Trabajo en casa y negocios sin clientes: CDMX se apaga por el COVID-19
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Carlo Echegoyen

Trabajo en casa, calles semivacías, y negocios sin clientes: la CDMX comienza a apagarse por el coronavirus

Por las dos laterales de Reforma, a la altura de la Torre Mayor, no circulan coches, ni tampoco bicicletas.
Carlo Echegoyen
18 de marzo, 2020
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Son poco más de la seis de la tarde y en la avenida Paseo de la Reforma, en el corazón financiero de la Ciudad de México, el tráfico fluye con una ligereza poco habitual para un martes después de un puente y en plena hora pico.

Los carriles centrales de esta arteria, entre el Ángel de la Independencia y la Estela de Luz, llevan carga vehicular, aunque apenas se escuchan los habituales toques de claxon escupiendo estridencias.

Los semblantes de los agentes de tránsito, cotidianamente tensos y con las mandíbulas apretadas por la cascada de gritos y de insultos que salen del embudo que se forma en la glorieta de la Diana, están relajados. Hoy, los semáforos se bastan por sí solos para controlar el tráfico capitalino.

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A unos pocos metros de distancia, en la estación del Metrobús Chapultepec donde a diario hay largas filas de usuarios, el policía está sorprendido porque los autobuses que bajan desde Campo Marte traen múltiples lugares libres.

“Parece domingo”, dice sonriente y encogiendo los hombros.

Por las dos laterales de Reforma, a la altura de la Torre Mayor, no circulan coches, ni tampoco bicicletas.

Y la calle Toledo, que en día laboral es un corredor estrecho de puestos ambulantes y de miles de personas caminando hacia el Metro Sevilla después del trabajo, está casi desierta y con lugares libres de estacionamiento. Algo insólito para la zona.

La ciudad continúa con las pulsaciones constantes: los restaurantes, las cafeterías, las fondas, los puestos ambulantes… Todo sigue abierto.

Aunque en México aún no se decreta ninguna medida excepcional de confinamiento para evitar la propagación del COVID-19-, como en otros países donde el brote ha causando miles de contagios, como España, Italia o Francia, una parte de los capitalinos han comenzado a resguardarse. A apagarse.

Se nota especialmente a esta hora pico, y en esta zona, donde varios corporativos bancarios, compañías transnacionales, empresas locales, y embajadas instruyeron a su personal para que laboren desde casa. En home office.

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“Si uno no sale a trabajar a la calle, no come”

Pero el home office, que para muchos es un alivio ante la pandemia, como dijo Cristina Rodríguez, para otras personas es un verdadero quebradero de cabeza y un sufrimiento para el bolsillo.

Por ejemplo, Olivia Hernández, una comerciante ambulante de 62 años que vende cigarrillos, chicles, y botellas de agua, frente de la torre BBVA, dice que hoy ha sido un día pésimo para ella. Y lo peor, añade, es que apenas es el primero de una pandemia de consecuencias aún desconocidas para México.

“Ya son casi las siete de la tarde y aún no he vendido ni la mitad de mi día”, lamenta la mujer, que está comenzando a recoger su puesto para dirigirse hacia el metro Chapultepec, desde donde iniciará un largo recorrido hasta Ciudad Neza, en el Estado de México.

“No sé qué es lo que a pasar con el coronavirus. Para mí, es una situación muy complicada -dice apuntando con la barbilla al enorme monstruo vertical de hierros, cristales, y miles de tonelada de acero que dan forma a la Torre BBVA-. Porque si la gente no viene a trabajar al banco, o si deja de pasear por aquí, yo me quedo sin mi única fuente de ingreso. Y, entonces, ¿de qué voy a comer si no puedo trabajar?”.

Foto: Carlo Echegoyen.

León Guzmán trabaja a unos pasos de distancia de la señora Olivia, junto a la Estela de Luz. Él se dedica a bolear zapatos, principalmente de quienes salen del Metro y se dirigen a algunas de las torres corporativas que hay en la zona.

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Con un diario entre las manos con manchas de grasa, León asegura que está al tanto de los estragos del COVID-19 en España, donde las autoridades decretaron un férreo estado de emergencia para controlar el brote, que incluye confinamientos y el cierre de comercios y establecimientos, afectando a millones de personas.

