Quedan pocos y son más caros: Miedo a COVID-19 disparó compras de cubrebocas
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Foto: Carlo Echegoyen

Miedo a COVID-19 agota cubrebocas y los pocos que quedan ya son más caros o de menor calidad

“La gente quiere comprar los cubrebocas como si fueran la gran solución a la pandemia", cuenta el gerente de una tienda en la CDMX, aunque la OMS ha pedido evitar la compra masiva de estos objetos.
Foto: Carlo Echegoyen
25 de marzo, 2020
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La señora Érica, de 53 años, trabaja repartiendo publicidad de una óptica en la calle Madero del Centro Histórico de la Ciudad de México. Aunque, con una risa oculta atrás de un cubrebocas, bromea asegurando que ya no tiene muy claro para quién trabaja.

“Desde que la semana pasada se puso más fuerte lo del coronavirus, la gente ya no me pregunta por lentes. Ahora a cada rato vienen y me preguntan en dónde pueden encontrar un cubrebocas”, dice la mujer que viste una blusa amarilla casi fluorescente y guantes de color rosa mexicano, que contrastan con el gris sucio de las calles semivacías tras el anuncio del gobierno capitalino de cerrar bares y establecimientos, para tratar de frenar el avance de la pandemia.

Entérate: Quién debe usar cubreboca y cómo hacerlo correctamente

Junto a ella, a la altura del Museo del Estanquillo, otros compañeros que se desgañitan gritando ofertas para hacerse un piercing o un tatuaje están en la misma situación: las pocas personas que se les acercan lo hacen para preguntarles dónde pueden conseguir un cubrebocas.

De poco están sirviendo las recomendaciones y advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y de las propias autoridades mexicanas de Salud, que han pedido en múltiples ocasiones que no se realicen compras masivas de cubrebocas.

El objetivo de la advertencia es evitar dejar sin existencias a los pacientes contagiados, que son los que más los necesitan y los únicos que deben usarlos, junto con los profesionales de la salud y los cuidadores de pacientes con infección respiratoria, mientras estén en la misma habitación.

Sin embargo, el resultado se aprecia a simple vista en la Ciudad de México: farmacias y supermercados que, desde hace semanas, colgaron el letrero de “sin existencias”, o que se quedan sin mercancía a la media hora de recibirla, aun y cuando muchas farmacias restringieron la cantidad de cubrebocas que puede comprarse por persona.

“Me pidieron un millón de cubrebocas”

Alberto Arenas es el gerente de una tienda que surte a farmacias, que se encuentra ubicada en la calle Motolínea, esquina con Madero, una de las calles más solicitadas en estos días en el Centro Histórico debido a que hay varias tiendas del mismo tipo.

Apoyado en el mostrador de cristal, Alberto dice que hace semanas que no le surten cubrebocas. Ni tampoco gel antibacterial, ni guantes de látex.

“Ya casi no los encuentras, están volando”, comenta Alberto con una sonrisa y los brazos en jarra sobre la cintura.

“Desde que empezó esta crisis en China, hace ya un par de meses, muchas empresas venían aquí a pedirnos muchísimo material. Me llegaron a pedir que si les podía surtir un millón de cubrebocas, una aberración”, cuenta el gerente de la tienda que, no obstante, matiza que lo máximo que pudieron llegar a surtir fueron pedidos de mil cubrebocas que ciudadanos chinos compraban para mandarlos a su país, donde también tuvieron problemas de abasto en plena crisis, como está sucediendo ahora en España e Italia, dos de los países más afectados en el mundo por la pandemia.

“Se ha desatado la paranoia. Muchas empresas acapararon mucho y ahora la gente que tal vez sí lo necesite no tiene cubrebocas”, añade Alberto, que además advierte que hay dos cosas que la gente no está teniendo en cuenta.

