Madre con COVID-19 enfrenta el reto de cuidar a su hijo con discapacidad
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Madre con COVID-19 enfrenta el reto de cuidar a su hijo con discapacidad

Muchas mujeres se enfrentan solas a atender a un familiar con discapacidad y sin contar con un empleo formal.
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30 de marzo, 2020
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Rocío García ya estaba preocupada por las dificultades que la emergencia sanitaria implica para el cuidado de su hijo Diego, con trastorno del espectro autista, cuando se contagió sin saber cómo de COVID-19.

Ahora tiene que estar aislada dentro de su casa para no exponer a su familia —que dio negativo a la prueba—, pero aun así se encarga de guisarle para que alguien más le dé de comer.

“Comencé con problemas para respirar, un agotamiento extremo, dolor de huesos como tipo reumatismo y un dolor continuo de cabeza. Tengo apenas cuatro días produciendo flemas, pero con una sensación de un sabor horrible”, cuenta en entrevista con Animal Político a través de mensajes de texto, ya que le falta el aire para hablar.

Entérate: Gobierno alerta sobre violencia contra mujeres en confinamiento pero frena recursos a refugios

Aunque no estuvo en contacto directo con personas que hayan viajado, utilizaba el transporte público y estuvo en la multitudinaria marcha de mujeres el 8 de marzo en la Ciudad de México. Contactó a las autoridades de Salud, que le pidieron contestar un cuestionario para evaluar la posibilidad de que estuviera contagiada y sí la consideraron candidata a serlo, porque además sufre enfermedades crónicas: púrpura y diabetes. Le pidieron que a partir de ese momento se pusiera en aislamiento, en lo que personal del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) iba a su casa a examinarla.

Al día siguiente, llegaron a checarle oxigenación, pulmones, temperatura, ritmo cardíaco, presión arterial y a hacerle una prueba de exudado faríngeo, con la que un día después confirmaron el contagio de COVID-19. La “buena noticia” fue que es solo portadora y no transmisora, por lo que no era recomendable ingresarla a un hospital, a menos que se complicara.

Pero ha tenido problemas para respirar. Un neumólogo le recomendó el viernes ir directamente al INER, pero no quiso, por temor a que la fueran a internar y tuviera que dejar a Diego a cargo de su hermana.

Pasa casi todo el día confinada en su habitación, aunque sí puede transitar por su casa, evitando contacto físico y usando cubrebocas todo el tiempo; tiene sus trastes personales y los lava aparte, además de desinfectar los objetos que utilice.

Los médicos no le cobraron nada, pero ella tuvo que pagar las medicinas que, por fortuna, considera, son baratas: paracetamol y salbutamol, que le costó 120 pesos.

Con estas medidas, no puede atender las necesidades de su hijo, que no se asea por sí mismo cuando va al baño, no sabe lavarse los dientes, necesita apoyo para tareas como abrocharse las agujetas y ponerse algunas prendas de ropa, además de que últimamente requiere más supervisión porque le ha dado por salirse a la calle.

Las personas con autismo se caracterizan por necesitar rutinas diarias, por lo que romper aquello a lo que están acostumbradas implica un estrés y una dificultad para sus cuidados.

Rocío no trabaja desde que a su hijo, de 14 años, lo diagnosticaron con tercer grado de autismo, el más severo, para poder dedicarse de tiempo completo a él, ya que cuando tuvo un empleo el niño no podía ir a la escuela. Su otra hija, de 17 años, se ha vuelto quien los cuida a ambos ahora que ella está enferma, y su marido, que no ha dejado de salir de casa para ir a trabajar, apoya cuando llega en la noche.

Al menos Rocío tiene esta red familiar y los ingresos de una pareja, pero muchas mujeres como ella se enfrentan solas a atender a un familiar dependiente, la mayoría sin un trabajo formal para poder dedicarse a estas labores, y por lo tanto difícilmente tendrán ingresos durante las medidas de distanciamiento social dictadas por el Gobierno ante la pandemia por el nuevo coronavirus.

Apoyo a familias, apenas una ayuda

En México hay al menos 7 millones de personas con discapacidad y prácticamente todos tienen algún grado de dependencia por la falta de infraestructura necesaria, y el Consejo Nacional de Población (Conapo) calcula que en total hay más de 40 millones de personas que necesitan algún tipo de cuidado, ya incluyendo a niños pequeños y a adultos mayores.

El trabajo no remunerado en los hogares, si fuera pagado, representaría 23.5% del Producto Interno Bruto (PIB), 5.5 billones de pesos, donde lo hecho por las mujeres sería 2.6 más que los hombres, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Un tercio de eso es solo de cuidados a personas dependientes.

