En Edomex temen más a la crisis que al COVID-19 porque aún dudan que exista
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Carlo Echegoyen

En el Edomex tienen más miedo a la crisis que al COVID-19 porque aún dudan que exista

Los negocios en la ciudad de Tlalnepantla y todo el corredor industrial mexiquense hasta Cuatitlán Izcalli han cerrado; en el Edomex el panorama no es muy diferente al del centro histórico de la Ciudad de México.
Carlo Echegoyen
3 de abril, 2020
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Son las 11 de la mañana del jueves 2 de abril en la estación Buenavista, una de las principales arterias de la Ciudad de México por las que, a diario, transitan más de 200 mil personas que llegan a trabajar a la capital procedentes de ciudades ‘satélite’ del Estado de México, como Tlalnepantla o Cuautitlán Izcalli.

Esta mañana, a diferencia de hace apenas una semana, antes de que se decretara la fase 2 de contingencia por la pandemia de coronavirus, el tren suburbano llega a la estación prácticamente vacío.

Lee: Mueren 13 personas en un día por COVID-19: México suma 50 defunciones y 1,510 casos positivos

En el andén opuesto, en el que va de regreso al Estado de México, otro convoy abre sus puertas.

“Esperen un momento”, ordena uno de los guardias de la estación.

Acto seguido, una brigada de cuatro personas sube presto a los vagones vacíos. Los cubrebocas, los lentes de plástico, y el traje blanco nuclear que les cubre todo el cuerpo, desde las pestañas hasta los tobillos, hace imposible adivinar si son hombres o mujeres.

En el andén, los pocos pasajeros que aguardan los observan con curiosidad.

“Parece película de terror”, se escucha un cuchicheo.

De inmediato, la ‘brigada’ toma entre sus manos enguantadas unos botes de plástico y comienzan a rociar todos los asientos del convoy, mientras los guardias privados braman que no está permitido tomarles fotografías.

En menos de cinco minutos, el personal de limpieza guarda los trapos y escobas, y sale del vagón para dar paso a un grupito de pasajeros.

“No olvide guardar la distancia y usar el gel antibacterial que está disponible en cada estación del trayecto”, pide una voz enlatada que sale de los altavoces del convoy que se desliza presto por la vía.

Por la ventana del tren, las estaciones se suceden con rapidez. Y en todas -Fortuna, San Rafael, Lechería, Tultitlán, y Cuatitlán-, el paisaje es muy parecido: andenes desiertos y envueltos en un silencio extraño, largas filas de taxis estacionados, combis con choferes dormitando sobre el volante, y calles y carreteras con poco tránsito.

Carlo Echegoyen

Miedo a los saqueos

En el paradero de Tlalnepantla, uno de los municipios del cinturón industrial mexiquense que más gente trasvasa y recibe de la capital a diario, la mayoría de las tiendas que se extienden por los pasillos del centro comercial que hay dentro de la estación se encuentran cerradas.

Algunas, sobre todo las de ropa, bajaron la persiana metálica y también sacaron apresuradamente toda su mercancía, dejando un puñado de maniquíes desnudos en los escaparates donde aún cuelgan letreros con ofertas que ya nadie se detiene a leer.

“Es por el miedo a los saqueos”, comenta Omar, dependiente de una de las pocas tiendas de ropa urbana que permanece abierta, que hace referencia a los robos a tiendas y centros comerciales que, en plena declaratoria de emergencia sanitaria por el coronavirus, ocurrieron los pasados 23 y 24 de marzo en varios puntos de la capital y del Estado de México.

En la salida de la estación, nada más bajar por una larga escalera mecánica, los voceadores de las combis y de los taxis salen al encuentro de las pocas personas que llegaron desde la Ciudad de México gritando que hay lugares libres para viajar al zócalo de Tlalnepantla, pero sin éxito.

Carlo Echegoyen

“No hay clientes. El pasaje está muerto”, resume su mañana uno de los choferes de las combis estacionadas en la bahía.

No muy lejos de la estación, en la avenida Morelos, Melquiades Flores, un chofer de autobús de 53 años, explica que a medida que la Ciudad de México se va ‘apagando’ por el cierre de restaurantes, comercios, y empresas, como parte de la contingencia para frenar la propagación del coronavirus, la ciudad de Tlalnepantla y todo el corredor industrial mexiquense hasta Cuatitlán Izcalli también se apaga lentamente.

Leer más: ¿Cómo proteger a los adultos mayores del COVID-19 y que no se sientan abandonados?

“Mucha gente ya no está viajando para la ciudad porque allá ya cerraron comercios y trabajos”, plantea Melquiades, que está recostado sobre el asiento del autobús, en el que apenas han subido cuatro personas que esperan pacientes la llegada de más pasajeros para que la unidad por fin arranque.

“Y, al mismo tiempo, la gente de la ciudad no está viniendo a Tlalnepantla porque también muchos negocios, empresas, y fábricas cerraron, o despidieron a mucho personal. Por eso aquí tampoco ves gente casi por ningún sitio”, añade el chofer.

Julia, una comerciante ambulante de 60 años que tiene su puesto de plata y de bisutería frente al Hospital Gineco Obstreticia Doctor Jesús Varela, donde ya hay instalado un filtro sanitario en la puerta de entrada por el COVID-19, narra otro ejemplo de la relación y la dependencia comercial que existe entre su ciudad y la capital, las cuales están separadas por apenas 10 kilómetros y unas fronteras que hace tiempo dejaron de existir por la expansión de las urbes que se ‘canibalizan’ el terreno.

