Enfrentar el COVID-19 sin agua: el desabasto en CDMX
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‘¿Cómo enfrentamos el COVID-19 sin agua para lavarnos las manos?’, denuncian pobladores de CDMX

La recomendación de lavarse las manos está chocando, en plena contingencia sanitaria, con un tremendo obstáculo, el desabasto el alcaldías de la CDMX.
Cuartoscuro
21 de marzo, 2020
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Se trata, probablemente, de la medida en la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades sanitarias de México más han insistido desde que el coronavirus se propagó por el mundo en forma de pandemia: hay que lavarse las manos para evitar los contagios.

Una, dos, tres… incluso, doctores como Javier Baruch, especialista de la Clínica del Viajero de la UNAM, recomienda hacerlo hasta 30 veces por día para tratar de frenar la propagación de un virus que, en países de Europa, como España e Italia, ya ha demostrado una tremenda habilidad para infectar a miles de personas en un solo día. 

“Mantener una distancia de un metro o dos entre las personas, estornudar en el ángulo del codo, y lavarse continuamente las manos, son de las tres medidas básicas para evitar la propagación del Covid-19”, hace hincapié el especialista. 

Sin embargo, la recomendación de lavarse las manos está chocando, en plena contingencia sanitaria, con un tremendo obstáculo: según cifras del Instituto Nacional de Estadística (Inegi), en México, aunque el 94% de los hogares cuenta con infraestructura para recibir agua dentro de sus casas o terrenos, solo el 69% la recibe a diario. El resto, dispone de agua únicamente cada tercer día, una vez o dos por semana, o de vez en cuando. 

Esa es, precisamente, la situación que están enfrentando en la alcaldía de Azcaptozalco de la Ciudad de México, que junto a Tlalpan e Iztapalapa son las que tradicionalmente tienen más problemas por abasto de agua.

Leer más: “Me da miedo el coronavirus, pero me da más miedo morirme de hambre si no trabajo”

De hecho, este viernes 20 de marzo, un grupo de ciudadanos convocó una protesta, a la altura de la carretera Azcapotzalco-La Villa, por los continuos cortes de suministro.

“Desde octubre pasado empezó a haber fallas. Hay temporadas en las que pasan dos semanas sin que caiga ni una gota. Y hay otras en las que hay agua en la noche, luego la cortan, y así nos la llevamos”, explica en entrevista José Gabriel Gleaves, vecino de la colonia San Rafael de Azcapotzalco, que, si bien matiza que los problemas de suministro no son nuevos en la alcaldía, ahora las protestas presentan un nuevo factor: el coronavirus.

“A cada rato estamos viendo en la televisión que el gobierno nos pide lavarnos las manos, que es muy importante para evitar contagiarnos. ¿Pero, cómo le hacemos si a cada rato nos cortan el agua?”, pregunta José Gabriel.

En el plano virtual de las redes sociales, como Twitter, múltiples usuarios plantearon la misma pregunta a las autoridades de la alcaldía, al Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), y al gobierno capitalino. 

“¿Cómo podemos tener cuidados sanitarios si nos quitan el agua en Azcapotzalco?”, cuestionaba el usuario Antonio Sánchez. 

“En la colonia El Recreo de Azcapotzalco no tenemos agua. ¿Cómo enfrentamos el Covid-19?”, preguntaba por su parte el usuario Roy Hunter. 

De vuelta a la colonia San Rafael, otro vecino, Armando Álvarez, explica que en determinados lugares de la alcaldía hay depósitos donde la gente puede llenar gratis sus cubetas. Pero, en muchas ocasiones, el abasto no es suficiente para tanta población con el mismo problema. 

“Aquí es muy difícil que podamos cumplir con las recomendaciones sanitarias para evitar la propagación del coronavirus”, lamenta Álvarez, que es el coordinador del comité ciudadano de la colonia San Rafael. 

Ante esta situación, Armando expone que muchos vecinos recurren al SACMEX para que les proporcionen una pipa de agua con la que puedan ir solventando algunas de las necesidades más básicas de sus casas, como agua para los sanitarios o para la ducha. 

No en vano, en México hay 5.7 millones de personas que se abastecen de agua por medio de pipas, u otras formas no convencionales. De ahí que un estudio de la American Association for the Advancement of Science posicionó a México como el cuarto país en el mundo con más personas viviendo una severa escasez de agua durante el transcurso del año. 

Pero, de nuevo, ante el exceso de demanda las pipas tardan mucho en llegar, si es que llegan, subraya Armando. Por lo que, quienes tienen el dinero suficiente, acaban comprando una pipa de 10 mil litros, y quienes no, se buscan la vida para llenar unos pocos tambos con los que ir tirando.