Frente a una canasta de mimbre repleta de chicles y chucherías, con las que complementa las ganancias de las boleadas, León comenta que le preocupa el estado de precariedad laboral con el que va a afrontar la pandemia.

Relata en un día normal de trabajo ya habría boleado al menos 40 pares de zapatos. Hoy, ya casi terminando la jornada, no alcanza ni los 10.

O, en cifras más concretas: de ganar aproximadamente 500 pesos al día, apenas supera los 130 pesos.

“A diferencia de Europa, aquí si uno no sale a la calle a trabajar, ese día no come. Es así de sencillo”, resume el hombre de 58 años.

“A lo mejor más adelante busco protegerme de alguna forma, comprando algún cubrebocas -añade-. Pero, aunque nos dijeran ‘quédate en casa’, yo tengo que seguir viniendo a mi trabajo, porque en mi casa todos los días se gasta y todos los días se come”.

Hora pico, calle vacía

En la calle Toledo, rumbo al Metro Sevilla, el flujo de coches y de personas caminando es notoriamente inferior al de cualquier otro día, a pesar de que en la esquina de la calle Tokio hay un centro médico del IMSS habitualmente saturado.

En una cafetería, Michael observa con el ceño fruncido las cuentas escritas en una libreta. A su alrededor, las mesas están vacías de clientes, y la cafetera hace rato que está fría y con las tazas limpias e intactas.

“Es hora pico y la calle está casi vacía, cuando en un día cualquiera estaría llena”, resume Michael su situación, que asegura que le recuerda mucho a la que ya ha vivido en otras crisis que enfrentó la ciudad, como el sismo de septiembre de 2017, o la epidemia de influenza AH1N1 de 2011.

Por el momento, de los 200 cafés que vende habitualmente al día, Michael dice con una sonrisa nerviosa que casi al cierre de la jornada lleva solo 14.

“Esto tiene mucho que ver con que muchas empresas de esta zona ya mandaron a sus empleados a trabajar desde casa”, explica el joven que, como la mayoría de los entrevistados durante el recorrido, hace hincapié en que “aquí vivimos al día”, de ahí su estado de nerviosismo ante el cierre parcial de actividades empresariales en la capital.

“Hoy todavía hay escuelas abiertas en la ciudad, pero a partir de mañana muchas ya no van a abrir. Veremos qué sucede entonces. Tal vez me den vacaciones hasta que esto pase, o tal vez el dueño se declare en bancarrota, cierre todo, y tenga que buscar otro trabajo cuando todo esto pase”, dice Michael con la mirada fija en las cuentas de la libreta.

En un estacionamiento público de la calle Praga, a un par de cuadras de una de las oficinas de la Embajada de Estados Unidos, donde habitualmente se ven personas haciendo fila para acceder a las instalaciones donde se hacen trámites para conseguir un visado, ahora es distinto.

Manuel Villeda, empleado del estacionamiento, afirma que el descenso de personas caminando por las calles para ir a trabajar es notable.

Foto: Carlo Echegoyen.

De los casi 200 coches que habitualmente tienen a diario en el estacionamiento, hoy apenas llegan a los 130.

Y la situación, comenta con una sonrisa amarga, está lejos de haber tocado fondo.

“Este martes todavía mucha gente vino a sus empresas para ver qué les decían -explica Villeda-. Y muchas personas ya nos dijeron que los mandaron a todos con sus computadoras a trabajar desde casa hasta nuevo aviso. Es decir, que pronto estaremos sin clientela”.

En la calle contigua, entre Hamburgo y Varsovia, Kevin dice con el gesto malhumorado que a partir de este miércoles 18, cuando está previsto que la embajada de Estados Unidos suspenda los trámites de visas hasta nuevo aviso, esperan también una caída drástica de clientes.

“Con la embajada cerrada -dice el joven sentado en una silla de plástico, a espaldas de cajones de estacionamiento ya vacíos- toda esta zona se va a apagar por completo”.

