"Somos la última generación que puede revertir la extinción de especies"
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Cortesía: Gerardo Ceballos.

“Somos la última generación que puede revertir la acelerada extinción de especies”

El científico mexicano Gerardo Ceballos está entre los seis finalistas del Indianapolis Prize 2020, galardón que reconoce a quienes contribuyen a conservar animales en riesgo de extinción.
Cortesía: Gerardo Ceballos.
Por Thelma Gómez Durán/Mongabay Latam
1 de marzo, 2020
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Hay libros que provocan ansiedad. Otros son un resorte que impulsan a tomar acciones, a no quedarse con los brazos cruzados. Gerardo Ceballos experimentó estas dos sensaciones cuando, a los 11 años, leyó El último chorlito. La historia tiene como protagonista a un ave solitaria, la única representante de su especie. Esa lectura lo llevó a dedicar buena parte de su trabajo científico a diseñar estrategias para la conservación de animales en extinción.

Desde 1989, Gerardo Ceballos, doctor en biología evolutiva, dirige el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre del Instituto de Ecología de la UNAM. Desde esa trinchera, junto con su equipo, ha diseñado estrategias para que especies como el jaguar o el perrito de la pradera tengan un futuro.

Lee: Operación jaguar: la carrera por proteger el hábitat del felino en México

También ha impulsado la creación de varias áreas naturales protegidas, entre ellas las reservas de la biósfera Chamela-Cuixmala, en Jalisco; y la de Calakmul, en Campeche.

Estas fueron algunas de las acciones que la Indianapolis Zoological Society tomó en cuenta para seleccionar al investigador mexicano como uno de los seis finalistas del Indianapolis Prize 2020, uno de los más importantes reconocimientos en el terreno de la conservación.

Los otros cinco finalistas del premio —cuyos nombres se dieron a conocer el pasado 18 de febrero— son Dee Boersma, especialista en pingüinos; la bióloga marina Sylvia Earle; John Robinson, vicepresidente de la Wildlife Conservation Society; Christophe Boesch, quien trabaja en la conservación de los chimpancés, y Amanda Vincent, dedicada al estudio y protección de las 44 especies de caballitos de mar.

El ganador se anunciará durante la primavera y la premiación se realizará el próximo 12 de septiembre.

Mongabay Latam conversó con el doctor Gerardo Ceballos sobre su trabajo científico y la crisis de extinción que tiene a muchas especies al borde de repetir la historia que se narra en El último chorlito.

Foto: Cortesía Gerardo Ceballos.

En 2010 y 2014 también fue seleccionado como finalista del Indianapolis Prize. De hecho, varios de los investigadores con los que compite también han sido finalistas en otros años. Es un premio con mucha competencia.

El premio Indianápolis es considerado el mayor reconocimiento en conservación en el mundo. Es por esto que es un reconocimiento muy competido. El haber estado ya nominado, y el que me hayan vuelto a nominar como finalista, me da una gran satisfacción. Y esto por varias razones. La primera es porque soy científico, hago conservación y busco que eso se traduzca en política pública. No es fácil hacer las tres cosas. Creo que hay poca gente que hace eso en su conjunto.

En segundo lugar, la mayoría de los seleccionados son de instituciones de conservación muy grandes, que tienen muchos recursos. En mi caso represento a un grupo de trabajo pequeño, universitario. Eso me hace sentir muy satisfecho. Poder competir contra otros grandes conservacionistas a nivel mundial es un reconocimiento que me llena de gusto. Este es un reconocimiento a la UNAM y a la educación pública de México.

Me da una enorme satisfacción que, aunque sea solo uno, ya esté México y Latinoamérica representada en estos premios.

Lee: En riesgo, la mitad de la población nacional de jaguares si el Tren Maya no cumple ley ambiental

¿Cuál fue la primera especie en la que puso su interés científico?

Empecé estudiando murciélagos, pero después hice el doctorado con pequeños mamíferos. Sabía que si quería hacer trabajo de campo, debía elegir un grupo de estudio que tuviera muchos datos. Además, me interesaban los roedores.

Descubrí, en términos científicos, las praderas de Janos (en el noroeste del estado de Chihuahua) y me interesé por los perritos de las praderas. Ya había leído un artículo sobre esta especie escrito por Bernardo Villa (pionero en el estudio de mamíferos silvestres en México); pero no había más referencias. Así que decidí estudiarlos.

