Por COVID-19, Salud suspende trasplante de hígado para bebés
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Por COVID-19, Secretaría de Salud suspende trasplante de hígado para bebés; padres temen por sus vidas

Cirugías programadas para trasplantes se suspendieron para evitar contagios; solo se atienden urgencias en casos como fallas hepáticas fulminantes o daño cardiaco irreversible.
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20 de abril, 2020
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Desde que nació en enero de 2019, el pequeño Rodrigo tenía la piel amarilla. El primer médico general que lo atendió sólo recomendó a sus padres “darle baños de sol”, pero aunque lo hicieron, no mejoró. Cuando por fin llegaron con una pediatra, ella, gracias a los estudios de sangre y orina que ordenó, confirmó el diagnóstico: el bebé tenía daño hepático.

Para saber con exactitud cuál era el padecimiento necesitaban a un especialista. Rodrigo Vian, de 42 años, papá del pequeño, trabajaba entonces en una empresa que vendía equipo de laboratorio, por eso pudo ir al IMSS, pero las citas eran muy espaciadas; intentaron en el Hospital Infantil Federico Gómez, pero era igual.

La familia de Rodrigo, originaria de Tamaulipas, le recomendó ir allá, porque en provincia los hospitales estaban menos saturados. Y así lo hizo. Para entonces ya había perdido el trabajo y la afiliación al IMSS porque su tiempo ahora lo ocupaba la salud de su bebé, pero se afilió al Seguro Popular, que aún operaba.

Rodrigo fue atendido en el Hospital Infantil de Ciudad Victoria y después de una serie de estudios el especialista determinó que el pequeño nació sin vesícula y tenía atresia de vías biliares, es decir, obstrucción del flujo de bilis del hígado.

Lee: Hospitales de CDMX y Edomex tienen solo 77 respiradores para casos graves de COVID-19

Aunque a los bebés con ese padecimiento, antes de cumplir tres meses se puede hacer una cirugía llamada Kasai, el pequeño ya no era candidato porque estaba por cumplir cinco meses de nacido. La única opción era el trasplante de hígado porque el daño ya era tal que le había provocado cirrosis hepática.

El médico de Ciudad Victoria recomendó a Rodrigo buscar otro trabajo con seguro social porque aunque el IMSS tiene carencias y mal servicio en el primer nivel, en el tercer nivel es lo mejor que existe en el país, le dijo. Así fue. “Agarré el primer trabajo que encontré en un taller de tintas para serigrafía”, dice Rodrigo quien es químico industrial de profesión.

El 21 de junio de 2019, Rodrigo fue recibido en el Centro Médico Nacional La Raza, uno de los mejores hospitales de especialidades en el país, donde se le aplicó el protocolo correspondientes para determinar si era candidato al trasplante.

Aunque sí lo fue, ese hospital no podía hacer el trasplante para un bebé de menos de 10 kilogramos, Rodrigo apenas pesaba 8.3 kilogramos y medía 0.69 metros, ni tampoco con donador vivo, sólo cadavérico.

Por eso, en julio comenzó el procedimiento para que el pequeño fuera recibido en el Centro Médico Nacional Siglo XXI. Hasta septiembre se ordenó ya iniciar expediente en dicho hospital, según un oficio firmado por el director de prestaciones médicas, Víctor Hugo Borja Aburto, dirigido al director de Pediatría, Hermilio de la Cruz Yáñez.

Ahí, nuevamente se sometió al protocolo para el trasplante, lo mismo que su madre Kirenia Pavón, de 32 años, quien donaría 25% de su hígado. Por fin, en marzo de este año les dijeron que en la cita del mes siguiente le darían fecha para la operación. Rodrigo estaba en la cuarta posición en la lista para quirófano.

Ahí estuvieron el 6 de abril para recibir la fecha, “íbamos muy emocionados, porque ya habíamos terminado todos los estudios”, cuenta Rodrigo, pero lo que recibieron fue una mala noticia. Debido a la propagación de COVID-19 en el país quedaban suspendidas las operaciones como ésta.

“Ya que llegamos a lo último, y se suspende todo. El doctor nos dijo que no podía hacer nada por lo del coronavirus se suspenden las cirugías. ‘Hay que pedirle a Dios que su hijo aguante hasta que termine esto, no sabemos cuándo’”, le dijo su médico.