“Hay quienes solo pueden comprar un garrafón de agua. Y vale, tal vez se lave las manos con esa agua, como pide el gobierno. Pero si está tres días sin agua en casa y con el baño y la cocina sucia, a lo mejor no se infecte de coronavirus, pero lo más probable es que contraiga dengue u otras enfermedades”. 

Juan Manuel Cuenca, un contador público de 37 años, cuenta que en la tercera sección de la colonia Miguel Hidalgo, en Tlalpan, están viviendo una situación idéntica a la de los vecinos de Azcapotzalco.

“Para los vecinos de esta colonia un servicio ‘normal’ de agua significa que tenemos suministro los miércoles, viernes y el fin de semana. El resto de días, nada”, plantea en entrevista. 

No obstante, Juan Manuel matiza a colación que, desde el miércoles de la semana pasada, el suministro se ha vuelto aún más irregular, y ha tenido que tirar de todas sus reservas -4 tinacos de más de mil litros cada uno- para ir haciendo frente a la ‘sequía’. 

Pero, claro, enfatiza, las reservas se agotan. 

Y desde que empezó este lunes a trabajar en casa, luego de que su empresa le pidiera trabajar desde casa ante el arrecio de contagios de coronavirus -de lunes a viernes se pasó de poco más de 80 casos confirmados a 203-, los litros se consumen a una velocidad mayor. 

Por eso, a pesar de la recomendación de lavarse constantemente las manos, Juan Manuel ha tenido que dividir las prioridades entre muchas otras necesidades básicas -ducharse, lavar trastes, etcétera-, mientras el saturado servicio del SACMEX le surte la pipa de agua que solicitó desde hace varios días para volver a llenar su reserva de tinacos.

“¿Qué puedo hacer con un tambo de agua?”

El problema, dice ahora Patricia Ávila, una empleada del hogar de 58 años que en una casa en la misma colonia de Tlalpan que Juan Manuel, es que muchos vecinos no tienen dinero para comprar tantos tinacos, ni para estar comprando cada semana una pipa que cuesta, como mínimo, unos mil 300 pesos. 

Lo que hace Patricia, explica, es pedir a sus vecinos que le venden un poco del agua que a veces les sobra cuando compran pipas grandes, aunque con eso apenas le alcanza para las necesidades más básicas de su hogar. 

“¿Qué puedo hacer con un tambo de agua? -pregunta la señora-. En mi casa vivimos cuatro adultos, y hay que echarle agua al baño, lavar suelos y trastes, y bañarnos todos. Y además de todo eso, nos piden que nos lavemos las manos a cada rato por el coronavirus. Pero ¿cómo le hacemos sin agua? ¿Cómo prevenimos los contagios si no tenemos lo más básico, que es el agua?”. 

Ahí en Tlalpan y en la misma colonia Miguel Hidalgo, pero en la sección Primera, la estudiante de enfermería Lucero Contreras dice que su formación sanitaria lleva varias semanas insistiendo mucho en su casa para que su familia se tome muy en serio las recomendaciones higiénicas de las autoridades frente al coronavirus. 

Pero, sin agua, la situación se complica mucho. 

“Mi mamá consiguió un tambo de agua, pero somos seis en casa y no es suficiente. Hemos intentado priorizar el agua para lavarnos las manos y para el sanitario, pero así es muy complicado”, expone Lucero, que además señala que están enfrentando otro problema: la falta de gel antibacterial en las farmacias, y las restricciones que múltiples supermercados, y también farmacias, están imponiendo en la compra de productos de higiene, como detergentes y desinfectantes. 

“Ahora mismo nos estamos lavando con alcohol puro y con algunas toallitas. Sin agua, es lo que podemos hacer para prevenir el coronavirus”, lamenta la joven estudiante de enfermería. 

Animal Político solicitó una entrevista al SACMEX sobre las denuncias ciudadanas acerca de los problemas en el suministro de agua, pero no obtuvo respuesta. 

El miércoles pasado, la dependencia capitalina informó que realiza trabajos de equipamiento de 10 pozos que abastecen a las alcaldías de Venustiano Carranza, Gustavo A Madero y Azcapotzalco. 

Dichas labores se hacen en conjunto con la Comisión Nacional del Agua y concluirá en los próximos 10 días. 

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COVID: la conversación en un autobús que llevó a salvar cientos de miles de vidas

Un encuentro de dos científicos en un autobús condujo a un ensayo clínico para encontrar tratamientos para salvar vidas de enfermos de COVID-19.
27 de marzo, 2021
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El ensayo clínico llamado RECOVERY (Random Evaluation of Covid-19 Therapy o Evaluación aleatoria de terapias para covid-19) inició en marzo de 2020 para probar medicamentos que ya existían en pacientes con covid y estudiar si éstos tenían un efecto sobre la enfermedad. Gracias a este ensayo se han salvado cientos de miles de vidas.

