Clausuran 10 maquiladoras en Mexicali por no respetar cuarentena
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Luis Arellano

Clausuran 10 maquiladoras en Mexicali por no respetar cuarentena por COVID-19

El temor a contagiarse activó protestas de obreros en maquiladoras de Mexicali quienes piden la presencia de autoridades de la Secretaría del Trabajo; por lo pronto 10 empresas han sido clausuradas por violar la cuarentena
Luis Arellano
Por Luis Arellano Sarmiento (Pregonero de Baja California)
10 de abril, 2020
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La industria maquiladora de Baja California no ha parado actividades a pesar de la contingencia por COVID-19, por lo que hasta este jueves eran 10 las empresas  clausuradas al no respetar la cuarentena decretada por el gobierno federal.

A esto se suman las protestas de obreros en diferentes plantas maquiladoras de la entidad. Este jueves un grupo de 70 obreros de la empresa Skyworks de Mexicali, la capital política de ese estado, realizaron por tercer día consecutivo una manifestación pacífica tras su jornada laboral.

Los obreros temen contagiarse de coronavirus en su trabajo y llevar el virus a sus familiares.

Consideran que la actividad productiva que realizan no es de las catalogadas como esenciales y ante la contingencia por el COVID 19 es necesario quedarse en casa, como lo han recomendado las autoridades mexicanas.

Lee: Empresas especularon y despidieron a trabajadores antes de la emergencia: Sheinbaum

Skyworks es una empresa internacional dedicada a la fabricación de semiconductores utilizados en la industria médica, militar y de telecomunicaciones. Actualmente en Mexicali tiene una plantilla de 2,500 empleados y una operación de 24 horas los 7 días de la semana, los 365 días del año.

Mexicali junto a Tijuana y Ciudad Juárez, las tres localidades fronterizas con Estados Unidos, concentran gran parte de las empresas maquiladoras de exportación en México. 

En el caso de Mexicali cuenta con cerca de 200 empresas maquiladoras. Tiene una población de un millón de habitantes de los cuales alrededor de 70 mil trabajan en la industria maquiladora de exportación, de acuerdo con cifras de la Comisión de Desarrollo industrial a nivel local.

Protestas pacíficas

En los tres días de manifestaciones los empleados inconformes han acudido a sus laborales durante las 12 horas de su jornada, para después protestar pacíficamente  afuera de su centro de trabajo.

El empleado Alberto, con dos años de antigüedad en la fábrica, criticó que tengan tres días manifestándose y el sindicato al que pertenecen no se haya acercado a defenderlos.

Dijo que saben que pertenecen a un sindicato porque en sus cheques les descuentan las cuotas, pero no saben quiénes son los dirigentes del gremio.

Entérate: Ayuda del gobierno solo a pobres, no habrá condonación a empresas por COVID-19: AMLO

Para los empleados inconformes, producir partes de microcomponentes no es una actividad esencial, por lo que consideran que deben quedarse en casa a cumplir el decreto presidencial del 31 de marzo pasado, el cual obliga a los patrones pagar íntegro el salario de los obreros durante 30 días.

La empresa en contraste considera que sí es una actividad considerada esencial, por lo que no debe parar actividades, narró el obrero.

Además la empresa está ofreciendo bonos económicos a quienes sí están trabajando, dijo el entrevistado.

En caso de que la actividad sí sea de las consideradas esenciales, tanto en el centro laboral como en el camión de transporte de personal, se deben de cumplir las medidas sanitarias para no correr riesgo de contagio, dijo el empleado de maquiladora.

Los manifestantes exigieron la presencia de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), para que ésta instancia supervise las condiciones en que están laborando, además de que les informe si su actividad es esencial o no.

La iniciativa de protestar fue decisión de los obreros, pues los representantes del sindicato al que aportan cuotas, en los tres días de manifestación no se ha acercado a asesorarlos, aseguró el empleado quien expresó su malestar por dicho “sindicato blanco”, es decir, defensor de patrones no obreros.

Se está revisando “muy de cerca”

Rodolfo Andrade, presidente de la Comisión Desarrollo industrial de Mexicali, informó que todas las empresas denominadas esenciales, desde maquiladoras de exportación y las nacionales, siguen operando en esta localidad, pero además reconoció que la Secretaría del Trabajo se encuentra realizando inspecciones a los centros laborales.

