Pese a emergencia sanitaria por COVID-19, capitalinos se resisten al encierro en casa
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Carlo Echegoyen

Pese a emergencia sanitaria por COVID-19, el centro de la capital se resiste a encerrarse en casa

Por diversas razones, en las calles del centro histórico, aún se aprecia una resistencia a cumplir con el mandato de los gobiernos local y federal de quedarse en casa.
Carlo Echegoyen
Por Manu Ureste y Arturo Angel
1 de abril, 2020
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Tras el anuncio la noche del lunes del gobierno de la Ciudad de México de la declaratoria de emergencia sanitaria por la pandemia de COVID-19, la capital mexicana continuó ayer con su lento proceso de ‘apagado’. 

Bares, terrazas, restaurantes, tiendas de ropa, y plazas comerciales, bajaron la persiana para unirse a los cines, teatros, y museos, que también pararon labores desde la semana pasada, y a las empresas y corporativos que, dos semanas atrás, mandaron a sus empleados a hacer ‘home office’.

Sin embargo, por las calles del centro histórico, uno de los tradicionales termómetros de la capital mexicana, aún pudo apreciarse una resistencia a cumplir con el mandato de los gobiernos federal y capitalino de quedarse en casa para mantener a raya al coronavirus, que hasta ayer martes sumaba ya más de 1 mil 200 casos confirmados y 29 muertos.

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“Es que vengo al trabajo” “estoy haciendo unos trámites”, o “voy al banco para ver si ya me depositaron la quincena”, fueron, de hecho, las frases más repetidas por los viandantes de la calle Madero, que ayer registró más afluencia de personas que el lunes de la semana pasada, a pesar de que, a diferencia de hace siete días, muchas tiendas de ropa, ópticas, y restaurantes ya cerraron sus puertas tras la declaratoria de emergencia. 

Algunas personas continúan asistiendo al centro de la ciudad a pesar del llamado del Gobierno de México a permanecer en casa. Foto: Carlo Echegoyen.

“Salgo porque no tengo miedo al coronavirus”, aseguraba Víctor Martínez, un estudiante de 21 años, que esperaba su turno en una larga fila para acceder a una sucursal bancaria. 

“Ya llevo 15 días encerrada en mi casa y aproveché un rato para salir a dar un paseo”, dijo por su parte Graciela, también de 24 años, que caminaba de la mano con su pareja a la altura de la Torre Latino.

“No tengo ni idea de lo que dijo ayer Claudia Sheinbaum”, admitieron por su parte María, Lucía y Raquel, cuando se les cuestionó si conocían las medidas anunciadas ayer martes por la jefa de gobierno, para que la gente se quede en casa. 

La avenida Juárez aún mantiene circulación de autos y personas a pesar del llamado a quedarse en casa por parte del Gobierno de México. Foto: Carlo Echegoyen.

Ramses, un diseñador de moda de 23 años que caminaba con un helado en la mano que compró tras hacer fila en un “centro de postres”, comentó que sí conocía las medidas decretadas por Sheinbaum y enfatizó que le parecían “muy pertinentes”. Aunque, acto seguido, admitió que su respuesta no era muy congruente con su paseo relajado por la calle en plena emergencia sanitaria. “Prometo encerrarme mañana”, dijo. 

Deya, de 24 años, explicó que en la tienda donde trabaja le comunicaron que ya no regresara a laborar hasta el próximo 30 de abril, y que por eso estaba “aprovechando el último día en la calle” tomando fotos a un amigo en la explanada casi desierta de Bellas Artes, en la avenida Juárez.

Un hombre camina a las afueras del Palacio de Bellas Artes el cual luce sin gente durante la cuarentena en CDMX. Foto: Carlo Echegoyen.

Mientras que Laura y Miguel, dos estudiantes de ingeniería civil de 23 años que platicaban al amparo que les ofrecía la sombra de la enorme bandera mexicana que ondea frente a la Catedral Metropolitana, dijeron que interrumpieron su encierro para poner fin a su relación, antes de que las medidas de confinamiento puedan tornarse más estrictas y ya no puedan aclarar las cosas en persona. 

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“Sí estábamos cumpliendo con el confinamiento -enfatizó Miguel-. Pero, como ayer salió lo de la declaratoria de emergencia y que todo el mundo tiene que empezar a aislarse, aprovechamos antes para hablar en persona y darnos un tiempo”. 

“A mucha gente le vale el coronavirus”

En la calle Uruguay, las pastelerías y panaderías estaban abiertas. También las tiendas de zapatos, de maletas, de telefonía móvil, y algunos comercios de bisutería y de joyería, donde se apreció a mujeres de la tercera edad probándose pulseras, desoyendo la recomendación del Gobierno Federal de que todas las personas de 60 años para arriba deben de permanecer en casa por ser consideradas población de riesgo por el COVID-19. 

En la avenida 20 de noviembre, esquina con el Zócalo, los soportales del palacio del gobierno de la ciudad, habitualmente uno de los puntos más fotografiados por turistas que gustan del estilo colonial del centro, estaban ayer clausurados con bandas de plástico amarillas que impedían el paso.

