Pagar por agua congelada: un engaño para el consumidor de pescado
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Cuartoscuro Archivo

Pagar por agua congelada: otra forma de fraude contra los consumidores de pescado

El consumidor paga el peso del pescado... pero sin saberlo también le cobran el peso del agua congelada que lo protege, con la técnica del glaseado.
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3 de marzo, 2020
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La señora Alejandra Nieto lleva más de diez años comprando en el mismo súper de la esquina de su colonia, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México.

Viene aquí, explica la mujer veracruzana de 61 años, al menos una vez por semana a comprar pescados y mariscos con los que prepara caldos y tostadas de camarón al chipotle, filetes de pescado a la plancha -a veces de huachinango, lenguado, o tilapia, según lo permita el bolsillo-, y mojarras empapeladas al horno con salsa verde y queso amarillo.

Ahora, con el inicio de la cuaresma, la veracruzana está comprando unos filetes de tilapia al granel y un par de kilos de camarón importado, para preparar un pescado a la veracruzana, con jitomate y aceitunas negras.

No es pescado fresco como el que compra cuando va de visita a su natal Veracruz, dice la mujer encogiendo los hombros. Pero asegura que está satisfecha con la calidad de los productos que le surte el supermercado.

Sin embargo, lo que la mujer no sabe es que, por el pescado que lleva en su bolsa, va a pagar en la caja hasta un 30% más de lo que realmente cuesta.

Alejandra ignora que le están dando gato por liebre.

O, para ser más exactos, que está pagando agua a precio de marisco.

Un fraude ‘invisible’

Renata Terrazas, directora de campañas de transparencia de Oceana, explica en entrevista que, como le sucede a la señora Alejandra, la mayoría de los consumidores mexicanos de pescado congelado son víctimas de “un fraude” sin percatarse siquiera de ello.

Esta es, precisamente, una de las conclusiones a las que llega el nuevo estudio que publica este martes Oceana, una organización civil que ya en marzo del año pasado hizo otra investigación acerca de cómo en pescaderías, restaurantes y supermercados de tres ciudades mexicanas diferentes se vendía pescado barato haciéndolo pasar por especies mucho más caras.

Ahora, en esta nueva investigación, Oceana analizó 82 muestras de diferentes pescados y de mariscos congelados nacionales e importados de 10 cadenas de supermercados en la Ciudad de México, para determinar cuál es el porcentaje de glaseado que incluyen estos productos a través del análisis que hizo una ingeniera en alimentos.

En primer lugar, hay que explicar que el glaseado es una técnica de conservación que se utiliza en productos ya congelados previamente, y que básicamente consiste en aplicar una capa superficial de agua congelada que protege al producto, en este caso al pescado y a los mariscos.

Esta técnica es común y está habilitada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Pero en México hay tres problemas, plantea Renata Terrazas.

Uno, no existe una regulación para determinar cuánta cantidad de glaseado se debe incluir a cada pescado y/o marisco. Por eso, en las muestras del estudio obtuvieron resultados muy dispares: desde pescados con porcentajes bajos de glaseado -como el atún nacional, con apenas el 4%- hasta mariscos como el camarón importado con niveles por arriba de hasta el 50%.

Dos, la mayoría de los productos de pescado congelado en México no informan al consumidor cuál es el porcentaje de glaseado. De hecho, de acuerdo con el estudio de Oceana, el 98% de los productos que analizaron no informaban al consumidor final que el pescado estaba glaseado.

Y tres, y aquí es donde está “el fraude”, en el precio final de la compra no se informa ni se descuenta el peso del glaseado. Es decir, el consumidor no está pagando por un kilo neto de pescado, sino que está pagando por el peso del pescado, más el peso del agua congelada que lo protege.

Entérate: No sabes lo que comes, el engaño en la venta de pescado en México

Para explicarlo con un ejemplo: la señora Alejandra acaba de comprar en el supermercado un kilo de camarón cocido importado y congelado, y pagó un total de 427 pesos. Sin embargo, no sabe que ese producto lleva hasta un 30% de glaseado y que, en realidad, está pagando con su dinero un 70% de camarón neto y que el 30% restante es agua congelada.

