Siberia: donde violar la cuarentena puede costar cinco años de cárcel
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Siberia: donde violar la cuarentena puede costar cinco años de cárcel

La mexicana Laura Guadalupe Rodríguez Hernández relata cómo es el confinamiento en Rusia, donde hasta el momento se han detectado 253 casos de COVID-19.
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“Toda persona que haya visitado recientemente algún país europeo (incluyendo Ucrania y Belarús), los Estados Unidos, China, Corea e Irán, así como las personas que vivan con ellas, deberán auto aislarse durante 14 días al regresar a Rusia. De no cumplir con esta disposición, se enfrentaría a una pena de hasta 5 años”. La advertencia la realiza la embajada de México en Rusia a través de un email dirigido a todos los residentes en el país. En el correo también se recuerdan las restricciones impuestas por el gobierno de Vladimir Putin a causa de la epidemia de COVID-19: limitación de los vuelos, veto a la llegada de extranjeros, cierre de instituciones eucativas y deportivas y cancelación de eventos en los que participen más de 50 personas.

Laura Guadalupe Rodríguez Hernández, de Guadalajara, Jalisco, y de 30 años, es una de las mexicanas que recibió esta comunicación. Lleva tres años y medio viviendo en Rusia, concretamente en Tiumen, Siberia Oriental, 1,700 kilómetros al este de Moscú. Enamorada del país de los zares y la revolución bolchevique desde que era una niña, trabaja como profesora de español para cumplir su sueño ruso. 

“Al principio solo había visto memes y me pareció broma. Pero teniendo en cuenta el tamaño de Rusia, y que comparte frontera con 14 países, incluido China, entiendo estas disposiciones, aunque sean tan estrictas”, dice, en conversación telefónica con Animal Político

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Siberia, tierra inhóspita y de clima extremo, siempre fue utilizado como territorio de castigo. Primero los zares y después la Unión Soviética, el lugar fue destino de confinamiento para disidentes. Más de un cuarto de siglo después del colapso del denominado “socialismo real” llegó Rodríguez Hernández a la nueva Rusia. 

Laura Guadalupe Rodríguez Hernández, de Guadalajara, Jalisco, actualmente vive en Tiumen, Siberia Oriental. Foto: Cortesía

Ahora el lugar es clave para entender la expansión de la pandemia. O, al menos, para entender una parte, la del país que ha impuesto algunas de las sanciones más duras para quien incumple el confinamiento obligado. 

Por un lado, porque las medidas de profilaxis tienen algunas de las sanciones más duras del mundo: en Italia o España, si te saltas la cuarentena, pueden multarte o arrestarte durante unos días. Y eso que estamos hablando de los dos principales focos de la pandemia, con 50 mil y 25 mil casos; y casi 5 mil y 2 mil 500 muertos, respectivamente.

En Rusia, por lo mismo, te pueden caer casi cinco años a la sobra. Casi nada. 

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En el país más extenso del mundo, 253 personas se han contagiado, según datos oficiales, y se ha registrado solo una víctima mortal. 

“Vine de México el 1 de marzo haciendo escala en Estados Unidos”, explica Rodríguez Hernández. Para entonces la disposición no se había decretado, y dice la mexicana que ella usó su cubrebocas, pero, reconoce, “la situación es un poquito preocupante”.

Sin embargo, la joven considera que “hay que tomarse las cosas en serio”.

El COVID-19 es el mismo virus a lo largo de todo el planeta. Su impacto, no obstante, ha sido diferente en cada país. A día de hoy se impone el aislamiento, y más de 500 millones de personas están sometidos a algún tipo de cuarentena, según la agencia Afp. Hemos visto ciudadanos obedientes, ciudadanos asustados, ciudadanos vigilantes hacia sus vecinos, ciudadanos colaborativos, ciudadanos que actúan como si la cosa no fuese con ellos. Por otro lado, existen fenómenos que, de un modo u otro, se han replicado en sociedades bien diversas. La de buscar refugio en la segunda residencia es una de ellas.

En Rusia, según explica Rodríguez Hernández, son tradicionales las casas de campo, conocidas como “dachas”. “En el verano, la gente va a estas casas para plantar verduras y pasar el tiempo. Ahora, tras la cuarentena decretada el martes, todos marcharon a las casas de campo. Las ciudades están quedando vacías”, dice. 

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La escasez determinados productos a causa de las compras de pánico es también un comportamiento que se ha expandido junto a la pandemia. En Tiumen, como en muchos comercios de la colonia Roma, no se pueden conseguir cubrebocas. 

Quizás el confinamiento sea más sencillo acatarlo ahora mismo en Siberia. No solo por la amenaza de la cárcel, sino porque la oscilación de las temperaturas, entre siete y dos grados bajo cero, tampoco invita a salir.

Tiumen es ahora una región completamente aislada, como muchas otras en el planeta. “Hay un aeropuerto internacional pero no reciben extranjeros”; dice la mexicana, que logró llegar a su casa porque llegó una semana antes de las restricciones.

