ingresos por más de 16 millones de pesos. 

Estas cifras, subrayaron los fiscales, contrastan con lo dicho por Rosario Robles en otras audiencias, cuando aseguró que su sueldo era de 40 mil pesos. 

Esta aparente contradicción fue tomada en cuenta por el juez Ganther Alejandro Villar, al señalar que “la capacidad económica de Rosario Robles es superior a la que se ha venido presentando en audiencias previas”. 

Argumento que, entre otros, utilizó para negar a Rosario Robles, una vez más, la revocación de la medida cautelar de prisión preventiva, y enviarla de regreso al penal de Santa Martha Acatitla.

“El Ministerio Público nos ofendió”

Al término de la audiencia, Mariana Moguel, hija de la exfuncionaria federal, dijo que se encontraba triste por la determinación del juez, y reiteró su exigencia pública de que no se utilice a Rosario Robles como “un trofeo de un supuesto combate a la corrupción”. 

Además, acusó al Ministerio Público de haber ofendido a su familia, llamando “embustera” a Rosario. 

Por su parte, el abogado Epigmenio Mendieta dijo que este jueves se reunirá con Robles para definir si apelan la decisión del juez o si promoverán un amparo directo.

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La mexicana que pasó décadas buscando al desconocido que le salvó la vida

Sonia Solórzano sobrevivió a las terribles explosiones de gas de Guadalajara en 1992 cuando un extraño la sacó de los restos de un autobús destruido. Pasaría décadas tratando de encontrarlo.
23 de abril, 2022
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Algo espantoso sucedió en Guadalajara, México, hace 30 años. Y, para Sonia Solórzano, todo empezó en la noche del martes 21 de abril de 1992.

Al cepillarse los dientes antes de acostarse, notó que un olor a gasolina emanaba del grifo.

Vivía en la colonia Atlas, a pocas cuadras de una de las principales zonas industriales de la ciudad. Pensó que quizás había una fuga de combustible de una fábrica.

“Esa noche no dormí porque el olor era muy, muy fuerte, y me daba miedo”, le cuenta Sonia al programa Outlook de la BBC.

Pero, al día siguiente, 22 de abril, el olor había disminuido.

Con una taza grande de café bien negro lavó la insomne noche, y se preparó para ir al trabajo.

“Tenía 19 años. Soy la mayor de nueve hermanos. En ese tiempo ya trabajaba en un bufete de abogados para ayudar en casa”.

Normalmente, Sonia tendría que haber estado en la oficina a las 9:00 de la mañana. Sin embargo, era Semana Santa. La oficina estaba vacía, pero a ella le tocó el turno de atender la recepción.

“Como eran vacaciones, no tenía un horario forzoso a cubrir, entonces mi idea era llegar a las 10:30”.

Llegar tarde al trabajo no fue la única decisión fatídica tomada esa mañana.

“Mi papá solía llevarme en su carro al trabajo, e insistió en hacerlo, pero le dije que me iba en camión”.

Era un día inusualmente caluroso y, como no tenía prisa, dejó pasar el primer bus, pues estaba demasiado lleno.

Era poco antes de las 10 de la mañana.

Tomó el siguiente autobús, “y me fui al último asiento”.

El chofer no arrancó inmediatamente pues una mujer insistía en pagar su pasaje con monedas viejas.

Eran las 10:05 am.

“Un pasajero dijo: ‘yo pago’, y lo último que recuerdo es ver que la señora estiró su mano y a la vez sentí un golpe en la parte de abajo del camión”.

“El fin del mundo”

Diarios reportando lo ocurrido

BBC

Cuando Sonia recuperó la consciencia, no tenía idea de la dimensión del desastre que acababa de ocurrir.

“Al abrir los ojos, fue como si le estuvieran subiendo poco a poco el volumen a la televisión. Empecé a oír gritos, auxilios, ‘¡córranle!’, e incluso ‘¡es el fin del mundo, arrepiéntanse!’… una confusión de sonidos”.

Una fuga de gasolina en el sistema de alcantarillado de Guadalajara produjo una serie de explosiones devastadoras, arrasando 8 kilómetros cuadrados de la ciudad.