O visto de otra forma: Alejandra pagó 298 pesos por 700 gramos netos de camarón y desembolsó hasta 128 pesos solo por agua congelada, lo equivalente a un salario mínimo por una jornada de trabajo, o a nueve kilos de tortilla de harina, o unos nueve litros de leche fresca.

“Gato por liebre”

“Esto es algo que el consumidor de a pie no ve o que no tiene en la cabeza cuando va al supermercado. Uno, porque no sabemos que el pescado congelado, además, trae una capa extra de agua que lo protege. Y dos, porque no sabe que se lo están cobrando como parte del producto neto, y eso está generando una distorsión gigantesca a costa del consumidor”, señaló Renata Terrazas.

“Es decir, es otra forma de que te den gato por liebre. Pagar agua a precio de marisco”, recalcó Terrazas, que expuso que en el estudio de Oceana abundan los ejemplos que documentaron a partir del análisis de las 82 muestras.

Por ejemplo, un kilo de cazón nacional costó 136 pesos el kilo. Pero luego de que la ingeniera de alimentos analizara la muestra, la investigación de Oceana detectó que en ese precio se incluyó el 17% de glaseado. Es decir, que el consumidor pagó 113 pesos por el 83% del producto neto, y 23 pesos extra por ese 17% de agua congelada.

Y “el engaño” es aún mayor en los productos importados, puesto que necesitan de mayor cantidad de glaseado para su conservación para llegar en óptimas condiciones a nuestro país.

Por ejemplo, un kilo de tilapia importada que costó 205 pesos llevaba un 30% de glaseado, por lo que el consumidor final debió haber pagado 144 pesos solo por los 700 gramos netos de producto, y haberse ‘ahorrado’ 61 pesos por el agua congelada.

Un kilo de mojarra importada costó 163 pesos y llevaba un 22% de glaseado. El consumidor debió de haber pagado 30 pesos menos.

Un kilo de huachinango importado costó 455 pesos el kilo, con un 17% de glaseado. El consumidor debió de haber pagado 77 pesos menos.

Y un kilo de pescado Alaska costó 103 pesos, con un 28% de glaseado. Se debió haber gastado 28 pesos menos.

La directora de campañas de transparencia de Oceana plantea que esta situación supone además una “competencia desleal” frente al producto nacional, puesto que en muchos casos el pescado y marisco importado se ofrece a un precio menor que el nacional, pero éste termina costando más caro por los elevados porcentajes de agua añadida a través del glaseado.

Tiburón por marlín

Ante los resultados de esta investigación, Oceana planteó una propuesta: la construcción de una política de trazabilidad y de un marco legal que dé certeza a los consumidores de pescados y mariscos sobre las condiciones del producto que se está consumiendo.

Y un primer paso en esa dirección, apuntó Renata Terrazas, sería que los etiquetados de los pescados y mariscos congelados indicasen claramente cuál es el porcentaje de glaseado, y que se cobre al consumidor solo por el peso neto del producto; es decir, sin el peso extra de la capa de congelado.

“Ahora mismo, la realidad es que no sabemos dónde se añade esa capa extra de agua que nos están vendiendo. No sabemos si, en el caso de las importaciones, ya sale del país de origen con el glaseado, o si se aplica cuando llega a México, o si lo hacen los supermercados”, planteó Terrazas.

“Por eso se necesita un marco legal, un control, y construir una certeza de que los productos se pescaron de manera legal, de manera sustentable, que pasaron por los procesos correctos de conservación, y que no se le añadió nada a costa del consumidor final”, recalcó la integrante de Oceana.

Y para todo lo anterior, añadió, es necesaria la implicación de la Conapesca, como autoridad que vela por la salud de los mares mexicanos, pero también de otras autoridades que velan por el derecho de los consumidores para evitar otros fraudes del mar, como la venta de especies baratas haciéndolas pasar por otras más caras.

