Los mitos del COVID-19: Ni el ajo, ni el enjuague bucal te protegen del coronavirus
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Los mitos del COVID-19: Ni el ajo, ni el enjuague bucal te protegen del coronavirus

Por Samedi Aguirre
12 de marzo, 2020
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De acuerdo con las autoridades mexicanas, hasta ahora se han confirmado 12 casos de COVID-19 en México, pero antes de que corras a comprar agua salina o enjuague bucal para “prevenir el contagio”, revisa algunos de los mitos que las autoridades ya han desmentido.

Ni solución salina, ni enjuague bucal

De acuerdo la Secretaría de Salud (SS), enjuagarse la nariz con solución salina y hacer gárgaras con enjuague bucal, no pueden prevenir el contagio del nuevo coronavirus, pues no hay evidencia de que estas prácticas protejan a las personas de contraer el nuevo coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también dice que aunque algunas pruebas indican que enjuagarse la nariz regularmente con solución salina puede acelerar la recuperación tras un resfriado común, no se ha demostrado que prevenga las infecciones respiratorias.

El ajo tampoco previene

Aunque el ajo es un alimento saludable que puede tener algunas propiedades antimicrobianas, no hay evidencia de que comer ajo proteja a las personas del nuevo coronavirus.

Los antibióticos no funcionan

No, el COVID-19 es un virus, los antibióticos no funcionan contra virus, por lo tanto, no deben usarse como un medio de prevención o tratamiento.

Sin embargo, OMS advierte que si alguien resulta infectado por este virus y le hospitalizan, es posible que le administren antibióticos para que no contraiga infecciones bacterianas.

Ni perros ni gatos podrían contagiarte 

La Secretaría de Salud señala que actualmente no hay evidencia de que los animales como perros o gatos pueden infectarse con el nuevo coronavirus, aunque siempre es una buena idea lavarse las manos con agua y jabón después del contacto con las mascotas. 

No canceles tu pedido desde China

Si pediste un envío por paquetería y te llegará desde China, no tienes nada de que preocuparte. La SS dice que las personas que reciben paquetes o cartas de China no corren el riesgo de contraer el nuevo coronavirus, pues los coronavirus no sobreviven por mucho tiempo en objetos, como cartas o paquetes.

Si eres joven, no eres inmune al COVID-19

El virus COVID-19 puede contagiar a personas de todas las edades. Aunque es verdad que las personas adultas mayores y las personas con enfermedades crónicas como asma,  diabetes y obesidad, pueden ser más susceptibles a enfermar gravemente.

La OMS aconseja a las personas de todas las edades que tomen medidas para protegerse del virus, por ejemplo, mediante una buena higiene de manos y respiratoria.

La vacuna contra la influenza no te protege contra otra enfermedad

Las autoridades advierten que las vacuna contra la influenza no brinda protección contra el nuevo coronavirus, este es tan nuevo y diferente que necesita su propia vacuna. Pero vacunarse contra la influenza es muy recomendable para proteger la salud. La OMS dice que ya se está desarrollar una vacuna específica, en la que ya se está trabajando con el apoyo de la OMS.

No hay un medicamento contra el COVID-19

La OMS señala que por el momento, no se recomienda ningún medicamento específico para prevenir o tratar la infección por el nuevo coronavirus.

Sin embargo, es necesario atender adecuadamente a las personas infectadas por este virus para aliviar y tratar los síntomas y procurar medidas de apoyo optimizadas a los que presenten síntomas graves. Se están estudiando algunos tratamientos específicos que se probarán en ensayos clínicos.

El aceite de sésamo tampoco te protege del COVID-19

De acuerdo con la OMS, el aceite de sésamo no mata al nuevo coronavirus. Aunque también menciona que hay desinfectantes químicos que, aplicados sobre las superficies, pueden matarlo, como los desinfectantes a base de lejía o cloro.

Sin embargo, estos productos tienen una eficacia escasa o nula contra el SARS-CoV-2. Si se aplican en la piel o bajo la nariz y, además, pueden dañar la piel.

El secador de manos tampoco mata al Covid-19

Los secadores de manos, como los que hay en algunos baños públicos tampoco matan al 2019-nCoV, no importa cuanto tiempo dejes tus manos debajo de ellos. De acuerdo con la OMS, el virus que causa la enfermedad COVID-19 puede transmitirse en cualquier zona, incluidas las de ‎clima cálido y húmedo.

Para protegerse contra el nuevo coronavirus (2019-nCoV), no hay nada mejor que lavarse las manos frecuentemente con un gel hidroalcohólico o con agua y jabón. Una vez limpias, séqueselas bien con toallitas de papel o con un secador de aire caliente.

