El 8M desata ola de denuncias de acoso en Odontología de la UNAM
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Itxaro Arteta

El 8M desata una ola de denuncias de acoso en la Facultad de Odontología de la UNAM

Estudiantes de la Facultad de Odontología de la UNAM construyeron una red de alumnas sororas y un “tendedero” de denuncias de acoso sexual.
Itxaro Arteta
11 de marzo, 2020
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Una alumna de la Facultad de Odontología de la UNAM saca su teléfono y muestra los comentarios de su cuenta de Instagram.

“Qué bonitas piernas”, le dijeron en una de sus fotos, en la que trae shorts. “¡Ni siquiera ha sido mi maestro, no sé por qué me escribe!”, comenta a Animal Político la estudiante, que prefiere mantener confidencial su identidad.

La cuenta desde la que recibió el comentario está a nombre de David Enrique Sandoval Nava, que en su biografía dice “académico UNAM Facultad de Odontología. Posgrado Endodoncia DEPel… UNAM. CU”.

Entérate: Casi el 100% de los casos de acoso y hostigamiento sexual en contra de la mujer queda impune

Pero ese comentario no es el único de ese tipo que ha llegado a las alumnas. Este martes han aparecido otros, expuestos sobre las paredes del vestíbulo de ese plantel, como parte de un “tendedero” de denuncias de acoso sexual. “Qué rica papayita”, “Hermosas nalgas amor”, “Chiquito amor pero se te ve divino delicioso mi vida”, dicen otras publicaciones. Además, hojas blancas escritas con plumón denuncian que el profesor Kike David las invitó a salir contactándolas por redes sociales.

El tendedero incluyó una respuesta subida por el profesor a su cuenta de Facebook, en la que dice que están dañando su imagen como académico y de su querida facultad. Asegura que una publicación es de una chica que ni siquiera es su alumna. “Ni siquiera tengo el gusto de conocerla, más que por una conversación en Messenger que tuvimos cuando nos hicimos amigos por este medio”.

El 80% de las estudiantes de la Facultad de Odontología de la UNAM son mujeres y todas tienen una historia de acoso sexual que contar. Hace apenas una semana, cuando las de Medicina organizaron un paro de 24 horas y les preguntaron si se sumarían, decidieron que ya no podían seguir siendo de las pocas facultades que no había alzado la voz, después de más de cuatro meses en los que los paros contra el acoso se han extendido por múltiples planteles de la Universidad.

Se formó así la Red de Alumnas Sororas de la Facultad de Odontología. Crearon una “red de apoyo” en un chat de WhatsApp y nació la idea de armar un “tendedero” de denuncias, así que abrieron un correo electrónico para recibirlas. Organizaron un contingente para la marcha del Día de la Mujer y el viernes pegaron metros de papel, invitando a las mujeres a pintar una raya si habían sido acosadas por doctores y profesores, alumnos, enfermeros y trabajadores, o pacientes. El papel pronto se llenó de rayas.

Al ver la respuesta a sus iniciativas, adelantaron sus planes y este martes a las 7:30 de la mañana, apenas al volver del paro femenino del 9 de marzo, montaron en el vestíbulo de la facultad, en plena puerta de la dirección, las 35 denuncias que habían recibido por correo electrónico. Llevaron hojas blancas y plumones de colores para que más chicas en persona escribieran ahí su denuncia, y pronto eran ya unas 90 tapizando los cristales y muros.

Asombro, apoyo, burlas e intimidación como respuestas

Como si fuera una exposición, el tendedero atrae a estudiantes mujeres y hombres, exalumnas que quisieron sumarse a denunciar, profesoras y los propios doctores denunciados.

“Estoy esperando a una amiga para colgar las dos nuestra denuncia”, comenta una. “Ahí está el que te dije”, señala otra para mostrarle a su novio. “¡Vente para acá, tienes que ver esto!”, dice una más hablando por teléfono. “¡Los hombres se vienen a buscar a ver si aparecen, así tienen la conciencia!”, exclama una trabajadora.

Muchas y algunos intercambian comentarios con risas nerviosas. Algunos jóvenes van muy serios leyendo. “Yo salgo allá”, le dice uno a sus amigos con cara de molestia.

Un doctor se pasea con risa burlona. “Qué padre que se expresen… Faltan las pruebas. Porque pueden decir muchas cosas. Yo por eso les pongo en el grupo que no se me acerquen; si no, ‘¡me están acosando!’”, dice al aire como para quien lo quiera oír.

Otra doctora viene altiva a preguntarle a una de sus alumnas: “¿A ver la denuncia que pusiste contra ése?”, y le reitera que ella y sus compañeras tienen todo su apoyo.