Rocío cuenta con los ingresos del programa de la Ciudad de México “Mi beca para empezar”, de 400 pesos mensuales, y de la Pensión para Personas con Discapacidad Permanente lanzada por el actual gobierno federal, de 2 mil 620 pesos al bimestre. Con motivo de la contingencia, este programa adelantó uno de los pagos a los 800 mil inscritos que hay, aunque no es dinero extra.

Con el afán de apoyar a quienes tienen hijos con discapacidad, la asociación “Apapache A: Apoyo para padres con hijos en espectro autista AC” recibe donativos para comprar despensas a estas familias en la cuenta 0118045980201 de BanBajío. Quien desee más información o su recibo deducible de impuestos, puede escribir a [email protected] o al teléfono 55-1227-2685.

Margarita Garfias, activista por los derechos de las personas con discapacidad y madre de un adolescente con epilepsia, cuenta que hay una inquietud generalizada que ya está detonando problemas de salud mental por el estrés extra al que están sometidas las mujeres en situación como la suya.

Para empezar, dice, porque como la mayoría tiene trabajos informales, la cuarentena las está dejando sin ingresos para conseguir lo que sus hijos requieren. Hace unos días, por ejemplo, platicó con una madre que ya no tenía para pagar el envío de unas sondas que necesita su hija.

Otra preocupación grave para la cual hace un llamado al Estado, es que por priorizar la atención a pacientes de COVID-19 los servicios de salud dejen en segundo término a quienes tienen otros padecimientos o necesitan tratamientos especializados. Conoce el caso de un niño al que le están retrasando estudios, y otro que sufre neumonía de repetición y estaba recibiendo tratamiento inmunológico, pero ahora le dijeron que se lo iban a suspender mientras se atiende la emergencia.

“Están poniéndolo más en riesgo. Es horrible que de repente todas las autoridades volteen a ver el COVID-19 y dejen a los enfermos crónicos a su suerte. Y esto se va a agudizar porque al no tener seguimiento médico, hay retrocesos, aumenta la discapacidad y con ello los cuidados”, lamentó.

“Entonces son cosas muy fuertes que no solamente te pegan en lo económico, en lo físico, sino también en lo mental y lo emocional. Sí es una carga más desigual la que enfrentamos las mujeres. Las crisis son como una lupa, que de repente te deja ver lo podrido que está el sistema y lo solas que están las personas, mayormente mujeres, que cuidan”.

Recomendaciones internacionales

Garfia pertenece al movimiento Yo Cuido Latinoamérica, integrado por organizaciones de y para cuidadoras, personas con discapacidad y enfermedades crónicas, que emitió un pronunciamiento para pedir a los gobiernos de toda la región que garanticen los derechos de estas personas frente a la pandemia del coronavirus COVID-19.

“Si el Estado no actúa de manera corresponsable toda la carga y las consecuencias de esta crisis recaerán en nuestros cuerpos, tiempos y familias. Esto perpetuará la feminización, explotación, informalidad, y desigualdades que implica el trabajo doméstico y de cuidados. Injustamente somos nosotras las que siempre nos quedamos en casa para realizar el trabajo de cuidados que sostiene nuestras sociedades y economías”, señaló.

Solicitó, en términos económicos, apoyos monetarios inmediatos para reducir el riesgo de que las personas con discapacidad y sus familias caigan en la pobreza o mayor vulnerabilidad.

En protección social, el reconocimiento de la condición de dependencia y probabilidad de enfermar de la persona cuidadora y su persona de cuidado, ya que su salud y vida se pueden ver en riesgo “en caso de colapsos hospitalarios, donde los equipos médicos priorizarán a quienes no tengan limitación terapéutica producto de su diagnóstico de base”. Además, asegurar el acceso a insumos básicos para quienes requieren de cuidados por dependencia.

En términos laborales, pidieron medidas de reducción de jornada de trabajo y flexibilidad de horarios a quienes cuidan, así como más estancias infantiles o casas de día y una verdadera inclusión escolar para personas que requieren atención especial.

Y en salud, vacunación universal inmediata contra influenza y sarampión, y continuidad y calidad de atención a quienes tienen padecimientos crónicos y discapacidad. En el mediano plazo, pidieron que se busque dar prestaciones de salud a las cuidadoras, así como capacitación y especialización a quienes realizan esta labor sin remuneración.