Precisamente, la señora Alejandra Nieto dijo que, aunque no era consciente de que está pagando más dinero por sus pescados a causa del glaseado, de lo que sí se ha percatado es que en múltiples ocasiones le han querido dar gato por liebre, sobre todo en los productos frescos que se venden en las plazas de abastos.

Por ejemplo, recientemente cuenta que compró un kilo de supuesto robalo nacional, que puede llegar a costar 500 pesos el kilo, y que en realidad le dieron el “gatazo” vendiéndole mojarra, que está a un precio mucho más bajo: unos 90 pesos el kilo.

En marzo del año pasado, Oceana también publicó un estudio referente a este engaño que no solo afecta a los bolsillos de los consumidores finales, sino que también tiene repercusiones ambientales en la dinámica pesquera del país y en el ecosistema marítimo.

El estudio, que en aquel entonces se hizo en 133 establecimientos, entre pescaderías, supermercados y restaurantes de la Ciudad de México, Cancún y Mazatlán, en Sinaloa, muestra cómo en México es común la práctica de sustitución de pescados con la que, solo por mencionar un caso, mientras los comensales eligen marlín lo que en realidad reciben la mayoría de las veces es atún ahumado.

Aunque, incluso, el estudio documentó que en dos ocasiones el marlín fue sustituido por tiburón zorro, y en una por tiburón sedoso.

La investigación de Oceana también exhibió casos en los que se vendió mero, cuando en realidad era basa, una especie mucho más barata. O huachinango que, en realidad, era bagre bandera.

Lee aquí la investigación completa de Oceana sobre el glaseado:

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4 factores que explican la histórica sequía que afecta al norte de México (y cuánto puede durar)

Ante la gravedad de la situación, el presidente mexicano firmó un decreto que permite reducir provisionalmente el agua concesionada a empresas de la zona metropolitana de Monterrey.
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1 de agosto, 2022
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Suministro de agua en casa durante solo siete horas al día. Largas filas para recoger agua con cubos de camiones cisterna. Barcos encallados en superficies que albergaban ríos y que hoy lucen completamente secos.

Imágenes como estas dan cuenta de la grave sequía que se sufre desde hace varios meses en el norte de México, muy especialmente en el estado de Nuevo León y su capital Monterrey, la segunda ciudad más poblada y capital industrial del país.

“Somos víctimas de nuestro propio éxito”, reconoció hace unos días el gobernador de Nuevo León, Samuel García. “Fue y es sin duda la peor crisis que ha vivido el estado”, dijo, de lo que responsabilizó a su predecesor en el cargo por “no haber invertido” lo suficiente en garantizar el abastecimiento de agua.

La falta de lluvias, la existencia de presas prácticamente vacías y el hartazgo cada vez mayor de la población llevaron al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a firmar un decreto el pasado viernes en el que la crisis hídrica fue declarada como “un asunto de seguridad nacional”.

Según el mandatario, con sus medidas se aspira a garantizar el abastecimiento en Nuevo León durante los próximos “ocho o diez años”. Las autoridades fueron blanco de críticas por no haber previsto un plan con el que hacer frente a una sequía ya prevista por expertos en una región acostumbrada a este fenómeno.

Pero ¿qué es lo que causó esta situación extrema y qué factores podrían haberse tomado en cuenta para minimizar su impacto en la población?

El fenómeno La Niña

La sequía que sufre el norte de México se debe principalmente a La Niña, el fenómeno climatológico debido a disminuciones en la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial pero que, a nivel global, modifica los vientos y las precipitaciones.

Mapa sequia MX

Conagua
En este mapa publicado el 18 de julio se muestran en color rojo y granate las zonas de sequía extrema y sequía excepcional en México.

“La Niña hace que deje de llover en el norte de México desde diciembre a mayo-junio e influencia un cambio de patrones que causa temperaturas más calientes y provoca esta sequía que seguimos viendo”, dice Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Tanto La Niña como su contraparte cálida El Niño pueden alterar la temperatura global y causar efectos atmosféricos muy extremos. Ambos son eventos frecuentes pero, por lo general, no suelen durar más de un año.

