21 mujeres fueron asesinadas el 8 y 9 de marzo en México
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Nadia, María, Maribel, Paulina y Guadalupe: 21 mujeres fueron asesinadas el 8 y 9 de marzo en México

De acuerdo con el reporte diario de víctimas de homicidio, 11 mujeres fueron asesinadas el 8 de marzo y 10 más el 9, cuando se llevó a cabo el paro #UnDíaSinMujeres.
Cuartoscuro
10 de marzo, 2020
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Veintiún mujeres fueron asesinadas entre el 8 y 9 de marzo.

De acuerdo con el reporte diario de víctimas de homicidio, del gobierno federal, 11 mujeres fueron asesinadas el 8 de marzo y 10 más el 9, cuando se llevó a cabo el paro #UnDíaSinMujeres.

A continuación, presentamos los perfiles de algunas de las mujeres asesinadas que ya fueron identificadas, y los casos de los que autoridades dieron información.

Te puede interesar: ‘Nunca imaginé ver algo así, una ciudad sin mujeres’: Así se vivió el paro del 9M en la capital

Nadia Verónica

La madrugada del 8 de marzo, Nadia Rodríguez, una estudiante de Relaciones Internacionales de 23 años, fue asesinada en Salamanca, Guanajuato.

Nadia había salido con sus amigas, y fue atacada cuando regresaba a su casa, alrededor de las 2:25 horas, cuando circulaba a bordo de su automóvil Ford Focus gris, en la colonia Lomas del Prado.

Durante el sepelio, Blanca, la madre de Nadia, agradeció a su hija “por tu vida, tu entusiasmo, tus ganas de vivir, de prepararte y ayudar a otros”.

De acuerdo con reportes del diario Reforma, Christian, pareja de la joven, dijo que hará todo lo posible para saber quién fue responsable del crimen.

“Mi vida, yo te prometo que esto no se quedará así, que el dolor y el miedo que sentiste no se quedarán así”, expresó.

La Universidad Iberoamericana León, donde estudiaba Nadia Verónica, dio su pésame a la familia y señaló que es “iróinico que el día que las mujeres se unen en nuestro país para gritar no más violencia, recibimos con dolor e indignación tan terrible noticia”.

“Como Universidad Iberoamericana León exigimos el esclarecimiento de tan terrible asesinato en aras de que prevalezca la justicia, se abata la impunidad en nuestro estado y se adopten las medidas que garanticen la seguridad de todos y todas las estudiantes”, señaló.

Lee más: #8M: Como nunca antes, una potente marcha de mujeres lanza grito contra el machismo y violencia feminicida

María Magdalena

En pleno Día Internacional de la Mujer, María Magdalena Ferrer, de 16 años, fue asesinada cerca de su domicilio, en Boca del Río, Veracruz.

El Norte reportó que dos hombres atacaron a balazos a la joven, quien estaba embarazada.

María se encontraba afuera de su domicilio, en la colonia Carranza, cuando los hombres le dispararon y huyeron a bordo de un automóvil.

Maribel

El mismo día, Maribel, de 36 años, fue asesinada por su pareja, en el municipio de Coronango, Puebla.

De acuerdo con el medio Periódico Central, Javier, de 40 años, reportó a las autoridades que la mujer se había suicidado, en el fraccionamiento Misiones de San Francisco.

El hombre fue detenido, luego de que se encontraran lesiones de aparente estrangulamiento y violencia en el cuerpo de Maribel.

Las primeras investigaciones señalan que Maribel habría sido asesinada frente a su hija.

Paulina

La noche del 8 de marzo, un hombre asesinó a disparos a su expareja, Paulina, y posteriormente se suicidó, en el fraccionamiento Hacienda Santa Clara, en Puebla.

De acuerdo con Periódico Central, Paulina, de 34 años, recibió cuatro disparos, mientras Juan Manuel se dio un tiro en el cráneo. Ambos eran originarios de Tlaxcala.

Vecinos dijeron al medio que Paulina tenía tres meses de vivir en Puebla, a donde se fue porque ya no quería mantener una relación con Juan Manuel, sin embargo, él comenzó a hostigarla y agredirla.

Juan Manuel acudió el domingo al domicilio de la mujer y comenzó a gritarle desde la calle, luego se dio el pleito en el domicilio, donde ocurrieron los disparos.

Alrededor de las 23:00 horas, vecinos reportaron al 911 que un hombre estaba agrediendo a una mujer y escucharon detonaciones por arma de fuego.

Entérate: ‘Nos faltan mujeres, nos sobran asesinos’: miles de mujeres en Puebla marchan contra violencia machista

María Guadalupe

El 9 de marzo, María Guadalupe, de 45 años, fue hallada sin vida al interior de un domicilio del fraccionamiento Santa Fe, en Morelia, Michoacán.

