Así enfrentará el 'Comando' del Hospital Juárez a la enfermedad COVID-19
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Foto: Andrea Vega

Así enfrentará el 'Comando' del Hospital Juárez a la enfermedad COVID-19

El Hospital Juárez de México es uno de los que fue designado como Hospital COVID, para enfocarse en la atención de esta enfermedad.
Foto: Andrea Vega
31 de marzo, 2020
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El Hospital Juárez de México, uno de los que ahora se conocen como hospital COVID, por estar en la primera línea de defensa para enfrentar esta enfermedad, cuenta por ahora con un caso confirmado y seis sospechosos. Pero a finales de mayo la institución espera llegar a su límite y tener que destinar hasta 500 camas para atender a los afectados por el nuevo virus.

Martín Antonio Manrique, director del hospital, tiene a su gente desplegada en lo que han llamado el Comando Operativo Hospitalario, integrado por 22 personas de todas las áreas, desde mantenimiento hasta Gobierno. El líder del grupo es el doctor Antonio Aguilar, titular del área de Vigilancia Epidemiológica Hospitalaria.

Entérate: Habrá “reconversión hospitalaria” para atender a pacientes graves por COVID-19 con 1,283 camas

Este comando es el que evalúa el escenario frente a la epidemia todos los días, y en base a eso se toman decisiones, explica Manrique en entrevista con Animal Político.

“Este grupo que está en sesión permanece y emite un reporte todos los días a las 5 de la tarde, va analizando los detalles de la respuesta: cómo están las instalaciones, que no existan fallas en los equipos, en el mantenimiento de los mismos, revisan si podemos soportar los ventiladores con nuestra subestación eléctrica, los insumos disponibles, el estado de los pacientes, todo”.

Entre los faltantes se ha identificado que se necesita más personal. “Ya solicitamos más recurso humano, nos faltarían 15 médicos y 80 enfermeras, hasta ahora ya identificamos a 8 médicos que pueden entrar y alrededor de 30 enfermeras”, dice el directivo.

Por ahora en el hospital hay sólo un caso confirmado de COVID-19 y otros cinco casos sospechosos, de los que se espera su confirmación por parte del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (InDRE). El resultado, que debía llegar en 24 horas, está tardando, hace ya cinco días que se enviaron las muestras. “Es que tienen ya más trabajo y a nosotros nos faltan reactivos y la certificación para poder hacerlas”, explica el director.

De todas formas a los pacientes se les tiene aislados y se les trata como caso confirmado. Todos están estables, en terapia intensiva, y tres van evolucionando bien.

Han llegado, además, 57 personas con sintomatología de enfermedad respiratoria a quienes se les valoró, de ellos 12 han sido probables casos COVID, pero con enfermedad leve, a quienes se les ha enviado a su casa en aislamiento.

La reconversión

Para recibir a los pacientes afectados por el virus, Manrique explica que iniciaron la reconversión del hospital hace tres semanas. Lo principal fue destinar la primera área para los pacientes, la de urgencias respiratorias.

“Separamos esa área que era de urgencias general para recibir ahí todas las urgencias de padecimientos respiratorios, desde niños hasta adultos. Y usamos lo que era el área de Rehabilitación para urgencias generales porque por ahora tenemos que seguir atendiendo a los pacientes que lleguen por otras enfermedades, aunque si es necesario se les irá remitiendo a otros hospitales, para eso también tenemos coordinación diaria con las otras instituciones de salud, tanto federales como de la CDMX y del Estado de México”.

El director del Hospital Juárez dice que por ahora tienen 14 camas disponibles de terapia intensiva para los pacientes más graves con COVID. “Rebasado eso, podemos disponer del área de recuperación de quirófanos para llegar a 30 camas”.

Además, todo el segundo piso sur está ya desalojado y aislado para los pacientes en estado no tan crítico que no requieran intubación, hay ahí 40 camas más ya dispuestas.

“Ya hemos disminuido la ocupación hospitalaria a menos del 50% para tener más capacidad de respuesta en salas generales de hospitalización – explica Manrique– que también tendrían que aislarse”.

En el peor escenario, este hospital podría disponer hasta de 500 camas para los pacientes COVID. “No todas de terapia intensiva, por supuesto, y la verdad es que sería un esfuerzo titánico, pero si se necesita, se podría hacer”.

El personal, asegura, el director, ya está preparado. “Desde que empezó la fase 1 los reunimos en el auditorio y les explicamos lo que venía. La gente sabe qué personal debe usar los trajes especiales (los de astronauta), los googles, los guantes, las mascarillas N95 y ese es el personal que está en contacto directo con los pacientes afectados, los demás agua y jabón, mucha higiene y sana distancia”.

Los empleados de los grupos de riesgo ya se fueron de descanso: 195 personas en total, entre mayores de 65 años y personas con enfermedades como diabetes e hipertensión, así como mujeres embarazadas, entre ellos 45 médicos pero solo dos que estaban en área crítica, en terapia intensiva.

Como este es un hospital escuela, los internos de pregrado (antes de servicio social) ya se fueron de descanso también. Pero los residentes se quedan, 400 en total.

Por ahora en el hospital las zonas COVID ya están bien delimitadas. En la entrada de urgencias respiratorias hay una médico residente lista para dar a los pacientes que ingresan un cubrebocas y gel con alcohol.

“Dependemos de la gente, si estos días se quedan en su casa, no tendremos que llegar” a los niveles que se tuvieron con la epidemia de influenza en 2009, cuando los médicos tuvieron que atrincherarse hasta una semana para atender a los pacientes enfermos”, dice Martín Antonio Manrique, quien en ese entonces era subdirector del Hospital de Infectología en el Centro Médico Nacional La Raza, del IMSS.

“La emergencia era tal (en ese entonces) que no podíamos irnos a casa”, recuerda Manrique, quien espera que eso no suceda con esta pandemia.

“La epidemia no empezó aquí, como en 2009, hemos tenido tiempo y oportunidad, pero las oportunidades se acaban y la población debe entender su responsabilidad para mitigar la propagación, tienen que quedarse en casa”, insiste Manrique.

Mientras que el médico espera que la población haga su parte, el personal del Hospital Juárez se alista con su Comando Hospitalario. Esto es, como ya se ha dicho varias veces, una guerra contra un nuevo enemigo, que, en México, se prepara para dar la batalla.

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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