La cuarentena no es nueva para esta zona alejada, más cerca de Kazajstán que de Moscú. En febrero, cuando la pandemia se extendía, unos 200 rusos procedentes de Wuhán, China, fueron confinados allí hasta comprobar que no habían contraído el virus. Perseguidos políticos, disidentes, posibles contagiados, al final Tiumen siempre fue hogar para confinados.

La región estará cerrada hasta el próximo 1 de mayo. Ahí estará Rodríguez Hernández hasta que se abran las fronteras. Si se abren para esa fecha. Por el momento tiene visado hasta el 29 de mayo. Pero no hay certezas en la era del coronavirus. 

“No sabemos qué va a pasar con nosotros”, dice. 

Es buena pregunta, porque nadie sabe.

 

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Antártida: qué países reclaman su soberanía y por qué

El llamado "continente blanco" es el único que no pertenece a ningún país y se rige por un tratado internacional. Sin embargo, 7 naciones reclaman parte de su territorio.
1 de diciembre, 2020
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Imagen satelital de la Antártida

Getty Images
La Antártida es el único continente que no pertenece a ningún país, aunque varios reclaman una porción.

La Antártida es el continente más frío, seco y ventoso de la Tierra, y eso explica por qué es el único sin una población indígena.

Sin embargo, el cuarto continente más grande del mundo -después de Asia, América y África- es uno de los lugares más anhelados del planeta.

Siete países reivindican partes de su extenso territorio de 14 millones de kilómetros cuadrados.

Algunas son naciones lindantes, como Argentina, Australia, Chile y Nueva Zelanda.

Pero también tres países europeos -Francia, Noruega y Reino Unido- reclaman soberanía sobre sectores de la Antártida.

El primero en instalar una base permanente en la región y declarar su soberanía allí fue Argentina, en 1904. La Base Orcadas es la estación científica antártica más antigua todavía en funcionamiento.

El país sudamericano consideraba la región como una extensión de su provincia más austral, Tierra del Fuego, al igual que las islas Malvinas (o Falklands), Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

https://www.youtube.com/watch?v=HwQIES5OuyQ

Sin embargo, Reino Unido, que controla esas islas, hizo su propia reclamación antártica en 1908, reivindicando una región que abarca por completo el sector reclamado por Argentina.

Chile, sumó su propio reclamo años más tarde, en 1940, también sobre la base de que era una extensión natural de su territorio.

La Antártica Chilena -como se la conoce allí- forma parte de la Región de Magallanes, la más austral de las 16 regiones en que se divide el país, y se superpone en partes con los terrenos antárticos exigidos por Argentina y Reino Unido.

Las otras demandas de soberanía se basan en las conquistas realizadas por famosos exploradores antárticos a comienzos del siglo XX.

El reclamo de Noruega se funda en las exploraciones de Roald Amundsen, el primero que alcanzó el Polo Sur geográfico, en 1911.

Y las pretensiones de Nueva Zelanda y Australia se basan en las gestas antárticas de James Clark Ross, quien izó la bandera del Imperio británico en territorios que fueron puestos bajo la administración de esos dos países por la Corona británica, en 1923 y 1926, respectivamente.

En tanto, Francia también reclama una pequeña porción de suelo antártico que fue descubierta en 1840 por el comandante Jules Dumont D’Urville, quien lo bautizó Tierra Adelia, en honor a su esposa.

Países que reclaman soberanía en la Antártida

BBC

Sin dueños

Más allá de estos reclamos soberanos, otros 35 países, incluyendo a Alemania, Brasil, China, Estados Unidos, India y Rusia, tienen bases permanentes en el continente blanco.

Sin embargo, el lugar que muchos llaman el Polo Sur (porque contiene el polo sur geográfico) no pertenece a nadie.

La Base Orcadas, de Argentina, ubicada en la Isla Laurie (parte de las Islas Orcadas del Sur, de la Antártida)

Getty Images
La Base Orcadas, de Argentina, ubicada en la Isla Laurie (parte de las Islas Orcadas del Sur, de la Antártida) es la estación permanente más antigua del continente blanco.

Desde 1961 es administrado por un acuerdo internacional, el Tratado Antártico, que fue firmado el 1 de diciembre de 1959 originalmente por los siete países con pretensiones soberanas más otros cinco: Bélgica, Estados Unidos (donde se firmó el acuerdo), Japón, Sudáfrica y Rusia.

El Tratado, firmado en el contexto de la Guerra Fría, buscó evitar una escalada militar, afirmando que “es en interés de toda la humanidad que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional”.

El pacto congeló las reclamaciones territoriales existentes y estableció que la Antártida se convierta en una reserva científica internacional.

También prohibió las pruebas nucleares y “toda medida de carácter militar, excepto para colaborar con las investigaciones científicas”.

Desde entonces, otras 42 naciones se han sumado al Tratado, aunque solo 29 -aquellas que realizan “actividades de investigación sustanciales”- tienen poder de voto y pueden tomar decisiones sobre el presente y futuro de la Antártida.