Pero algunas alumnas también han recibido intimidaciones. Una de ellas cuenta con voz temblorosa y mirando a su alrededor, para que no detecten que está hablando con periodistas, que se acaba de encontrar a un doctor con el que hizo su servicio social. Eran tres mujeres y un hombre; sólo él obtenía permisos para ir a desayunar, mientras a ellas les ordenaba hasta hacerle favores personales y las maltrataba.

“Me lo encontré cuando iba bajando y me preguntó si yo había puesto algo de él, le contesté que no, y dijo ‘entonces me quedé corto contigo’”, relata.

Mientras todo esto ocurre, una pantalla instalada en el vestíbulo de la facultad muestra los videos que hizo la UNAM pidiendo que las denuncias sean formales, y retransmite el “mensaje a mujeres” que el rector Enrique Graue dio hace unas semanas en un auditorio lleno de directoras y académicas, en el que se relegó a las estudiantes.

Acuerdan presentar denuncias formales

No todas las denuncias han sido de papel en el tendedero; algunas llegaron a las autoridades, algunas tuvieron mínimas consecuencias, otras ninguna.

Una alumna de 26 años cuenta que hubo una materia en la que el maestro le hacía comentarios como preguntarle si la tenían bien cogida, y ante su molestia, le decía también que sí le iba a pedir las nalguitas para la calificación. Cuando acabó el semestre, le puso 6, por lo que fue a quejarse en dirección. Pero la única respuesta fue que si quería, le ponían NP (no presentó) para que volviera a cursar la materia con otro maestro.

Elisa, otra chica, recuerda que en tercer año, aunque era alumna de excelencia, un maestro de cirugía una vez la zarandeó criticándola por cómo había movido al muñeco con el que estaban haciendo una práctica, la callaba en clase e intimidaba constantemente. Hasta que no pudo más, le contó a su papá, que la acompañó a hablar a la dirección, y ahí la redirigieron a la Unidad para la Atención de Denuncias (UNAD).

Después de cuatro horas ahí presentando la denuncia, una psicóloga le dijo que no iba a proceder porque eso no era violencia de género. Además le explicó las posibles sanciones con las que iba a terminar la denuncia: un día de suspensión al profesor o un “strike” en su expediente, que es como una llamada de atención.

Ella dejó de presentarse y reprobó. Su padre volvió a preguntar meses después qué había pasado con la denuncia y le dijeron que al doctor le quitaron la titularidad de esa clase. Aunque sigue siendo maestro de la facultad.

Otro caso fue el de una profesora de inglés que, como ya es de edad avanzada, tenía un adjunto (alumno de años superiores que funciona como ayudante de clase) que se encargaba de todo lo operativo y manejaba un chat de WhatsApp por el que llegó a pedir dinero para mejorar calificaciones e incluso dar su número de cuenta para que le depositaran, además de enviarle mensajes inapropiados en privado a las estudiantes.

Durante dos años ocurrió, refieren, hasta que en noviembre pasado una mamá se enteró y fue a contárselo a la profesora. Primero no lo creía, pero al ver los chats, ella misma fue a denunciar al joven en la dirección y dejó de tenerlo como ayudante. Pero actualmente sigue siendo alumno de la Facultad y está haciendo su servicio social.

Muchas otras chicas que contaron sus testimonios a Animal Político refirieron que nunca se han sentido con la confianza de hacer una denuncia ante autoridades porque la violencia de género está normalizada, los propios compañeros les dicen que un maestro “es así con todas”, o que le gustan, incluso las acusan de que si obtienen una buena calificación habrá sido por ceder a las insinuaciones de los doctores. Pero a raíz de esto, manifestaron que sí se animarán a presentar denuncia formal.

La directora de la Facultad de Odontología, Elba Rosa Leyva, al ver el tendedero, recibió a una pequeña comisión de la Red de Alumnas Sororas, que organizó la protesta, con quienes estuvo reunida más de dos horas.

Las jóvenes llevaron un pliego petitorio de seis puntos: crear una comisión integrada por alumnas y académicas que realmente atiendan las denuncias de acoso sexual; proteger a las víctimas para que no sufran intimidaciones o represión de maestros; que si la demanda es grave la Universidad acompañe una denuncia ante autoridades correspondientes; baja definitiva de académicos encontrados culpables de acoso; contratación de abogadas y psicólogas capacitadas en perspectiva de género; y un protocolo de actuación en caso de acoso por parte de pacientes.

Antes de los puntos, fueron enfáticas en que no habrá denuncias formales si no hay garantías de protección a las víctimas.

Al salir de la reunión, comentaron que la directora había mostrado disposición a atender sus demandas, y que quedaron en que la Red reuniría a chicas que estén dispuestas a hacer las denuncias formalmente.

Animal Político intentó hablar en tres ocasiones con la directora pero se remitió a comunicación social de la UNAM, que no dio respuesta.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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