México compró insumos para coronavirus 24 días después del primer caso
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México inició la compra de insumos para coronavirus 24 días después del primer caso; ha gastado 2,309 mdp

2 mil 274 mdp se ocuparon la compra de 2 mil 500 ventiladores; mientras que 35 mdp se han destinado para la adquisición de insumos de primera necesidad.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán y Francisco Sandoval
9 de abril, 2020
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El gobierno federal, a través de las direcciones centrales del IMSS e ISSSTE, comenzó la compra de insumos para tratar exclusivamente COVID-19 el 23 de marzo, es decir, 24 días después del primer contagio confirmado en el país. Hasta el 6 de abril suman 2 mil 309 millones de pesos en compras.

Sin embargo, 98% de recursos, es decir, 2 mil 274 millones de pesos, se ocuparon apenas este 30 de marzo para que el IMSS comprara 2 mil 500 ventiladores; mientras que 35 millones de pesos se han destinado a la compra de gel desinfectante, cubrebocas, ropa desechable, guantes, material de curación, entre otros insumos de primera necesidad para hospitales.

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De acuerdo con información de Compranet, la plataforma donde el gobierno está obligado por ley a publicar las contrataciones públicas, las compras de insumos médicos para combatir el coronavirus se empezaron a registrar como “COVID” el mes pasado.

El área central del IMSS, a través de la coordinación de abastecimiento y equipamiento, ha hecho siete contratos por 2 millones 266 mil pesos para comprar artículos de aseo, consumibles y material de curación para atender COVID-19. El primero de ellos fue el 23 de marzo para comprar artículos de aseo por 30 mil pesos al proveedor Armando Rojas Jiménez.

El único contrato registrado antes de esa fecha fue realizado por la unidad estatal de Morelos del ISSSTE por la compra de “prendas de protección personal”, pero sólo para el Hospital Rafael Barba Ocampo, y el Jojutla de Juárez, en Morelos, por 270 mil pesos, con vigencia de entrega del 3 al 31 de marzo.  

Los 83 contratos registrados por “COVID” en total han ocurrido entre el 23 de marzo y el 6 de abril, de los cuales 7 corresponden al área central del IMSS; 4 al  Instituto Nacional de Perinatología; uno al el Instituto Nacional de Rehabilitación y uno al Instituto Nacional de Pediatría, de éstas últimas tres instituciones suman 738 mil pesos en compras.

Mientras que 54 contratos, es decir, 65% fueron hechos por unidades estatales del IMSS y el ISSSTE, aunque con montos más pequeños que suman 29 millones 983 mil pesos.

Aunque se trata de las mismas instituciones existen dos procedimientos para obtener equipo e insumos médicos. Una es mediante compras consolidadas que hace la Secretaría de Hacienda, es decir, a nivel Federal, para comprar los mismos medicamentos o insumos a un solo proveedor, que luego se distribuyen a diferentes unidades médicas en el país.

Lee: Insabi distribuirá a estados 560 mil pruebas adicionales para detectar COVID-19

Pero si a los hospitales de los estados no les llegan los insumos o medicamentos que requieren o en número insuficiente, éstos pueden hacer sus compras locales, por eso es que las compras son hechas a nivel central y a nivel local.

Por eso es que de acuerdo a la información de Compranet, las delegaciones estatales han hecho más compras, incluso antes que el área central, pero con montos más pequeños.

Otros insumos

Entre estos contratos también están incluidos 15 que fueron hechos por instituciones ajenas al sector salud como la Secretaría del Bienestar,  el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV) y Telecomunicaciones de México (Telecom), que compraron gel desinfectante, cubrebocas y artículos de limpieza por un monto total de 3 millones 359 mil pesos.

Pero también otros servicios como la “adquisición de combustible para vehículos terrestres adscritos a la Secretaría de Bienestar en el Estado de Tabasco, con suministro mediante monedero electrónico y/o vale, para operativos emergentes en el marco de la “Jornada Nacional de Sana Distancia”, por lo que se pagó un millón 627 mil pesos a la empresa Consorcio Lemon el 24 de marzo.

Entre otros conceptos estuvo el “servicio de desinfección y sanitización para prevenir la contingencia COVID-19” en el CINVESTAV, por el que pagó 705 mil pesos el 1 de abril. Y por el servicio de “impresión para operativo de pago de beneficiarios y volantes de prevención, la delegación de la Secretaría de Bienestar en Tabasco pagó 207 mil pesos el 17 de marzo.

Los contratos

Desde el inicio de la pandemia, personal médico ha realizado protestas en la Ciudad de México, Estado de México, o Coahuila por la falta de insumos suficientes básicos como gel desinfectante o cubrebocas N95 para atender a los casos sospechosos de coronavirus.

De hecho, este lunes y martes Animal Político publicó los testimonios del personal médico indican que han comprado su propio equipo de protección o lo han confeccionado, pero quienes no tienen manera de hacerlo se encuentran en mayor vulnerabilidad al contagio de COVID-19.

Lee: ‘Estamos desprotegidos’: Personal de hospitales acusa falta de protocolos y equipo COVID-19

Sin embargo, del dinero gastado en contratos COVID, sólo 2% (35 millones 225 mil pesos) han sido destinados a comprar insumos básicos que incluyen material de aseo, material de curación, cubrebocas, prendas de protección, y sólo uno por un kit de 100 pruebas para PCR en tiempo real, por 540 mil pesos, comprado por el Instituto Nacional de Pediatría. 

De estos insumos, el contrato más grande fue por 2 millones 939 mil pesos para adquirir material de curación, aseo, equipo instrumental y accesorios médicos para la delegación del IMSS en Puebla. Le sigue otro de 2 millones 586 mil pesos para el mantenimiento preventivo y correctivo a diferentes equipos de aire acondicionado en diferentes centros de la delegación del ISSSTE en Guerrero.

En tanto, los contratos más pequeños fueron por 4 mil 611 pesos para comprar equipo de curación para el IMSS en Puebla; 7 mil 900 en la delegación de Durango.

Mientras que el de mayor monto hasta el momento fue el contrato hecho por IMSS para adquirir 2 mil 500 ventiladores el 30 de marzo pasado por 93 mil 641 dólares, lo que significa 2 mil 274 millones de pesos con el tipo de cambio en 24.28 ese día, lo que significa 98% del total gastado en las últimas 3 semanas. 

 Sin embargo, de acuerdo con una investigación de Mexicanos contra la Corrupción, el dueño de la empresa Levanting Global Sercicios LLC SA, Baldemar Pérez Ríos, fue sentenciado en julio de 2017 por haber servido de supuesto testaferro en el fraude millonario de una compañía “fantasma” que engañó a inversionistas estadounidenses e intentó estafar a Pemex. 

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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