Pepe Porras: el doctor de Tepito que murió por luchar contra la COVID
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Pepe Porras: el doctor de Tepito que no quiso abandonar a sus pacientes y murió de COVID-19

El doctor trabajaba en urgencias del Hospital Zona 30 del IMSS. Pese a su obesidad y diabetes no quiso irse a casa ni cambiar de área.
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26 de abril, 2020
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Al doctor José Porras, más conocido como Pepe, sus compañeros del Hospital General Zona 30 del IMSS en la alcaldía Iztacalco, le pedían que se quedara en casa ante el avance de la pandemia de Covid 19. Que mejor ya no se expusiera tanto, o que al menos pidiera el cambio para otra zona que no fuera el área de urgencias, donde llegan pacientes sospechosos de portar el virus. 

Pepe, de 38 años, y natural del barrio de Tepito, en la Ciudad de México, tenía obesidad y recientemente le diagnosticaron diabetes. Dos ingredientes fatales para la nueva pandemia. Aún así, no abandonó la primera línea de fuego. No quiso. 

-Él sabía que tenía esos factores de riesgo -expone en entrevista el doctor Juan Romero, su compañero y amigo de más de 10 años compartiendo desvelos e historias en la zona de urgencias del Hospital Zona 30, el que está a unos pocos pasos de la estación del Metro Coyuya. 

Lee: “No es que no queramos dar informes, es que estamos rebasados”: médicos de la Clínica 27 del IMSS

-Pero no hubo forma de convencerlo -añade lacónico al otro lado de la llamada telefónica-. Mi amigo no quiso dar un paso atrás. Mantuvo su vocación hasta el último segundo-. 

En tan solo una semana, el coronavirus se llevó a José Porras. A Pepe. 

Ni los tratamientos médicos disponibles, ni el diagnóstico temprano y los cuidados de su esposa, también médica internista, ni la entubación, ni los ánimos y las oraciones que mandaron los aficionados del Atlante, equipo del que era devoto desde la infancia, fueron suficientes para salvar la vida del médico de Tepito, que murió el pasado lunes luego de que en tan solo dos días su condición empeorara de manera súbita. 

Pero antes de llegar a ese punto, al desenlace fatal, los compañeros y compañeras de Pepe cuentan que hay toda una historia de superación personal y de entrega por los demás, que merece la pena ser contada.

Del barrio de Tepito

Al doctor Juan Romero aún le cuesta un mundo hablar de su compañero y amigo Pepe Porras, quien pasó tantas horas de desvelos en el trabajo y también tantas horas disfrutando del futbol en el Estadio Azteca, a donde iban cada vez que el Atlante regresaba a jugar a la capital mexicana.  

Durante la conversación, el doctor Romero arranca una y otra vez las frases en presente –“mi amigo es…”-. Luego, cae en la cuenta, y tras un silencio incómodo, apesadumbrado, cambia al tiempo pasado. 

-Mi amigo ERA del barrio de Tepito -se arranca de nuevo tras corregirse por enésima vez-. Salió a flote desde abajo, literal. Se iba con un boleto de Metro a la universidad y los amigos lo apoyaban con la comida, porque a veces no le alcanzaba.

La juventud de Pepe, narra el doctor, no fue fácil. Su mamá murió pronto, su hermano mayor, de 34 años, también. Y la zapatería de su padre, donde empezó a trabajar en su infancia para apoyar en casa, no dejaba lo suficiente para mantener a todos y estudiar en la universidad. 

Aún así, Pepe se buscó la vida para estudiar y ayudar en casa de su hermana, donde vivió durante su época universitaria. 

Tal vez por ese contexto de dificultades y por haber crecido en un barrio rodeado de violencia, de pobreza, pero también de trabajo, de gente movida y solidaria, la doctora Annabel Clavellina cuenta que su compañero se caracterizaba por un tremendo sentido de la solidaridad.