La ONU Mujeres en México emitió también una serie de recomendaciones, partiendo de reconocer que las mujeres hacen en promedio 39 horas semanales de trabajo no remunerado y los hombres solo 14, de acuerdo con datos del Inegi y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Además de que el Estado adopte medidas con perspectiva de género, sugirió a los centros de trabajo enviar un mensaje de que se reconoce la carga de trabajo doméstico extra derivado de la contingencia, por lo que no pedirán lo imposible a sus trabajadoras. Establecer una lista del personal que tiene estas responsabilidades y pedir que por área se busquen las maneras para repartir tareas urgentes y permitir que esas personas puedan dedicarse a los cuidados que requiere su familia.

Dentro de los hogares, ONU Mujeres recomendó que haya corresponsabilidad y una mejor repartición de tareas, lavar trastes, preparar comida, limpiar la vivienda y atender a personas dependientes, para evitar que se cargue el trabajo sobre las mujeres, que son quienes suelen hacerlo.

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"Dejé a mi familia un instructivo de qué hacer si desaparezco": jóvenes en Nuevo León, en alerta constante

El aumento de la inseguridad ha llevado a las mujeres de Nuevo León a vivir en una alerta constante y a tomar sus propias medidas de seguridad ante el abandono, aseguran, de las autoridades.
14 de mayo, 2022
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Un paseo de pocos minutos por las calles del centro de Monterrey deja ver hasta cuatro fotos de personas desaparecidas. También hay murales con rostros y nombres de aquellos en paradero desconocido. Se ven en cada poste, en cada esquina.

Son la muestra cotidiana de la crisis que vive la capital y todo el estado de Nuevo León, en el norte de México, convertido en la cuarta entidad del país con más desaparecidos según cifras oficiales: más de 6,000.

Pero fue el reciente aumento de casos, especialmente de chicas muy jóvenes, lo que encendió todas las alarmas sobre la inseguridad que ha trastocado la vida diaria de miles de mujeres regiomontanas. Dicen que si no se cuidan ellas mismas, nadie lo hará.

“¿Cómo sé que eres periodista? ¿Por qué no usas grabadora?”, me preguntó con desconfianza Guadalupe, una mujer que estaba en un café pasadas las 10:00 de la noche en el barrio antiguo de Monterrey, considerado el motor industrial de México.

“Yo ya me había fijado que caminaste para allá, que luego te acercabas… Es que estamos como en alerta constante, hasta ese extremo llegamos”, me confiesa su amiga Diana, sentada en la misma mesa de la calle José María Morelos, la más animada de esta zona repleta de bares y restaurantes.

Ambas se niegan a “vivir con miedo encerradas”, pero no ocultan que esta noche “se pensaron un poco más” el salir las dos solas. “Sí estamos más observadoras porque no nos queda otra que cuidarnos. Duele y es triste, pero así es”.

Otras mujeres sí que optan por renunciar a su derecho a disfrutar de la noche.

En el emblemático salón Morelos, un local cercano con música en vivo, dicen que “desde el caso de Debanhi” reciben menos clientas y, sobre todo, ven que las que llegan se retiran a casa más temprano.

“Mira, es muy raro que ya veas por la calle a chicas solas. Siempre vienen en grupos grandes o acompañadas ”, dice María Palacios, una de sus trabajadoras, quien asegura que ahora están más pendientes de ellas cuando salen del bar o que “cuando están tomadas” se niegan a venderles más alcohol.

“Entre nosotras nos tenemos que cuidar”, afirma.

María Palacios

Marcos González / BBC
María Palacios ve cómo las mujeres jóvenes se marchan antes a casa del local nocturno donde trabaja.

Joven e hija de desaparecida

Nuevo León está bajo el foco desde que medios locales reportaran, a inicios de abril, la desaparición de ocho mujeres jóvenes en solo diez días, la mayoría en la capital Monterrey y su zona metropolitana.

Según cifras del gobierno, 376 mujeres fueron reportadas este año como desaparecidas en este estado hasta el 12 de mayo. De ellas, 48 permanecen como “no localizadas” y seis aparecieron sin vida.

Y en un país donde el 95% de denuncias generales queda en la impunidad, el papel de las autoridades a la hora de garantizar la seguridad y de investigar estos casos está bajo el punto de mira.

Map

Pero lo cierto es que esta tragedia ya golpea a Nuevo León desde hace mucho tiempo. Lo sabe Maya Hernández, una joven estudiante de psicología clínica cuya madre, Mayela Álvarez, desapareció en Monterrey hace casi dos años.

