¿Cómo proteger a los adultos mayores del COVID-19?
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¿Cómo proteger a los adultos mayores del COVID-19 y que no se sientan abandonados?

Especialistas recomiendan buscar maneras de integrar a los adultos mayores a la familia y la comunidad, ante la cuarentena por COVID-19.
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2 de abril, 2020
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Los médicos han advertido que los más vulnerables ante la nueva enfermedad por coronavirus COVID-19 son los adultos mayores. Pero además de proteger su salud física, y justo porque saben que tienen mayor riesgo, es importante proteger también su salud mental, ante el temor y la distancia social autoimpuesta.

Organismos internacionales y especialistas en psicología recomiendan buscar maneras creativas para mantener a estas personas con interacción social e integradas a la familia y la comunidad, para que su calidad de vida no empeore con la cuarentena.

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La ONU advirtió este fin de semana en un comunicado que los adultos mayores ya afrontan una discriminación particular por motivos de edad, por lo que se requiere garantizar sus derechos humanos durante la contingencia.

“El distanciamiento social no debe convertirse en exclusión social”, señaló la experta independiente de la ONU Rosa Kornfeld-Matte.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), regularmente una cuarta parte de las personas mayores ya sufre vivir “socialmente aislada”, es decir, con poco contacto social de rutina, y más de 40% se sienten solas.

“Se puede estar aislado socialmente sin reportar sentimiento de soledad y se puede estar solo sin estar aislado socialmente, pero ambas condiciones pueden causar daño a la salud física y mental de las personas mayores. Por otra parte, las redes e interacciones sociales robustas mejoran la salud de las personas mayores. Las medidas han de ponderar entre la protección de las personas mayores frente al virus y la disminución de su calidad de vida con la pandemia. El inadecuado equilibrio de las acciones de distanciamiento social puede crear una situación difícil”, expresó el organismo en un comunicado.

¿Cómo explicarle a padres, madres y abuelos que no nos vamos a ver?

La doctora María Montero y López Lena, especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM, recomienda, en primer lugar, dejar claro que el alejamiento de los adultos mayores en este periodo no es abandono, sino todo lo contrario: un acto de amor responsable.

Por ello, lo primero es explicar y poner en claro que si por un tiempo no se va a ir a visitar a padres, madres y abuelos que superan la edad de riesgo, es justo porque se les quiere y por una responsabilidad sobre su salud. Y como adultos mayores, entender que cuidarse es también un acto de responsabilidad con sus hijos, para que no vayan a tener que dejar su trabajo o familia propia por cuidarlos en caso de enfermar.

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“Lo más importante es que tú estés bien, para que él esté bien. El amor responsable implica, en esta condición, cuidarnos a nosotros mismos y cuidar a la gente que amamos”, comenta.

Si no van a recibir visitas, hay que echar mano de las llamadas telefónicas o la tecnología que sea posible para mantener el contacto. Pero tampoco de manera exagerada; recomienda hablar en la mañana, en la noche, o cada dos días para mantenerse pendiente de que todo esté bien.

“Es importante, para decirles, que le llegue a su conciencia, que están acompañados a la distancia. Que se mantengan en una comunicación permanente, pero razonable, porque si le hablan mañana, tarde y noche, también angustia, para decirles ‘¿cómo estás?, ¿tosiste?, ¿no has tosido’… pues tampoco, las preguntas reiteradas sin razón aparente también generan ansiedad. Llamarles en la mañana, preguntar si se levantaron bien, voy a trabajar, ustedes también hagan sus actividades. O en la noche, buenas noches, que duerman bien, te quiero. Es suficiente. Es hacerles sentir de una manera clara y sencilla: aquí estamos”, explica.

¿Cómo evitar la ansiedad y depresión en los adultos mayores?

Ansiedad y depresión son dos procesos que pueden estar vinculados pero que tienen manifestaciones específicas, puntualiza la doctora Montero, y hay que diferenciarlas para saber qué hacer en cada una.

Para empezar, la mente sana también depende de un cuerpo sano. Así que un consejo es estar activos. Si no se puede salir a la calle a dar un paseo, caminar aunque sea alrededor de la mesa y por la sala de la casa, pero que los músculos sigan ejercitándose. Tener buena alimentación y no comer de más con pretexto del confinamiento. Mantener en lo posible las rutinas, aunque no salgan. Que se bañen, desayunen, se peinen y perfumen; que no se permitan estar en pijama.

