Estudiantes de la primera Universidad del Bienestar amagan con paro
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Estudiantes de la primera Universidad del Bienestar amagan con paro por cambio de sede

El pasado 19 de febrero, Raquel Sosa, la coordinadora Nacional de las Universidades les informó que plantel cambiaría de sede al municipio de Jacala, dos horas de ahí y hasta cinco en transporte público.
5 de marzo, 2020
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Alumnos del Mexe, la primera de las 100 Universidades del Bienestar donde el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el programa en diciembre de 2018, amagan con iniciar un paro si no son escuchados ante su inconformidad por el cambio de sede anunciado por la coordinadora nacional, Raquel Sosa, el pasado 19 de febrero.

Se trata de la Escuela Normal Rural Luis Villarreal en Hidalgo, cerrada en 2003, y que sería reabierta para recuperar la historia y revalorar la carrera normalista, dijo en un acto multitudinario el presidente Andrés Manuel López Obrador, días después de iniciar su mandato.

Desde mayo de 2019 suman poco más de mil alumnos de tres generaciones. Y han pasado por el cambio de nombre en tres ocasiones, dejaron de ser normal rural, luego sólo normal y ahora el plantel se llama Universidad del Bienestar Benito Juárez García sede Francisco I. Madero.

La primera generación tuvo que tomar clase en la telesecundaria Lázaro Cárdenas aunque después fueron reubicados en cinco salones del ala norte de la hacienda donde operaba la Normal Rural, un terreno de 70 hectáreas donde también operan la  Universidad Politécnica Francisco I. Madero y el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Hidalgo (CECyTH).

La generación más reciente ingresó en enero pasado, pero el número es tal que no tienen cabida en el inmueble de la Normal y, ocupan las instalaciones de la primaria Lázaro Cárdenas, pero toman clase hasta en el suelo porque no hay espacio para grupos grandes y tampoco tienen servicio de limpieza, por lo que los mismos alumnos se encargan de asear las instalaciones con los insumos que ellos compran o la comunidad les dona.

La Coordinación de Universidades del Bienestar firmó en agosto de 2019 un convenio para el comodato de un terreno dentro de la hacienda de la Normal donde supuestamente se construiría el edificio de la Universidad del Bienestar, sólo faltaba la aprobación del proyecto arquitectónico, pero no ocurrió.

El pasado 19 de febrero, Raquel Sosa, la coordinadora Nacional de las Universidades les informó que ese plantel cambiaría de sede al municipio de Jacala, sólo a dos horas de ahí, dijo. “Pero eso es en carro, en transporte público son 4 horas o hasta cinco horas”, dice Dhamar García, una de las estudiantes, en entrevista con Animal Político.

Antes de esa reunión no habían tenido noticia alguna respecto a algún cambio de sede, menos aún porque en la convocatoria de ingreso se advierte que los estudios se realizarían en la Hacienda de la Normal.

“Nos llegó a sorprender Raquel Sosa, nos empieza a platicar y de repente da el anuncio del cambio de sede y nos desconcierta porque aunque el amor por nuestra escuela llegar hasta allá no sería una barrera, hay estudiantes que son padres y madres que no podrían ir, y también muchos de nuestros compañeros no tendrían dinero para desplazarse, si a veces entre todos cooperamos para comer”, dice Daniel Mendoza, otro alumno.

“El que quiera ir a donde se va a instalar la escuela y el que no, que vaya buscando una nueva casa de estudios”, dijo Sosa en la reunión, según coinciden los estudiantes en entrevistas por separado.

“No nos dio una explicación lógica de por qué nos teníamos que ir. Y nos duele porque creímos en su proyecto porque ellos dijeron que el proyecto nos iba a ayudar y nos iba a acercar a la educación a quienes no habían tenido las posibilidades o siguen sin tenerlas”, afirma Daniel.

El cambio de sede implicaría una deserción de 75% de la matrícula, asegura Dhamar, por aquellos que tienen hijos y por quienes no tendrían posibilidad de trasladarse, y peor aún el cambio que significaría para todos después de tener un año de estudios en ese municipio.

Entre los supuestos argumentos está que se cambiaban porque en el municipio de Jacala necesitan una universidad y, además, al irse evitarían algún conflicto con las otras instituciones que ocupan el espacio de la hacienda de la Normal, pero “no hay conflicto”, agrega la estudiante.