Uno, que el cubrebocas “no es la gran solución” para evitar los contagios del coronavirus, como advierten las autoridades sanitarias de medio mundo, que recalcan que debe acompañarse de muchas otras medidas vitales, como estar a un mínimo de dos metros de distancia de otras personas y de lavarse permanentemente las manos.

“La gente quiere comprar los cubrebocas como si fueran la gran solución a la pandemia y para llevarlos todo el día puestos, cuando muchos de esos cubrebocas, dependiendo del modelo, solo te duran dos horas”, plantea el gerente de la tienda.

Y dos, que está bajando la calidad del material y aumentando el precio.

“De ser un cubrebocas plisado de tres capas que te costaba 75 pesos la caja de 50 unidades, ahora solo tienen dos capas y te lo dan, como muy barato, en 200 pesos el paquete”, explica Alberto Arenas.

En un recorrido por otras tres tiendas de la misma calle, los diferentes dependientes corroboran sus palabras.

En la primera tienda, el paquete de 50 cubrebocas lo ofrecen en 75 pesos, aunque no tenían en existencia.

En la segunda, el mismo paquete costaba 95 pesos, pero tampoco tenían.

Y en la tercera, que sí le quedaban un par de cajas, el dependiente lo ofreció, efectivamente, en 200 pesos.

“Se nos agotan de volada”, justifica el joven que trabaja en la tienda, que cuando se le pregunta si ese es el precio habitual, baja la voz para admitir que “sí están un poquito más caros por la alta demanda”.

De hecho, el precio del paquete de 150 cubrebocas, el triple, hay farmacias que lo dan en 135 pesos, aunque la disponibilidad es prácticamente nula.

Y en una cuarta tienda, la dependienta que viste una bata blanca y lleva cubrebocas, guantes, y gafas protectoras, dice que el único paquete que le queda es uno de 20 unidades de una máscara respiratoria modelo N95, otra de las más demandadas estos días porque tienen un mayor nivel de protección que los clásicos de tela.

Su precio, 3 mil pesos, a 150 pesos la unidad. Razonable, máxime teniendo en cuenta que el mismo modelo, y el mismo paquete de 20 unidades, se ofrece en tiendas online, como Mercado Libre, hasta en 5 mil pesos.

Denuncias por precios abusivos

Sobre esta variedad de precios en los cubrebocas se cuestionó a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) si tiene registradas denuncias o quejas, especialmente en las dos últimas semanas.

Por medio del departamento de comunicación social, la Profeco señaló que, actualmente, tiene tres operativos permanentes: vigilancia comercial en tiendas y establecimientos, de los que ha visitado 800 farmacias y comercios la semana pasada; vigilancia a tiendas virtuales; y monitoreo de Quién es Quién en los Precios (QQP).

De ese monitoreo, la Profeco ha recibido 72 denuncias en todo el país por aumento injustificado de precios de productos como el cubrebocas, y señaló que actualmente hay nueve procedimientos administrativos a grandes cadenas de autoservicio y farmacias en el país por este motivo, con rango de multas que van desde 800 pesos hasta los 3 millones 100 mil pesos.

La Profeco resaltó en la respuesta enviada a este medio que, en términos generales, sí observan “algún grado de desabasto o escasez de cubrebocas y de gel antibacterial por todo el país”, pero no un incremento generalizado de precios, a pesar de las acciones y de las denuncias.

Precisamente, muchos vendedores ambulantes de la capital están viendo en esa escasez de cubrebocas y de geles antibacteriales una oportunidad para tratar de compensar algo el desplome de clientes que los han dejado prácticamente en ceros y ante un panorama de gran incertidumbre.

El gel antibacterial, un “aliviane”

Juan Carlos, de 40 años, tiene un puesto de revistas y de cómics. Desde el fin de semana pasado, las ventas se han caído casi en un 100%, asegura. Y el lunes fue peor: no vendió ni una revista, luego del anuncio de la jefa de gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, de que se cierran bares, teatros, cines, y museos como el que tiene a unos pocos pasos de distancia, el de Memoria y Tolerancia.

