Esto es lo que vive un paciente en el INER para saber si tiene coronavirus
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Esto es lo que vive un paciente en el INER para saber si tiene coronavirus

El INER es uno de los hospitales públicos en la CDMX que practica la prueba del COVID 19, consiste en tomar una muestra de la mucosidad de nariz y garganta. La esperara de al menos 3 horas.
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15 de marzo, 2020
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Cuatro médicos del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), vestidos con un traje especial como si fueran astronautas, hacen este fin de semana una valoración médica a Sandra (nombre ficticio para cuidar su identidad) para descartar que no tenga coronavirus COVID-19.

La primera pregunta es: ¿antecedente de viaje al extranjero? Sandra responde que no y el ambiente se relaja. Luego preguntan por contactos de riesgo, síntomas, condición médica. Miden presión, temperatura. Revisan con estetoscopio los pulmones y concluyen que solo hay una gripa leve.

La consulta dura unos 10 minutos. Los medios del INER, uno de los hospitales públicos en la CDMX que hacen la prueba del coronavirus, emiten una receta con dos fármacos e indicaciones de cuatro días de reposo y observación, ante cualquier cambio acudir a la clínica que corresponde si se es derechohabiente o centro de salud.

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Si le hubieran hecho la prueba –que consiste en tomar una muestra de la mucosidad de nariz y garganta– Sandra tendría que irse a casa y esperar ahí, sin salir, 24 horas por los resultados que llegarían a su correo electrónico.

Pero Sandra puede irse a casa tranquila, después de tres horas de espera. Mientras extiende la receta y el pase de salida, la doctora al mando recibe la noticia de que se alterarán los turnos para atender a un chico que está en la sala con fiebre alta.

Antes de abandonar la zona de urgencias, el personal de recepción verifica la hoja de permiso de salida y los guardias piden colocar desinfectante suficiente en las manos y tener el tapabocas durante el traslado a casa.

La espera en el INER

En la sala de espera del INER las charlas son pocas y lo único que se escuchan son tos y estornudos. Lo que se ve son caras cubiertas con tapabocas y miradas de preocupación. Todos esperan saber si tienen coronavirus COVID-19.

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Es fin de semana en la sala de urgencias del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER). La mitad de las personas que esperan son extranjeros. La mayoría viene acompañado por familiares o amigos.

Los pacientes llegan al INER a solicitar la evaluación para descartar el coronavirus. Al principio el guardia de la entrada responde que ahí solo se atienden casos graves, que se debe ir a otro hospital, pero al agregar que hay sospechas de por medio y en riesgo de contagio, el acceso y la espera para la valoración se abren.

En la sala de urgencias hay dos cubículos donde médicos vestidos como astronautas hacen la valoración para determinar quién sí se somete a la prueba y quién no. El equipo de protección que portan y que los cubre de cabeza a pies, rostro incluido, contrasta con el de los policías que cuidan la sala, simple tapabocas azul.

“Estamos aquí 12 horas diarias y sí se ha incrementado el flujo de personas que vienen a pedir la prueba, desde el miércoles hay más gente… Casi siempre hay personas solo sentadas en las sillas, pero hay momentos donde hay gente de pie llenando toda la sala”, cuenta uno de los guardias a Animal Político.

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El guardia también confiesa que nadie les ha dicho qué medidas de seguridad deben tener, más allá del tapabocas, aunque están en un lugar de posible contagio. Los cuatro guardias que están en el área de urgencias del INER no son personal del Instituto, están contratados por una tercera empresa, a través de una práctica de outsourcing.

“Yo llego a casa y antes de entrar me lleno de gel antibacterial, en las manos, en la cara, después entro y voy directo a bañarme, pero eso lo hago porque me parece que es lo adecuado, en realidad nadie nos ha dicho qué debemos hacer”, señala el guardia.