Todo comenzó en el autobús número 18 en Londres. Mientras se abría paso entre el tráfico, dos pasajeros estaban enfrascados en una conversación.

Lo que acordaron en ese trayecto, que tuvo lugar antes del confinamiento en la ciudad por covid-19, cambiaría el curso de la pandemia y posiblemente el futuro de la medicina.

Llevó al trabajo conjunto de investigadores, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y 40.000 pacientes de covid en un esfuerzo especialmente adaptado a un sistema nacional de salud pública.

Y salvaría la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo. La conversación de estos dos pasajeros llevó a la creación del ensayo clínico Recovery.

Los dos pasajeros del autobús eran el profesor Martin Landray, médico y diseñador de ensayos de fármacos a gran escala, y Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust, uno de los mayores organismos de financiamiento para investigación médica del mundo y uno de los fundadores de Recovery.

La fecha era el 9 de marzo de 2020. Ambos discutían la pandemia inminente, las escenas que se veían en Italia, que fue el primer país de Europa en sentir el impacto devastador del virus, y la inevitabilidad de que Reino Unido se enfrentaría a lo mismo.

“Lo que acordamos en ese viaje en autobús fue que el tsunami llegaría en un par de semanas y teníamos que tener un ensayo en funcionamiento en dos semanas”, explica el profesor Landray al programa Inside Health de la BBC.

“Nueve días después, se inscribió al primer paciente, y el año que pasó ha sido extraordinario”, agrega.

Dos semanas antes, el profesor Landray le había enviado un correo electrónico a Jeremy Farrar para subrayar la importancia de los ensayos.

Lo que pasó a ser uno de los momentos más importantes en el enlace de vínculos científicos comenzó cuando Farrar respondió: “Será mejor que hable con Peter”.

Píldoras de dexametasona

Science Photo Library
El ensayo Recovery ha salvado la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo.

Las campanas de alarma ya habían estado sonando para el profesor Peter Horby desde el 2 de enero, cuando surgieron informes de una “neumonía viral” en Wuhan, China.

Para Horby, esto tenía todas las características del síndrome respiratorio agudo severo (o SARS) de 2003.

“Para mí estaba bastante claro que había un problema que podría salirse de control si no teníamos cuidado”, señala el profesor Horby, un destacado experto en enfermedades nuevas y emergentes.

Ya había ayudado a establecer dos ensayos de medicamentos en Wuhan, pero debido al confinamiento allí, no obtuvieron ningún resultado.

“Las salas de hospitales estaban abarrotadas”

Juntos, el profesor Horby y el profesor Landray formarían el eje científico que definiría el tratamiento de covid.

Se vieron impulsados por los errores del pasado. El peligro en una pandemia es que todos empiezan a correr como pollos sin cabeza y los científicos y médicos actúan solos, cada uno probando diferentes tratamientos en un pequeño número de pacientes; creando mucho ruido, pero sin respuestas.

El ruido ya estaba aumentando. Se presentaba como evidencia ensayos con una decena de pacientes o experimentos con células en un laboratorio.

Incluso el presidente Donald Trump estaba proclamando los beneficios del medicamento contra la malaria hidroxicloroquina, cuando la evidencia era escasa o inexistente.

El objetivo de Recovery era brindar claridad en medio del caos.

Hubo cuatro claves en el éxito de Recovery:

  • Se puso en marcha rápidamente, en un mundo en el que las pruebas pueden tardar más de un año en configurarse.
  • Era grande, involucraba a todos los hospitales de pacientes graves y a uno de cada 10 pacientes con covid en Reino Unido, por lo que incluso se pudo encontrar medicamentos que tuvieran solo un beneficio moderado.
  • Los pacientes fueron asignados al azar para recibir atención estándar o un medicamento experimental, de modo que los médicos pudieran ver la diferencia entre los dos.
  • Y fue simple.
Una dosis de dexametasona

Reuters
Uno de los fármacos involucrados en el ensayo fue la dexametasona, un esteroide.

El Recovery tuvo un marcado contraste con el ensayo clínico moderno, que se arrastra bajo el peso de la burocracia, los contratos con todos los hospitales, los criterios estrictos sobre los participantes y una gran cantidad de trabajo para quienes miden y recopilan datos.

Si el ensayo iba a tener éxito, era necesario trabajar en salas sometidas a una intensa presión.

“Las salas estaban abarrotadas, los médicos estaban abrumados con pacientes enfermos. Para que un ensayo clínico funcione, este no puede interferir con la atención médica”, dice la Dra. Raha West, médica de cuidados intensivos en Buckinghamshire, quien dirigió el ensayo en su hospital.

