Norma Bastidas: de víctima de explotación sexual a maratonista
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Norma Bastidas: de víctima de explotación sexual a récord Guinness de ultramaratón

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7 de marzo, 2020
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Se tardó más de 20 años en darse cuenta y aceptar que había sido una víctima. La mexicana Norma Bastidas ya estaba en lo alto de su carrera deportiva: había sido la mujer más rápida en correr siete ultramaratones en los siete subcontinentes en siete meses, el 777 Run for sight, y recibió un reconocimiento de la popular presentadora estadounidense Oprah Winfrey. Pero todavía no había hablado nunca en público del infierno que vivió en su juventud.

Fue hasta 2012, que decidió correr de Vancouver, Canadá, donde vivía, de vuelta a su casa familiar, en Mazatlán, Sinaloa, donde había empezado una vida de abusos y violencia machista. Corrió durante 78 días. Cuando cruzó la frontera con México, en Tijuana entró en contacto con una red de refugios para víctimas de trata de personas. Hasta entonces, ella había asumido con culpa sus años trabajando con hombres en un bar de Japón, a donde llegó engañada a los 19 años, y ahí la ayudaron a entender que no había sido su culpa.

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De visita en México para el lanzamiento del documental Woman, que se presenta este domingo en el Museo Memoria y Tolerancia y da voz a dos mil mujeres sobre lo que significa ser mujer, Norma charla con Animal Político sobre cómo transformó el curso de su historia.

Habla tan rápido como corre. Solo tiene media hora para dar entrevistas y toda una vida que contar. Sufrimientos que todavía le entrecortan la voz cuando los recuerda, pero triunfos que le iluminan la mirada, al explicar que los ultramaratones son carreras de más de 50 kilómetros, 100, 500, y que le encanta el reto de pasar días corriendo sola durante horas.

El primer abuso sexual que sufrió fue a los 11 años, en su propia familia. Hoy, a sus 52, también alza la voz para que se hable de eso, de que las niñas mexicanas viven violencia desde que nacen en su entorno más próximo y la comunidad lo permite.

A los 19, le ofrecieron un supuesto trabajo para ser modelo en Japón. Era la posibilidad de ayudar económicamente a su familia y lo tomó. Pero se encontró con que en realidad había sido vendida a un bar que la puso a trabajar con hombres, a hacer cosas que ella no quería, le quitó su pasaporte y sin conocer ni el idioma ni a nadie, quedó en una situación de vulnerabilidad absoluta.

Pero en 1986, dice, no se hablaba de trata de personas y la idea que tenía de la esclavitud sexual era una mujer encadenada, sin comer, maltratada, y lo suyo no se veía tan mal. Las mujeres en ese entorno le repetían una y otra vez que lo que hacía era normal y le permitía mandar dinero a su familia. Que entre menos luchara, más tranquila se iba a sentir.

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Ella trató de ir a la policía japonesa una vez, pero la ignoraron.

—¿Cómo escapaste?

“No escapas… De alguna manera llega alguien y te ayuda”.

Hasta en la prostitución hay clases sociales, explica, y en ese mismo bar había geishas de clase alta, mujeres que sí estaban ahí por su propia cuenta, pero que no hacían cosas que no querían.

“Como sucede en los masajes, que hay quienes sí dan masajes, y en la parte de atrás hay personas vulnerables que las traen, que no tienen papeles, que están siendo forzadas”, cuenta.

Una de esas fue la única persona que la escuchó de verdad y cuando pudo recuperar su pasaporte, la ayudó a entrar a una escuela para obtener visa de estudiante y aprender japonés. Norma, que ya tenía problemas con la bebida, seguía trabajando en el bar porque no tenía dinero, pero ya no en esa “parte de atrás”.

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Un día, trataron de matarla en la calle. Quizá un recordatorio de que no era tan fácil salirse, cree. Y cuando fue a la policía, otra vez ignoraron su denuncia por el tipo de negocio al que había estado vinculada.

Entonces conoció a un canadiense que le pidió matrimonio y aceptó sin pensarlo.