Parques y calles se convirtieron en cráteres. Tiendas y casas fueron derribadas como castillos de arena golpeados por las olas.

Los coches y los camiones estaban esparcidos cual hojas sopladas por el viento.

Imagínate las secuelas de un bombardeo seguido de un terremoto.

“Volamos”

Dos de las explosiones ocurrieron justo debajo del autobús de Sonia, lanzando el vehículo repleto de pasajeros metros al aire.

“En la primera explosión, el camión voló y cayó de techo, y la otra explosión nos volvió a aventar, y el camión cayó de lado”, recuerda.

Volamos literalmente de esquina a esquina“.

Un bus volteado y casa destruida con dos hombres ayudando

Getty Images
Hasta los vehículos grandes volaron por los aires.

“Pensaba: ‘¿Estoy soñando? Si no, ¿qué está pasando aquí?’.

“Al tratar de enderezarme sentí que me están picando la espalda con algo. Nos picaban para forzarnos a reaccionar si estábamos vivos. Y empecé a oír voces que decían: ‘Sí, está viva, se está moviendo’, y me comentaban que arriba de mí había 4 personas muertas.

“Lo que vi fue desastre, tierra, sangre, polvo, pedazos de cuerpos… peor que una guerra”.

“Por amor de Dios, no abra los ojos”

“Empecé a gritar, a pedir auxilio, pero nadie vino en ese momento a ayudarnos”.

Había temor de que los escombros colapsaran aún más.

Sin embargo, alguien escuchó los gritos de Sonia: un rescatista de la Cruz Roja se metió al autobús, que estaba encajado en un enorme cráter.

“En cuanto se subió nos dio un miedo horrible porque el camión empezó a tambalearse”.

Finalmente, el rescatista se acercó a ella.

“Lo que se me grabó de él es que tenía una cara muy desencajada, estaba muy pálido, asustado, como que él tampoco creía lo que estaba viendo. Pero nos dijo que nos calmáramos”.

Pareja buscando entre los escombros

Getty Images

“Cuando trató de rescatarme, mis piernas no me respondieron y sentí un dolor muy fuerte”.

Estaban atrapadas en varillas de metal retorcido y, como no tenía herramientas, el socorrista comenzó a torcerlas y tirarlas con sus propias manos.

“Recuerdo que en todo momento me decía: ‘Por amor de Dios, no abra los ojos, téngame confianza, no tenga miedo’.

“Pero mi miedo era que si cerraba los ojos me iba a morir… que me iba a quedar ahí. Le decía: ‘no me deje aquí’.

“En ese momento, oí que a alguien le gritaban: ‘¡Quítese, va a pisar a la gente!, y vi a una persona delgada con una cámara”.

Esa persona delgada era un fotógrafo sensacionalista que capturó la escena en una foto que obsesionaría e inspiraría a Sonia en las siguientes décadas.

Carroza fúnebre

Después de casi una hora atrapada entre los escombros, Sonia finalmente fue liberada por el socorrista.

“Cuando me subieron a la ambulancia me aferré a él porque me daba mucha confianza pues me había ayudado, y me dijo: ‘Vas a estar bien. Yo me quedo aquí porque hay mucha gente que rescatar’.

“Le pregunté: ‘¿Qué pasó?’, y tranquilamente me dijo: ‘Explotó toda la colonia Atlas, pero estás viva’.

“Pensé en mi mamá y mis hermanos que quedaron en casa. Di por hecho que me había quedado sola. No hice más que llorar”.

Sonia fue llevada al hospital más cercano, que estaba desbordado. El personal médico no daba abasto para atender a los cientos de heridos y moribundos que se alineaban en los pasillos y desbordaban las camas del hospital.

Chico entre escombros

Getty Images

Dada la gravedad de las lesiones de Sonia, los médicos ordenaron su traslado a otro hospital, con más suministros y personal.

Pero todas las ambulancias estaban ocupadas transportando a las víctimas desde el lugar del desastre. Finalmente, un voluntario se ofreció a llevarla.