Y hacer actividades dentro de casa, sobre todo que estimulen la atención y la memoria: buscar juegos de mesa que fomenten estos dos elementos, que mantengan las funciones cognitivas.

“La atención debe ser también una atención higiénica, porque si prenden el radio o la tele y están escuchando todo el día especiales de coronavirus, pues se van a contaminar. Mejor poner música, si viven en pareja, que saquen a bailar a la pareja, otras cosas operativas o concretas: organizando libros, tejiendo, estar cocinando”, ejemplifica.

En caso de que en algún momento se sientan angustiados, hacer respiraciones profundas es lo primero, ya que oxigenar el cerebro reduce la ansiedad. La psicóloga recomienda incluso hacer ejercicios de respiración varias veces al día.

Y para cuidar la mente, en especial de quienes pasan más tiempo solos, Montero recomienda escribir: aunque a veces para la gente mayor es difícil, lo considera la mejor terapia. Sugiere hacer un “diario de gratitud”. Es decir, que cada noche escriban sobre lo valioso que han tenido en su vida y en ese día en particular, si aprendieron una nueva palabra de las que usan los adolescentes, si se desesperaron pero lograron controlarse y obtener algún aprendizaje de la situación vivida, si se desafiaron para cocinar una nueva receta, o rieron a carcajadas con un buen chiste.

“Hacer un diario de gratitud implica que, lo que está por debajo de esto, lo esencial, es valorar el día que vivimos. Es dar ese mensaje para nosotros mismos: que este día no fue gastado, sino fue útil, para ayudar a hacer un pastel, para organizar los libros, para arreglar un dobladillo… Las pequeñas cosas que hacemos para otros y para nosotros mismos van dando sentido a la vida”, dice.

La depresión, que ya es más severa, se detecta cuando una persona deja de querer hacer sus actividades. Si empieza a levantarse demasiado tarde todos los días, por ejemplo, o no quiere ni bañarse o vestirse y altera sus ritmos de comida, deja de comer o come en exceso. En caso de detectar eso, es momento de buscar ayuda profesional, y quizá solo haga falta una atención psicológica focalizada, antes de que sea más grave y requiera de medicamentos.

En caso de necesitar atención psicológica, la Facultad de Psicología de la UNAM da consultas a distancia solicitándola aquí.

¿Y el miedo a la muerte?

“Obviamente hay una asociación, a mayor edad, mayor probabilidad de muerte. Pero es como ver un vaso medio lleno o medio vacío, lo importante para las personas adultas mayores es que ejerciten valorar lo que han vivido; sí, que vean a veces el vaso medio vacío es inevitable, la gente se muere, pero lo importante es enfocar que el vaso, para estar vacío, tuvo que estar lleno, y entonces valorar las vivencias que han tenido”, explica.

Y para valorarlas sirve hablar con los hijos, los nietos, que les lleguen mensajes de cariño y de que se cuiden, hablar con amigos y saber que tienen una red de apoyo, identificar a quiénes pueden llamar si necesitan algo específico y pedírselo.

No todo mundo tiene la empatía suficiente para hablar del miedo a la muerte, advierte, pero en caso de sentirse con la habilidad y el control necesario de las propias emociones, es útil ayudar a que la persona mayor manifieste sus dudas y temores, que regularmente se asocian más con el temor a la agonía, que a la muerte como tal.

“La otra opción más accesible y que requiere también un esfuerzo de creatividad es desfocalizar la atención de la persona adulta mayor sobre ese miedo y situarla en el aquí y el ahora. No sabemos cuándo nos vamos a morir, esa es la magia de la vida, por eso hay que disfrutar hoy, y ahora te abrazo, ahorita te hago un chiste, y con risas y paciencia te distraigo y te hago olvidar tus pensamientos sobre la muerte con frases de afecto y muestras de cariño. Distraes con amor”, señala.

El especialista en geriatría Rogerio Hurtado coincide en que en estos momentos el exceso de información sobre COVID-19 puede hacer que los adultos mayores se angustien más y empeoren su calidad de vida, que quizá ya de diario es de salir poco a la calle y de estar lidiando con achaques, dolores y enfermedades. Así que pide directamente no ir a comentar con los abuelos o padres las noticias sobre cuántos muertos van o incluso los cientos de fake news que se comparten en redes, porque a edades más jóvenes se procesa distinto la información, quizá en un rato se olvida, pero un adulto mayor puede pensar: me va a tocar a mí.

