Un río violeta de miles de mujeres avanzó para tirar la violencia machista
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#8M: Un río violeta de miles de mujeres avanzó para tirar la violencia machista

“Es la primera vez que veo tantísimas mujeres y me da mucho gusto. Cada año yo decía nadie nos pela, ni a las mismas mujeres les importa, y por fin lo logramos”, dijo una de las jóvenes que marchó este 8 de marzo en la capital.
Por La equipa editorial
9 de marzo, 2020
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Nunca se había visto algo igual en la Ciudad de México: la concentración más grande de mujeres que se haya registrado en el país se vivió este domingo 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujeres. Las autoridades calcularon que asistieron 80 mil, pero quienes marcharon y quienes las vieron desfilar dijeron que fueron muchas más. Todas unidas para protestar contra la violencia machista, la desigualdad entre hombres y mujeres, el acoso, las violaciones, los feminicidios y toda violencia de género.

El año pasado ya había sido la marcha más grande de un 8 de marzo y se juntaron alrededor de 25 mil. Ahora fueron cuatro, cinco, seis veces más.

Las protestas arrancaron temprano. A las nueve de la mañana, un primer grupo se reunió en el Zócalo para pintar nombres de víctimas de feminicidio. Armadas con pintura blanca, dejaron ahí los nombres que más tarde recibirían a las marchistas: Jaqueline, Claudia, Adriana, Ana, Blanca, Obdulia, Esmeralda…

La cita para la marcha era a las 2 de la tarde en el Monumento a la Revolución, pero desde mucho antes ya no podía caminarse por la explanada por culpa de la presencia de mujeres con playeras, pañuelos o sombrillas moradas y verdes. Por las calles de la colonia Tabacalera y en varios puntos de Reforma se reunían pequeños grupos de chicas con una hora de anticipación para llegar juntas al punto de encuentro. El Metro y Metrobús iban llenos, y más de la mitad eran mujeres vestidas de morado. Había de todas las edades. Desde mujeres cerca del siglo de vida hasta niñas que apenas aprendieron a caminar.

El área se llenó tanto, que el espacio se volvió insuficiente y los contingentes del frente se empezaron a formar en Paseo de la República para salir directamente a la glorieta del Caballito, y comenzar la protesta. Más de 30 mil llenaban la zona cuando la marcha arrancó, poco después de las 14 horas.

Pero las mujeres no dejaron de llegar para tratar de tomar un lugar dentro del gran contingente. El orden establecido por las organizadoras era: familiares de víctimas de feminicidio al frente, luego madres con hijas menores de 12 años, contingentes de mujeres, organizaciones sociales o políticas, y al final un contingente mixto con hombres que iban acompañando a novias o amigas, y dando su respaldo a la igualdad entre géneros. Cuando las primeras llegaron al Zócalo, las últimas no habían salido del Monumento a la Revolución.

Pronto se llenó de mujeres el camino desde el punto de salida y hasta el Zócalo, que era el punto de llegada de la marcha, que seguía nutriéndose sin que terminaran de salir del Monumento a la Revolución, que está a 2.5 kilómetros de distancia.

La Avenida Juárez, que justo en marzo se empieza a vestir de morado por las jacarandas, fue completamente un río violeta. Como jacaranda, el feminismo florecía sobre la calle entre tantas playeras y pancartas moradas.

Miles marchaban por primera vez, convencidas de que será la primera de muchas. Jovencitas de apenas 18 años que iban con sus amigas, o mujeres de mediana edad, incluso solas que ahí encontraron con quien unirse en consignas y reclamos.

Mujeres cargando bebés, en silla de ruedas, con bastón, con bicicletas e incluso con mascotas conformaron un gran contingente homogéneo que avanzó a paso constante.

Para Jaqueline, una joven que acudió por primera vez a una marcha feminista, salir a las calles era necesario. “Por todo lo que sufrimos como mujeres, las violaciones, el acoso en la escuela por parte de profesores compañeros, y el que vivimos en todos lados a donde vamos”.

Ana, quien también estaba en su primera protesta, explicó que tenía rato queriendo vivir la experiencia, pero nunca se enteraba de cuándo eran las marchas. Esta vez vio la convocatoria en redes sociales y acudió sola. Originaria de Texas, Ana dijo que marchar con otras mujeres le encantó. “Por mí lo haría cada fin de semana”.