Mientras que en la avenida Chapultepec, en la boca del metro Sevilla, uno de los puntos más concurridos de la Línea 1 del Metro, una imagen resume en buena medida el ‘apagón’ progresivo de la ciudad: en la entrada, no hay rastro de la habitual fila que va desde la avenida hasta prácticamente los tornos que dan acceso a los andenes.

Foto: Carlo Echegoyen

En su lugar, un lento peregrinar de usuarios baja con fluidez las escaleras de manera espaciada, ante la mirada atónita de un empleado del Metro, que mira su reloj y dice que, a esta hora pico, la afluencia de pasajeros ha bajado hasta un 50% en esta estación, en comparación con un día ‘normal’ en la Ciudad de México.

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10 años de los 33 mineros de Chile: 'Nos hemos quedado con las manos vacías'

Cuatro de los 33 sobrevivientes del accidente de la mina San José en Chile cuentan a BBC Mundo sus secuelas, decepciones y estado actual diez años después del mediático accidente que les cambió la vida.
5 de agosto, 2020
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Cartel con foto de los 33 mineros

MARTIN BERNETTI
La historia de los 33 recorrió el mundo en 2010.

“Despierto. Duermo poco. A veces me veo en la mina, tirado en el lugar donde estaba. Eso te pone mal”, cuenta Jorge Galleguillos, uno de los 32 mineros chilenos que, junto a uno boliviano, pasaron 69 días bajo tierra tras un accidente ocurrido en el norte de Chile hace exactamente 10 años, el 5 de agosto de 2010.

Sus compañeros Omar Reygadas y Mario Sepúlveda confiesan que les pasa algo parecido.

“A veces me da miedo ir a acostarme, siento que no voy a despertar más“, dice Sepúlveda, tal vez el más histriónico de la treintena. Y con voz temblorosa, agrega que pese a todo se encuentra bien, que es otro de sus compañeros el que peor está: José Ojeda, el autor del mítico mensaje “estamos bien los 33 en el refugio”.

Sepúlveda posa al lado de un póster del filme "Los 33", inspirada en las vivencias de los mineros.

Mario Sepúlveda
Mario Sepúlveda asegura que a veces teme dormir porque siente que no se va a despertar más.

“Sufre una diabetes avanzada (neuropatía diabética), enormes problemas psicológicos, ha estado internado en clínicas psiquiátricas”.

“Y no tiene trabajo”, añade Reygadas. No volvió a trabajar nunca más“.

Como muchos de sus compañeros, Ojeda debe sobrevivir con la pensión vitalicia que el Estado entregó a los mineros, que hoy bordea los 400 mil pesos, unos 527 dólares mensuales (el sueldo mínimo es de 320 mil pesos).

Conseguir trabajo ha sido una tarea titánica para muchos.

“Los dueños o los gerentes de las empresas piensan que nosotros -los 33- vamos a ser una molestia, una pulga en la oreja por el tema de la seguridad, porque si no se cumplen las medidas, tenemos llegada con los medios de comunicación, con las autoridades… entonces eso nos juega en contra”, explica Reygadas, quien trabaja como conductor, trasladando autos de una ciudad a otra junto a su amigo, también miembro de los 33, Franklin Lobos.

Hoy viven muy lejos de las faenas mineras, algo que no estaba ni remotamente en sus planes hasta antes del accidente.

La fama de golpe

“Lo más bonito fue salir y abrazar a mi hijo. Ver la luz del sol y sentir esa brisa de airecito fresco en la cara. Lo más hermoso”, asegura Reygadas, hoy de 66 años y el minero número 17 en salir del cautiverio.

Omar Reygadas, otro de los mineros sobrevivientes.

Getty Images
Para Omar Reygadas, lo más bonito al salir de la mina fue abrazar a su hijo.

“Lo que más me sorprendió fue ver a tantos periodistas. No pensé que era tan grande todo”, dice Mario Sepúlveda, de 50 años.

Los cientos de medios agolpados en las inmediaciones de la mina San José -cerca de Copiapó, en pleno desierto de Atacama- fueron creando una narrativa que terminó cambiando la vida de los mineros: el rescate los convirtió en héroes.

Apenas asomaban sus cascos a la superficie, los 33 eran encandilados por cientos de luces, cámaras y una fama repentina.