Hasta ahora todos miembros del pacto han acordado seguir prohibiendo cualquier otra actividad en la Antártida que no sea científica.

Render de una bandera de la Antártida

Getty Images
La Antártida no tiene dueño, pero 29 países con presencia activa en el continente deciden sobre su presente y futuro.

Riqueza

Pero ¿por qué tanto interés por un continente cubierto casi enteramente de hielo?

Uno de los principales motivos tiene que ver con lo que potencialmente yace debajo de ese hielo: abundantes recursos naturales.

“Hay una razón por la cual los geólogos a menudo tienen el lugar más destacado (en las bases científicas de la Antártida)”, señala el documentalista y periodista Matthew Teller, quien ha escrito extensamente para la BBC sobre el continente blanco.

A pesar de que la prospección petrolera y minera está prohibida por el Tratado Antártico, sí se puede explorar con fines científicos.

Así, los expertos han logrado estimar que bajo el suelo antártico hay unos 200.000 millones de barriles de petróleo, dice Teller.

“Mucho más que Kuwait o Abu Dhabi”, resalta.

Sin embargo, hoy no es viable explotar esos recursos, porque -además de que está expresamente prohibido- el costo de extracción sería demasiado alto.

Esto se debe a que, a diferencia del Ártico, que está conformado principalmente por océano congelado, la Antártida es un continente rocoso cubierto de hielo.

Y esa capa de hielo puede alcanzar los cuatro kilómetros de profundidad.

En tanto, construir plataformas petroleras off shore en las proximidades de la costa antártica, donde se cree hay vastos depósitos de petróleo y gas, también resultaría muy costoso debido a que allí el agua se congela en invierno.

Un pingüino en la Antártida

Getty Images
Hoy la Antártida está protegida, pero en 2048 eso podría cambiar.

No obstante -advierte Teller- “es imposible predecir en qué estado estará la economía mundial en 2048, cuando sea el momento de renovar el protocolo que prohíbe la prospección antártica”.

“En ese escenario, un mundo hambriento de energía podría estar desesperado”, afirma.

Además de petróleo y gas, se cree que la región antártica es rica en carbón, plomo, hierro, cromo, cobre, oro, níquel, platino, uranio y plata.

Plataforma continental

El Océano Antártico también tiene grandes poblaciones de kril y peces, cuya pesca es regulada por la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos Antárticos.

Todas estas riquezas naturales explican por qué los países que reivindican partes de la Antártida también han realizado reclamos ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) para demandar sus derechos de propiedad sobre el lecho marino adyacente a los territorios antárticos que pretenden.

En 2016, la Comisión de Límites de la Plataforma continental (CLPC) de la ONU reconoció el derecho de Argentina de extender sus límites externos en el Atlántico Sur, lo que le permitió al país sudamericano sumar 1,6 millones de kilómetros cuadrados de superficie marítima.

Sin embargo, la CLPC no se pronunció sobre el reclamo relacionado con los territorios antárticos (ni de Argentina ni de ningún otro país) ya que el organismo no considera ni emite recomendaciones sobre áreas en disputa.

Antártida

Getty Images
El Tratado Antártico, que fue firmado el 1 de diciembre de 1959.

Beneficios menos conocidos

Hay dos potenciales utilidades más que tiene el continente blanco, que son únicas, pero menos conocidas que las riquezas naturales tradicionales.

Mientras muchos se enfocan en los potenciales beneficios económicos que yacen kilómetros debajo del hielo o en los mares, pasan por alto lo que muchos consideran será el bien más preciado en el futuro: el agua dulce.

Y es que el hielo que cubre la Antártida es la mayor reserva de agua dulce del mundo, un recurso esencial escaso que algún día podría valer más que el oro.

Se calcula que la Antártida contiene el 70% del agua dulce del planeta, ya que allí se concentra el 90% de todo el hielo de la Tierra.

Y hay mucha más agua dulce congelada que la que se halla debajo del suelo, y en ríos y lagos.

Si se considera que el 97% del agua en el mundo es salada, se comprende la importancia que tiene ese recurso hídrico congelado en el extremo sur del planeta.

La otra ventaja poco conocida de la Antártida tiene que ver con sus cielos, que son particularmente claros e inusualmente libres de interferencias de radio.

Esto los hace ideales para la investigación del espacio profundo y el seguimiento satelital.

El cielo de la Antártida

Getty Images
El cielo antártico es tan potencialmente rico como su suelo y agua.

“Pero también son ideales para el establecimiento de redes de vigilancia encubierta y el control remoto de sistemas de armas de ataque”, advierte Teller.

Australia ha advertido que China podría utilizar su base científica Taishan -la cuarta del país en territorio antártico, construida en 2014- para realizar tareas de vigilancia.

“Las bases antárticas se utilizan cada vez más para un ‘doble uso’: la investigación científica que es útil para fines militares”, denunció el gobierno australiano en 2014.

Sin embargo, el sistema de navegación satelital chino, BeiDou, cumple con las reglas del Tratado Antártico, al igual que el sistema Trollsat de Noruega.


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