“Lo sorprendente es que esta Niña dura desde 2020, es demasiado y es algo que no ocurría desde hace 20 años”, le explica a BBC Mundo la meteoróloga Domínguez Sarmiento.

Según la experta, son multitud de factores oceánicos los que están prolongando esta Niña causante de unas sequías que, como fenómeno natural que existe desde tiempos inmemorables, “no vamos a poder evitar”. Sin embargo, alerta, su crudeza sí se vera aumentada cada vez más por las condiciones de cambio climático.

“Los escenarios dicen que de aquí a diez o 20 años podríamos tener sequías más intensas y extremas, principalmente en el norte del país. Y serán más recurrentes. Es decir, que esta Niña que ya dura tres años podría volver a presentarse en un menor tiempo”, advierte.

Falta de infraestructura hídrica

La mitad del agua que se suministra al área metropolitana de Monterrey llega de pozos subterráneos, mientras que la otra mitad procede de tres presas con una capacidad total de 1.462,5 Mm³.

Pero, ante la falta de lluvias y con la excepción de El Cuchillo (dedicada principalmente a uso agrícola), sus pobres niveles de llenado lucen ahora alarmantes.

Porcentaje de llenado de presas que abastecen a Monterrey. . .

Las recurrentes sequías y el aumento de población en la región -que desde 1990 casi se duplicó hasta los 5,3 millones de personas en 2020- evidencia que “se debió haber invertido en proyectos y más infraestructura” hídrica, le dice a BBC Mundo Ramón Aguirre Díaz, exdirector del Sistema de Aguas de Ciudad de México.

El ingeniero civil experto en agua y saneamiento recuerda el proyecto Monterrey VI, un acueducto que pretendía llevar agua a Monterrey desde el río Pánuco de Veracruz y que fue cancelado en 2016 entre cuestionamientos por posibles daños ecológicos y sociales de la obra.

“El problema es que, al cancelarse, se dijo que había hasta 15 alternativas en estudio… y no fue hasta 2020 que empezaron a construir la presa Libertad, con mucha menos capacidad que Monterrey VI”, critica.

En el decreto presidencial firmado este viernes, se incluyó financiamiento para la construcción del acueducto El Cuchillo II y la finalización en 2023 de la presa Libertad, algo que activistas ambientales consideraron una buena solución “a mediano plazo”.

La explotación empresarial y agrícola

Según cifras oficiales, la mayor parte del uso del agua en Nuevo León se destina a la suma de uso agropecuario e industrial. Gran parte de estas grandes empresas en Monterrey funcionan mediante la explotación de pozos, gracias a acuerdos de concesión alcanzados con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) por un período concreto de años.

Uso de agua en Nuevo León. . .

Por ello, muchos reclamaron que también se impusieran limitantes a estos sectores en el uso de agua. El propio presidente López Obrador llegó a pedir a las refresqueras y cerveceras de la región que redujeran o incluso detuvieran su producción para destinar a consumo de la población todo el agua que utilizan en sus fábricas…

En las últimas semanas, varias empresas anunciaron que cederían parte de sus concesiones de agua. Hasta el pasado viernes, la Conagua había firmado convenios para que las industrias aporten 500 litros por segundo a la red de agua potable, mientras que las zonas agrícolas citrícolas aportarán hasta 1.000.

Sin embargo, y debido a que estas cifras siguen sin ser suficientes, el decreto firmado por López Obrador da luz verde a imponer un aumento de estas cesiones al contemplar que las autoridades puedan reducir provisionalmente y durante al menos seis meses el volumen de agua de las empresas concesionadas, que quedarán liberadas de su pago mientras dure la iniciativa.

Barco en presa La Boca

Getty
La sequia en la presa La Boca ha dejado imágenes como la de barcos encallados en lo que antes era un gran embalse de agua.

“Esta medida llega tarde porque este pronóstico de crisis se conoce desde hace al menos 18 meses y también es insuficiente: el consumo de la industria y lo agrícola es muy grande y se deberían aumentar esos volúmenes de cesión”, cuestiona Antonio Hernández, biólogo experto en asuntos de política ambiental de Monterrey.