“Fueron experiencias impagables. Nosotros con nuestro sueldo, nuestro trabajo, habríamos llegado con suerte a Santiago. Salir a Estados Unidos, España, Inglaterra, Canadá, Israel, Grecia… Yo anduve aparte por Costa Rica, Guatemala, Alemania, Chipre, Turquía, por montones de partes, haciendo charlas”. Omar Reygadas es un agradecido del trato que recibieron. Parecían tener el mundo a sus pies.

“Era un regalo de dios que nos llevaran al extranjero. Son cosas inalcanzables para uno. Estar con gente que uno solo veía en la televisión… inolvidable”, recuerda Jorge Galleguillos, el minero número 11.

Mario Sepúlveda en el Old Trafford, estadio del Manchester United.

Getty Images
El rescate dio fama a los mineros, que fueron invitados a varias partes del mundo. En esta foto, Mario Sepúlveda se encontraba en el estadio del Manchester United.

Homenajes, reconocimientos, invitaciones y entrevistas se sucedieron sin que alcanzaran a darse cuenta de lo que estaba pasando.

Juntos y por separado, se pasearon por lugares tan diversos como Disney, Hollywood, el Vaticano, el show de David Letterman y el estadio del Manchester United, en Inglaterra.

Sin embargo, la fama no duraría para siempre.

“Nuestra dignidad, nuestros derechos”

¿Aló?

Sí.. ¿Me escucha?

Lo estamos escuchando todos fuerte y claro ¿quién habla?

Está hablando el jefe de turno, Luis Urzúa…

Así fue la primera conversación telefónica entre la superficie y la profundidad de la montaña.

Los protagonistas, el entonces ministro de Minería, Laurence Golborne, y el líder del grupo de mineros, Luis Urzúa, el último en ser rescatado.

“Mi felicidad era que ya habían salido todos mis compañeros. Al asomar a la superficie y escuchar ‘¡fuerza Lucho!’ dije: Misión cumplida”.

Mensajes de ánimo y banderas de Chile fuera de la mina.

Nicolás Iriarte
Fuera de la mina había decenas de mensajes de ánimo y fuerza para los mineros.

Pero hoy, para Luis, la misión se cumplió a medias.

“Viene un 5 de agosto y todos se acuerdan, todos preguntan, pero pasamos 364 días al año en que nadie se acuerda de cuál es la situación de los 33 mineros. Vendrá el año número 11 y nos van a preguntar lo mismo, quedará el último minero vivo y le preguntarán lo mismo”.

De 64 años y trabajador del Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) de Copiapó, Urzúa se lamenta por lo que piensa fue un abuso. Promesas que no se cumplieron y malas decisiones que dejaron a los 33 divididos y en medio de conflictos judiciales que difícilmente tendrán pronta solución.

“Cuando salimos nos ofrecieron grandes proyectos, pero esas cosas se hacen con abogados, uno solo no puede hacer nada, no tiene las facultades, y eso nos llevó a ser engañados, a quedar con las manos vacías. A 10 años seguimos tratando de recuperar nuestra dignidad, nuestros derechos”.

José Ojeda sosteniendo su famoso mensaje.

Getty Images
José Ojeda, el autor del famoso mensaje “Estamos bien en el refugio los 33” ya no trabaja y vive de la pensión vitalicia del Estado.

Tras el mediático rescate, aparecieron contratos que parecían millonarios, ofertas para realizar películas y libros. Mucho más de lo que tenían en mente cuando intentaban sobrevivir a 700 metros bajo tierra.

“Esa es una de las cosas que más pena me ha dado. Si no hubiéramos escuchado a tantos imbéciles y estafadores, habríamos seguido unidos como estábamos abajo, con todas nuestras diferencias y nuestra falta de conocimiento, pero hubiéramos andado mucho mejor. No tuvimos los 33 la capacidad de sentarnos y elegir cuál era el mejor camino a seguir”, cuenta con pesar Mario Sepúlveda, quien en el cine fue encarnado por Antonio Banderas en la película “Los 33” (2015).

Los mineros cedieron sus derechos a los abogados Remberto Valdés y Fernando García (representando al estudio Carey), que negociaron los contratos para la realización de la película y de un libro (“En la Oscuridad. La historia jamás contada de los mineros chilenos” de Héctor Tobar), pero reclaman que nunca tuvieron el control y perdieron por siempre los derechos de su propia historia.