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Para ella misma, subraya, Pepe y su esposa, la doctora Herlinda Baron, fueron un salvavidas muy importante en un el peor momento de su vida, cuando hace cinco años le secuestraron a su hija. 

-Yo estaba destrozada. No podía trabajar porque estaba demasiado afectada. Y ellos me cubrieron en todo momento. Atendían a mis pacientes mientras yo me recuperaba -cuenta la doctora-. Pepe era muy generoso, con sus compañeros, y, sobre todo, con los pacientes. 

Una vez, recuerda Annabel, entró al área de urgencias del Hospital un hombre adulto mayor con problemas en los ojos. Su caso, aunque de importancia, no era una urgencia médica como tal. Más bien requería de una consulta con un oftalmólogo para que le hicieran unos estudios. 

-Pero todos sabíamos que al señor le iban a dar esa cita hasta dentro de ocho meses, por lo menos.

Sin embargo, ante el desconcierto de sus compañeros, el doctor Porras recibió al paciente, lo checó, y se fue caminando con él.

-Pepe se lo llevó directo con el oftalmólogo para que le diera su consulta ahí mismo, de manera urgente. No quería que el señor se fuera a su casa angustiado sin saber cuándo lo atenderían.

Tras contar la anécdota, la doctora Anabbel deja escapar un suspiro que emborrona el sonido de la llamada telefónica, y añade con voz cavernosa.

-De ese nivel humano era el doctor Porras.

“Hacía lo imposible por ayudar a los pacientes”

El doctor José Antonio Marte Hernández conoció a Pepe en el área de urgencias del Hospital 30, donde también fueron compañeros durante años. Entre risas, recuerda que Pepe tenía “un pavor inmenso” a volar en avión. Aunque para hacer los exámenes de especialidad no tuvo más remedio que subirse a uno y viajar hasta Sonora. 

-Él siempre decía que quería superarse, que no quería quedarse solo como médico general. Por eso se preparó para hacer la especialidad.

Lee: Protege a un residente: UNAM pide donativos para comprar material de protección a médicos de COVID-19

En aquella primera ocasión, Pepe no pasó los exámenes. Pero eso no lo detuvo, cuenta el doctor Marte. Al contrario. 

-Me decía que no se iba a rendir, que lo intentaría hasta que aprobara. Y eso era algo que también lo definía mucho como persona y doctor: siempre quería avanzar, ser alguien más. Superarse. 

Tiempo después, Pepe logró su propósito: llegó a ser médico cirujano y también partero, y hace apenas unos meses, justo antes de la pandemia, consiguió que lo hicieran médico de base en el hospital, “algo que había peleado mucho” y en lo que tuvo mucho que ver su esposa, la doctora Herlinda Barón, con quien tuvo dos hijos, una niña y un niño, y una sobrina a la que cuidan como otra hija más en la familia. 

-Pepe me contó muchas veces que a partir de que conoció a su esposa le cambió la vida -dice el doctor Marte-. Me contó que, a partir de conocerla, decidió hacerse médico para ayudar a todas las personas que pudiera. 

-Era un doctor que hacía hasta lo imposible por ayudar a los pacientes. Jamás lo escuché decir ‘no se puede’, ‘no quiero’, ‘estoy cansado’, o ‘no me importa’. Él era feliz ayudando a la gente -cuenta el doctor Alan Rodríguez en su cuenta de Twitter-. 

Y en eso estaba, ayudando a todo el que lo necesitara, cuando se desencadenó la pandemia mundial de coronavirus, y llegó a México.

El doctor Juan Romero narra que con la llegada de los primeros casos sospechosos al Hospital 30, salió con Pepe a buscar los mejores equipos de protección, de cubrebocas, caretas, guantes, goggles, y batas quirúrgicas. Aunque admite que nunca imaginaron la agresividad de este nuevo virus. 

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-Sabíamos que venía fuerte, pero no dimensionamos el tamaño. Primero, nos llegó un paciente. A los días, llegaron tres. Luego, siete. Y ahora tenemos llena el área de urgencias -explica el médico-. 