¿Cuál fue la primera especie en la que puso su interés científico?

Empecé estudiando murciélagos, pero después hice el doctorado con pequeños mamíferos. Sabía que si quería hacer trabajo de campo, debía elegir un grupo de estudio que tuviera muchos datos. Además, me interesaban los roedores.

Descubrí, en términos científicos, las praderas de Janos (en el noroeste del estado de Chihuahua) y me interesé por los perritos de las praderas. Ya había leído un artículo sobre esta especie escrito por Bernardo Villa (pionero en el estudio de mamíferos silvestres en México); pero no había más referencias. Así que decidí estudiarlos.

¿Por qué estaba en riesgo de perderse esa colonia de perritos de la pradera?

En México se comenzó a perder población de esa especie por muchas razones. Una de ellas es que se registró una sequía muy grande y eso llevó a que la población solo se encontrara en mil hectáreas. También pensamos que hubo una epidemia de peste porque, de un día para otro, desaparecieron. Hemos trabajado mucho para recuperar esta colonia y hoy se encuentra en una superficie de unas seis mil hectáreas. La población que existe es de unos cien mil ejemplares. El objetivo es que lleguemos a tener unas 15 mil hectáreas con presencia de perritos de la pradera.

¿Por qué es importante esta especie para la conservación de los pastizales silvestres que hay en Janos?

Cuando empezamos a estudiar a los perritos de la pradera se les consideraba una especie plaga. De hecho, en Estados Unidos los siguen matando (los envenenan). Pero nosotros empezamos a estudiarlos y en 1994 publicamos un artículo en donde mostramos que es una especie clave para este ecosistema. Son animales gregarios, viven en colonias muy grandes; son diurnos y tienen muchos depredadores: águilas, gavilanes, coyotes… Por ello, para protegerse, lo que hacen es que se paran en sus patas traseras y miran a su alrededor. Para poder tener una adecuada visión del terreno, destruyen el mezquite y los arbustos que invaden el área. Eso ayuda a mantener el pastizal.

Al hacer hoyos y madrigueras, los perros de la pradera remueven el suelo, permiten que se infiltre el agua y crean refugios para muchas otras especies: tortugas, roedores, serpientes de cascabel. La estructura del ecosistema gira alrededor de ellos. Si se pierden los perritos de la pradera, el mezquite invade los pastizales.

Foto: Cortesía Gerardo Ceballos.

En Janos comenzó la reintroducción del bisonte hace poco más de una década, ¿cuáles han sido los resultados?

Reintrodujimos a una población pura de bisonte; en ese entonces llegaron 23 ejemplares, ahora hay más de 200. Así es que el programa ha marchado muy bien. Ahora, quisiéramos reintroducir al ciervo rojo. Hay registros de que esa especie se encontraba en la zona. Todavía hay un área muy grande que podríamos aprovechar. La idea es que, a lo mejor en esta década, podríamos tener todos los animales que alguna vez existieron en la zona.

¿Qué acciones se deben realizar para garantizar la salud de ese ecosistema?

En términos de biodiversidad es necesario evitar que siga la pérdida de pastizal, porque los menonitas han incrementado su presencia en el lugar y han devastado. No respetan reglas y hay mucha corrupción alrededor de todos los pozos de agua que han construido en la zona.

En los próximos cinco años, tenemos tres objetivos: que la población de perritos llegue a disponer de entre 10 y 15 mil hectáreas en la zona. Lo segundo es recuperar a la fauna grande, como la población de berrendos. Y lo tercero sería uno de los esfuerzos de restauración más grande del país: recuperar el pastizal en 50 mil hectáreas invadidas por el mezquite. Con nuestros estudios hemos aprendido cómo eliminar el mezquite y sembrar pastos nativos para recuperar el pastizal. Queremos proponer esta idea al gobierno federal. Si logramos poner en marcha esto, en cinco años podríamos recuperar esas 50 mil hectáreas.

¿Por qué Janos es un lugar clave en términos de conservación?