 “La autoridad, la Secretaría del Trabajo, ha estado revisando muy de cerca este tema… no sólo si es esencial la empresa sino también las condiciones de higiene y distancia de los trabajadores”, dijo.

Explicó que en estos momentos hay empresas que están siendo revisadas por las autoridades de la STPS, para determinar si realizan actividades esenciales, pues reconoció que tras el anuncio del gobierno federal hubo dudas de las industrias que realizan actividades esenciales.

Puso el ejemplo de la industria maquiladora de Mexicali, donde un sector de empresas (no específico cuáles y cuántas) realizan actividades vinculadas a la industria médica.

Lee: Grandes empresas que hagan despidos durante pandemia no harán más negocios en CDMX: Sheinbaum

Sin embargo, explicó que actualmente hay entre 50 y 70 empresas que han acudido a la STPS para acreditar que están dentro del sector considerado esencial. En dicho proceso las autoridades les piden documentos que acrediten su actividad y justifiquen porque son esenciales.

“Y mientras no llegue el visto bueno de la autoridad las empresas no pueden operar”, dijo.

Sobre el caso de las protestas que se han dado en empresas como Skyworks, Andrade dijo que aun cuando no conoce este caso de cerca, esta empresa realiza actividades esenciales para el sector médico y otras industrias.

De acuerdo con el Secretario del Trabajo en BC, Sergio Moctezuma Martínez, de las más de mil maquiladoras existentes en todo Baja California, “hay aproximadamente 130 maquiladoras que son actividades no esenciales”.

Durante una conferencia virtual, el funcionario dijo que se cuenta una estrategia definida con los gobiernos municipales para “meter mano dura a las empresas” que no cumplan la cuarentena; además, recordó que el transporte de personal en aquellas empresas con actividades “esenciales”, debe pasar por un proceso de limpieza y desinfección, mismo llamado, al transporte público, para que incluso reduzca el número de pasajeros.

Clausuran empresas

Por ser consideradas como actividades no esenciales ante el decreto presidencial por la emergencia del Covid 19, diez maquiladoras o industrias fueron clausuradas por el Gobierno de Baja California y la Secretaría de Salud federal en Mexicali.

Se trata de empresas dedicadas a la fabricación o ensamble de televisores, lámparas, plumas, impermeabilizante, chapas, bujías y hasta un call center.

Hasta el 8 de abril la ciudadanía de Baja California había presentado 36 denuncias por presuntas empresas que no estaban cumpliendo con el decreto de emergencia por el Covid 19.

Entre las empresas que se les colocó sello de suspensión está Industria Zahoria, dedicada a la fabricación de impermeabilizantes y asfalto con 600 empleados; Spectrum Brands, quien elabora cerraduras y chapas, con un personal de mil 500 trabajadores; además de Comercial Autolite, empresa que fabrica bujías para vehículos con 700 empleados.

También, Eaton Cooper Lighting con 800 trabajadores que fabrican lámparas incandescentes; LG Electronics que ensambla televisiones con 500 empleados; así como Tecnologías Internacionales de Manufacturas (Timsa), cuyo giro comercial son las estructuras metálicas para barcos, con dos plantas que emplean a 300 personas.

La lista de clausuras continúa con Newell Rubbermaid, empresa dedicada a la fabricación de plumas y marcadores, con 2 mil 600 trabajadores en dos direcciones.

Todos esos trabajadores deben estar en sus casas y se les debe pagar el sueldo al 100 por ciento, aseguró el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

También por desacatar las órdenes y seguir operando durante la contingencia del Covid 19, este jueves 9 de abril se sumaron a las clausuras las empresas Telvista, Clover y Cali Baja, dedicadas a la atención a clientes vía telefónica, comercialización de material reciclado y elaboración de suministros para dispositivos móviles.

En las acciones de clausura, también hubo participación de elementos de la Fiscalía General del Estado 

Con información de Francisco Sandoval.

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El Halconazo: cómo fue la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
9 de julio, 2022
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico -que luego daría nombre a lo ocurrido-, vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de “Tiempo suspendido”, un libro que documenta -incluso con archivos clasificados- lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) -las dos instituciones superiores más importantes del país- respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10.000 estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” -reportes dicen que eran al menos 400 o 500- en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospitaly agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

50 años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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