“Es triste, lo quise mucho pero es triste que no hay rescate, y muchas veces es la única manera de una mujer de salir adelante, un matrimonio. Porque ya tenía educación, ya hablaba japonés y aun así todavía no había manera de yo parar la violencia. Es triste que solo respetamos a una mujer si está casada. Y es mundial”, señala.

Se fue a Canadá, donde estudió una carrera, consiguió trabajo, tuvo dos hijos y aunque se divorció a los pocos años, su vida ya parecía normal. Pero seguía cargando en su espalda el peso de su pasado: en México supieron lo que hacía en Japón y siempre se sintió juzgada.

Cuando su hijo mayor cumplió 11 años, le diagnosticaron una enfermedad degenerativa en los ojos, una distrofia de conos y bastones que lo dejaría ciego, y que empezó a avanzar muy rápidamente.

“Ahí sí, todo el mundo se me fue abajo, porque perdí mi empleo, toda la seguridad que yo pensé que ya tenía… Porque, te lo dicen: si ya no sales, ya no fumas, vas a la escuela, si estás educada, no sales con hombres, tu vida va a ser normal. Y ahí me di cuenta de que no es tan fácil. Porque la mujer, siempre, por ser mujer, que regularmente somos las que estamos a cargo de los hijos. Y al momento que mi hijo fue diagnosticado de que iba a perder la vista, la que se hizo cargo, que tuvo que dejar el empleo, fui yo”, lamenta.

“Pero fue donde dije: esta vez no lo voy a manejar como me he manejado antes. Voy a luchar. Y empecé a correr porque no podía dormir. Porque sentía tanta rabia, de decir: bueno ya, ya me toca vivir una vida más tranquila. Y pensaba: ¿cuántas veces tengo que volver a empezar? Pues las que sean necesarias. Así de fácil”.

Entre más corría, mejor se sentía, y entre más estrés y preocupaciones, más corría. Así que lo convirtió en una rutina. Hasta que una amiga le propuso ir a correr el maratón de Boston.

“Estaba por cumplir los 40 años, y el que te dé alguien un poquito de esperanza de algo, cuando tu vida está fuera de control, que no tienes control de si te van a despedir o no, si tu hijo va a perder la vista mañana o en 10 años, y que te den esa esperanza de algo que tú puedes controlar, porque yo me puedo levantar, ponerme los zapatos e irme a correr… Eso fue algo increíble. Y corrí mi primer maratón como ocho meses después de que había empezado a correr. Y entonces dije: ¿qué más tengo yo de potencial adentro que no me he dado la oportunidad? De aquí en adelante yo los límites no los encuentro”.

Empezó a hacer activismo con las carreras que hacía, para recaudar fondos para fundaciones que ayudaban a personas con problemas como el de su hijo. Ahí se dio cuenta de que el deporte era una llave para abrir la puerta a la atención de la gente, que no sabe preguntar “¿cómo estás?” y no quiere involucrarse en problemas ajenos; pero a través de las carreras sí se interesaban por ella, y de paso, terminaban informándose de la enfermedad de su hijo y ofreciéndole ayuda.

También fue una manera de poder hablar con los hombres y empezar a educarlos, dice, porque el deporte es un espacio que ven más como suyo, y al encontrar una mujer con esos logros, entonces sí le ponen atención.

Después de unos años, su hijo decidió que había aceptado la condición con la que vive y ya no quería que los esfuerzos de su madre fueran por tratar de encontrarle una cura. Fue ahí cuando Norma se dio cuenta de que si su hijo ya no la necesitaba, con la plataforma de atención que ya tenía, valía la pena adoptar como causa la lucha contra la violencia que ella misma había vivido.

Le querían dar un premio en su natal Sinaloa por su activismo por la enfermedad de su hijo. Y ella solo pensaba que había hecho lo que cualquier madre haría, pero a ella no la habían aceptado antes con su historia de vida, porque cuando había dicho que fue víctima, la respuesta había sido que no, que lo hizo porque quiso.