“Nosotros sabíamos que las luces se apagan. A nosotros nos estrujaron por completo en la parte legal, con nuestra historia de vida. Nuestra historia es muy bonita, construimos una hermandad bajo tierra por 70 días, donde vimos de cerca la muerte. Hoy tenemos una película, un libro, pero nunca supimos lo que pasó con eso. Además, la película tampoco refleja lo que realmente vivimos”, asegura Luis Urzúa.

Nueve de los 33 interpusieron una querella contra sus antiguos abogados por estafa calificada, apropiación indebida y contrato simulado en perjuicio de los mineros.

Chilenos celebrando en la capital, Santiago.

Getty Images
Los chilenos celebraron por todo el país el rescate exitoso de los mineros.

Alejandro Peña, abogado querellante, le confimó a BBC Mundo que “la investigación criminal data del año 2014 y la fiscalía sigue practicando diligencias con el objeto de acreditar el delito o la participación de los querellados”.

“Hemos solicitado se reiteren diligencias pendientes y esperamos que la fiscalía formalice la investigación en su contra”, indicó.

A través de un comunicado de su estudio, Remberto Valdés le aseguró a BBC Mundo que “manifestamos nuestra satisfacción y agradecimiento por haber participado en el proyecto 33 Mineros de Atacama, que culminó con el cumplimiento de los dos objetivos, estrenar una película (The 33th) con formato de Hollywood a nivel mundial con un elenco encabezado por Antonio Banderas; y un libro (Deep Down Dark) escrito por el celebrado premio Pulitzer Héctor Tobar”.

“Sobre las diferencias que un grupo minoritario de los 33 llevó a la justicia en 2014, no haremos más comentarios pues ello ha recibido la tramitación que le correspondía”.

El estudio de abogados Carey, por su parte, asegura que “nosotros los asesoramos en la estructura de su sociedad para negociar un contrato para una película en Hollywood, la que se hizo, generando ingresos económicos para los mineros que de no haber mediado nuestra asesoría, no habrían recibido. La acción judicial de cierto grupo de mineros no tiene ninguna base legal, ya que el trabajo que realizamos para los mineros se ejecutó cumpliendo las condiciones conocidas y pactadas con los 33″.

Mina San José durante las labores de rescate.

Nicolás Iriarte
La Mina San José se sitúa en pleno desierto de Atacama, al norte de Chile.

“Queremos que nos devuelvan el derecho sobre nuestra imagen, sobre nuestra historia, que se le entregue al mundo la realidad de lo que nosotros vivimos. No importa que haya o que no haya dinero. A lo mejor a la película le fue mal y no cumplió lo esperado, y el libro lo mismo, pero que alguien nos dé una respuesta”, clama Luis Urzúa.

Según afirma, nunca les llegó la información de si hubo algún tipo de regalía por su historia, y perdieron todo contacto con los responsables.

La indemnización que no llegó

En 2011, 31 de los 33 mineros también demandaron al Estado de Chile por su responsabilidad en el derrumbe, acusando de negligencia al Sernageomin, la inspección del trabajo y el Servicio de Salud, todos involucrados en los permisos para el funcionamiento de la mina.

Y el 24 de agosto de 2018 el Noveno juzgado civil de Santiago resolvió a su favor.

La indemnización sería por 80 millones de pesos para cada uno. Sin embargo, a dos años de ese dictamen, los mineros no han logrado realmente ganar la batalla.

Consultado por BBC Mundo, el Consejo de Defensa del Estado señala que apeló la sentencia “ya que estimó que en la decisión judicial se cometieron graves errores, de tipo procedimentales y sustantivos. Por su parte, el abogado de los demandantes interpuso un recurso de apelación solicitando se incremente el monto de la indemnización”.

El procedimiento se suspendió de común acuerdo, debido a la pandemia y la resolución, por tanto, tiene fecha incierta.

Familiares de los mineros esperando la salida de los mismos tras el rescate.

Nicolás Iriarte
El rescate de los mineros fue transmitido en vivo.