“El doctor en todo momento me sobaba la cabeza y me decía: ‘Tranquila, no te asustes, es por tu bien, te va a ayudar el Señor’, y yo no entendía porqué hasta que vi que me iban a trasladar en una carroza fúnebre.

“Yo le dije: ‘¡No, no me suba… no me quiero morir!'”.

Sonia estaba decidida a mantenerse consciente, con los ojos abiertos y su mente activa: para ella, la muerte simplemente no era una opción.

“Cuando entré al quirófano, el doctor me dijo: ‘Vamos a tratar de salvarte la pierna’, y yo le dije: ‘Sálveme la vida'”.

“¿Flaca, sí eres tú?”

Tras varias horas de cirugía, Sonia despertó viva y con su pierna.

El alivio fue rápidamente reemplazado por la tristeza por haber perdido a su familia… hasta que una silueta familiar apareció en la puerta.

“Mi padre siempre vestía de negro. Cuando vi a una persona de negro en la puerta me agarré a gritar: ‘¡Papi, papi!’.

“No sé cómo me veía yo, porque se acercó y me preguntó tres o cuatro veces: ‘¿Flaca, sí eres tú?’. (Más tarde me diría: ‘Es que tenías la muerte en tu rostro, estabas transparente… no eras tú’).

“Y yo le preguntaba: ‘¿Están todos bien?’ y me dijo que sí”.

Sonia con la pierna enyesada riendo

CORTESÍA DE SONIA SOLÓRZANO

Su padre había pasado el día buscándola en las morgues de la ciudad.

A altas horas de la noche la empezó a buscar en los hospitales, resignado a la idea de que las posibilidades de encontrarla con vida eran escasas o nulas.

“Me quiso agarrar la mano y le dije: ‘No la puedo mover’. Y vi que se quedó sacado de onda porque no podía mover nada”.

La hinchazón en la clavícula de Sonia, el área de la parte superior de la espalda, los hombros y la columna vertebral, había causado parálisis completa.

“Había el riesgo de que yo quedara con vida vegetal. Nada más movía mis ojos y podía hablar“.

Pero Sonia sabía que tenía una segunda oportunidad de vivir, y la aprovechó.

“En ese momento yo dije: ‘Bendito Dios que fui la única de mi familia que tuvo esa experiencia y que me salvaron, porque vi gente a la que no lograron salvar. Qué horror.

“Entonces me mentalicé: venga lo que venga, estoy viva“.

La foto

Soportaría más de 20 cirugías. Su rehabilitación fue lenta pero constante. Pasó de no poderse mover a usar una silla de ruedas.

A veces, el agotamiento y la frustración obstaculizaban su optimismo, hasta que un día, recibió la visita de una amiga que le preguntó: “¿Ya viste que saliste en una revista? Sales tú dentro del camión”.

Volví a entrar en shock: haz de cuenta que me hubieran vuelto a subir al camión”.

Era esa foto que tomó el fotógrafo sensacionalista.

En la imagen se puede ver a Sonia en el suelo, con la cabeza hacia abajo como si estuviera agonizando de dolor, y a la izquierda está el rescatista aferrado a tubos de metal y tratando de mantener el equilibrio entre los escombros inestables.

Como está de espaldas y su rostro solo sale de perfil, se dificulta su identificación.

“Le dije: ‘Algún día lo he de conocer, primero para decirle gracias, porque sé que Dios me permitió vivir, pero si no es por este señor, yo no estaría en el hospital. Y para decirle que sus palabras de aliento hicieron eco.

La foto en la que aparecía el hombre que le salvó la vida.

La foto le recordó amargamente a Sonia su vida antes de abordar el autobús en ese fatídico día.

Pero, también se convirtió en un motor de inspiración.

“Siempre he dicho que es cierto que la tragedia marcó mi vida, acabó con mis sueños, pero con los sueños de cuando era joven.

“Pero también me dio otra visión y me permitió conocer gente con un corazón enorme”.

Estaba resuelta a no ser definida por esa imagen que la mostraba tumbada, lisiada y angustiada.