-Y el problema de este virus -añade a colación- es que los pacientes graves requieren de mucho tiempo de recuperación, entre dos y tres semanas, y como llegan de golpe uno tras otro, el servicio se colapsa rápido. Y las camas tardan mucho en liberarse. 

A las semanas de pandemia, y a pesar de la protección, un sábado Pepe comenzó a sentir los primeros síntomas del COVID-19: tos seca, fiebre, malestar corporal, y dificultad para respirar.

Tres días después, el martes, le hicieron la prueba y dio positivo. 

Al siguiente día, la temperatura comenzó a elevarse por arriba de los 38 grados. 

El jueves y el viernes, su estado empeoró. 

El sábado lo ingresaron en el Hospital Siglo XXI con insuficiencia respiratoria. 

-Yo estuve con él hasta el último segundo -murmura el doctor Romero-. 

-Él estaba fuerte, convencido de que íbamos a vencer esto. Yo le decía que teníamos que tomar fuerzas y estar juntos, que aún no había vacuna pero que íbamos a superar esto. Y eso fue lo último que nos prometimos. 

Dos días después de que lo intubaran, el lunes 21 de abril, el doctor Pepe Porras murió. 

-Se hizo todo por salvar a mi hermano -lamenta el doctor Romero con un hilo de voz-. Pero ya no fue posible. 

Tras el fallecimiento, familiares y amigos destacaron su labor y entrega al servicio de la ciudadanía para combatir la pandemia “arriesgando su vida tratando de salvar la de los demás”.

Y el Club de Fútbol Atlante, el club de sus amores, lo nombró “héroe azulgrana”.

“No tenemos insumos, pero nuestra vocación es ayudar”

Hasta el viernes 24 de abril, en México suman mil 934 personas de los servicios de salud contagiados de coronavirus, de los que el 47% son médicos, como el doctor Porras; el 35% son enfermeras, y el 15% tienen otras profesiones del sector salud. 

De hecho, en las últimas tres semanas se han producido varios brotes de Covid 19 en varios hospitales públicos del país, afectando severamente a doctores y personal médico.

Entérate: AMLO pide a trabajadores de Salud entregarse a la causa de salvar vidas y que México sea ejemplo contra COVID-19

Por ejemplo, el 10 de abril, Animal Político publicó una nota en la que personal del Hospital 72 del IMSS en Tlalnepantla, Estado de México, denunció un brote que contagió a 34 integrantes de la clínica, entre médicos, enfermeras y camilleros. Los contagios se produjeron, denunciaron, por falta de insumos y material de protección. 

El pasado miércoles 22 de abril se informó de un nuevo brote de Covid 19 entre el personal médico de la Clínica 30 de Mexicali. Fuentes oficiales confirmaron a este medio que, a esa fecha, había 9 casos confirmados, 9 pendientes, y 18 sospechosos. 

Y apenas el pasado 24 de abril, la Secretaría de Salud del Estado de México identificó un nuevo brote de Covid 19, ahora dentro del Hospital General de Atizapán Dr. Salvador González Herrejón. Se detectaron, a la fecha, 35 casos positivos, de los cuales dos están hospitalizados. 

Ante este panorama, entre los médicos entrevistados para este perfil el comentario general es que, en el gremio, que es la primera línea de defensa para contener al virus, hay preocupación y ansiedad por la pandemia. 

Especialmente, porque, como se ha venido reportando, en muchos hospitales públicos la falta de insumos ha sido una constante, a pesar de los esfuerzos del Gobierno y de las autoridades sanitarias que llevan semanas trayendo aviones desde China cargados con insumos como cubrebocas. 

-En mi unidad hay mucha preocupación, porque ya hay médicos que están graves, intubados -dice el doctor Marte, que desde hace unos años dejó el Hospital 30 del IMSS de la Ciudad de México para trabajar en otro hospital en Jalisco-. 

Por eso, dice que quienes pueden, como él, decidieron rentar un departamento para vivir aislados de su familia, para protegerla. 

