Lo que pide Salud a privados y cómo harían la prueba de COVID-19
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¿Qué pide Salud a laboratorios privados? ¿Cómo harían las pruebas de COVID-19? Este es el procedimiento

El gobierno podría sumar en los próximos días a la estrategia contra el virus a 16 laboratorios que están concluyendo el proceso de evaluación para hacer pruebas de COVID-19.
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24 de marzo, 2020
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Como parte del análisis epidemiológico ante la propagación del coronavirus en México, el Gobierno Federal podría sumar en los próximos días a los 16 laboratorios que están concluyendo el proceso de evaluación por parte de Secretaría de Salud, para continuar con la estrategia de “descentralización” en la toma y procesamiento de pruebas.

Hasta el momento, las pruebas las realiza el InDRE, más 31 laboratorios públicos –uno por cada entidad–, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, el Hospital General de México, los hospitales 20 de noviembre y La Raza, y dos hospitales privados.

Entérate: Privados deben demostrar que son competentes para hacer pruebas de COVID-19, insiste López-Gatell

Los 16 laboratorios que buscan el aval del Gobierno Federal para el procesamiento de pruebas, deben acreditar que su metodología es científicamente válida y está al nivel del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), una de las instituciones más importantes en el país, encargada de los diagnósticos.

Deben cumplir con una serie de requerimientos que pasa por infraestructura, metodología y recursos humanos, toda vez que sus resultados serán cruciales para conocer el comportamiento del contagio de COVID-19 en México.

Guillermo Maynez, director general del Consejo Mexicano de Empresas de Diagnóstico Médico (COMED), que agrupa a 30 compañías que ofrecen servicios de laboratorio en el país, explica que 10 de sus agremiados recibieron una capacitación por parte de la Secretaría de Salud el pasado 18 de marzo.

Se trató del “taller de transferencia de tecnología”, es decir “la autoridad mostró cuál es la metodología que está usando para que los parámetros y estándares sean unificados y puedan hacer las pruebas con total confiabilidad”, explica Maynez, en entrevista con Animal Político.

Una persona por cada uno de los laboratorios tomó el taller para adoptar este procedimiento, pues aunque todos tienen certificaciones internacionales y nacionales que validan sus procedimientos, se trata de establecer “una comunicación estrecha con las autoridades para que todos sepamos que las metodologías son válidas y puedan seguirse ofreciendo al público”, dice Maynez.

Aunque el jueves pasado circuló por redes sociales un anuncio del Laboratorio Biomédica en el que aseguraba que no realizaría toma de muestras para COVID-19 hasta que la Secretaría de Salud lo autorizara, Maynez afirma que no se trata de una autorización para hacer las pruebas o no, sino la validación de metodología.

De hecho, Ricardo Cortés Alcalá, director general de Promoción a la Salud, confirmó que no hay una prohibición sino que el procedimiento en el que están algunos laboratorios privados es en obtener el aval del InDRE.

“Lo que hace es decirles a los laboratorios que ya tienen la misma competencia técnica que ellos, para poder decir que sus procesos están bien hechos, sus lecturas están bien hechas y por tanto sus resultados son válidos para el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica y para poderle decir a ese paciente que es negativo, y que realmente es negativo o que es positivo”, precisó el especialista en la conferencia de prensa de este domingo.

Las pruebas

Todas las pruebas de laboratorio tienen tres fases: la preanalítica, analítica y postanalítico. La primera es preparar al paciente para la toma de muestra y tomarla. En este caso para detectar la presencia de COVID-19, consiste en la toma de muestra a través de un exudado de garganta y nariz.

Los laboratorios privados están previendo que, incluso, para la toma de muestra los especialistas acudan al domicilio de las personas para que, en caso de tener el virus no salgan a la calle para evitar la propagación.

El especialista acudiría con ropa desechable, protector de zapatos, (para poder desecharla al concluir el procedimiento) y equipo de protección como guantes, googles, y cubrebocas para prevenir contagios. La muestra la colocaría en una hielera especial para llevarla al laboratorio.

La segunda fase sería el análisis de dicha muestra con base en biología molecular. En esta se requieren de un panel de reactivos en un procedimiento metodológico que justamente la Secretaría de Salud y el InDRE deberá validar.

Para este punto, los 16 laboratorios interesados y que tomaron el taller de transferencia de tecnología recibieron del InDRE cinco muestras, de las cuales ya conoce el resultado, para que los privados realicen su procedimiento. Y en los últimos tres días se encuentran en esta fase. Se trata de una suerte de ‘examen’, para verificar que su metodología es capaz de llegar al mismo resultado que el Instituto.