Las mascarillas N95 no se reciclan

La OMS señala que las mascarillas o cubrebocas, incluidas las mascarillas clínicas planas y las de filtro N95, no deben reutilizarse. Se debe quitar tomando la parte frontal, tirarla correctamente envuelta en una bolsa de plástico, y lavarse las manos con un gel hidroalcohólico o con agua y jabón.

No, tampoco se deben usar lámparas ultravioleta para desinfección

De acuerdo con la OMS no se deben utilizar lámparas ultravioletas para esterilizar las manos u otras partes del cuerpo, ya que la radiación ultravioleta puede causar irritación de la piel.

Tampoco te bañes con alcohol o con cloro

La OMS también señala que rociar todo el cuerpo con alcohol o cloro no sirve para matar los virus que ya han entrado en el organismo. De hecho, podría ser contraproducente, pues estas sustancias puede dañar la ropa y las mucosas de los ojos y la boca.

El alcohol y el cloro pueden servir para desinfectar las superficies, siempre que se sigan las recomendaciones pertinentes.

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La curiosa historia de cómo el sábado y el domingo se convirtieron en "fin de semana"

La jornada de trabajo de cinco días con un descanso de 48 horas entre el sábado y el domingo es un hecho plenamente aceptado en muchos lugares del mundo. Pero esta costumbre no es tan antigua como puede parecer. Te contamos cuál es su origen.
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24 de enero, 2020
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La idea de reducir la semana laboral de un promedio de cinco días a cuatro está ganando terreno en el mundo.

Las empresas y los políticos han estado considerando un cambio hacia menos horas dedicadas al trabajo, aunque más productivas. Sin embargo, la idea también ha sido ridiculizada.

Como historiador del ocio, me parece que hay una serie de paralelismos entre los debates de hoy y los que tuvieron lugar en el siglo XIX, cuando el fin de semana, como lo conocemos en la actualidad, se introdujo por primera vez.

Tener sábados y domingos fuera del trabajo es en realidad un fenómeno relativamente moderno.

La práctica del “Lunes Santo” imitaba las fiestas religiosas para brindar a los trabajadores un descanso prolongado cada semana

A lo largo del siglo XIX, las leyes redujeron las horas de trabajo en las fábricas e introdujeron descansos regulares.

Pero el fin de semana no surgió simplemente a raíz de una legislación gubernamental, sino que fue moldeado por una combinación de campañas.

Algunas fueron liderados por movimientos de vacaciones de medio día, otros por sindicatos, empresas comerciales de ocio y los propios empleadores.

La creación del fin de semana en Gran Bretaña fue un asunto gradual e incluso desigual, que tuvo que superar las tradiciones populares no oficiales que caracterizaron la semana laboral durante el siglo XIX.

El “Lunes Santo”

Durante gran parte del siglo XIX, por ejemplo, los artesanos calificados adoptaron sus propios ritmos de trabajo, ya que a menudo contrataban espacios para talleres y eran responsables de producir artículos para sus compradores semanalmente.

Esto dio lugar a la práctica del “Lunes Santo”. Si bien imitaba las fiestas religiosas, en realidad era una costumbre completamente secular, promovida por los trabajadores para tener un descanso prolongado en la semana laboral.

Trabajadores, ilustración

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Para poder disfrutar del domingo y del “lunes santo”, en la industria se trabajaba intensamente a partir del martes para terminar los productos el sábado por la noche.

Tradicionalmente trabajaban intensamente a partir del martes para terminar los productos el sábado por la noche para poder disfrutar el domingo como feriado legítimo. Pero también se tomaron los lunes libres para recuperarse del sábado por la noche y los excesos del día anterior.

A mediados del siglo XIX, el Lunes Santo era una institución popular en la sociedad británica. Tanto así que el ocio comercial -como salas de música, teatros y salones de canto- organizó eventos en estas vacaciones no oficiales para aprovechar la oportunidad.

Inicialmente, las fábricas también adoptaron la tradición del Lunes Santo, a pesar de que los fabricantes se opusieron constantemente a la práctica, ya que perjudicaba la productividad.

Pero los trabajadores tenían una devoción religiosa a esa festividad no oficial, lo que dificultaba que se rompiera el hábito. Así fue como continuó prosperando en las décadas de 1870 y 1880.

No obstante, los organismos religiosos y los sindicatos estaban dispuestos a introducir unas vacaciones más formales en la semana laboral.

Las autoridades religiosas argumentaban que un descanso el sábado mejoraría la “cultura mental y moral” de la clase trabajadora.