“Además de las revistas, de lo que más saco al día es de vender esos puzles”, explica el comerciante, señalando unas cajas con rompecabezas en 3D de la Torre Eiffel.

“De eso me saco unos 500 pesos al día. Pero hoy, llevo cero pesos”, recalca.

Otra de sus ventas seguras era la de los cigarros sueltos, aunque eso también ha quedado momentáneamente en el pasado, con el cierre de bares y de empresas en la avenida Juárez.

“Ahora, mi único salvavidas es vender esos botecitos de ahí”, dice Juan Carlos, mientras toma en la mano un bote de 500 mililitros de gel antibacterial que vende en 100 pesos, y luego señala otros botes más pequeños que no tienen etiqueta y que vende en 15 y 25 pesos.

“Mi patrón andaba buscando frasquitos de varios tamaños para vender los geles, porque dice que están difíciles de encontrar en las farmacias. Ahora ya llevo vendido 400 pesos, y la verdad sí es un aliviane por cómo se están poniendo las cosas”, explica Juan Carlos, que asegura que, por ahora, no tienen pensando ampliar el negocio, a pesar de que a lo largo de la calle Madero hay múltiples puestecitos y comerciantes con mantas que venden a diez pesos cubrebocas de dudosa calidad.

“Me piden muchísimo los cubrebocas, pero mi patrón no ha querido meterse en esa bronca”, dice Juan Carlos.

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Qué es el “desvelo en venganza” que practican millones de jóvenes trabajadores en China

Para muchos trabajadores jóvenes chinos el tiempo libre es más importante que el sueño después de sus largas jornadas de trabajo, aunque saben que esto no es saludable. ¿Qué impulsa este comportamiento?
7 de diciembre, 2020
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Trabajadora en China

Getty Images
Muchos empleados en China trabajan el notorio “horario 996”: desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Emma Rao pasó casi tres años en el notorio “horario 996” en China: trabajando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Rao, que es originaria de Nanjing, se mudó al centro financiero de Shanghái hace unos cinco años para trabajar para una compañía farmacéutica multinacional.

El trabajo rápidamente se apoderó de su vida.

“Estaba casi deprimida”, dice. “Me privaron de toda mi vida personal”.

Después de su turno, que a veces incluía horas extra, tenía una pequeña ventana para comer, ducharse e irse a la cama, pero sacrificó el sueño para ganar algo de tiempo personal.

A menudo, Rao navegaba por internet, leía las noticias y miraba videos en línea hasta bien pasada la medianoche.

Tiempo propio a costa de la salud

Rao estaba haciendo lo que los chinos han llamado “bàofùxìng áoyè”, o “procrastinación a la hora de dormir”.

La frase, que también podría traducirse como “la venganza de quedarse despierto hasta tarde”, se difundió rápidamente en Twitter en junio tras una publicación de la periodista Daphne K Lee.

Ella describió el fenómeno como cuando “las personas que no tienen mucho control sobre su vida diurna se niegan a dormir temprano para recuperar algo de libertad durante las horas de la noche”.

Su publicación claramente tocó un punto sensible.

Con más de 4.500 “Me gusta” en Twitter, Kenneth Kwok escribió: “Típico de 8 a 8 en la oficina, (para cuando) llego a casa después de la cena y me ducho son las 10 pm. Repite la misma rutina. Se necesitan unas pocas horas de ‘tiempo propio’ para sobrevivir”.

No está claro de dónde proviene este término.

La primera mención que encontré fue en un blog con fecha de noviembre de 2018, aunque sus orígenes probablemente sean anteriores a esto.

El autor de la publicación, un hombre de la provincia de Guangdong, escribió que durante la jornada laboral él “le pertenecía a otra persona” y que solo podía “encontrarse a sí mismo” cuando llegaba a casa y podía acostarse.

Esta venganza de postergar la hora de dormir es triste, escribió, porque su salud está sufriendo, pero también es “genial” porque ha obtenido un poco de libertad.