De conseguir este último paso, los laboratorios podrán tomar y procesar muestras, pero no se trata de una “certificación” como tal, asegura Guillermo Maynez, sino de una especie de “toma de nota donde el InDRE reconocerá que la metodología que utilice el laboratorio en cuestión es científicamente válida”.

Los resultados

Una vez que los laboratorios tomen las muestras, las procesen y validen sus resultados, ¿qué pasa con la contabilidad de casos positivos?

Esta es la tercera fase en el análisis clínico: el postanalítico, y de acuerdo con las indicaciones que han recibido los laboratorios, una vez que tengan el reconocimiento de la Secretaría de Salud, sus resultados no deberán ser enviados al InDRE para una segunda validación, sino que enviarán el reporte a la jurisdicción sanitaria que les corresponda.

Es decir, si por ejemplo el laboratorio está en Puebla, los resultados positivos deberán ser enviados a la Dirección General de Epidemiología del gobierno estatal.

La cadena de reporte continuará en que dichas jurisdicciones enviarán los datos al laboratorio estatal validado por el gobierno federal y éste al InDRE, que los integraría a su estadística, según explica la Secretaría de Salud al ser consultada al respecto por Animal Político.

Las peticiones

Además de la metodología, los laboratorios también deben demostrar que tienen la infraestructura y personal capacitado para hacer pruebas de tipo biología molecular, que no cualquiera puede procesar.

De hecho para medir el sistema de calidad de un laboratorio existe la norma oficial ISO 9000, y aquellos laboratorios que obtienen dicho certificado de calidad, acreditaron que cuentan con los instrumentos, medidas de higiene, metodología y personal capacitado.

Y en esta negociación con la Secretaría de Salud, los laboratorios también tienen ciertas peticiones enfocadas a que la autoridad “garantice el funcionamiento de la cadena de abastecimiento”, es decir tener asegurado el acceso a materiales, químicos y reactivos para las próximas semanas.

Esto implica, dice Maynez, que la autoridad garantice que los insumos de proveedores nacionales e internacionales “tengan la calidad e inocuidad y que fluyan los trámites para importación suministros”.

Mientras que respecto al costo de las pruebas, el director general del COMED asegura que por restricciones de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) los laboratorios privados no se pondrán de acuerdo en el precio de las pruebas, pero sí harán el esfuerzo de ofrecer “el precio más bajo posible”.

“Estamos pensando en tener los márgenes reducidos de acuerdo a los costos y poner a disponibilidad las pruebas porque el COMED tiene el compromiso de apoyar al sector salud, y que se atienda de la manera más justa, equitativa y con la mayor calidad posible”.

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Perseverance en Marte: por qué sería una buena noticia que no descubriera vida en el planeta rojo

Si la misión no encontrara indicios de vida, muchos lo verían como un fracaso. Sin embargo, disponer de un planeta en el que la vida pudo haberse detenido en sus inicios ayudaría a responder otras preguntas clave, según un experto en astrobiología.
12 de marzo, 2021
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El 18 de febrero de 2021 aterrizó en el cráter Jezero de Marte el rover Perseverance, que estudiará la composición de rocas, el subsuelo y el clima.

Este fue el primer éxito de la misión Mars 2020 y su desarrollo contó con participación española: MEDA es una estación ambiental desarrollada por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La llegada de Perseverance ha avivado el debate sobre si hay o hubo vida en Marte, y su habitabilidad presente o pasada.

Habitabilidadno quiere decir que los humanos podamos construir una casa allí, sino que define las condiciones geoquímicas y ambientales favorables para el origen y evolución de la vida.

Entre los objetivos de la misión está estudiar la habitabilidad y la búsqueda de evidencias de vida microbiana antigua.

Hoy en día, por lo que sabemos, es improbable que en Marte haya vida. Pensemos en la de nuestro planeta: durante la mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos.

La evolución necesitó unos 3.400 millones de años para que surgieran plantas y animales. Tiene sentido asumir que, de haber existido vida en Marte, esta era microbiana.

En la exploración espacial tomamos como referencia la vida terrestre actual, pues no conocemos otra. El inconveniente es que, si no se ven evidencias de vida marciana (algo probable), nos preguntaremos si es porque no sabemos qué buscar exactamente.

¿Qué evidencias de vida buscamos?

La ubicación del Perseverance no es casual. Si queremos buscar evidencias de vida, debemos ir a un sitio favorable.

En el cráter Jezero podría haber estado ese lugar: el delta de la desembocadura de un río.