Teniendo entonces apenas 16, a Maya le tocó madurar de golpe y no solo liderar la búsqueda sino también dirigir su casa, en la que vive con su abuela y un hermano pequeño.

“Antes de que mi mamá desapareciera, yo no tenía idea de que esto era una crisis social. Y entonces me di cuenta de que no soy la única, que hay muchos desaparecidos en Nuevo León. Y que en lugar de ir disminuyendo, han aumentado con los años”, le dice a BBC Mundo.

Asegura que, en todo este tiempo, no ha habido avances en la investigación. “La Fiscalía nos ha fallado”, denuncia, a la vez que exige la implicación del gobernador del estado, Samuel García, como ha hecho con otros casos recientes más mediáticos como el de Debanhi Escobar, María Fernanda Contreras o Yolanda Martínez.

“Que mi mamá desapareciera me hizo ser más precavida y tener más conciencia. Pero cada vez me siento más insegura porque puede que un día no regrese a casa”, reflexiona.

“¿Por qué no? ¿Por qué no podemos salir?”, pregunta a quienes dicen que esa sería la solución a esta crisis. “Tenemos derecho a divertirnos y no tendríamos que encerrarnos en casa. Ya lo hicimos por una pandemia, ahora no deberíamos hacerlo por la inseguridad”.

Maya Hernández

Marcos González / BBC
Maya Hernández reclama que casos como el de su madre sean atendidos de la misma manera como se ha dado seguimiento a otras desapariciones recientes más mediáticas.

BBC Mundo no obtuvo respuesta de sendas solicitudes de entrevistas al gobernador de Nuevo León y a la Fiscalía del estado, cuya labor ha sido duramente criticada por familiares de desaparecidos y que llegó a reconocer claras irregularidades en casos como el de Debanhi.

La fiscal de feminicidios estatal, Griselda Núñez, insistió este miércoles en descartar que exista una tendencia generalizada u organizada de violencia contra las mujeres en Nuevo León, por lo que aseguró que cada caso debe ser abordado individualmente.

“No existe una situación de desaparición o de secuestro de mujeres, sino que son condiciones específicas por cada uno de los hechos”, subrayó en una conferencia de prensa a la que asistió BBC Mundo.

Plaza de los desaparecidos

Marcos González / BBC
La rebautizada como plaza de los desaparecidos rememora en Monterrey a las miles de personas en paradero desconocido en el estado.

Instrucciones de búsqueda para familiares

Pero estos mensajes están lejos de tranquilizar a las mujeres de Nuevo León y de su capital, que optan por tomar medidas para protegerse de posibles ataques en una ciudad donde la inseguridad se siente como el tema de conversación de casi cada día.

Según Mariana Limón Rugerio, es “el desamparo por parte del Estado” lo que no les deja otra salida que organizarse. Y más en su caso, que siente el triple de vulnerabilidades como mujer, joven menor de 30 años y periodista de Monterrey.

“Yo dejé a mi familia un instructivo de qué hacer y a quién contactar si desaparezco” para ayudarles a lidiar “con el dinosaurio burocrático que es México”, asegura a BBC Mundo.

Mural de desaparecidos

Marcos González / BBC

Gracias a una aplicación, su familia puede monitorear su ubicación a través de su teléfono, del que la joven se comprometió a estar pendiente en todo momento.

Según sus propias instrucciones, sus familiares deben empezar a preocuparse si transcurren tres horas sin que ella dé noticias. Si pasan cinco, deben acudir inmediatamente a la Fiscalía y exigir que inicien su búsqueda, dado que esos primeros momentos de la desaparición son cruciales.

“Obviamente espero que nunca lo utilicen . Es muy agobiante explicarles a tus papás qué hacer si llegas a desaparecer. Pero prefiero que tengan un cuerpo que velar a que me tuvieran que buscar, porque a nivel psicológico es mucho más pesado para la familia no tener ni un cadáver que enterrar”, reconoce la periodista.

Las jóvenes regiomontanas con las que habló BBC Mundo han agudizado su ingenio en las últimas semanas a la hora de adoptar medidas de protección.

Desde compartir su ubicación a través del celular en todo momento, hasta llevar gas pimienta o aparatos de descargas eléctricas en el bolso, pasando por evitar publicar fotos en sus redes sociales a tiempo real para evitar que desconocidos sepan su ubicación al momento, son algunas de ellas.

Mural de desaparecidos

Marcos González / BBC
Nuevo León pide justicia para sus desaparecidas.

Mónica López, quien es maestra de educación especial de 26 años y vive en el municipio de Escobedo, lamenta que se vean obligadas a adoptar estas restricciones y limitarse por el hecho de ser mujeres.