Es posible que la frase se haya popularizado en China, pero el fenómeno que describe probablemente está más extendido, con trabajadores agobiados en todo el mundo que posponen la hora de acostarse para reclamar un valioso tiempo personal, aunque saben que no es bueno para ellos.

Límites borrosos

Los expertos han advertido durante mucho tiempo que la falta de sueño es una epidemia mundial de salud pública a la que no se presta atención.

La Encuesta Global del Sueño de Phillips de 2019, que recibió más de 11.000 respuestas de 12 países, mostró que el 62% de los adultos en todo el mundo sienten que no duermen lo suficiente, con un promedio de 6,8 horas en una noche entre semana en comparación con la cantidad recomendada de ocho horas.

Las personas citaron varias razones de este déficit, incluido el estrés y su entorno para dormir, pero el 37% culpó a su agitado horario de trabajo o escuela.

En China, una encuesta nacional realizada en 2018 mostró que el 60% de las personas nacidas después de 1990 no dormían lo suficiente y que las que vivían en las ciudades más grandes eran las que más sufrían.

Las empresas tecnológicas que crearon la cultura 996 suelen tener su sede en las grandes ciudades y sus prácticas laborales han influido en otros sectores.

Un informe reciente de la emisora estatal CCTV y la Oficina Nacional de Estadísticas indicó que el empleado chino promedio solo pasaba 2,42 horas por día fuera del trabajo o dormido, 25 minutos menos que el año anterior.

Gu Bing, un directora creativa de 33 años de una agencia digital en Shanghái, a menudo trabaja hasta tarde y dice que rara vez se va a dormir antes de las 2 am.

“Aunque estoy cansada al día siguiente, no quiero dormir temprano”, señala.

A Gu le encantaba acostarse tarde cuando tenía 20 años, pero ha comenzado a pensar en adoptar hábitos de sueño más “normales”.

Sin embargo, sus amigos también suelen estar despiertos a mitad de la noche.

“Realmente necesito ese tiempo. Quiero estar sana pero ellos (sus empleadores) me han robado el tiempo. Quiero recuperar mi tiempo”.

Dejando a un lado las largas horas en la oficina, otra parte del problema es que los patrones de trabajo modernos significan que a las personas les resulta más difícil trazar límites entre el trabajo y el hogar, dice Ciara Kelly, profesora de psicología del trabajo de la Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield.

Los correos electrónicos y la mensajería instantánea significan que los empleadores siempre pueden estar en contacto.

“Esto puede hacer que sintamos que estamos ‘siempre en el trabajo’, porque el trabajo puede llamarnos en cualquier momento”, dice.

Jimmy Mo, de 28 años, analista de una empresa de desarrollo de videojuegos en la metrópoli sureña de Guangzhou, ha descubierto que combinar su pasión por los videojuegos con el trabajo es una espada de doble filo.

“El trabajo también es mi hobby. Me encanta sacrificar mi tiempo libre por esto”, dice, y explica que debe jugar diferentes juegos después del trabajo, y también tomar clases en línea para mejorar sus habilidades profesionales.

También tiene pasatiempos como el yoga y el canto. Poder hacer todo significa que Mo no suele acostarse hasta las 2 am.

Sabe que esta falta de sueño puede exacerbar un trastorno de salud que tiene, y que dormir más podría hacerlo más saludable y feliz, pero dice que siente la presión de sus compañeros para hacer y lograr más.

Un círculo vicioso”

Aunque a la gente le puede molestar que el trabajo exprima su tiempo libre, reducir el sueño probablemente no sea la mejor “represalia”.

La falta de sueño, especialmente a largo plazo, puede provocar una serie de efectos nocivos, tanto mentales como físicos.

En el libro de Matthew Walker “Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams”, el neurocientífico es contundente: “cuanto más breve es tu sueño, más corta es tu vida”.

