‘Vamos a morir en la raya': Restauranteros que no despedirán a trabajadores
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Restaurante Tenxókotl

‘Vamos a morir en la raya': Restauranteros que no despedirán a sus trabajadores

Mientras grandes empresas y locales perfilan su cierre temporal y recortes, restauranteros de CDMX seguirán dando salario a trabajadores.
Restaurante Tenxókotl
22 de marzo, 2020
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¿Pueden congeniar la subsistencia de un negocio y la solidaridad con los trabajadores? Fernando Campo cree que sí. Ha visto que grandes empresas restauranteras han decidido dejar de pagar a su personal para compensar las pérdidas corporativas y él, aunque lo lamenta, no se sorprende.

“Sería absurdo pensar que ellos van a ser solidarios”, dice como si se tratara de una obviedad.

Dueño de tres restaurantes en la Ciudad de México –llamados Fonda Garufa y Alacena Bistró- que dan empleo a más de 60 personas, Fernando decidió aplazar el pago de las rentas y de algunos servicios para garantizar el sueldo de los trabajadores de manera íntegra.

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“Sobre la renta, ya se mandó una carta a los caseros diciendo que es época difícil y que pagaremos cuando y como se pueda. La prioridad es el empleo, los sueldos, la subsistencia y después vienen la renta, los impuestos, etcétera”, explica.

“La actitud es morirse en la raya. No tenemos los recursos ni somos de la formación de estas grandes empresas que dicen: ‘esto ya no es productivo y lo cierras’; tenemos 28 años en la Condesa y tenemos colaboradores que tienen 27, 25 y 24 años con nosotros; es un asunto mucho menos empresarial y más de compañerismo y de equipo”.

Mientras más de un centenar de restaurantes y bares, principalmente de la Roma, Condesa y Polanco, ya perfilan su cierre temporal a partir del próximo lunes, Fernando guardó insumos en los congeladores y lanzó una campaña en redes para promover la venta de comida a domicilio.

Productoras de El Maguey Maguaquite, en el municipio de Chicontepec, en la Huasteca veracruzana, que proveen insumos a Maíz de Cacao. Foto: Maíz de Cacao.

“Nuestros colaboradores saben que no queremos que se vaya nadie”, dice.

Hace una pausa, respira, se conmueve al contar que los trabajadores han mostrado comprensión y, también, solidaridad de vuelta.

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“La actitud del personal de parte de nosotros ha sido maravillosa, están al pie del cañón, no han manifestado preocupación, al contrario, hemos recibido de ellos propuestas de: ‘vamos a girarnos los turnos’, ‘vamos recibiendo las propinas el día que nos toque y los otros días no’. Están conscientes que estamos en un problema”, cuenta.

“Son momentos muy difíciles en el sentido práctico y son momentos también muy conmovedores, porque, contrario a las empresas enormes, lo que encuentra uno es una solidaridad que de veras conmueve”.

Esta semana, Alsea, operadora de una docena de restaurantes en México, informó que implementará un “programa voluntario” para que sus trabajadores se ausenten del trabajo durante un mes, pero sin goce de sueldo.

Para el promotor cultural indígena Mardonio Carballo, fundador de tres restaurantes de gastronomía originaria, las corporaciones persiguen el mayor rendimiento a costa de los trabajadores, una lógica que contrasta con su modelo de economía solidaria de la que se benefician campesinos, maestros mezcaleros, cocineras indígenas, artesanos y hasta músicos.

“A diferencia de ellos, hemos creado espacios donde el mesero, el productor y la cocinera son tus amigos, que los fundadores no somos gente que nos dediquemos al negocio de restaurantes sino a la cultura; nuestra apuesta es otra, es solidaria”, observa.

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“Qué terrible que ocurra esto, porque ellos responden al interés del capital, nosotros más bien respondemos al carácter amoroso, amigable, sensible, comunal, de una persona que se junta con otra para medio sobrevivir en un espacio ya de por sí caníbal, donde estas empresas, justamente, han hecho de la pobreza una forma de administrar su propia riqueza”.

Carballo, que también es poeta, ofrece empleo a 21 personas, en su mayoría indígenas, en los tres restaurantes que fundó en las colonias Roma y Juárez: Café de Raíz, Maíz de Cacao y Tenxókotl.

“Nosotros no vamos a despedir a nadie, vamos a aguantar lo que se tenga que aguantar, porque el espíritu de estos lugares es la solidaridad, y sería incongruente no ser solidarios con la gente que trabaja con nosotros. ¡Hasta donde se pueda y como se pueda! Siempre nos hemos manejado en una lógica congruente y no vamos a dejar de hacerlo”, zanja.

En el Café Zapata Vive, ubicado en la colonia Álamos, se acordó desde este sábado la suspensión del servicio, pero los 20 trabajadores gozarán de su sueldo y conservarán sus puestos para cuando pase la contingencia, indica Diego García, fundador del lugar.

“Como colectivo, hemos resuelto apoyarnos entre todos y, aunque suspendemos las actividades de servicio al público, al menos nuestras compañeras y compañeros van a tener un apoyo económico que es producto de un proceso de organización y que hemos previsto que, ante cualquier contingencia sanitaria, política, de seguridad, apoyarnos entre todos, y ya sea una semana, dos, cinco, las que sean, todos van a estar recibiendo el apoyo que desde el espacio del café se ha generado y se fomenta para este tipo de emergencias”, explica.

“A diferencia de los grandes consorcios que despiden a sus trabajadores, nosotros no podemos hacer eso, porque no son nuestros trabajadores, son nuestros compañeros, y tenemos que velar entre todos por el bien de todos y vamos a mantenernos con un apoyo económico durante todo este periodo de contingencia; si fueran tres, cuatro semanas, las vamos a soportar, porque para eso es el trabajo de organización, de colectividad, solidaridad y autonomía”.

Diego comenta que, mientras el establecimiento esté cerrado, venderán de manera directa los productos como miel, café y artesanías para abonar al ahorro comunitario que se repartirá entre todos de manera igualitaria.

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La decisión de Alsea sobre sus trabajadores, expone, es ejemplo de un régimen al que no le importa la vida humana -si una persona tiene comida, agua o techo- más que sus ganancias.

“A costa de la propia vida, lo que están haciendo es despedir, desplazar a los trabajadores, y con ello conllevan a ahondar más la miseria, el desprecio y el olvido a la clase más jodida, que son los trabajadores”, critica.

A Diego no parece preocuparle el cierre temporal del Café Viva Zapata. Afirma que, si bien su lucha de autoorganización ya los ha expuesto a peligros como la persecución política, es la misma autoorganización solidaria la que los ha salvado.

“Tenemos un antecedente de más de 20 años de trabajo de organización, de lucha, y eso nos ha permitido que, hoy que tenemos el espacio del café, ya sepamos cómo afrontar la situación que vivimos en este momento. La autoorganización es la única forma como podemos resistir: los zapatistas nos han convocado a resguardar y luchar por la vida, lo estamos haciendo, pero también nos han convocado a organizarnos, y hoy te puedo decir que la única forma de sortear una crisis como la que estamos viviendo es un proceso de organización, un proceso de autonomía y un proceso comunitario”, instruye.

Mardonio Carballo recuerda, a propósito, su reciente poema sobre la epidemia, que es posible, asegura el autor náhuatl, amar sin tocarse.

“No seamos codos ni mezquinos;

Cuidemos todos al otro,

Cuidémonos entre todos.

Se impone hoy”.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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