Por ello, este jueves 5 de marzo, los estudiantes acudirán a Palacio Nacional para manifestarse y solicitar interlocución con el equipo del Presidente o él mismo para que sus demandas sean escuchadas.

“En los cambios nos hemos ido adaptando, porque no sólo queremos pedir, sino también dar, pero esto no lo podemos dar, no nos podemos ir a otro lado”, dice Daniel.

De no encontrar respuesta, afirma Dhamar, incluso piensan en la posibilidad de irse a paro, como se encuentra la Universidad de Derecho Ponciano Arriaga desde el pasado 20 de febrero.

Sin planeación

Animal Político ha hecho solicitudes de información desde 2019 respecto a las 100 universidades del Bienestar, uno de los programas principales del gobierno del presidente López Obrador, anunciado por él en diciembre de 2018.

Aunque en la administración pública cada programa debe un análisis de pertinencia, programación, avance del proyecto y del ejercicio presupuestal, en más de una decena de preguntas, la respuesta fue “inexistencia”.

En la solicitud número 1100068819 se solicitó a la SEP los datos respecto a los lugares donde se preveía construir, instalar u operar las 100 nuevas universidades, el plan de construcción y operación de cada una o los procesos de obtención, compra, renta, donación, cesión, comodato de los terrenos donde se construirán, pero la dependencia dijo que no existía.

En la solicitud número 1100068119, se solicitó la documentación que diera cuenta de la pertinencia u objetivo que el gobierno federal pretende alcanzar al aplicar este programa; las proyecciones, metas, acciones, calendario de avances y todo aquello que explicara cómo se llevará a cabo dicho programa, desde su anuncio, hasta la operación de las 100 universidades; las reglas de operación, lineamientos, y reglamentos para operar.

La SEP respondió que no existe ningún documento con la información requerida. En cambio sólo adjunto ocho links con boletines de prensa, versiones estenográficas de las intervenciones del Presidente y conferencias de prensa en las que no se encuentra datos concretos respecto a lo solicitado.

También respondió que la Subsecretaría de Educación Superior “se encuentra en proceso de elaboración de los lineamientos para la operación del Programa en cita y una vez finalizado dicho proceso, la información se pondrá a disposición del particular”.

Y respondió exactamente con los mismos argumentos y links a la solicitud de información 1100068619 en la que se pidió la justificación legal sobre la decisión que el programa de Universidades fuese operado, como se anunció entonces, desde el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (Crefal), un organismo internacional, ajeno a la administración pública federal.

Sin embargo, esto también cambió, y en septiembre de 2019, mediante un decreto, se creó el Organismo Público Descentralizado “Organismo Coordinador de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García”, para encargarse del programa, cuya titular ha sido Raquel Sosa.

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El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

El pueblo bugis, en Indonesia, es un grupo étnico que reconoce cinco géneros sexuales. Pero el futuro de su cultura única en el mundo parece estar en peligro.
22 de abril, 2021
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La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores.

En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo.

En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros.

“Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo”, explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo.

También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente

A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes.

Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia.

Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

Getty Images
Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

“Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente”, señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente.

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales.

Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello.

“Muchos calabai trabajan en salones de belleza“, asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar.

“También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias”.

El quinto género

Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente .

Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad.

De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género.

Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres.

Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez.

“Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos”, explica Davies.

Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses

Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste.

Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes.

Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Getty Images
Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz.

Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre.

Someterse a este ritual, conocido como ma’giri’, y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos

Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu.

“Convertirse en bissu es una llamada del alma”, dice Eka, jefe de los bissu en Segiri.

“Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender”.

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. “Los bugis nos tratan muy bien”, prosigue. “Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis”.

Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos.

“Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica”, explicó Nasir. “Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis“.

Luchan contra su propia sexualidad

Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca.

Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga.

Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescritopor Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo.

El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe.

“Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI”, cuenta Davies.

Igualdad social

En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: “La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado”.

Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50

A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ.

“Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse”, recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis.

A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados.

“Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento”, añade Mattameng.

“Todos los bissu se vieron obligados a (renunciar) al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia”.

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales.

En 2018, el Jakarta Post informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida “disuasiva” para las personas que se identificaban como waria.

Un hombre en Makassar.

Getty Images
Hace poco, muchos bissu vivían con miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban incluso avergonzados de ser bissu.

“Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político”, lamenta Nasir.

“A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor”.

“En peligro”

Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío.

“El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai”, señala.

“En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción”.

Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

“Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu”, asegura Lathief.

“Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu”.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


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