Y la gente, en general, lo sabe: todos los entrevistados para este artículo sentían que sus patrones de sueño no eran saludables, pero aun así se quedaban despiertos hasta tarde en la noche.

La psicología puede explicar la razón por la que las personas optarían por aprovechar este tiempo libre incluso a expensas del sueño.

Una creciente evidencia apunta a la importancia del tiempo libre alejado de la presión laboral; la falta de separación puede provocar estrés, reducción del bienestar y agotamiento.

“Una de las partes más importantes de la recuperación del trabajo es el sueño. Sin embargo, el sueño se ve afectado por la forma como logramos separamos del trabajo”, dice Kelly, de la Universidad de Sheffield.

Es importante, explica, tener tiempo libre cuando podemos distanciarnos mentalmente del trabajo, lo que explicaría por qué las personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el ocio después del trabajo.

“Las personas se quedan atrapadas en un círculo vicioso cuando no tienen tiempo para separarse de su trabajo antes de irse a dormir, y es probable que esto afecte negativamente a su sueño”, señala Kelly.

La verdadera solución, sugiere, es garantizar que las personas tengan tiempo para participar en actividades que proporcionen este desapego. Sin embargo, esto a menudo no es algo que los empleados puedan lograr por sí mismos.

Heejung Chung, sociólogo laboral de la Universidad de Kent y defensor de una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, considera que la práctica de retrasar el sueño es culpa de los empleadores.

Abordar el problema beneficiaría a los trabajadores, pero también ayudaría a garantizar un “lugar de trabajo saludable y eficiente”, señala.

“En realidad, es una medida de productividad”, explica. “Necesitas ese tiempo para relajarte. Los trabajadores necesitan hacer otras cosas además del trabajo. Es un comportamiento arriesgado hacer solo una cosa”.

Trabajador en China

Getty Images
En algunos casos, el trabajo desde casa debido a la pandemia ha difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Mayor flexibilidad

Desde la pandemia, empresas de muchos países han implementado políticas de trabajo desde casa, lo cual ha significado una mayor flexibilidad en la vida laboral pero también, en algunos casos, difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Todavía no está claro cómo esto podría afectar el tipo de cultura laboral donde los empleados tienen que evitar el sueño para recuperar algo de tiempo libre.

Chung dice que un cambio genuino requiere un giro institucional en muchas empresas.

“Es difícil para las personas reaccionar (a su situación laboral)”, señala.

Pero aconseja a los empleados que hablen con sus colegas y se acerquen colectivamente a su jefe, con pruebas, si quieren pedir un cambio.

Sin embargo, esto podría no estar disponible en China.

De hecho, los informes sugieren que las empresas se están atrincherando aún más en lo que se se trata de horas extras mientras intentan recuperarse de las pérdidas causadas por covid-19.

Krista Pederson, consultora que trabaja con multinacionales y corporaciones chinas de Pekín, dice que ha observado esta tendencia.

Las empresas chinas consideran que su cultura laboral tiene ventajas frente a los mercados como Estados Unidos o Europa, donde la gente tiende a trabajar menos horas: “saben que tienen trabajadores dedicados que son despiadados y que harán lo que sea necesario para salir adelante, incluido trabajar todo el tiempo”, asegura.

Con una cultura laboral tan exigente, los empleados seguirán abordando el problema de una manera que les funcione.

A pesar trabajar sin descanso, Gu Bing ama su trabajo y acepta que le roben su tiempo libre.

“A veces, creo que la noche es perfecta, incluso hermosa”, señala. “Mis amigos y yo conversamos por la noche y a veces escribimos canciones juntos. Es tranquilo y calmado”.

Y existe la opción, para los afortunados, de conseguir otro trabajo, que es lo que hizo Emma Rao, cambiando finalmente su trabajo 996 por uno un poco menos exigente.

Sin embargo, Rao ha descubierto que es difícil deshacerse de los viejos hábitos.

“Es una venganza”, dice sobre su hora de acostarse tarde. “Para recuperar algo de tiempo para ti”.


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