“¡Salí huyendo de mi comunidad y ahora me quieren dar un premio! Dije no. Si me aceptan, que me acepten con todo, o que me odien por todo. No es justo porque estoy teniendo la misma tenacidad para salir adelante como víctima de trata y de violencia sexual que para salir adelante como madre de un hijo con una discapacidad. Es la misma tenacidad y no podemos decir: esto sí te admiro, pero esto no. Entonces ahí fue donde dije que sería más fácil si me fuera corriendo que si mentalmente regresara al pasado. Y decidí: eso voy a hacer”.

Llamó a su carrera “Corriendo a casa, la lucha contra la violencia”, porque si la violencia no se erradica desde donde empieza, no se va a terminar, afirma. A ella, huir de su casa no la protegió, porque a donde iba se encontraba con más violencia.

Hasta entonces no había hablado públicamente de lo que vivió, sino solo con pocas personas que la conocían y querían. “Es una cosa que no te sana el hablarlo públicamente; te sana hablarlo con las personas adecuadas que sabes que van a reaccionar adecuadamente para ayudarte. Eso es lo que sana. El secreto no. Pero hablarlo públicamente y exponerte a la revictimización es una de las cosas más peligrosas”, reflexiona. Aun así, decidió que era el momento.

Norma transformó su condición de víctima a la de sobreviviente. Para ella, no se es víctima solo cuando se está viviendo una situación como la explotación sexual, sino también después, porque las secuelas en su caso la seguían marcando, porque llegó a pensar que no tenía la habilidad de tomar buenas decisiones en su vida y que nunca iba a lograr salir adelante ni lo merecía. Se asumió como sobreviviente al darse cuenta de que no fue ella, sino las circunstancias.

“Esa es la diferencia… Mi pasado no cambia; lo que cambió es mi percepción de lo que sucedió. Es cuando sabes que el pasado no te va a definir y no te va a destruir. Que claro que te va a afectar muchas veces de una manera negativa, de una forma u otra, pero tú estás completamente segura que puedes salir adelante”.

Después de haber sido la mujer más rápida en la carrera 777 en 2009, y de cruzar de Canadá a México en 2012, en 2014 obtuvo el récord Guinness por hacer el triatlón más largo del mundo. Nadó, pedaleó en bicicleta y corrió más de seis mil kilómetros desde Cancún hasta Washington DC, cruzando por el centro de México hasta Ciudad Juárez. Lo hizo siguiendo la ruta de los traficantes de niñas y mujeres. Lo hizo por ellas. Y nunca más volvió a callar ni avergonzarse por lo que le había pasado.

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Pensó que el recibimiento del tema iba a ser negativo, porque hasta la familia trató de decirle que mejor no, con la idea de protegerla, pero la respuesta fue totalmente positiva.

“Los mensajes que me llegan de gente que no me conoce, que se toma el tiempo de decirme todo lo que piensa, eso es increíble, es increíble la respuesta positiva. También de gente que me dice: me ayudaste, tengo tiempo lidiando con esto, nadie me escucha, y hasta ahora no me he sentido validado mi dolor y tú eres la única persona que ahora siento que me identifico contigo”, cuenta.

“Lo más lindo que me han dicho, es una vez que presenté uno de mis documentales cuando rompí el récord Guinness, una sobreviviente de trata sexual me dijo: a mí nunca me ha dado pena quién soy ni mi pasado, pero es la primera vez que estoy orgullosa”.

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¿Planeas ir a EU? Exigirán prueba COVID y cuarentena a todos los viajeros

El presidente Joe Biden firmó una serie de órdenes ejecutivas para combatir la pandemia de coronavirus, que se ha cobrado 400 mil vidas en EU hasta la fecha.
22 de enero, 2021
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Una prueba de coronavirus negativa y cuarentena al llegar. Esos serán los requisitos para todo aquel que quiera viajar a Estados Unidos desde el extranjero, anunció el presidente Joe Biden tras su primer día completo en el cargo.

El gobierno de Biden se ha puesto como prioridad frenar la pandemia en el país, donde el virus se ha cobrado las vidas de 400.000 personas hasta la fecha, y firmó una decena de órdenes ejecutivas con ese fin.

“La situación empeorará antes de mejorar”, advirtió Biden, alertando de que Estados Unidos podría superar las 500.000 muertes a causa del virus el mes que viene.