Por ejemplo, en 1862 el reverendo George Heaviside registró el tono optimista de muchos líderes religiosos cuando, escribiendo en el periódico Coventry Herald, afirmó que un fin de semana permitiría buenas condiciones para una fuerza laboral renovada y una mayor asistencia a la iglesia los domingos.

Trabajadores, ilustración

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Distintos factores confluyeron para permitir que el descanso de la semana laboral se convirtiera en las 48 horas de sábado y domingo.

Los sindicatos, mientras tanto, querían asegurar un descanso más formalizado en la semana laboral que no dependiera de la costumbre.

De hecho, la creación del fin de semana todavía se cita como un logro en la historia de los sindicatos.

Una fuerza laboral sobria

En 1842 se formó un grupo de campaña llamado Asociación de Cierre Temprano. Presionó al gobierno para mantener el sábado por la tarde libre para el ocio de los trabajadores a cambio de un día completo de trabajo el lunes.

La asociación estableció sucursales en ciudades manufactureras clave y sus miembros provenían de las élites civiles locales, los fabricantes y el clero.

Se alentó a los empleadores a establecer sábados de medio día, ya que la Asociación de Cierre Temprano argumentó que fomentaría una fuerza laboral sobria y trabajadora.

Los grupos de abstinencia de los sindicatos también vieron el sábado de medio día como un vehículo para avanzar en la respetabilidad de la clase trabajadora.

Se esperaba que rehuyeran la embriaguez y los deportes brutales como las peleas de gallos, que tradicionalmente se habían asociado con el Lunes Santo.

Trabajadoras, ilustración

Getty Images
Las clases trabajadoras lograron el descanso del fin de semana hace relativamente poco tiempo.

Para estos activistas, el sábado por la tarde fue señalado como el día en que las clases trabajadoras podían disfrutar de “recreación racional”, una forma de ocio diseñada para evitar el desarrollo de malos hábitos e incentivar el desarrollo de actividades educativas y elevadoras.

Por ejemplo, en Birmingham durante la década de 1850, la asociación escribió en el periódico Daily News que los sábados por la tarde beneficiarían a hombres y mujeres. Había recomendaciones como la siguiente:

“Haga un viaje al campo o, aquellos que se deleitan en la jardinería o cualquier otra actividad que requiera luz del día, podrían emplear su medio sábado de manera útil en vez de trabajar, o podrían emplear su tiempo en mejoras mentales o físicas”.

Oportunidad de negocios

En todo el país, una floreciente industria del ocio vio el nuevo medio día del sábado como una oportunidad de negocio.

Los operadores de trenes acogieron la idea, cobrando tarifas reducidas para los excursionistas al campo los sábados por la tarde.

Con un número creciente de empleadores que adoptaban la idea del medio día, los teatros y las salas de música también cambiaron su entretenimiento estelar de lunes a sábado por la tarde.

Quizás la actividad de ocio más influyente para ayudar a forjar la semana moderna fue la decisión de organizar partidos de fútbol el sábado por la tarde.

La “locura del fútbol”, como se la llamó, despegó en la década de 1890, justo cuando la nueva semana laboral comenzaba a tomar forma.

Por lo tanto, los sábados por la tarde se convirtieron en unas vacaciones muy atractivas para los trabajadores, ya que facilitaban las excursiones más baratas y las nuevas formas de ocio.

Personas en la playa, ilustración

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La costumbre moderna de hacer paseos al aire libre los fines de semana empezó a tomar forma en el siglo XIX.

La adopción del fin de semana moderno no fue ni rápida ni uniforme, ya que, en última instancia, la decisión de una fábrica de dejar libre la mitad del sábado recaía en el empresario.

Las campañas para un fin de semana establecido habían comenzado en la década de 1840, pero no logró una adopción generalizada hasta 50 años más tarde.

A fines del siglo XIX, hubo un fuerte impulso para marcar el sábado por la tarde y el domingo como fin de semana.

Si bien tenían sus diferentes razones, los empleadores, los grupos religiosos, el ocio comercial y los trabajadores vieron el sábado por la tarde como un descanso ventajoso en la semana laboral.

Esto sentó las bases para el fin de semana completo de 48 horas como lo conocemos ahora, aunque esta práctica solo se estableció en la década de 1930.

Una vez más, el fin de semana fue aceptado por los empleadores al descubrir que el descanso completo del sábado y domingo reducía el ausentismo y mejoraba la eficiencia.

*Brad Beaven es profesor de historia social y cultural de la Universidad de Portsmouth.

Lee la historia original en inglés en The Conversation


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