De acuerdo con el medio local Mi Morelia, autoridades indicaron que el cuerpo presentaba signos de estrangulamiento.

María Guadalupe fue localizada sin vida por una vecina, quien dio aviso a las autoridades a través del número de emergencias 911.

Víctimas sin identificar

El cuerpo de una joven fue hallado en una breca de la localidad El Zapote, en Sixto Verduzco, Michoacán, en pleno Día Internacional de la Mujer.

La mujer fue encontrada en un camino rural que conecta Sixto Verduzco con la comunidad de Santiago Conguripo, a la altura del Ejido La Ponzoña.

Según reportes de Mi Morelia, la víctima estaba tirada boca abajo, vestía un pantalón de mezclilla azul, una blusa blanca y zapatos cafés.

El mismo 8 de marzo, una mujer fue asesinada a balazos en Cancún, Quintana Roo.

Alrededor de las 14:00 horas, se localizó el cuerpo de la mujer en una colonia aledaña al Centro de Reinserción Social (Cereso), en la calle 14 de la manzana 99, reportó el Diario de Yucatán.

Los primeros indicios señalan que, antes de agredir contra la mujer, los agresores platicaron con una persona en la calle, dispararon y huyeron en un carro gris, sin que hasta el momento hayan sido identificados.

En Guanajuato, el mismo día asesinaron a otra joven, cuyo cuerpo fue localizado a un costado de una presa, en la localidad San José de los Romeros, entre los límites de León y Silao.

La víctima fue agredida con una piedra en la cabeza, reportó Reforma.

Otras 13 mujeres fueron asesinadas en los últimos días en todo el país.

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De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2019 se abrieron 980 carpetas de investigación en el país por el delito de feminicidio.

Solo en enero de 2020, se han iniciado 72 carpetas en las que los asesinatos de mujeres se investigan como feminicidio.

Con información de El Norte, Periódico Central, Diario de Yucatán y Mi Morelia.

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Wilson: la rara enfermedad que convirtió mi cerebro de 30 años en uno de 70

La periodista Carolina Roatta cuenta su historia con la rara enfermedad de Wilson. Se trata de "una rareza genética" que impide al cuerpo procesar o digerir el cobre.
6 de abril, 2022
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El paso del tiempo suele ser evidente en nuestro cuerpo cuando aparecen arrugas y canas, también cuando los músculos se desmarcan y los dientes se oscurecen.

Lo que le pasa a nuestro cerebro, en cambio, suele notarse menos.

Pero, ¿Qué pasaría, si ocurre lo contrario?

La periodista Carolina Roatta se enfrenta a una enfermedad rara que afectó su cerebro al punto de envejecerla el doble, aún cuando su cuerpo es joven.

BBC Mundo cuenta su historia:


Cuando cumplí 32 años me sentía la reina del mundo.

Era noviembre de 2012. Había terminado mi tesis de maestría y estaba de regreso a la soltería. Dictaba clases en una universidad y acababa de conseguir el trabajo de mis sueños como periodista.

El día que fui a firmar el contrato laboral, llegué tan segura de mí misma que logré controlar el temblor que tenía en mis manos desde hacía un tiempo.

Esa firma fue lo último que pude escribir.

El diagnóstico de Wilson

Empecé a temblar cada vez más fuerte. Primero mis manos y brazos se batían como alas de mariposa, luego les siguieron mi cabeza y mis piernas.

Opté por modificar mi rutina. Dejé de usar blusas de abotonar y zapatos de amarrar, me hice amiga de los pitillos y hasta llegué a contratar a un asistente para que escribiera por mí.

En algún punto también empecé un diario en audio para registrar todo lo que me pasaba.

Resistí como pude, pero al cabo de seis meses la situación se hizo insostenible.

Pasé por varias citas médicas que duraban 15 minutos. Es lo normal. En el sistema de salud colombiano, hay que pasar por un médico general para que éste ordene exámenes o remita al paciente a consulta con algún especialista.

En medio de eso me vio un neurólogo primerizo que me diagnosticó erróneamente con temblor esencial y me mandó unos medicamentos para esa condición. Esa medicina me relajaba, pero no me quitaba el temblor.

Irónicamente, después de haber consultado médicos, psicólogos, neurólogos, fue una médica bioenergética la que pensó en ordenarme un examen que mostrara imágenes de mi cerebro.

Mi papá y mi mamá me acompañaron al examen de resonancia electromagnética. Al otro día, mientras esperábamos los resultados, el técnico llamó preguntando si en mi trabajo manipulaba químicos. Las imágenes mostraban que mi cerebro estaba intoxicado.

El resto de mi familia prendió las alarmas. Me ayudaron a conseguir una consulta privada con un neurólogo reconocido. No fue barato, pero por primera vez sentí que alguien entendía lo que pasaba.