-Tengo más de 20 días sin verlos. Y ahora, con la Fase 3, menos. 

-Usted, como doctor, ¿tiene miedo? -se le cuestiona-.

-Tomo muchas medidas de protección. Me cambio de ropa antes de entrar en casa, dejo el calzado afuera, limpio el celular, me ducho de inmediato. Pero aún así, claro que tengo miedo. Precisamente, porque veo a mis compañeros y amigos morir.  

Ante esa misma pregunta, el doctor Juan Romero dice que, más que miedo, lo que le preocupa es que apenas estamos en el inicio de la Fase 3 de la pandemia en nuestro país, en la que se espera el aumento súbito de contagios y de muertes, y entre la población aún no ha calado hondo la advertencia de que, si no nos quedamos en casa, las consecuencias pueden ser desastrosas, como en España, Italia, Estados Unidos, o sin ir tan lejos, aquí mismo, en México, donde ya suman más de mil 200 muertos por el virus al corte del viernes 24 de abril. 

-La gente nada más lee el primer renglón -subraya Romero-. Es decir, solo se queda con que el factor de riesgo es para ancianos, y para hipertensos, diabéticos, y personas con obesidad. 

Lee: 329 médicos y enfermeras han contraído COVID-19, señala el IMSS

-Pero no están entendiendo -añade- que hay un porcentaje también de gente que no tiene esos factores y que se están enfermando gravemente. No están leyendo que, a veces, es un volado. Que aún desconocemos mucho esta enfermedad y que no sabemos en qué casos el paciente tendrá solo síntomas leves, o no tendrá, y en cuáles otros casos la cosa se va a complicar mucho. 

Por eso, insiste el doctor, aunque ya suene a un eslogan muy repetido, la mejor manera de ayudar a los médicos a ayudar a la población, y de que la misma población se ayude, es quedándose en casa.

En cuanto al personal médico, el doctor Marte recalca que, más allá del miedo lógico a infectarse, la población puede estar tranquila y segura de que continuarán en la primera línea de batalla.  

-Hay muchas cosas indispensables que no tenemos para enfrentar esta pandemia -recalca el médico-. Pero nuestra vocación es ayudar. Por eso, a pesar de esas carencias, escogimos este camino. Escogimos dar siempre lo mejor y ayudar a las personas, tal y como hizo el doctor Pepe Porras. 

 

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La inusual estrategia del país que está vacunando primero a los jóvenes y no a los ancianos contra COVID-19

Para proteger a los mayores, sostienen en Indonesia, es mejor primero vacunar a quienes propagan más fácilmente el coronavirus. El enfoque tiene sentido, según algunos expertos.
13 de enero, 2021
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Como otros países, Indonesia está implementando un programa masivo y gratuito de vacunación contra la covid-19, pero con un enfoque muy diferente al de los demás.

En lugar de vacunar a las personas mayores en la primera fase de aplicación, las primeras dosis -después de los trabajadores de la salud- serán para los trabajadores de entre 18 y 59 años.

El presidente Joko Widodo, de 59 años, se ha ofrecido como voluntario para ser el primero en la fila. El vicepresidente Ma’ruf Amin, de 77 años, no recibirá la inyección pronto, porque es demasiado mayor.

¿A qué se debe este inusual enfoque?

El profesor Amin Soebandrio, quien ha asesorado al gobierno en su estrategia de “la juventud primero”, sostiene que tiene sentido priorizar la inmunización de los trabajadores, aquellos “que salen de la casa a todas partes y luego por la noche regresan a sus hogares con sus familias”.

“Estamos apuntando a aquellos que probablemente propaguen el virus“, dijo a BBC Indonesia.

Explica que este enfoque le dará al país la mejor oportunidad de lograr la inmunidad colectiva, algo que ocurre cuando una gran parte de una comunidad se vuelve inmune a través de las vacunas o la propagación masiva de una enfermedad.

Trabajadores cargan vacunas contra la covid-19 en Indonesia

EPA
Suministros de vacunas para todo el país fueron preparados en vísperas del lanzamiento.