“Ni una más, ni una más, ni una asesinada más” y “porque vivas se las llevaron, vivas las queremos”, gritaban las mujeres. “Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer; y arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer”, “y tiemblen, y tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista”, “con falda o pantalón, respétame cabrón”, “señor presidente, no sea indiferente”, “no, no, no, no somos infiltradas, somos feministas y estamos informadas”, eran otras de las consignas. Al ritmo de tambores o a capela, colectivos de mujeres cantaban consignas mientras avanzaban sobre Paseo de la Reforma.

Marcharon Mariana y Marimar, hija y hermana de Ana María Dehesa Nieves, asesinada hace un año por su pareja, que está considerado “desaparecido” por las autoridades y por eso no ha avanzado la investigación.

“No ha pasado nada (con el caso). Pero aquí estamos por ella”, comentaron.

Marchó la madre de las hijas del exmagistrado denunciado por agredir sexualmente a las pequeñas, con una pancarta exigiendo justicia.

“Es la primera vez que marcho y lo hice por ellas. Y de ahora en adelante, ¡a todas! Me impresionó, ¡qué fuerza!”, dijo.

Al llegar frente a Bellas Artes, donde está la llamada Antimonumenta por los feminicidios de México -ocurren 10 al día en el país-, algunas madres alzaron un grito por la justicia para sus hijas.

Mientras la marcha avanzaba, Lorena Gutiérrez tomó el micrófono en un contingente y exigió justicia por su hija Fátima, asesinada en febrero de 2015.

“A mi hija Fátima la mataron, solo tenía 12 años. Tres hombres le quitaron la vida cuando volvía de la secundaria”, contó acompañada de mujeres con cruces rosas, en homenaje a las víctimas de feminicidio.

Ya en el Zócalo, nuevamente se dio voz a las familiares de mujeres asesinadas para contar sus historias, revivir el nombre de sus hijas, pedir que acabe la impunidad en los crímenes atroces contra las mujeres.

Habló la madre de Alejandra García, asesinada en 2001, sin que se haya castigado al culpable. Habló una mujer a nombre de Josefina García, que no pudo ir porque todavía está devastada tras perder a su hija hace apenas unas semanas. Habló la hermana de Sara Abigail Salinas Sandoval, que después de seis meses sin resultados en la investigación reclamó que su hermana no solo fue víctima de un hombre, sino del sistema patriarcal, y de un sistema de justicia que no le está sirviendo.

Los contingentes iban llegando al Zócalo mientras en el Monumento a la Revolución apenas salían las últimas a las 4 de la tarde, las que llegaron a ser 80 mil mujeres inundando el centro de la capital.

Pintas y enfrentamientos

Como en otras marchas, hubo algunos destrozos. El Gobierno de la ciudad había resguardado monumentos y comercios con vallas de metal de unos tres metros de alto. En las más de cuatro horas que duró la movilización, grupos radicales lograron derribar la mayor parte y hacer pintas en las paredes, exigiendo justicia y clamando contra el patriarcado y el Estado machista.

Al llegar a la Avenida Juárez, un grupo de jóvenes prendió fuego a la puerta de un edificio abandonado, que fue apagado minutos después sin causar lesionados. En el Hemiciclo, otro grupo pintó consignas como “Fue el Estado” y “Machos” en las vallas metálicas del monumento, que fue inmediatamente protegido por un grupo de mujeres policía.

En Bellas Artes, un contingente derribó una de las láminas con la que se protegía la estatua de Francisco I. Madero, y realizaron pintas. Inmediatamente se desplegó un numeroso grupo de policías en la zona y las jóvenes continuaron con la marcha, no sin antes lanzar reclamos a las uniformadas.

A cada brote de mazazos y pintas, algunas mujeres pedían “no violencia”, aunque otras manifestaban su apoyo gritando “fuimos todas”, para que ninguna fuera señalada y sufriera represalias.

En la calle 5 de mayo, esquina Monte de Piedad, un grupo de jóvenes intercambió empujones con mujeres policía que trataron de intervenir cuando pintaron en la pared de un edificio. La Brigada Marabunta formó un cinturón humano para que las policías no se acercaran, y después de los reclamos por parte de las manifestantes, y de que las policías rociaran extintores contra las jóvenes, los contingentes avanzaron a la plancha del Zócalo.

Las mujeres continuaron ingresando al Zócalo, cuya plancha se encontraba cercada, debido a la celebración de un concierto la noche del sábado. Sin embargo, abrieron paso derribando las vallas y tomaron todo el espacio.

Uno de los momentos de más tensión fue a la llegada al Zócalo, ya que de frente a las manifestantes, afuera de la Catedral, se instalaron grupos provida que acusaban que el aborto —uno de los derechos que impulsa el movimiento feminista— es el mayor feminicidio del mundo. Eran alrededor de 20 hombres y apenas un par de mujeres, que rezaban padresnuestros y avesmarías.

“Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal”, corearon las mujeres al encontrarse con eso. “Fuera de aquí”, “No les importa la vida”, reclamaron

“¡Viva Cristo Rey”, respondía un joven con un crucifijo en mano.

Pero también había entre tres y cinco hombres más violentos, uno de ellos incluso haciendo saludos nazis, con un paliacate azul cielo en el cuello, como utilizan quienes defienden “las dos vidas” (antiaborto), que en un momento gritó a las mujeres: “déjense venir, perras”.

Entonces hubo un intercambio de objetos arrojados, algunas mujeres les tiraron el agua que traían en sus botellas, mientras que algunos hombres lanzaron garrafones de agua y trozos de madera a las manifestantes.

Hombres mayores y miembros de brigadas de paz civiles formaron una valla humana para evitar que hubiera contacto entre ambos grupos. Hasta que finalmente la policía formó un cerco para rodear a los activistas provida.

En dos ocasiones, las oficiales agredieron a las manifestantes con los escudos, y ante los reclamos, un grupo de mujeres con playeras naranjas, identificadas como “Diálogo y convivencia” acudían a mediar y pedían respetar a las policías. En un momento intentaron detener una manifestante que se encontraba parada en el sitio, pero varias mujeres rodearon a las oficiales y les exigieron liberarla, lo cual terminaron haciendo, entre empujones con sus escudos.

Finalmente se obligó a los hombres violentos a irse, además de pedir a los que estaban contra la marcha que, por su propia seguridad, también se retiraran.

Otro momento de violencia ocurrió detrás del templete, frente a la puerta principal de Palacio Nacional. Las manifestantes habían hecho pintas también en las paredes y encarado a las policías. Pero de pronto se lanzaron cinco bombas molotov, una después de otra, que generaron llamaradas de unos tres metros de alto.

La mayoría de mujeres corrió para alejarse, mientas en el templete las invitaban a pasarse del lado de la explanada para estar seguras. Pero el ataque provocó que el fuego alcanzara a una fotógrafa y otras mujeres. Una de las chicas que tiró una de las bombas fue identificada y algunas le tiraron golpes, pero la Brigada Marabunta ayudó a sacarla de la concentración para evitar un linchamiento.

El aquelarre

Las voces de víctimas seguían llenando el ambiente y las mujeres del final de la marcha llegaron al Zócalo a las 5:30 de la tarde. Hubo un pase de lista: por Isabel Cabanillas, Marichuy Jaime, Eugenia Machuca, Lilia Alejandra García Andrade, Viridiana Sánchez, Daniela Ramírez, Ernestina Ascencio, Mariana Lima, Ámbar Dolores Vázquez, Ingrid Escamilla, Fátima… y tantas más.

La jornada finalizó con una fogata gigante al centro de la plancha del Zócalo, alimentada con tarimas de madera que estaban en la explanada, pancartas y combustible para alimentar el fuego.

Alrededor de la fogata, mujeres cantaron consignas y bailaron.

“Hay una sonoridad muy bonita y se siente el apoyo muy chido”, señaló Zuly, una de las jóvenes que se encontraba en el aquelarre.

Con una sonrisa en el rostro, recordó cómo en años pasados la marcha del 8 de marzo era poco concurrida y las exigencias de las mujeres no eran tomadas en cuenta.

“Es la primera vez que veo tantísimas mujeres y me da mucho gusto. Cada año yo decía nadie nos pela, ni a las mismas mujeres les importa, y por fin lo logramos”, expresó.

Danaé, una joven que participó en la acción directa en la marcha, explicó que esta es la primera vez que radicaliza su manera de protestar, indignada por los feminicidios y la violencia sexual contra las mujeres.

“Esta es la primera vez que soy un poco más radical, y al principio no me gustaba el feminismo, pero después empecé a juntarme con amigas feministas y a reflexionar sobre la violencia de género. Por eso estoy aquí y todos los días me levanto”, dijo.

Pasadas las seis de la tarde, cuando muchas ya se habían retirado, desde el templete se anunció que el acto concluía. Seguían las voces, los intercambios de experiencias entre mujeres. En la Antimonumenta, chicas se presentaban para contar experiencias de violencia. El día que un hombre las forzó; la amiga que ya nunca volvió.

En medio de un operativo policiaco y los trabajadores de limpia de la Ciudad comenzando a borrar las pintas en los edificios y recoger los vidrios rotos, una mujer tomó el micrófono y dijo, con voz entrecortada pero firme: “Ya no le tengo miedo a los hombres, ya no”.

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

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La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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