“Pero, aunque no es justo, te acabas resignando por tu familia y por llegar viva a casa”, admite.

La joven le dice a BBC Mundo que, a raíz de los últimos casos, algunas de sus amigas entraron en una ansiedad social por la que se alegraban incluso de trabajar desde casa para no tener ni que salir. “Es una incertidumbre. Te limitas, pierdes la seguridad, restringes tus horarios…”.

“Yo tengo miedo porque yo sí salgo, sí estoy en la noche, sí voy a fiestas. Si llego a ser yo la víctima, ojalá que me digan ‘la maestra’ y no ‘la que desapareció porque estaba tomando'”, dice criticando a quienes tienden a revictimizar a las víctimas o sus familiares por su comportamiento como si eso justificara que las desaparecieran.

Mónica López

Marcos González / BBC
Mónica López comparte su ubicación casi en todo momento con grupos de amigas.

E inevitablemente, esa inseguridad de la que tanto se habla en Nuevo León salpica también a su trabajo y la relación con sus alumnos.

“Estableces muchos consejos y recomendaciones de seguridad, trabajas para que confíen en ti. Qué feo, porque son niños, pero al final es la cultura en la que están creciendo y a la escuela nos toca prepararlos para lidiar con eso”.

Mujer, joven y policía

Temprano en la mañana, en el parque Fundidora -actual pulmón verde de Monterrey tras décadas ocupado por la compañía de hierro y acero de la ciudad- se pueden ver a decenas de personas haciendo deporte.

Carolina Ayala, una chica de 25 años que acude casi todos los días a caminar en patines, dice que prefiere hacerlo a esa hora que en la noche. “Cuando está medio oscuro, hay mucho hombre, ya no sabes… a esta hora, como que está más seguro”.

Desde hace semanas, todo desplazamiento lo hace en el auto de su mamá o hermano. “No puedo andar sola, me da miedo, y eso que yo soy muy independiente. Pero toca cuidarse. Ahorita, ni de chiste me arriesgo”, cuenta antes de que llegue su madre, quien también hace deporte con ella.

Carolina Ayala

Marcos González / BBC
“Ni de chiste me arriesgo”, dice Carolina Ayala ante la posibilidad de hacer deporte al final del día.

Las autoridades, tan señaladas por las jóvenes por no garantizar su seguridad, se ven a veces en “una situación complicada” como la que reconoce vivir Gabriela Martínez.

Ella es policía local de Monterrey desde los 19 años, pero antes que nada es una mujer joven a la que también afecta el escenario actual.

“A pesar de trabajar en esta área, sí se tiene un temor porque también soy mamá. Creen que uno es policía 24 horas y que tenemos como ese chip de estar más alerta, pero eso tampoco quita que nos pueda llegar a pasar algo y estamos expuestas”, le dice a BBC Mundo.

La oficial asegura que, tras el incremento de la inseguridad hacia la mujer, los agentes de la ciudad han implementado medidas para aumentar el apoyo y protección a jóvenes mujeres en situación de vulnerabilidad, como por ejemplo acompañarlas cuando están esperando solas la llegada de su transporte.

Sin embargo, Martínez es consciente de que uno de los mayores retos de la policía es volver a ganar la confianza de la ciudadanía “que se perdió por cosas que pasaron en años anteriores” y lograr así que las mujeres se acerquen a ellos en situaciones de riesgo.

Gabriela Martínez

Marcos González / BBC
Gabriela Martínez dice que ingresó en la policía local de Monterrey con solo 19 años con la intención de aportar su granito de arena en la mejora de la seguridad del municipio.

“Yo, como mujer, obviamente voy a velar por las demás. Tengo una niña por la que me gustaría que también alguien se preocupara cuando anda en la calle. De verdad, que tengan la confianza en nosotros de que vamos a hacer todo lo posible para que lleguen bien a casa”, promete.

Pero la situación de inseguridad en Nuevo León no parece mejorar a ojos de muchas mujeres, quienes se muestran muy pesimistas sobre la posibilidad de una solución

Mientras algunas se ven obligadas a limitar sus movimientos para no terminar secuestradas, los familiares de las desaparecidas siguen alzando su voz para que sus casos no caigan en el olvido de las autoridades.

Ellos, como muchos otros, se siguen preguntando lo que los trabajadores de la Fiscalía estatal ven pintado en el suelo frente a su edificio en letras grandes, junto a los nombres de algunas de las miles de mujeres desaparecidas en el estado: “¿dónde están?”.


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