Lee: Salud reporta 36 nuevas muertes por COVID-19; son en total 686 fallecimientos y más de 8 mil casos confirmados

Rodrigo tiene esperanza que su hijo pueda librar otra batalla, después de estos 15 meses de lucha. “Ahora hay que esperar y encomendarnos a Dios para que mi hijo aguante, que su cuerpo pueda resistir el mes o dos meses que vaya a durar la suspensión de las cirugías”.

Animal Político consultó al IMSS respecto a los casos de trasplante, y la autoridad confirmó la cancelación como parte de las medidas recomendadas por el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), órgano rector dependiente de la Secretaria de Salud y de organismos internacionales, que incluye “suspender temporalmente los procesos de donación, las cirugías de extracción y el trasplante de órganos y tejidos”.

Esto para proteger a los pacientes de un posible contagio “debido al alto riesgo que tendrían los pacientes de padecer la enfermedad por el coronavirus, al tener comprometido su sistema inmunológico de defensa, secundario al tratamiento farmacológico anti rechazo que se les administra”.

Aunque el IMSS aseguró que “no deja de atenderse la urgencia médica nacional para trasplante, administrada y supervisada por el CENATRA, tal es el caso de la falla hepática fulminante, daño cardiaco irreversible o lesión corneal severa, entre otras”.

Y en los casos de cirugías programadas, como el de Rodrigo, “tienen seguimiento por médicos especialistas para el control de la enfermedad de base, garantizando que el trasplante se realice en las mejores condiciones posibles para lograr el éxito y se disminuyan los riesgos de complicaciones”.

La próxima del cita del pequeño será el 4 de mayo, pero sus padres temen que la salud frágil del pequeño no pueda resistir hasta que la contingencia pase, aunque ni siquiera se sepa con exactitud cuándo será. Sobre todo porque a consecuencia del daño hepático también padece hipertensión portal, por lo que se le forman várices que al reventar lo ponen en peligro.

En estos 15 meses de vida, el pequeño ha enfrentado cada batalle en los hospitales y sus padres llevan bien la cuenta porque entre las 12 hospitalizaciones, 8 endoscopias para revisión de várices y dos sangrados por tubo digestivo y dos más en las endoscopías, ha sido situaciones “tan horribles, que aún no podemos quitar las imágenes de nuestros recuerdos”. 

Por eso, los padres del pequeño sólo esperan que la contingencia pase rápido, y sobre todo “que mucha gente tome conciencia de que al no seguir las recomendaciones afectan a muchos niños y que quizás se pierdan más vidas debido a enfermedades crónicas que por el mismo Covid-19”.

“Ahora nos queda esperar”

Reyna Cote, de 24 años, estaba estudiando contabilidad, pero desde que diagnosticaron a su bebé Ariadne de atresia de vías biliares en noviembre de 2018, dejó la universidad. Con casi cuatro meses de edad operaron a la pequeña en el Centro Médico La Raza con la intervención Kasai, pero no funcionó, por eso la siguiente opción era el trasplante.

Aunque ya tenía 7 meses de tratamiento en ese hospital debido sobre todo a la intervención y a la atención de infecciones, pasaron tres meses más para que fuera remitida al Centro Médico Siglo XXI porque sólo ahí podían hacer el trasplante para bebés con un donante vivo.

En este caso el donador sería su padre, David Avendaño de 21 años, quien trabaja como intendente en una cadena de mueblerías. Apenas en febrero de este año concluyeron todos los estudios a los que debía someterse para confirmar compatibilidad. Y en marzo obtuvieron los últimos resultados de la pequeña.

El 10 de marzo le informaron que la fecha del trasplante sería el 24 de marzo, pero antes de esa fecha le avisaron que sería suspendida debido al coronavirus. Todas intervenciones estaban canceladas para no poner en riesgo a los pacientes por la probabilidad de contagio.

Le indicaron que regresaran el mes siguiente, pasada la primer fecha de cuarentena prevista para el 19 de abril, para que les indicaran una posible reprogramación de fecha, pero ahora, debido a que la autoridad sanitaria recorrió el plazo para mayo, Reyna sabe que probablemente el trasplante sea otra vez pospuesto.

“Ahora queda esperar a ver cuánto es lo más que aguantan. Los niños con atresia corren más riesgo porque en cualquier momento se pueden poner mal. Ellos están en un hilo”, dice Reyna.

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El Halconazo: la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
10 de junio, 2021
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico – que luego daría nombre a lo ocurrido – , vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de Tiempo suspendido, un libro que documenta – incluso con archivos clasificados – lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), las dos instituciones superiores más importantes del país, respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10 mil estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” – reportes dicen que eran al menos 400 o 500 – en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospital y agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

Cincuenta años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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