El desierto de Chihuahua es el último lugar en donde hay este tipo de pastizales en México. Y a pesar de que tenemos muchos problemas con el cambio de uso de suelo, sigue siendo la región mejor conservada del país. Además, las especies que ahí existen no se encuentran bien representadas en otras regiones de México.

¿Y qué lo llevó a trabajar con jaguares?

Empiezo con el tema porque unos cazadores se acercaron a preguntarme por qué no se podía cazar jaguares. Mi respuesta fue que estaban en peligro de extinción. Pero me puse a buscar información y encontré que había muy poca. Empecé a armar un equipo de trabajo que incluyó a diversos especialistas. Pero fue a raíz de que no había mucha información sobre esta especie que tiene una enorme relevancia en la cultura mexicana. Así que fue el primer mamífero grande con el que trabajé. En ese tiempo, la década de los años 90, comenzaban a utilizarse los estudios con radiocollares. Así que también eso fue un reto para mí.

Cuando ves a un jaguar en estado silvestre entiendes porque en el pasado fue tan venerado. Es un privilegio trabajar con un animal tan majestuoso.

Lee: Las reformas que necesita México para impulsar el desarrollo forestal sustentable

Además del jaguar, ¿hay otras especies con las que están trabajando en el laboratorio que dirige?

Hay muchas. Queremos hacer la primera reintroducción de un pez que se extinguió y que nada más queda en zoológicos: el cachorrito de Monterrey.

Este año queremos ir a hacer una expedición a República Dominicana, a buscar al solenodón, mamífero que parece una musaraña gigante. Es un insectívoro y uno de los pocos mamíferos venenosos.

¿Por qué Janos es un lugar clave en términos de conservación?

El desierto de Chihuahua es el último lugar en donde hay este tipo de pastizales en México. Y a pesar de que tenemos muchos problemas con el cambio de uso de suelo, sigue siendo la región mejor conservada del país. Además, las especies que ahí existen no se encuentran bien representadas en otras regiones de México.

¿Y qué lo llevó a trabajar con jaguares?

Empiezo con el tema porque unos cazadores se acercaron a preguntarme por qué no se podía cazar jaguares. Mi respuesta fue que estaban en peligro de extinción. Pero me puse a buscar información y encontré que había muy poca. Empecé a armar un equipo de trabajo que incluyó a diversos especialistas. Pero fue a raíz de que no había mucha información sobre esta especie que tiene una enorme relevancia en la cultura mexicana. Así que fue el primer mamífero grande con el que trabajé. En ese tiempo, la década de los años 90, comenzaban a utilizarse los estudios con radiocollares. Así que también eso fue un reto para mí.

Cuando ves a un jaguar en estado silvestre entiendes porque en el pasado fue tan venerado. Es un privilegio trabajar con un animal tan majestuoso.

Además del jaguar, ¿hay otras especies con las que están trabajando en el laboratorio que dirige?

Hay muchas. Queremos hacer la primera reintroducción de un pez que se extinguió y que nada más queda en zoológicos: el cachorrito de Monterrey.

Este año queremos ir a hacer una expedición a República Dominicana, a buscar al solenodón, mamífero que parece una musaraña gigante. Es un insectívoro y uno de los pocos mamíferos venenosos.

Foto: Cortesía Gerardo Ceballos.

¿Hay tiempo para revertir la velocidad con la que se están extinguiendo poblaciones de especies?

Tenemos poco tiempo. Somos la última generación que podemos hacerlo. Pero, por otro lado, creo que sí hay esperanza. Si somos catastróficos no vamos a lograr nada.

Además, hay muchas experiencias que han demostrado que es posible. En México, tenemos muchos casos de éxito de conservación: recuperamos el borrego Cimarrón, había menos de mil, ahora hay alrededor de 10 mil. También se recuperaron poblaciones de pecarís de labio blanco, de tortuga y de varias especies más.

Ahora trabaja en un proyecto que bautizó como “Stop Extinction”, ¿en qué consiste?

Es un proyecto muy grande, a nivel internacional, que estamos haciendo con Stanford y con una organización llamada Global Conservation. Tiene tres grandes objetivos: el primero es una base de datos pública sobre la distribución de los vertebrados en el mundo. Se va a desarrollar una aplicación para que esa información pueda consultarse. Además, en una sola página se podrá identificar a todas las organizaciones que estén trabajando, de una manera seria, con las diferentes especies.