Se sabe que entre 60-70% de la población mundial debe ser inmune para detener la propagación del coronavirus fácilmente. Sin embargo, esas cifras aumentarán considerablemente si las nuevas variantes más transmisibles se difunden ampliamente.

“Ese es el objetivo a largo plazo, o al menos reducimos significativamente la propagación del virus para que la pandemia esté bajo control y podamos hacer que la economía vuelva a funcionar”, dijo el profesor Soebandrio.

Indonesia, con una población de 270 millones, tiene el mayor número acumulado de casos de covid-19 en el sudeste asiático. Según datos del gobierno, el 80% de los casos se encuentran entre la población activa.

Si bien las escuelas y las oficinas gubernamentales han estado cerradas durante casi un año, el gobierno se ha resistido a implementar cierres estrictos por temor al impacto en la economía del país. Más de la mitad de la población trabaja en el sector informal, por lo que para muchos trabajar desde casa no es una opción.

Una mujer recibe una vacuna en Indonesia

EPA
El objetivo de Indonesia es vacunar primero a la población de 18 a 59 años.

El nuevo ministro de Salud del país, Budi Gunadi Sadikin, defendió la estrategia e insiste en que no se trata solo de la economía, sino de “proteger a las personas y apuntar primero a aquellos que probablemente contraigan y propaguen” la enfermedad.

“Nos estamos enfocando en personas que tienen que encontrarse con mucha gente como parte de su trabajo: mototaxistas, policías, militares. Entonces, no quiero que la gente piense que esto se trata solo de la economía. Se trata de proteger a la gente”, señaló.

¿Y los ancianos?

El gobierno también argumenta que ofrecerá protección a los ancianos.

“Inmunizar a los miembros que trabajan en un hogar significará que no llevarán el virus ahí, donde están sus parientes mayores”, dijo la doctora Siti Nadia Tarmizi, portavoz del Ministerio de Salud para el programa de vacunación covid-19.

La mayoría de las personas mayores de Indonesia viven en hogares intergeneracionales y, a menudo, es imposible aislarlas del resto de la familia.

“Entonces, es un beneficio adicional de este enfoque, que al vacunar a las personas de 18 a 59 años, también estamos ofreciendo algo de protección a las personas mayores con las que viven”, dijo.

Una prueba de coronavirus en Indonesia

EPA
Indonesia ha registrado más de 600.000 casos de covid-19 desde que comenzó la pandemia.

Pero esto depende de que la vacuna evite que las personas porten el virus y lo transmitan.

“Simplemente, aún no tenemos esa información“, dijo el profesor Robert Read, miembro del comité de vacunación e inmunización (JCVI) que asesora a los departamentos de salud del Reino Unido sobre inmunización.

“La razón por la que el Reino Unido no ha optado por la población más joven, por supuesto, es que, primero, no contraen una enfermedad tan grave y, segundo, no hemos podido demostrar todavía que las vacunas tengan ningún impacto en absoluto en la transmisión”, dijo.

El enfoque de Indonesia, consideró, necesitaría una absorción de vacunas muy alta: “al menos el 50% con toda probabilidad, para detener la muerte y la hospitalización en su población mayor”.

“Es posible que si obtienen tasas de cobertura muy altas, habrá algún impacto en la transmisión, aunque obviamente todavía no lo hemos visto”.

¿Qué pruebas ha realizado Indonesia?

Indonesia ha adoptado este enfoque único en parte porque la vacuna que está utilizando no se ha probado en personas mayores.

Un trabajador en Indonesia

Reuters
Indonesia tiene una población joven enorme, pero gasta poco en salud.

El país depende principalmente de la fórmula de CoronaVac, fabricado por Sinovac en China, para inocular a su población, con tres de las 125 millones de dosis prometidas ya entregadas y distribuidas a los centros de salud de todo el país.