“Nosotros somos víctimas de un accidente minero. Llegamos a trabajar como cualquier día y estuvimos enterrados 70. Gracias a dios nos rescataron, pero también se tiene que sentar un precedente“, afirma Luis Urzúa.

“Quizás a nuestros bisnietos les va a llegar algo. Del uno al 10, tengo un 0,5% de esperanzas“, asegura Jorge Galleguillos en tono irónico.

“Lo ideal es que saliera el juicio como corresponde. Millonarios a esta altura de la vida no vamos a ser. ¿A José Ojeda tú crees que aunque el juicio salga a favor esa plata le va a pagar todo el daño que le provocó el accidente? ¿Tú crees que a mí me va a pagar todo el daño provocado?”, se pregunta Mario Sepúlveda.

Tour por la mina

“A lo mejor ustedes no saben que por los sondajes se ubican minerales. Pero este fue muy diferente, porque hicieron este sondaje para descubrir vidas…”

Con esa frase y ubicado en un punto estratégico de la mina San José, Jorge Galleguillos comienza el tour guiado por uno de sus reales protagonistas.

Jorge Galleguillos charlando con visitantes.

FlamingoChile
Jorge Galleguillos quiera preservar la historia vivida y ahora organiza visitas guiadas por la zona.

El minero de 66 años se ha autoimpuesto la tarea de preservar la historia vivida en el “Campamento Esperanza” y en la mina y hasta que llegó el coronavirus llevaba cinco años en la misión.

“Nunca me desconecté de la mina. Siempre estuve presente. Aunque nos llevaban a viajar por el mundo yo volvía igual un par de veces a la semana”, cuenta.

Le encantaría contar con apoyo para desarrollar un proyecto más profesional, mejor preparado, pero mientras está intentando a pulso sacar adelante esta aventura.

“Los turistas y yo nos emocionamos juntos. Estar en la mina y recrear todo lo que sucedió es como hacer un homenaje a los cerebros que estuvieron allá”, asegura.

Mario Sepúlveda, por su parte, está dedicado a las charlas motivacionales. “Por la pandemia no puedo hacerlas presenciales, pero me capacité para hacerlas a través de zoom”, dice. También se desempeña en el rubro de la remodelación y construcción.

Hace un año ganó un reality show en televisión y con el dinero planea abrir un centro de rehabilitación para niños autistas.

“Yo tengo un hijo autista de 8 años, maravilloso, y este centro será para ayudar a los padres y a los niños con nuestra experiencia. Para ayudarnos mutuamente”, cuenta. Su idea es inaugurarlo el el 13 de octubre, a exactos 10 años del rescate de la mina San José.

Los 33 fuera del refugio

Pero si hay algo que une transversalmente a los mineros es el agradecimiento a cada una de las personas que participaron directa o indirectamente en su rescate.

“Todo el esfuerzo que tanta gente hizo para rescatarnos… somos conscientes que a muchos no les hemos dicho gracias por lo que hicieron por los 33, pero a lo mejor este es el momento. Decirle a ellos, no solo de Chile sino que de todo el mundo, gracias por habernos salvado. Por ese acto de humanidad que se hizo por 33 mineros”, dice Luis Urzúa.

Familiares de los mineros se abrazan tras conocer que los 33 estaban bien y en buen estado de salud.

Getty Images
Los familiares de los mineros estallaron de alegría al conocer que los 33 estaban bien y en buen estado de salud.

“Lo que se produjo cuando nos encontraron. Que la gente gritaba, saltaba… Hicieron un tremendo trabajo los ingenieros, los sondeadores… Aún me emociona, aún se me eriza la piel”, asegura Omar Reygadas.

Sin embargo, el escenario ideal para él sería otro:

Ojalá nunca hubiese ocurrido el accidente, para haber seguido trabajando, tranquilo, recibiendo nuestro sueldo, en lo que a nosotros nos gusta…”

Contrario al mensaje escrito por José Ojeda, que recorrió el mundo en manos del presidente Sebastián Piñera, quien lo lució de manera incansable, hoy a 10 años de uno de los accidentes mineros más mediáticos que se recuerden, la pregunta que resuena es cuán bien están los 33 fuera del refugio.


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