En entrevista con BBC Mundo, Hernández pone como ejemplo que la acerera Ternium, la empresa con mayor concesión de agua en el estado, cuente con un volumen de líquido que supone “el 98% de lo que requeriría la población de Monterrey”.

“El progreso tecnológico es totalmente legítimo. Lo que no lo es fue haber privilegiado y poner todos los huevos en la canasta de la industrialización, dejando de ver la importancia de la naturaleza y sus recursos naturales. Monterrey es ejemplo de ello”, le dice a BBC Mundo Luis Gerardo Esparza, ingeniero agrónomo especialista en desarrollo rural.

Persona pescando en presa La Boca

Getty

Pero gran parte de la vida productiva de Monterrey está unida a dichas actividades industriales, que a la vez son unas de las grandes consumidoras del agua. “Si no funcionaran (esas empresas), generarías otro problema de índole más socioeconómica. Por eso, lo justo sería regular y actualizar los volúmenes que realmente necesita la industria”, responde Hernández.

Incendios forestales y educación ambiental

La deforestación es también es uno de los factores a tener en cuenta para entender las recurrentes sequías en la zona.

“Los incendios forestales son el principal motivo de que estén degradadas las cuencas en las áreas naturales de las que se extrae el agua que abastece a Monterrey”, recuerda Hernández, quien calcula en unas 21.000 hectáreas la extensión quemada en los últimos dos años.

Según el activista ambiental, los gobiernos no pueden aumentar la extracción de agua hasta comenzar un proceso de restauración ecológica de esas cuencas que son “la fábrica de agua de Monterrey, eso es fundamental”.

“Los incendios acaban con la corteza forestal y aumenta el azolve (lodo o basura) que va a dar a los lechos de los ríos, que en esta zona va fundamentalmente al río Santa Catarina. Se tiene que hacer una inversión gigantesca para extraer esos millones de metros cúbicos de grava y cascajo”, agrega Esparza, coautor de un estudio sobre las crisis del agua en Monterrey desde 1597.

Fila de personas esperando agua en Monterrey

Getty

Otro factor a mejorar señalado por expertos es la necesidad de mejorar la educación ambiental entre la población y fomentar un uso más responsable del agua en una región en la que se localizaron diversas tomas clandestinas que desviaban agua hacia ranchos y terrenos privados.

Aguirre Díaz cree que la verdadera solución pasaría por una revisión y aumento de tarifas para las personas cuyos medidores reflejen un mal hábito de consumo de agua. “Esto se resuelve haciendo que a la gente le cueste desperdiciar”, apunta.

Pero Hernández cree que sería más efectivo abaratar las tarifas a quienes utilicen infraestructuras que reducan el consumo.

“Si el gobierno establece estímulos tarifarios para quienes instalen sanitarios o regaderas ahorradoras, por ejemplo, sería algo más favorable y exitoso entre la población”, dice.

Hombre recoge agua en cisterna

Getty

¿Cuándo acabará la sequía?

En este escenario, la mayor incógnita es ¿hasta cuándo durará esta situación de grave sequía?

La meteoróloga Domínguez Sarmiento asegura que las previsiones actuales apuntan a que La Niña se extenderá al menos hasta final de año.

“En noviembre habrá que volver a analizar los modelos para ver qué nos dicen respecto a 2023, pero se esperaría que termine en diciembre y ya se transicione a una fase neutra”, pronostica.

Presa La Boca

Getty

Sin embargo, eso no quiere decir que la gravedad de la sequía se vaya a mantener hasta entonces. Una vez que México entra en la temporada de lluvias entre julio y agosto, se espera que las precipitaciones aumenten gradualmente y disminuya la extensión de la sequía actual.

La experta destaca que “estados del norte como Chichuahua, Coahuila, Sonora y Nuevo León dependen de que exista algún ciclón tropical que toque tierra y que deje alta cantidad de lluvias”.

“Eso es lo que se está esperando y es habitual que ocurra en el mes de septiembre. Ahí es cuando podría terminar la sequía”, concluye.


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