Lo segundo es que queremos llegar acuerdos con varios países para implementar y apoyar acciones que eviten la extinción de poblaciones de especies.

El tercer punto será brindar información a la gente. Todo el mundo me pregunta qué podemos hacer para impedir que siga la extinción. Así que la aplicación servirá para guiar a la gente para que realice acciones concretas.

En México, Stop Extinction será mucho más detallado: vamos a mostrar todas aquellas especies que están en extinción y ayudar a impulsar proyectos para su recuperación.

¿Por qué me meto a mi edad a hacer una cosa tan complicada? Porque lo que yo quiero es salvar especies, esa es mi misión en la vida.

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El auto volador que completó un vuelo de prueba entre dos aeropuertos

El vehículo, llamado AirCar, voló de Nitra a Bratislava en Eslovaquia. Funciona con combustible regular y puede viajar hasta 1.000 km en el aire, dice su creador.
1 de julio, 2021
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AirCar, un prototipo de auto-avión híbrido, ha completado un vuelo de 35 minutos entre los aeropuertos internacionales de Nitra y Bratislava, en Eslovaquia.

Está equipado con un motor BMW y funciona con combustible regular.

Su creador, el ingeniero y piloto eslovaco Stefan Klein, dijo que puede volar unos 1.000 km a una altura de 2.500 metros, y que ha registrado hasta el momento 40 horas en el aire.

Solo necesita 2 minutos y 15 segundos para transformarse en avión.

Una experiencia “muy placentera”

Tras el vuelo, sus estrechas alas se plegaron a los lados.

Klein lo sacó de la pista y lo condujo directamente hacia la ciudad, bajo la mirada de algunos reporteros invitados al evento.

Describió la experiencia como “muy placentera”.

En el aire, el vehículo alcanzó una velocidad de crucero de 170 km/h.

AirCar en el aire

Klein Vision
En poco más de 2 minutos, el auto se transforma en un avión.

Puede transportar a dos personas, con un límite de peso combinado de 200 kg.

Pero, a diferencia de los prototipos de drones-taxi, no puede despegar y aterrizar verticalmente y requiere de una pista.

Hay grandes expectativas en el naciente mercado de los autos voladores, algo que durante mucho tiempo en la cultura popular se vio como un hito a alcanzar.

En 2019, la consultora Morgan Stanley predijo que el sector podría tener un valor de US$1,5 billones para 2040.

Y en un evento de la industria el martes, el director ejecutivo de Hyundai Motors Europa, Michael Cole, calificó el concepto como “parte de nuestro futuro”.

Se considera una posible solución a la presión sobre las infraestructuras de transporte existentes.

“Un mercado enorme”

La compañía detrás de AirCar, Klein Vision, fundada por Stefan Klein, dice que el prototipo tardó unos dos años en desarrollarse y que se invirtió en ello “menos de 2 millones de euros” (unos US$2,4 millones).

AirCar en el aeropuerto

Klein Vision
El ingeniero y piloto eslovaco Stefan Klein es el diseñador de AirCar.

Anton Rajac, asesor e inversor de Klein Vision, dijo que si la compañía pudiera atraer incluso un pequeño porcentaje de las ventas globales de aerolíneas o taxis, tendría un gran éxito.

“Hay alrededor de 40.000 pedidos de aviones solamente en Estados Unidos”, señaló.

“Y si conseguimos cambiar el avión por el autor volador en un 5% de ellos, tenemos un mercado enorme”.

“Muy interesante”

Stephen Wright, investigador principal en aviónica (electrónica aplicada a aviones) y aeronaves de la Universidad del Oeste de Inglaterra, describió el AirCar como “el hijo natural de un Bugatti Veyron y un Cessna 172”.

Y no cree que el vehículo vaya a ser particularmente ruidoso o antieconómico en términos de costos de combustible, en comparación con otros aviones.

“Tengo que admitir que se ve muy interesante, pero tengo cientos de dudas sobre la certificación“, dijo Wright.

“Cualquiera puede hacer un avión; el truco está en hacer uno que vuele y vuele durante horas con una persona a bordo sin sufrir un accidente”.

“Estoy deseando ver el documento que acredite que es seguro para volar y para comercializar”.


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