El mensaje clave, en su opinión, tiene que ser que la vida sigue, con cuidados extra de manera temporal, pero que siga en la medida de lo posible con sus actividades diarias en casa, que sigue el contacto familiar e incluso se fortalezca. Porque para alguien que ya está en sus últimos años de vida, se vuelve más importante que se sienta bien emocionalmente, que lo físico mismo.

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Cómo tu manera de conducir puede revelar signos tempranos de alzheimer

Una investigación muestra cómo pequeños cambios en la forma de conducir podrían exponer signos preclínicos de la enfermedad.
14 de julio, 2021
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La manera de conducir de todo el mundo cambia a medida que se envejece. Pero en algunas personas surgen sutiles diferencias en la forma de controlar un vehículo, que, según los científicos, están relacionadas con las primeras fases de la enfermedad de alzheimer.

En un experimento para averiguar si estas diferencias en la conducción pueden detectarse mediante dispositivos de localización basados en el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), un grupo de personas mayores de 65 años del Estado de Washington (EE.UU.) aceptó que se vigilara su conducción durante un año.

Lo que los investigadores querían averiguar era si el mero estudio de los hábitos de conducción de este grupo podía revelar el comienzo de la enfermedad, sin necesidad de utilizar procedimientos médicos invasivos o costosos.

Tras 365 días acumulando la información, están seguros de que sí se podría.

Entre las 139 personas que participaron en el estudio, las pruebas médicas ya habían demostrado que alrededor de la mitad tenía la enfermedad de Alzheimer en fase muy temprana o “preclínica”. La otra mitad no la tenía.

El análisis de su conducción reveló diferencias detectables entre los dos grupos.

En concreto, los que tenían alzhéimer preclínico tendían a conducir más despacio, a hacer cambios bruscos, a viajar menos por la noche y a registrar menos kilómetros en general, por ejemplo. También visitaban una menor variedad de destinos cuando conducían, ciñéndose a rutas ligeramente más limitadas.

escáner

Getty Images
En el caso del alzhéimer, un diagnóstico precoz es fundamental.

“La forma en que las personas se mueven en su entorno cotidiano, desde los lugares que visitan hasta la forma en que conducen, puede decirnos mucho sobre su salud”, afirma Sayeh Bayat, candidata al doctorado en la Universidad de Toronto, que dirigió el estudio.

Los rastreadores GPS instalados en los coches de los participantes revelaron con detalle estos movimientos y el momento en que se produjeron.

Los investigadores que llevaron a cabo el estudio habían dividido previamente a sus participantes entre los que padecían la enfermedad de alzhéimer preclínica y los que no, utilizando para ello pruebas médicas como el análisis del líquido cefalorraquídeo y la tomografía por emisión de positrones (TEP).

Pero utilizando los resultados de los datos de conducción, pudieron diseñar un modelo que podía predecir la probabilidad de que alguien tuviera alzhéimer preclínico utilizando simplemente su edad y sus datos de conducción por GPS. La precisión fue del 86%.

“Utilizando estos pocos indicadores… se puede realmente, con una confianza muy alta, identificar si una persona tiene la enfermedad de alzhéimer preclínica o no”, expone Bayat.

El modelo fue aún más preciso (90%) cuando se añadieron los resultados de una prueba genética para el alzhéimer conocida como genotipo de la apolipoproteína E (APOE), que indica si se puede tener un riesgo heredado de la enfermedad.

(Aunque hay que tener en cuenta que este grupo es una pequeña minoría de las personas que acaban desarrollando alzhéimer).

Pero la predicción basada únicamente en la edad y la manera de conducir era casi igual de precisa.

Sayeh Bayat, a PhD candidate at the University of Toronto

Roe Lab
La investigadora Sayeh Bayat utilizó dispositivos GPS para medir la forma de conducir de los pacientes que tenían la enfermedad en un grado incipiente.

Una predicción con poco coste

Se necesitan estudios aleatorios más amplios para demostrar una relación definitiva entre los comportamientos de conducción detectados y la enfermedad de alzhéimer preclínica.

Sin embargo, pero el hecho diferencial posible es que esta investigación podría suponer una forma barata de detectar esta condición en una etapa temprana y potencialmente apoyar el tratamiento.