El hombre cuenta que en efecto, la mitad de las personas a las que se les ha hecho valoración médica aquí en el INER son extranjeros. “Han venido de todo, de Argentina, de Francia, de España, de Estados Unidos, la mayoría son de esas personas que andan de viaje de un país a otro, turistas, algunos vienen con síntomas y otros no, solo por precaución”.

En la sala no parece haber nadie que tenga una condición grave. Algo de tos, flujo nasal, estornudos. Pese a traer el tapabocas, todos tosen y estornudan cubriéndose con el antebrazo, como han indicado muchas veces las autoridades de salud.

El cansancio y el hartazgo empiezan a hacer mella en casi todos después de las horas de espera para pasar a valoración.

La monotonía de la sala la rompe un joven que llega con una chica, luce mal, se desploma en una silla y se toma la cabeza con las manos, ella corre a conseguir un suero, le dice a un médico que su acompañante tiene más de 39 de temperatura, pero le dicen que espere.

Desde el miércoles pasado la rutina en el Instituto ha cambiado. Decenas de extranjeros y mexicanos han pasado por sus instalaciones para hacerse la prueba del COVID 19, muchos de ellos como Sandra han resultado negativos y se marchan a casa, para aquellos en los que se tiene duda la espera será de al menos 24 horas y en caso de dar positivo tendrán un aislamiento de 14 días. Así es la rutina en el INER con la pandemia del Coronavirus.

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Perseverance en Marte: por qué sería una buena noticia que no descubriera vida en el planeta rojo

Si la misión no encontrara indicios de vida, muchos lo verían como un fracaso. Sin embargo, disponer de un planeta en el que la vida pudo haberse detenido en sus inicios ayudaría a responder otras preguntas clave, según un experto en astrobiología.
12 de marzo, 2021
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El 18 de febrero de 2021 aterrizó en el cráter Jezero de Marte el rover Perseverance, que estudiará la composición de rocas, el subsuelo y el clima.

Este fue el primer éxito de la misión Mars 2020 y su desarrollo contó con participación española: MEDA es una estación ambiental desarrollada por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La llegada de Perseverance ha avivado el debate sobre si hay o hubo vida en Marte, y su habitabilidad presente o pasada.

Habitabilidadno quiere decir que los humanos podamos construir una casa allí, sino que define las condiciones geoquímicas y ambientales favorables para el origen y evolución de la vida.

Entre los objetivos de la misión está estudiar la habitabilidad y la búsqueda de evidencias de vida microbiana antigua.

Hoy en día, por lo que sabemos, es improbable que en Marte haya vida. Pensemos en la de nuestro planeta: durante la mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos.

La evolución necesitó unos 3.400 millones de años para que surgieran plantas y animales. Tiene sentido asumir que, de haber existido vida en Marte, esta era microbiana.

En la exploración espacial tomamos como referencia la vida terrestre actual, pues no conocemos otra. El inconveniente es que, si no se ven evidencias de vida marciana (algo probable), nos preguntaremos si es porque no sabemos qué buscar exactamente.

¿Qué evidencias de vida buscamos?

La ubicación del Perseverance no es casual. Si queremos buscar evidencias de vida, debemos ir a un sitio favorable.

En el cráter Jezero podría haber estado ese lugar: el delta de la desembocadura de un río.

Pero, que haya evidencias de que el agua formó paisajes familiares, con sus ríos y valles, no implica que haya habido vida. Hay que buscar las evidencias.

Cauce seco de un río en el cráter Jezero

Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin
Zona de operaciones de Perseverance en el cráter Jezero. El cauce seco del río se ve en la parte superior izquierda, con el abanico de sedimentos del delta en su desembocadura. Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin

Para la búsqueda, el Perseverance está equipado con SHERLOC, un instrumento capaz de encontrar moléculas orgánicas.

Sin embargo, debemos diferenciar entre “molécula orgánica” y “biofirma orgánica” o “biomarcador”.