Sentada sobre una banca de piedra, Julia dice que lleva semanas en las que casi no vende nada porque las calles se vaciaron.

Las pocas ventas que tiene son por su clientela habitual, que le pide medallas de plata de San Judas, o cruces de Caravaca, principalmente.

El problema es que, para conseguir esa mercancía, la mujer tiene que trasladarse al centro joyero que está en la Ciudad de México. Y en la mañana del jueves, se encontró con algo que jamás había visto en su vida: el centro histórico de la capital completamente vacío.

“Fui y todo estaba cerrado. El zócalo, la calle Madero, los comercios, y las tiendas de joyería donde yo compro mi mercancía. Todo cerrado”, lamenta la mujer, que desconocía la medida tomada por el gobierno de Claudia Sheinbaum de cerrar buena parte del centro para evitar las aglomeraciones de personas que aún transitaban por sus calles hasta hace apenas un par de días, tal y como constató Animal Político en esta crónica.

“No tememos al coronavirus, sino a la crisis económica”

En la avenida Morelos de Tlalnepantla, una carretera larga y repleta de comercios que desemboca en el centro de la ciudad, el panorama no es muy diferente al que describe Julia del centro histórico capitalino.

Muchos negocios también están cerrados, como tiendas de ropa, restaurantes de comida china, cantinas y bares. Los pocos que resisten son algunas fondas y taquerías a pie de banqueta, como la del señor José Luis, que mientras escucha una rola de los Tigres del Norte que sale de un viejo estéreo, asegura que al menos “es un alivio” que lo dejen vender comida para llevar, aunque, al mismo tiempo, teme que la situación para él y para los pequeños comerciantes de la ciudad “pinta muy complicada”.

De hecho, por las calles de Tlalnepantla, uno de los comentarios más repetidos es que la gente aquí no teme tanto al coronavirus -muy pocos usan cubrebocas y casi nadie guantes-, sino a la crisis económica que pueda desencadenar en México, o que, más bien, ya está desencadenando, con la pérdida de empleo y de negocios, la caída en picado del peso respecto al dólar, y el hundimiento del valor del petróleo mexicano.

“La enfermedad, pues ya sabemos que está ahí, o quién sabe, ¿verdad? -dice con tono de suspicacia Froilán, un comerciante de 49 años, que acaba de comprar papas y vegetales en un tianguis de la calle Aztecas.

“Pero lo que da más miedo es el tema económico -recalca mientras mete el saco de papas a la cajuela de un coche-. La crisis que se viene. Eso sí que nos da pánico, porque mira cómo está todo: muchas tiendas cerradas, restaurantes sin gente, el tianguis casi vacío. Todo esto son pérdidas”.

Sonia, una mujer de 45 años que camina por la explanada donde se encuentra el palacio municipal de Tlalnepantla, a la altura del jardín de los próceres de la Patria, dice que la acaban de despedir de la cadena de restaurantes para la que trabajaba en la Ciudad de México.

Y, al igual que Froilán, hace hincapié en que no teme al virus, sino a las consecuencias económicas que ya está padeciendo en carne propia.

“La gente se está quedando en su casa, es cierto -comenta mientras un coche del ayuntamiento pasa cerca perifoneando a todo volumen que hay que guardar la sana distancia. “Por ti, por mí, el virus lo frenamos todos”, insiste la grabación.

“Pero se están encerrando no por el coronavirus, sino porque muchos, como yo, ya nos quedamos sin trabajo y ahora tenemos que cuidar mucho en qué gastamos el dinero que nos queda”, matiza Sonia con una sonrisa agotada.

Carlo Echegoyen

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Fake news

En el jardín de la explanada, junto a la catedral Corpus Christi, tampoco se percibe temor a los contagios de coronavirus.

En las bancas hay muchas parejas tomadas de la mano, jóvenes tomando refrescos y haciéndose fotos, y adultos mayores que, a pesar de ser una población de riesgo por ser más vulnerables al COVID-19, están conversando tranquilamente al amparo de una sombra.

Cuando se les cuestiona por la pandemia, muchos responden como si aún se tratara de algo que sucedió en un país muy lejano, o, directamente, dudan de que realmente exista, como dijo el comerciante Froilán.

De hecho, en muchas de las respuestas recabadas en este recorrido se percibe que las noticias falsas están calando hondo, y que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y las noticias que llegan de países europeos, como España o Italia, donde los infectados y los muertos se cuentan por miles, no llegan, o se están ignorando.

Por ejemplo, Carlos García, un joven de 28 años, dice erróneamente que no le preocupa el coronavirus “porque solo afecta los viejitos mayores de 60 años”.

Javier, también de 28, cree -también erróneamente- que ya se demostró que el COVID-19 no afecta a la población mexicana.

“Dicen que es por la mezcla de razas”, asegura.

Mientras que otras respuestas apuntan a supuestos complots de China, Rusia y Estados Unidos, para reducir el número de población en el mundo.

Abigail, una joven artesana de 24 años, dice que ella, en cambio, sí que teme al coronavirus, y que, para no caer en las noticias falsas, está pendiente de todas las conferencias que da en las tardes el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, para conocer el avance de la pandemia.

“Me da miedo las dos cosas: tanto el virus, como la crisis económica”, recalca la artesana, que como ejemplo de cómo le afecta el ‘apagón’ de la Ciudad de México asegura que, solo en lo que va de esta semana, ya le cancelaron 10 encargos de unas muñecas artesanales que tenía apalabrados con comercios de la capital.

“Ahora vendo lo que puedo por internet, porque el mercado se quedó frito por el virus”, lamenta Abigail.

Carlo Echegoyen

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Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
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La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


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