Pero también plantea la cuestión de si las personas mayores querrían que se siguiera tan de cerca su comportamiento, incluso si hubiera beneficios para la salud.

El hecho de que el comportamiento de los conductores cambie cuando tienen alzhéimer está bien documentado.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU. sostiene que los familiares pueden llegar a notar que su ser querido tarda más en completar un viaje sencillo, que conduce de forma más errática o se confunde de pedal, por ejemplo.

Ancianos en un coche

Getty Images

Sin embargo, es difícil detectar desde el principio los cambios más sutiles, como la conducción más lenta. Esta distinción, cuenta Bayat, requiere la recopilación de datos a lo largo del tiempo para un análisis detallado.

Añade que los participantes en el estudio con alzhéimer preclínico, en algunos casos, conducían menos por la noche, restringían su conducción a zonas ligeramente más reducidas alrededor de su casa o viajaban más despacio de lo esperado.

La mejor manera de predecir, a través de los datos de conducción, si alguien sin alzhéimer preclínico puede estar en riesgo de desarrollarlo podría ser controlar su manejo en la carretera durante un período de tiempo más largo.

Esto podría revelar cambios en su conducción, sostiene Bayat.

Laura Phipps, del centro Alzheimer’s Research de Reino Unido, afirma que el estudio es “realmente interesante” y añade que los cambios en el comportamiento al volante suelen ser percibidos por los familiares de una persona a la que posteriormente se le diagnostica la enfermedad.

“Lo que nos dirán es que, a menudo, uno de los primeros síntomas o signos que notaron es que su ser querido empezó… a perderse”, dice Phipps.

Pocos fármacos para las primeras etapas

La especialista explica que actualmente hay relativamente pocos fármacos disponibles para tratar la enfermedad de alzhéimer en su fase inicial, pero espera que esto cambie en el futuro.

Si este fuera el caso, disponer de una indicación precoz de quiénes son propensos a desarrollar la enfermedad -sin necesidad de procedimientos costosos o invasivos- podría ayudar a los médicos a saber cuándo prescribir los tratamientos.

anciana

Getty Images
La enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas, dicen los expertos.

“Las investigaciones han demostrado que, en realidad, la enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas”, afirma.

Los datos sobre la conducción u otros comportamientos, como los cambios en la forma de hablar, también podrían impulsar cambios en el estilo de vida que ayuden a mantener a raya el alzhéimer.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido aconseja cuidar la salud cardíaca y mantenerse activo social y mentalmente, entre otras medidas preventivas que la ciudadanía puede tomar.

La idea de que el análisis de la forma de conducir podría ayudar a las personas a controlar e incluso a retrasar el inicio de los síntomas más graves del alzhéimer suena tentadora.

Pero siempre existe la posibilidad de que se produzcan errores en este análisis. O que los resultados tengan consecuencias negativas.

El riesgo de los datos

Muchos conductores de todas las edades ya permiten que su aseguradora utilice la telemática o una caja negra para medir su manera de conducir, lo que puede dar lugar a una prima de seguro más baja.

Pero en el futuro, ¿podrían estos dispositivos predecir con exactitud su riesgo de padecer alzhéimer y tenerlo en cuenta también?

Aunque este escenario potencial está muy lejos del mercado de los seguros, es algo que podría preocupar a los actuales propietarios de cajas negras, que ya han tenido problemas con la precisión de sus dispositivos en el pasado.

Rhoda Au, de la Universidad de Boston, sostiene que los clientes deberían tener más control sobre el destino de sus datos en general, para evitar una discriminación injusta de sus hábitos o comportamientos.

Azuga tracking device

Roe Lab

“Deberían tener derecho a decidir qué se comparte y qué no”, afirma.

Señala en broma que su propia forma de conducir podría considerarse errática: “Sólo pienso: Dios, esta gente de Google debe pensar que estoy loca… No tengo sentido de la orientación”.

La especialista cree que, en general, los nuevos sistemas de recopilación de datos diseñados para encontrar correlaciones sutiles entre el comportamiento y las condiciones médicas, probablemente tengan fallos. Pero dadas las posibles ventajas de poder identificar a tiempo a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de alzhéimer, hay buenas razones para explorar cuidadosamente esas posibilidades ahora.

“Hay que empezar por algún sitio”, reflexiona.


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