Sabía que tenía que levantarse, reconstruir y redefinir su vida.

Discriminación

Pronto sucedió lo que había sido imposible concebir meses antes cuando solo podía mover los ojos y la boca: se levantó de la silla de ruedas.

“Ahí sí fue cuando me metí el chip de que si había logrado superar esas etapas, podía avanzar más. Así que le dije a mi padre que iba a volver a trabajar”.

Pero el hecho de que solo pudiera caminar con la ayuda de un aparato ortopédico se convirtió en un obstáculo.

Sonia, con el aparato ortopédico en la pierna derecha.

“Yo llegaba a pedir trabajo con ese aparato grandote, tosco y, sí, horrible, y me decían: ‘¿Sabes qué? Sí tienes la capacidad de trabajar, tienes los conocimientos, pero tu imagen no es apta para el trabajo‘.

“Me discriminaban. En otro lugar me dijeron que el uniforme de las mujeres eran minifaldas y yo no podía usar el aparato. Por ese motivo no me daban trabajo”.

Después de todo lo que había superado, la discriminación no iba a disuadirla. Cuando le relató el incidente a sus fisioterapeutas, la empatía prevaleció y le ofrecieron un empleo.

Además de un trabajo, encontró el amor, y poco después tuvo dos hijos.

Los tiempos exactos

Había reconstruido su vida. Tenía una familia y un gran sentido de propósito, como defensora de personas con discapacidades.

Ahora, cuando miraba la foto del tabloide, no se enfocaba en la imagen de su yo herido. Podía fijar su mirada en el rescatista que la salvó.

Un sentido del deber y una obsesión la invadió. Tenía que encontrarlo y agradecerle, aunque lo único que tuviera era esa borrosa foto.

Cada 22 de abril, el aniversario de la explosión, comenzaba el día buscando al misterioso voluntario de la Cruz Roja.

Ambulancias de la Cruz Roja Mexicana

“Pensaba que era más fácil que me ubicara en esa fecha que en cualquier otra. Iba a la Cruz Roja, mostraba la foto, preguntaba por él, incluso dejaba cartitas o algo.

“Fue una constante eso de estarlo buscando de una u otra forma, y no daba con él. Pero dije: ‘La vida y Dios nos marcan los tiempos exactos'”.

La vida y Dios se asegurarían de que el proceso se repitiera durante dos décadas y media.

“Previo al 25º aniversario, hice lo que siempre hacía: buscarlo. Pero esa vez mandé un mensaje por redes sociales”.

“Ese güey soy yo”

“De repente un día, un compañero de la Cruz Roja me mandó una foto y me preguntó: ‘¿Conoces a este cuate?’“, cuenta Pablo Carrera, ingeniero, paramédico experimentado y rescatista voluntario de la Cruz Roja.

“Y le dije: ‘¡No te hagas menso! Ese güey soy yo. ¿Quién más? Soy inconfundible'”.

Pablo recuerda claramente aquella Semana Santa de 1992.

Pablo y Sonia, en su encuentro, un cuarto de siglo más tarde.

Cortesía de Sonia Solórzano
Pablo y Sonia, en su encuentro, un cuarto de siglo más tarde.

A las 10:05 de la mañana de la explosión, estaba disfrutando de sus vacaciones y yendo a desayunar.

“Tenía por costumbre los miércoles acudir con mi esposa al centro, y camino a donde íbamos escuché muchos sonidos de sirenas”.

Sin embargo, estaba distraído por los sonidos de su estómago vacío. Pero cuando llegó al restaurante y se enteró de lo ocurrido, ese estómago hambriento inmediatamente se le revolvió.

Salió corriendo a la Cruz Roja.

Supermán de carne y hueso

Apenas llegó al estacionamiento, uno de sus colegas le dijo: “Comandante, súbase a la ambulancia” y se fueron a la zona del desastre.

“Todavía había una nube de tierra densa. La calle estaba completamente destruida, como si hubiera habido un bombardeo. Había gente atrapada y empezamos a hacer nuestra labor”.

