Mexicanos en Perú y El Salvador piden apoyo para regresar
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“Estamos atrapados”: mexicanos en Perú y El Salvador piden apoyo para regresar

Decenas de mexicanos que están atrapados por el cierre de fronteras piden apoyo a la SRE para volver a casa.
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Mexicanos que se encontraban en países en los que se decretó el cierre de fronteras, como El Salvador o Perú, piden ayuda para poder regresar. Tenían su vuelo programado pero la aerolínea lo canceló y ahora temen verse obligados a pasar una cuarentena alejados de sus familias.

La pandemia de coronavirus extiende también el fin de las certezas: no hay nada seguro más allá de lo inmediato. 

Al menos 300 ciudadanos mexicanos están atrapados en Lima después de que el presidente peruano, Martín Vizcarra, decretó el estado de emergencia.

Desde el lunes a las 23:59 nadie puede entrar ni salir del país. Personas como Alejandro Villavicencio vieron cómo sus aerolíneas cancelaban los vuelos, trataron de comprar cualquier boleto que les permitiera abandonar Perú. Tras una jornada de locura, desconocen qué va a ser de ellos.

Perú tiene detectados 173 casos de COVID-19. Por el momento no se han registrado víctimas mortales. 

“La Secretaría de Relaciones Exteriores ha trabajado con el Gobierno de la República de Perú, al que reconocemos su comprensión y apoyo, para facilitar el regreso de los mexicanos que están de visita en ese país hermano. Las aerolíneas también participando. Mañana detalles de lo alcanzado. No están solos. Ánimo”, dijo el canciller, Marcelo Ebrard, en un tuit publicado a las 21:27 horas del lunes. 

Animal Político quiso recabar más datos de la secretaría de Relaciones Exteriores, pero al cierre de la nota la única información recibida era el tuit de Ebrard. 

Alejandro Villavicencio, de 26 años y de Ciudad de México, tenía prevista una escala de diez horas y ahora está encerrado en un hotel. Aterrizó el Lima, Perú, el lunes a las 8 de la mañana, procedente de Santiago de Chile. Lo que debía ser una breve estadía obligada para tomar su vuelo de regreso a México se ha convertido en una parálisis que no sabe cuánto se va a alargar. 

“Estamos atrapados, sin ninguna comunicación clara y con muchas ganas de regresar a casa”, dice Alejandro

Lee: Quedarse sin empleo en Madrid y París o perder una estancia: el impacto del COVID-19 en mexicanos en el exterior

“Yo estaba en la parte de conexiones, tenía que salir de Lima a Ciudad de México. Durante este tiempo me pidieron desalojar el aeropuerto, incluso con el checking hecho en Interjet”, dice. “Ahora hay orden del gobierno de que no puede circular nadie y no sabemos qué va a ocurrir”, lamenta.  

El joven trabaja en la empresa Pearson, con base en Brasil. Ahí tuvo su convención hace dos semanas y aprovechó el viaje para pasear durante algunos días. “Todo iba marchando bien hasta que las autoridades decretaron la emergencia y la aerolínea canceló el vuelo”, se queja, en conversación telefónica desde un hotel de Lima. 

Villavicencio relata el caos registrado en el aeropuerto durante la jornada del lunes. “Nacionales e internacionales querían tomar vuelos, yo estuve formado de 9 de la mañana a 3 de la tarde, pero fue imposible. Estuvo tan aglomerado que tuvieron que desalojar a las personas que no teníamos boleto”, dice. 

En medio de la confusión, Alejandro quiso comprar otro boleto. Pero no obtuvo respuesta, ni él ni sus padres, que trataban de contactar con la compañía desde México.

La única respuesta: el vuelo se habilitará dentro de 15 días, plazo en el que se levantaría la cuarentena. 

El martes en la tarde, 45 personas acudieron a la embajada de México en Lima. “Tomaron nuestros datos, hicieron fotocopia y nos dieron una lista de hoteles en los que estaban recibiendo gente. Esa fue toda la respuesta”, se queja. 

El precio mínimo que están cobrando los alojamientos es de 45 dólares, dice el mexicano. 

Su reclamo: que se abra un vuelo especial para los mexicanos atrapados. “Algunas personas sin recursos o sin tiempo que no pudieron salir y se encuentran en el aeropuerto, los taxistas no quieren traerlos, es una zona peligrosa y no pueden llegar a Lima, que está a 40 minutos”, dice. 

Lee: Aumenta a 82 la cifra de personas con COVID-19 en México

“Hay niños, población adultos mayores, una persona embarazada”, alerta.

Mientras las calles de Lima se llenan de militares y policías, al joven le queda esperar a las gestiones del gobierno. “Mi situación es complicada, pero hay personas en situación peor”, dice. 