“Con el Recovery esto fue fácil”.

El profesor Landray dice que “eliminaron todo” para que el Recovery fuera tan básico que inscribir a un paciente en el ensayo era tan fácil como recetar el medicamento.

Uno de los primeros desafíos fue decidir qué medicamentos deberían estar involucrados.

El coronavirus era una entidad nueva, un desconocido sin reglamentos a seguir.

El profesor Horby y el profesor Landray seleccionaron los medicamentos más prometedores para enfermedades similares o los que habían surgido de las pocas investigaciones sobre covid.

Si el paciente quería participar, su médico seleccionaría en una computadora cuáles de los medicamentos involucrados en el ensayo eran seguros según el historial médico del paciente y la computadora decidiría qué medicamentos se debían administrar.

El fármaco dexametasona, un esteroide antiguo y barato que ya se había utilizado en infecciones respiratorias, se convirtió rápidamente en una fuente de controversia.

La reacción fue dura y rápida y se acusó a los dos expertos de comportamiento poco ético y peligroso.

La dexametasona calma el sistema inmunológico y algunos argumentaron que era lo peor que se podía hacer cuando el cuerpo estaba combatiendo una infección.

“Tengo un cajón lleno de cartas que me dicen que estoy matando gente”, me dijo el profesor Horby. Pero lo tranquiliza saber que también tiene un cajón de “cartas de amor y correos de elogios”.

Saltando de alegría

dexametasona

Getty Images
El tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

Cada fármaco que probaron fue puesto a prueba porque pensaron que existía la posibilidad de que funcionara. La dexametasona fue el primero que lo demostró.

Apenas 100 días después de ese trascendental viaje en autobús, el profesor Landray y el profesor Horby se prepararon para contarle al mundo sus hallazgos.

Sabían que estaban a punto de cambiar el tratamiento para los pacientes en todas partes y habían pasado una semana repasando los números repetidamente para estar seguros.

El 16 de junio estaban listos.

“Fue un resultado hermoso, hermoso”, dice el profesor Landray.

El profesor Horby recuerda a su jefe saltando de alegría al otro lado de una videollamada cuando transmitió los resultados.

Para quienes estaban conectados a un ventilador, como Katherine Millbank, el fármaco redujo la posibilidad de morir en un tercio.

Ella fue una de las primeras pacientes que obtuvo el medicamento en el ensayo.

Cuando las enfermeras corrieron las cortinas alrededor de su cama, todos los que estaban en la sala de cuidados intensivos la aplaudieron.

“Estoy eternamente agradecida con todos ellos por salvarme”, le dijo Katharine a Inside Health.

Cuatro horas después del anuncio, el tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

La doctora Raha West rompió a llorar cuando llegaron los resultados. Todos los pacientes que inscribió en el ensayo terminaron recibiendo dexametasona.

“Nunca lo olvidaré, fue muy emotivo”.

Ahora se estima que la dexametasona sola ha salvado cientos de miles de vidas; posiblemente más de un millón.

El Recovery mostró que otro fármaco, tocilizumab, también salva vidas.

Pero el ensayo también se enfrentó a fracasos. El fármaco contra la malaria hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir / ritonavir que se usan contra el VIH y el antibiótico azitromicina habían sido promocionados, pero finalmente se demostró que no tenían ningún efecto.

Su éxito dependió de la disposición de los pacientes, que en uno de los momentos más espantosos de sus vidas, estuvieron dispuestos a participar.

Aiden Temple, de 10 años, que tenía un trastorno inmunológico poco común después de contraer el virus, quiso hacer la diferencia.

“Fue muy aterrador, pero me sentí bastante orgulloso de poder ayudar a otras personas a mejorar rápidamente”, dijo.

También se necesitaron los esfuerzos de miles de médicos y enfermeras, así como de un equipo de unos 20 científicos en Oxford, para recopilar y analizar los datos.

El Recovery logró algo que ninguna otra prueba ha obtenido. Ya tiene garantizado un lugar en los libros de historia solo por su papel en la pandemia de covid.

La esperanza es que sea un catalizador de cambio en la medicina para hacer ensayos de estilo Recovery que brinden respuestas sobre los mejores tratamientos para otras infecciones, como la fiebre de Lassa, o que finalmente demuestren si las píldoras de vitamina D son la cura para todo lo que a menudo se dice que son.

“Creo que ha establecido un nuevo estándar para lo que se puede lograr y no solo durante las pandemias”, me dijo el profesor Landray.

“Sería una farsa si volviéramos a una situación en la que a veces se necesitan años para que un ensayo despegue”.


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