Los gritos de auxilio venían de todas las direcciones, pero por alguna razón fue la voz de una joven, Sonia, la que llamó su atención.

“El camión estaba en el fondo de un barranco. Nadie se quería meter, hasta que yo llegué y me metí.

“Me acuerdo perfectamente que entré por la parte de atrás.

La verdad es que sí me dio miedo, porque los fierros se movían. No soy Supermán, porque Supermán es el hombre de acero y yo soy de carne y hueso.

“Vi a Sonia y yo le dije: ‘Tranquila, no llores, cierra los ojos, ahorita te sacamos’. Pero me acuerdo que me costó mucho trabajo”.

Sonia fue la última sobreviviente evacuada de los restos del autobús.

Después de enviarla al hospital, Pablo continuaría ayudando a decenas de otras víctimas, durante otros tres días seguidos.

Las explosiones en Guadalajara dejaron más de 200 muertos, aunque algunas estimaciones dan un número de al menos mil.

Innumerables casas y negocios fueron destruidos; el daño costó millones de dólares.

“¿Te gustaría conocerlo?”

Si bien Sonia pasó años absorta por esa foto de la escena del rescate, Pablo nunca la había visto, así que cuando su colega se la mostró, no entendió por qué.

“Durante los 25 años que ella estuvo buscándome, jamás me enteré”.

Poco después, Sonia recibió un mensaje de la Cruz Roja.

“Decía: ‘Sonia, ya encontramos al rescatista. ¿Te gustaría conocerlo?’… ¡Pues claro que sí!”.

Foto del interior del bus y foto del encuentro 25 años más tarde.

El 21 de abril de 2017, en la víspera del 25º aniversario de las explosiones de gas, fue un día soleado e inusualmente caluroso, como lo fue en ese fatídico día de 1992.

Sonia iba camino de reunirse finalmente con el hombre que le salvó la vida.

Le llevaba tres rosas blancas, por las personas vivas que rescató, y una roja, “a nombre de toda la sangre que se derramó y toda la gente que rescató pero ya estaba muerta”.

El encuentro

Pablo: “Vi acercarse a esta dama, con un ramo de flores, y en cuanto la vi… me acuerdo y me da sentimiento. Me abrazó y lo primero que le pregunté fue: ‘¿Te acuerdas de mí?’, y dijo: ‘Sí'”.

Sonia: “Volví a oír su voz dentro del camión diciendo ‘tranquilízate’, ‘yo te voy a ayudar’… todo. Nos dimos un abrazo, y yo la verdad no aguanté, lloré, lloré, lloré”.

Pablo: “Fue excepcional, fue algo inédito. Se me hizo rarísimo. Es que nunca me lo imaginé. Pos, todos mis compañeros hicieron lo mismo, no más que a mí me tocó ese reto, por alguna razón, Dios lo decidió así”.

Sonia: “Le reclamé: ‘¡Dónde estabas! Te he estado buscando’. Y me dijo: ‘Aquí, nunca me he ido'”.

“Fue algo tan emotivo, tan bonito. El hecho de que tú puedas decirle a esa gente: ‘Gracias. Veme, estoy viva, tengo hijos. Si no hubieras llegado tú, yo no estaría aquí'”.

Pablo: “A mí me da mucho gusto, porque yo veo a Sonia, una mujer completa, y pudimos darle una segunda oportunidad para que ella pudiera desarrollarse. Y me da gusto porque me impulsa a seguir con mi labor de ayudar a la gente, que es lo que me gusta.

“Mi padre decía, lo que siembres hoy, mañana lo vas a cosechar”.

Sonia: “La tragedia marcó un antes y un después en mi vida, y me sigue marcando porque las cicatrices en mi cuerpo y mi discapacidad ahí están.

“Pero aprendí a nunca reprochar lo que me toca vivir. Nunca te preguntes por qué a mí. Pregúntate para qué”.

* Este artículo es una adaptación del episodio“Who was the stranger who saved my life?” de la serie Outlook del Servicio Mundial de la BBC.


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https://www.youtube.com/watch?v=eeU0dpGZPZ8&t=13s

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