“Llamamos a emergencias de la embajada y nos contesta un buzón”

Jorque Enrique Portela Velázquez, de 41 años y residente en Aguacalientes, debería haber despegado hoy martes a las 8 de la mañana. Pero está atrapado en un hotel con su esposa y sus hijos.

“Estamos espantados. Se nos ha agotado el plazo para abandonar el país y nadie nos dice nada, las líneas de la aerolínea, Aeroméxico, estaban saturadas”, dice.

El último vuelo salió en la noche del lunes. Una de sus pasajeras relató a Animal Político que la aeronave iba llena y que muchos de los pasajeros eran tripulantes de otras aerolíneas que abandonaban Perú antes del cierre de fronteras y el estado de emergencia. 

“Llamamos a la línea de emergencia de la embajada y solo nos habla un buzón de voz”, dice. 

En su caso, trató de rentar un AirB&B pero le reembolsaron el dinero porque los vecinos no querían extranjeros. El pánico ante la enfermedad puede sacar reacciones atávicas, como la xenofobia. La sensación de enclaustramiento que provoca el estado de emergencia puede detonar la sospecha hacia el extranjero.

Portela se queja de que nadie les da respuesta: ni las autoridades mexicanas ni las aerolíneas les han atendido y teme tener que pasar los próximos 15 días en un país que no es el suyo y sin poder desarrollar su trabajo.

También muestra su preocupación por los compatriotas atrapados en zonas más alejadas, como Cuzco, en los Andes peruanos. 

“Hay gente que está ahí varada y se pasa mal por la altura. Ahí te falta el aire y hay gente que no tiene ni dónde quedarse”, dice.

Como Tom Hanks en la terminal de San Salvador

El caos aeroportuario no ocurrió solo en Perú. En El Salvador, una decena de mexicanos se quedó varada.

Su presidente Nayib Bukele decretó la suspensión de vuelos con México tras un confuso episodio en el que acusó sin pruebas al gobierno de Andrés Manuel López Obrador de permitir el acceso a un vuelo de Avianca con destino a San Salvador a doce pacientes con COVID-19.

El canciller, Marcelo Ebrard, desmintió esta información, pero el grupo de mexicanos sigue atrapado sin poder regresar.

Odile Juárez, de 33 años y de Ciudad de México, es una de las pasajeras atrapadas. Relata que llegó a San Salvador procedente de Lima, donde estaba de vacaciones junto a otras 12 amigas.

Finalmente, solo 4 lograron comprar un boleto para salir de Perú, mientras que el resto tuvo quedarse.

Lee: Mexicanos en Italia y España: así viven la cuarentena por COVID-19

El vuelo debía despegar a las 19:56 horas. “A las 15 horas empezaron a cerrar las tiendas y decir que el estaba cerrado. A las 18:00 horas el avión estaba en la puerta. A una hora y media cancelaron todos los vuelos. Nadie salía y nadie entraba. La gente se empezó a entrar en pánico. Estábamos encerrados en un aeropuerto”, explica, en conversación telefónica.

Al tener visado, Odile logró un vuelo hacia Houston. El resto, sigue en el aeropuerto. 

El Salvador no ha registrado ningún caso de COVID-19 hasta el momento. El gobierno ha decretado el cierre de las fronteras y previamente sometió a cuarentena en centros de detención a las personas que llegaban del extrajero.

“Nos convertimos en Tom Hanks en la película La Terminal, encerrados en el aeropuerto”, dice Juárez. 

Al igual que los mexicanos de Perú, organizaron un grupo de WhatsApp y trataron de comunicar con las autoridades mexicanos. 

“Ninguno tenemos síntomas, hay un paramédico que lo ha certificado”, se quejaba, en la noche del lunes. 

El canciller, Marcelo Ebrard, prometió atender al grupo a través de un tuit, que respondía las denuncias públicas hechas por Juárez. 

“En la embajada han sido muy amables. Los de la aerolínea no dicen nada, están aventando la bolita”, protestó. 

La suspensión de vuelos entre México y El Salvador fue decretada el lunes por el presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

Horas antes había acusado a México de “irresponsable” por, presuntamente, permitir el acceso de 12 pacientes con COVID-19 a un vuelo entre Ciudad de México y San Salvador.

Avianca aceptó las recomendaciones de Bukele y desalojó el aparato, aunque sin hacer pruebas a los viajeros. “Eso es algo que no nos corresponde a nosotros”, dijo una fuente de la compañía a Animal Político.

Finalmente, el canciller Marcelo Ebrard explicó que los supuestos pacientes eran doce jóvenes salvadoreños residentes en Chicago y que no tienen ningún síntoma de la enfermedad. 

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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