Las 10 órdenes que firmó se enmarcan en su Plan de Acción Nacional contra el coronavirus, que presentó este jueves, y tratan de lo siguiente:

  • Garantizar la cadena de distribución
  • Mantener la seguridad de los trabajadores
  • Asegurar una respuesta equitativa
  • Promover los viajes seguros
  • Crear un consejo de pruebas para la pandemia
  • Datos sobre coronavirus que tienen que ser registrados
  • Garantizar que el apoyo de la Guardia Nacional está disponible
  • Expandir el acceso a tratamientos y el cuidado contra la covid-19
  • Respuesta global

Según su plan, se acelerará el proceso de vacunación y se aumentará el número de pruebas, y se utilizará legislación de emergencia para incrementar la producción de equipo esencial como mascarillas o cubrebocas.

La firma de estas medidas se produce después de que, el día anterior y tan solo unas pocas horas después de jugar el cargo, Biden firmara 17 decretos y directivas para poner en marcha su promesa de revertir con urgencia los cuatro años de políticas de Trump.

El nuevo presidente firmó, ente otras, la orden del mandato de usar mascarillas y mantener la distancia social en edificios públicos, así como el regreso al Acuerdo de París contra el cambio climático o a la Organización Mundial de la Salud.

El plan contra la covid-19

Una de las grandes promesas en el plan de Biden es llegar a los 100 millones de vacunaciones en sus primeros 100 días en el cargo.

Joe Biden

Reuters
Biden se ha puesto como prioridad absoluta frenar la pandemia en el país.

Encuanto a los viajes, Biden señaló que será obligatorio el uso de mascarillas en aviones y trenes en el país, una medida en línea con la ya anunciada de portar cubrebocas en edificios oficiales.

Además, anunció las nuevas medidas para viajeros que lleguen desde el extranjero.

Aquellos que vengan a EE.UU. desde otros países “tendrán que hacerse un test antes de subir al avión… y cumplir con una cuarentena cuando lleguen a Estados Unidos”, dijo Biden.

El presidente, no obstante, no especificó el tiempo de esa cuarentena.

Mujer vacunada en Kentucky.

Getty Images
Estados Unidos es el país más afectado por el coronavirus, en número de muertes.

Aunque las órdenes ejecutivas no requieren de aprobación del Congreso, la mayor parte de los fondos para las medidas anunciadas por Biden se apoyan en un enorme paquete de estímulo de US$1,9 billones anunciado por el nuevo presidente la semana pasada.

Para sacarlo adelante, necesitará cooperación del Senado y la Cámara de Representantes.

El objetivo es reabrir la mayoría de las escuelas de forma segura en 100 días, y abrir centros de vacunación en estadios y centros comunitarios.

Estrategia nacional

En una clara ruptura con la administración Trump, el plan de Biden enfatiza una estrategia nacional y no se basa en que cada estado decida qué es lo mejor.

Precisamente esa fue una de las grandes críticas al gobierno de Trump ante el avance de la pandemia en el país, el más afectado del mundo en número de muertes.

Entre otros, el nuevo gobierno planea abrir una nueva oficina para coordinar la respuesta nacional y conseguir más fondos para autoridades locales y estatales.

Presidente Estados Unidos.

AFP
Biden firmó las órdenes ejecutivas en su segundo día como presidente.

Tras anunciar estas acciones, Biden dijo que llevaría meses vencer a la pandemia pero aseguró que Estados Unidos “la superaría” si la sociedad permanece unida.

Sus palabras se hacían eco de su discurso tan solo un día antes, durante la ceremonia de investidura, cuando hizo un llamamiento a la unidad.

Preguntado al terminar el acto si su objetivo sobre vacunaciones es “demasiado bajo”, teniendo en cuenta que eso significaría que 50 millones de personas son vacunadas en un país de alrededor de 330 millones, Biden consideró que es “un buen comienzo”.

“Cuando lo anuncié, todos dijeron que no era posible. Venga ya. Deme un respiro, hombre”, respondió al periodista.

El diario The New York Times destacó que al ratio actual de producción, alrededor del doble de vacunaciones deberían estar disponibles en ese periodo de tiempo.


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