La cita duró tres horas, el doctor me hizo todo tipo de pruebas: debía tocarme la punta de la nariz con el dedo índice, dibujar un espiral, hacer marionetas con las manos, sostenerme en un solo pie. En todas me rajé y terminé sudando como si hubiese corrido una maratón.

Fue como haber perdido el examen de admisión al kínder, pero con un diagnóstico como premio de consolación.

Gracias a la cita y otros exámenes especializados, el neurólogo confirmó que tengo la enfermedad de Wilson. Es una rareza genética que lleva el nombre del neurólogo que la investigó, Samuel Alexander Kinnear Wilson, e impide que mi cuerpo pueda procesar o digerir el cobre.

¿Cobre? ¿el mismo metal naranja que hay en los cables?

Sí, el mismo.

Resulta que el cobre es un elemento que nos ayuda a tener nervios y huesos sanos, también contribuye con el colágeno y la melanina en la piel. El cuerpo humano no lo produce, pero lo adquiere por medio de un montón de alimentos.

Lentejas, almendras, chocolate, aguacate, langosta.. La lista sigue.

El cuerpo descompone esos alimentos, el hígado procesa el cobre que le sirve y elimina el que no necesita, usualmente por la orina.

El problema es que quienes sufrimos de Wilson, en vez de procesar y digerir el cobre, lo acumulamos hasta que el cuerpo no resiste más y colapsa. Lo usual es que el hígado sea el más afectado, después el cerebro, los ojos y los riñones.

Pero mi caso es aún más raro. A pesar de llevar 32 años acumulando cobre, mi hígado estaba sano. Mi cerebro, en cambio, envejeció el doble. El neurólogo dijo que parecía el de una persona de 70 años.

También tenía un aro de cobre alrededor de las pupilas de mis ojos, otro signo típico de la enfermedad.


Sobre la enfermedad de Wilson*:

  • La mayoría de las personas son diagnosticadas entre los 5 y los 35 años, pero también puede afectar a personas más jóvenes y mayores.
  • La enfermedad está presente al nacer, pero los signos y síntomas no aparecen hasta que el cobre se acumula en el cerebro, el hígado u otro órgano.
  • Los signos y síntomas varían según las partes del cuerpo afectadas por la enfermedad. Pueden incluir: Fatiga, falta de apetito o dolor abdominal – Una coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos (ictericia) -Decoloración de los ojos de color marrón dorado (anillos de Kayser-Fleischer) – Acumulación de líquido en las piernas o el abdomen – Problemas con el habla, la deglución o la coordinación física – Movimientos incontrolados o rigidez muscular.
  • Para padecer la enfermedad se debe heredar una copia del gen defectuoso de cada progenitor. Si se recibe un solo gen anormal no se padece la enfermedad, aunque la persona se considerará portadora y es posible que sus hijos hereden el gen.
Un ojo con un aro de cobre alrededor

CRMR Wilson Paris
El aro de cobre en los ojos es uno de los síntomas de Wilson

Enferma de por vida

Ahora debía someterme a una desintoxicación. El tratamiento consiste en tomar durante toda la vida un medicamento quelante que literalmente “pela” el cobre que se acumula en los órganos para después eliminarlo a través de la sangre y la orina.

El médico me explicó que pasaría un tiempo antes de mejorarme, sin precisar si serían meses o años. Me recomendó no mirar Internet para no asustarme y precisó que de pronto los síntomas se agravarían durante el inicio del tratamiento.

Llegué a creer que iba a ser breve y que en poco tiempo retomaría mis actividades. La realidad es que en mi cotidianidad parecía una especie de “bebé grande”.

Pasé de ser una mujer super autónoma a depender de otros en cada aspecto de mi vida. Lo entendí poco después del diagnóstico, cuando mi mamá tuvo que ayudarme a lavar los dientes porque yo ya no podía. Recuerdo perfecto que mis ojos se llenaron de lágrimas cuando abrí mi boca y ella cuidadosamente comenzó a limpiar con el cepillo.

Lloraba porque sentía que ya no tenía dignidad. No podía ser una adulta, un individuo, una persona. Así me sentía cada vez que requería de su ayuda: me limpiaba cuando orinaba, me bañaba, me ayudaba a cambiarme la toalla higiénica cuando tenía la regla, me vestía.

Después de casi un año había llegado al límite de incapacidades médicas permitidas. No mostraba mejoría. El siguiente paso era que me dieran una pensión por invalidez. Al principio me sonaba hasta atractivo: tener 32 años, un salario de por vida, y poder dedicarle tiempo a mis hobbies.

Pero el espejismo tenía otra cara: ser así de joven y sentirme inútil, descartada para el mundo laboral, relegada y sentenciada a ganar un salario mínimo en Colombia, que para ese entonces era como 150 dólares americanos. Una cifra que, igual, me condenaba a depender de otros.