Pero, que haya evidencias de que el agua formó paisajes familiares, con sus ríos y valles, no implica que haya habido vida. Hay que buscar las evidencias.

Cauce seco de un río en el cráter Jezero

Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin
Zona de operaciones de Perseverance en el cráter Jezero. El cauce seco del río se ve en la parte superior izquierda, con el abanico de sedimentos del delta en su desembocadura. Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin

Para la búsqueda, el Perseverance está equipado con SHERLOC, un instrumento capaz de encontrar moléculas orgánicas.

Sin embargo, debemos diferenciar entre “molécula orgánica” y “biofirma orgánica” o “biomarcador”.

Las moléculas orgánicas podrían ser un indicio de vida, pero, cuidado: en realidad, pocas lo son. A estas las llamamos biomarcadores.

Para entenderlo, pensemos en el petróleo. En los años 1930 el origen biológico del petróleo se debatía, hasta que el químico Alfred Treibs descubrió porfirina en los combustibles fósiles. Esta deriva de la clorofila y no podemos explicar su presencia sin la vida. Así, estudiando los biomarcadores (compuestos cuyo origen solo podemos atribuir a la vida), sabemos que el petróleo es lo que queda de ecosistemas de hace millones de años.

Si SHERLOC encuentra moléculas orgánicas, debe evaluarse si son biomarcadores válidos.

El problema es que ello implica asumir que el metabolismo terrestre es universal. Por ejemplo, si en Marte nunca hubo fotosíntesis con clorofila, nunca encontraremos la porfirina de Treibs como biomarcador.

Los minerales también pueden ser biofirmas:

Cristal de formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos

Gentileza C. Menor Salvan
Formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos.

Recogimos estos cristales de formiato, un compuesto orgánico, en un lago salino similar a los que pudo haber en Marte.

El (improbable) hallazgo de estos cristales en Marte tendría gran impacto y en las redes sociales se extendería la idea de que hubo vida.

A diferencia de la porfirina, el formiato puede ser abiótico y no es un biomarcador. Sabemos que lo es, porque la verdadera biofirma es el desequilibrio químico con los otros componentes del lago.

El estudio de biofirmas es difícil y requerirá el transporte de muestras a la Tierra.

¿Y si no se encuentran evidencias de vida?

Desde el punto de vista de la publicidad y la financiación, buscar indicios de vida es una buena estrategia. Es menos mediático, pero, que en Marte no haya vida, ni la haya habido, también sería una buena noticia.

Si Perseverance no encuentra indicios de vida, el público podría verlo como un fracaso. Sin embargo, la exploración de Marte siempre es un éxito, tanto por el conocimiento que nos aporta, como por las tecnologías derivadas.

Disponer de un planeta en el que se reunieron las condiciones que (pensamos) propiciaron la vida, pero que esta se haya detenido en su inicio, sería un escenario único para entender el origen de la vida terrestre.

No es una idea descabellada. El rover Curiosity encontró materiales que pudieron ser claves en el origen de la vida, formando un escenario intacto durante millones de años, libre de los cambios provocados por una potencial biosfera marciana.

Rocas de fosfato, meteoritos de hierro y vetas con sulfatos encontrados en Marte por el rover Curiosity

NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS
Rocas de fosfato (A), meteoritos de hierro (B) y vetas con sulfatos (C) encontrados en Marte por el rover Curiosity. Todos juntos son ingredientes para el origen de la vida. NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS/MSSS

Es probable que no se encuentren evidencias de vida en Marte, y la pregunta seguiría sin respuesta (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia).

Pero, si tomamos la idea de que en Marte nunca proliferó la vida, podríamos centrarnos en las condiciones que, pensamos, debieron darse para su origen.

Si lo que encontremos encaja, ¿por qué no evolucionó la vida? ¿Faltaba algún ingrediente? ¿La dinámica de Marte no lo permitió? ¿Proliferó un tipo de vida distinto? Junto con el trabajo de laboratorio y lo que sabemos sobre nuestro planeta, quizá podríamos entender cómo empieza la vida y su evolución.

Si en Marte hubiera existido vida avanzada (y los ecosistemas bacterianos lo son), las preguntas sobre el origen de la vida seguirían abiertas. Sin embargo, un Marte sin vida podría ser la gran oportunidad para conocer nuestro propio origen.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver los vínculos a los estudios científicos y leer la versión original aquí.

César Menor-Salván es doctor en bioquímica y astrobiología, y profesor del Departamento de Biología de Sistemas en la Universidad de Alcalá.


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https://www.youtube.com/watch?v=dMEho2ZcVtE&t=3s

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