Vista de la plancha del Zócalo capitalino el cual luce poca poca gente. Foto: Carlo Echegoyen.

El Zócalo, aunque no estaba clausurado, estaba prácticamente vacío: a diferencia de la semana pasada, ya no había rastro de los empleados de los restaurantes que vociferan ofertas para ver el Palacio Nacional desde las terrazas, y tampoco había turistas, ni viandantes, aunque en esto también tuvo mucho que ver el intenso sol que, a las tres de la tarde, quemaba a fuego lento la plancha capitalina.

El Centro Joyero sobre la calle Madero permanece cerrado durante la cuarentena en CDMX. Foto: Carlo Echegoyen.

 “Ya nos dijeron que la policía va a decir por los altavoces de la alerta sísmica que nos guardemos. Pero la gente no entiende”, lamentó Laura Carvajal, una empleada de la limpieza del Palacio de Hierro que está sobre la avenida 20 de Noviembre, que desde ayer también fue notificada que la tienda no volverá a contar con ella hasta que reabra el próximo 30 de abril.

“Mucha gente salimos a la calle porque tenemos que salir a trabajar”, subrayó Selene, una comerciante ambulante que caminaba por el Eje Central, donde un grupo de artesanos indígenas montaron una improvisada protesta para exigir que las autoridades los apoyen con dinero ante la caída drástica de turistas y de ventas. 

“Pero también es cierto que a mucha gente le vale el coronavirus, y por eso no se queda en casa”, matizó a colación Selene, mientras señalaba con la barbilla hacia la lateral del Eje Central repleta de peatones. 

A unos pocos metros de donde se encontraba la vendedora ambulante, en la conocida como Friki Plaza, un enorme espacio de videojuegos, una mesera dijo que la plaza estaba “muchos más vacía que un día normal”. 

Pero, aunque en varios de los niveles de la plaza se apreciaron, en efecto, pasillos vacíos, en otros niveles decenas de jóvenes jugaban a las cartas y a videojuegos sin respetar las medidas de sana distancia, repetidas una y otra vez por las autoridades sanitarias.

Jugadores de cartas y compradores se reúnen la Friki Plaza en CDMX. Foto: Carlo Echegoyen.

A unos pocos kilómetros del centro histórico, en Reforma, el efecto ‘apagado’ fue más notorio, aunque ya viene de dos semanas atrás, cuando las empresas comenzaron a mandar a sus empleados a trabajar desde casa. 

La explanada del Monumento de la Revolución lucía prácticamente vacía. 

Vista del Monumento a la Revolución, el cual luce vacío y con las fuentes apagadas. Foto: Carlo Echegoyen.

Nadie fotografiaba a El Ángel, ni a Colón, ni a Cuauhtémoc. 

Por las laterales del paseo nadie caminaba, salgo algún ‘runner’ o alguien que paseaba en bicicleta aprovechando la espléndida tarde de sol y de cielos despejados que, paradójicamente, el coronavirus está regalando a la ciudad gracias a una más que notable reducción del tráfico cotidiano.

Y en las inmediaciones de la glorieta de La Diana Cazadora, solo había un par de viandantes que, emocionados, se detuvieron a leer la cartelera de un Cinépolis cerrado que rezaba: “El cine nos enseñó que siempre hay un final feliz. Te vamos a extrañar, cuídate”. 

Centros comerciales también cierran sus puertas

En la colonia Roma, el cierre de la sucursal Palacio de Hierro ubicada en la calle de Durango, tomó por sorpresa a varios clientes. La tienda normalmente comienza a operar a las 11am. El ritmo parecía normal porque incluso se observó a personal de la tienda alistarse en sus módulos y cajas de cobro. Sin embargo, no se abrieron las puertas.

Aproximadamente, 25 personas esperaron afuera durante casi una hora y media hasta que un guardia de seguridad les informó que debido a la contingencia sanitaria se había instruido que ni esa sucursal ni las demás de la cadena abrieran sus puertas, y que los pagos se hicieran en línea. Dijo desconocer cuál sería la situación en los siguientes días, pero adelantó que muy probablemente esa y las demás tiendas continuarán cerradas.

Algunos de los clientes se fueron molestos por la falta de un aviso previo sobre el cierre de la sucursal, y porque consideraron que Palacio no ha dado hasta ahora ninguna facilidad o prórroga para sus pagos.

La tienda SEARS ubicada en Plaza Insurgentes (Sonora e Insurgentes), en la misma colonia Roma tampoco abrió sus puertas. Las cortinas estaban abajo y no hubo ningún movimiento en todo la mañana. No había anuncios colocados que indicaran el motivo, aunque los guardias de seguridad de la plaza indicaron que era por la contingencia. 

En cuanto al interior de la Plaza, ésta lucía semivacía. El Cinemex se encontraba cerrado, pero tambien otras tiendas como una de electrónica y otra de ropa deportiva. 

En el patio de comidas, las mesas estaban levantadas, varios locales cerrados, y otros, como McDonalds, solo estaban surtiendo para llevar. 

La sucursal de Sanborns estaba abierta, con la mitad de sus mesas en su restaurante deshabilitadas. El personal de dicha tienda dijo que no sabían si para este miércoles continuarían abiertos.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

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