Indonesia dice que la vacuna de China tiene una efectividad del 65,3%. Pero el gobierno solo ha realizado pruebas en el grupo de edad de 18 a 59 como parte del ensayo Sinovac en varios países.

“Cada país podría tener un grupo de edad diferente y resultó que se le pidió a Indonesia que hiciera el ensayo sobre la población trabajadora”, dijo la doctora Nadia. Comenzarán a inmunizar a los ancianos, dice, en la segunda ronda de vacunaciones una vez que obtengan datos de otros países involucrados en el ensayo.

Pero incluso si se les hubiera pedido que lo probaran en personas mayores de 60 años, dice que lo más probable es que todavía se concentren en inmunizar a la población trabajadora primero, ya que creen que protegerá a la mayoría de las personas.

¿Cómo ven los científicos el experimento?

“No sabemos si funcionará y es necesario evaluarlo”, dijo Peter Collignon, profesor de enfermedades infecciosas en la Universidad Nacional de Australia, quien consideró que tiene sentido modificar el lanzamiento de la vacuna según las circunstancias de un país.

“Si eres un país en desarrollo, puedo ver una política de protección de tus trabajadores adultos jóvenes, aquellos que propagan más el virus, como un método razonable, porque realmente no puedes decirle a la gente que se quede en casa”, opinó.

Un puesto de vacunación en Indonesia

EPA
En países en vías de desarrollo, dice Collignon, tiene sentido una estrategia como la de Indonesia.

El profesor Read estuvo de acuerdo y dijo: “No nos corresponde a nosotros en los países occidentales ricos decirle a otros países del mundo lo que deberían estar haciendo”.

Consideró que el enfoque de Indonesia “puede ser lo correcto para su país”, y señaló que, a nivel mundial, nadie está seguro de qué es lo correcto en este momento.

El profesor Dale Fisher del Hospital de la Universidad Nacional dijo que Indonesia estaba adoptando un “enfoque pragmático”.

“Dicen que vamos a vacunar a este grupo de edad del que tenemos los datos. Es un grupo accesible y sin duda ayudará a mantener los negocios y la tubería de alimentación en funcionamiento”, sostuvo.

¿Cómo está afrontando Indonesia la pandemia?

El ambicioso despliegue de Indonesia no será fácil.

Su población es la cuarta más grande del mundo, distribuida en un vasto archipiélago cercano al ecuador, por lo que existen importantes desafíos logísticos en términos de la temperatura requerida para las vacunas.

Y los expertos en salud advierten que la política del gobierno centrada en la inoculación y no mucho en contener el virus conlleva peligro, ya que el sistema de salud está sufriendo por el aumento de casos.

Un cortejo fúnebre en Indonesia

EPA
Indonesia tiene una de las mayores tasas de víctimas de covid-19 del sudeste asiático.

Los cementerios en Yakarta, el epicentro de la pandemia, están llenos y los hospitales dicen que están luchando por hacer frente a la cantidad de pacientes.

El experto en salud pública Dicky Budiman, de la Universidad Griffith de Australia, dijo que el gobierno necesitaba hacer más para proteger a los vulnerables, fortaleciendo lo que llamó la estrategia fundamental para la pandemia: pruebas, rastreo y el cumplimiento del distanciamiento social.

La periodista local Citra Prastuti en Yakarta, que acaba de recuperarse del virus, dijo que “salir de su casa es como entrar en una zona de guerra, con el creciente número de grupos familiares: parece que ningún lugar es lo suficientemente seguro para nosotros”.

Dijo que los mensajes de salud pública habían sido confusos y contradictorios. “Se anima a la gente a quedarse en casa durante las vacaciones, pero los hoteles ofrecieron descuentos y no hubo restricciones de transporte”.

Y no hubo seguimiento ni rastreo, como en su caso el cual lo notificó a las autoridades sanitarias locales.

“Así que no sé si estoy incluida en los datos generales de la covid o no”, dijo. “Creo que mucha gente ve la vacuna como una salida fácil, como la cura de todas las enfermedades, como el salvador final”.


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