Carolina Roatta

Carolina Roatta
Carolina Roatta

El privilegio

Estaba lejos de imaginarme que Roatta, mi apellido, me salvaría. Mi familia paterna es francesa y gracias a esa herencia, yo recibí la doble nacionalidad, pude estudiar en un colegio bilingüe y hablo el idioma.

Por eso Francia empezó a sonar como una opción cuando entendimos que en Colombia no podía hacer nada más que esperar y depender sin mucha esperanza.

Una de mis hermanas ya vivía allá, se puso a investigar y encontró un centro de referencia en la enfermedad de Wilson que está ubicado en París.

Mis padres, mi hermana menor y yo decidimos emigrar para juntarnos con ella. Fue una decisión difícil, pero necesaria.

En el CRMR Wilson hay un equipo de especialistas que nos dio todas las respuestas. Como Wilson es una enfermedad genética, lograron diagnosticar a mis dos hermanas antes de que los síntomas aparecieran.

Las tres tenemos citas de seguimiento, con exámenes incluidos, cada seis meses. También tenemos acceso privilegiado a medicamentos y yo recibo una ayuda económica para compensar mi situación de discapacidad.

Desde que llegamos, a finales de 2014, estoy intentando crearme una nueva vida. Ha habido avances. Ahora tiemblo mucho menos, el aro de mis ojos desapareció y volví a ser totalmente autónoma.

Han sido ocho años en proceso de aceptación de mi diferencia: enferma, rara, mitad colombiana, desempleada y ahora con 40 años. Nada fácil. Intenté varios proyectos laborales pero no progresaron. Intenté varios proyectos amorosos y de vida en pareja pero tampoco funcionaron.

Hoy sigo en modo construcción. Estoy haciendo una nueva Maestría (mi revancha porque en Colombia nunca pude sustentar la tesis y nunca me dieron el diploma), tengo un nuevo amor, cambié el proyecto de tener hijos por el de tener gatos y me mudé a una ciudad cerca al mar, luego de aceptar que París es muy dura para vivir cuando eres vulnerable.

Pero claro, el desenlace de mi historia también es una rareza. Que yo tenga diagnóstico, tratamiento y acompañamiento, está lejos de ser la norma para quienes se encuentran en los países de América Latina.

En Colombia tuve suerte: La enfermedad de Wilson aparece en la lista de enfermedades raras del Ministerio de Protección Social, gracias a los esfuerzos de la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (Fecoer), y por fortuna para el bolsillo de los pacientes, uno de los medicamentos está cubierto por el sistema de salud público.

El problema, en ese caso, es que las personas sean diagnosticadas a tiempo, por eso obtener estadísticas sobre el número de casos es difícil, aunque desde 2020 ha habido progresos gracias a un equipo de la Universidad de Antioquia.

Si yo no hubiera tenido cómo consultar a un especialista que conocía la enfermedad, es muy probable que ya hubiera muerto y mi familia aún estuviera buscando respuestas.

He sido consiente de mi privilegio y tengo mi lado activista, por eso desde que llegué a Francia me vinculé como voluntaria con la asociación de pacientes de Wilson y ahora soy la Presidenta.

Carolina Roatta con su bicicleta

Carolina Roatta
Carolina hoy vive en Francia, en donde recibe tratamiento completo

Esta red de apoyo es lo que me ha mantenido en pie. En ella he podido seguir compartiendo lo que sé hacer: comunicar, crear lazos, ayudar, empoderar a los pacientes y a sus familiares.

También milito para que en otras partes del mundo, incluida Latinoamérica, un diagnóstico rápido, el acceso al tratamiento y un seguimiento de calidad, sea posible.

Durante un tiempo gestioné un grupo en Facebook para conectar con pacientes hispanoparlantes.

Hubo mucha interacción, incluso me contactaron varias personas a mi cuenta personal, una de Cuba, una asociación de Costa Rica, otra paciente de Chile, una de Argentina, dos de Colombia. Todas con historias durísimas de falta de acceso a los medicamentos y larga espera para el trasplante de hígado, la solución extrema en los peores casos de Wilson.

Tres de esos pacientes murieron mientras estábamos en contacto.

La experiencia que más me marcó fue una mujer de Perú. Su esposo tenía la enfermedad y falleció a comienzos de la pandemia.

Durante varios meses no tuvieron acceso al medicamento y murió mientras esperaban un trasplante. La acompañé vía messenger durante tres días mientras su esposo agonizaba, con la tristeza de saber que los finales felices de pacientes con Wilson son más raros que la misma enfermedad.


* Fuente: Mayo Clinic

Si tienes dudas sobre esta enfermedad, necesitas orientación, o si eres un profesional de salud interesado en crear una red de apoyo en América Latina, puedes escribir a:[email protected]


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https://www.youtube.com/watch?v=YVLbq0MczGc

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