Las moléculas orgánicas podrían ser un indicio de vida, pero, cuidado: en realidad, pocas lo son. A estas las llamamos biomarcadores.

Para entenderlo, pensemos en el petróleo. En los años 1930 el origen biológico del petróleo se debatía, hasta que el químico Alfred Treibs descubrió porfirina en los combustibles fósiles. Esta deriva de la clorofila y no podemos explicar su presencia sin la vida. Así, estudiando los biomarcadores (compuestos cuyo origen solo podemos atribuir a la vida), sabemos que el petróleo es lo que queda de ecosistemas de hace millones de años.

Si SHERLOC encuentra moléculas orgánicas, debe evaluarse si son biomarcadores válidos.

El problema es que ello implica asumir que el metabolismo terrestre es universal. Por ejemplo, si en Marte nunca hubo fotosíntesis con clorofila, nunca encontraremos la porfirina de Treibs como biomarcador.

Los minerales también pueden ser biofirmas:

Cristal de formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos

Gentileza C. Menor Salvan
Formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos.

Recogimos estos cristales de formiato, un compuesto orgánico, en un lago salino similar a los que pudo haber en Marte.

El (improbable) hallazgo de estos cristales en Marte tendría gran impacto y en las redes sociales se extendería la idea de que hubo vida.

A diferencia de la porfirina, el formiato puede ser abiótico y no es un biomarcador. Sabemos que lo es, porque la verdadera biofirma es el desequilibrio químico con los otros componentes del lago.

El estudio de biofirmas es difícil y requerirá el transporte de muestras a la Tierra.

¿Y si no se encuentran evidencias de vida?

Desde el punto de vista de la publicidad y la financiación, buscar indicios de vida es una buena estrategia. Es menos mediático, pero, que en Marte no haya vida, ni la haya habido, también sería una buena noticia.

Si Perseverance no encuentra indicios de vida, el público podría verlo como un fracaso. Sin embargo, la exploración de Marte siempre es un éxito, tanto por el conocimiento que nos aporta, como por las tecnologías derivadas.

Disponer de un planeta en el que se reunieron las condiciones que (pensamos) propiciaron la vida, pero que esta se haya detenido en su inicio, sería un escenario único para entender el origen de la vida terrestre.

No es una idea descabellada. El rover Curiosity encontró materiales que pudieron ser claves en el origen de la vida, formando un escenario intacto durante millones de años, libre de los cambios provocados por una potencial biosfera marciana.

Rocas de fosfato, meteoritos de hierro y vetas con sulfatos encontrados en Marte por el rover Curiosity

NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS
Rocas de fosfato (A), meteoritos de hierro (B) y vetas con sulfatos (C) encontrados en Marte por el rover Curiosity. Todos juntos son ingredientes para el origen de la vida. NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS/MSSS

Es probable que no se encuentren evidencias de vida en Marte, y la pregunta seguiría sin respuesta (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia).

Pero, si tomamos la idea de que en Marte nunca proliferó la vida, podríamos centrarnos en las condiciones que, pensamos, debieron darse para su origen.

Si lo que encontremos encaja, ¿por qué no evolucionó la vida? ¿Faltaba algún ingrediente? ¿La dinámica de Marte no lo permitió? ¿Proliferó un tipo de vida distinto? Junto con el trabajo de laboratorio y lo que sabemos sobre nuestro planeta, quizá podríamos entender cómo empieza la vida y su evolución.

Si en Marte hubiera existido vida avanzada (y los ecosistemas bacterianos lo son), las preguntas sobre el origen de la vida seguirían abiertas. Sin embargo, un Marte sin vida podría ser la gran oportunidad para conocer nuestro propio origen.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver los vínculos a los estudios científicos y leer la versión original aquí.

César Menor-Salván es doctor en bioquímica y astrobiología, y profesor del Departamento de Biología de Sistemas en la Universidad de Alcalá.


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