INM vacía las estaciones migratorias por COVID-19: deportan a 3 mil 653
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INM vacía estaciones migratorias: deportan a 3 mil 653 y quedan 106 extranjeros detenidos

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, México inició un proceso de vaciado de las estaciones migratorias. Solo quedan 106 extranjeros detenidos.
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Alecio Castillo quería alcanzar Estados Unidos, pero ya está de regreso hacia Estelí, en Nicaragua. Tiene 58 años y residió en Carolina del Norte entre 2012 y 2018, hasta que lo atraparon y fue deportado. El 2 de abril se encontraba en Piedras Negras, Coahuila, esperando a ver cuándo se bajaba el Río Bravo y podía intentar su pasada al norte. No le dieron tiempo. Agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) lo detuvieron a las puertas del albergue Ejército de Salvación y lo encerraron en la estación migratoria.

En aquel centro de detención la mayoría eran centroamericanos devueltos por la fórmula exprés implementada por Estados Unidos a partir de la crisis de COVID-19: gente a la que se dio la vuelta en un tiempo récord y sin tener opción siquiera de pedir protección.

Entérate: Migrantes frente al COVID-19, entregados por EU, abandonados en México y con fronteras cerradas

Enfadados por las condiciones de encierro y hacinamiento y asustados por la posibilidad de contagiarse por coronavirus, los centroamericanos causaron un motín. Ahí estaba Alecio, que fue trasladado, junto a decenas de compañeros, a la estación migratoria de Villahermosa, en Tabasco. Recuperó la libertad el 8 de abril a la 1 de la madrugada, a 2 mil kilómetros del lugar en el que había sido detenido.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, México inició un proceso de vaciado de las estaciones migratorias. Así lo asegura el INM en un boletín hecho público el domingo bajo el título “Actúa INM con responsabilidad ante la contingencia por COVID-19” en el que se ofrecen datos sobre el motín de Tenosique en el que un solicitante de asilo murió asfixiado o las imágenes de 400 migrantes abandonados en la frontera de Talismán, Chiapas, con el paso a Guatemala cerrado.

En marzo había en los 65 centros de detención para migrantes 3 mil 759 personas encerradas. Para finales de abril, este número se redujo a 106, según informó el INM.

Desde el inicio de la Fase 2, el 21 de marzo, México deportó un total de 3 mil 653 personas de Guatemala, Honduras y El Salvador por vía terrestre y área. En un primer momento las fronteras estaban cerradas, pero finalmente México negoció que se abriesen para las expulsiones.

Lo que no aclara el boletín es cuántos de los centroamericanos deportados habían sido previamente entregados por Estados Unidos. Desde el inicio de la contingencia, Washington anunció que rechazaría de forma inmediata y sin opción a pedir asilo a las personas que fuesen sorprendidas cruzando irregularmente la frontera. En una decisión sin precedentes, México anunció que aceptaría recibir también a detenidos procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Animal Político preguntó sobre cuántos de estos centroamericanos fueron devueltos a sus países, pero al cierre de la nota no había obtenido respuesta.
Hacerlos pasar por solicitantes de asilo

Cuando salió a la calle, Alecio tenía en sus bolsillos dos papeles.

El primero es un resguardo escrito a mano por algún oficial del INM en el que enumera los bienes que le habían arrebatado cuando lo atraparon: una cachucha, cinto y agujetas. Una cartera negra. Un celular. 50 dólares. 4 mil 240 pesos.

No volvió a verlos, salvo la cartera vacía.

El segundo es un documento del INM en el que establece sus condiciones de salida de la estación migratoria. “Se autoriza el otorgamiento de la condición de estancia de visitante con permiso para realizar actividades remuneradas por una temporalidad de 90 días”, dice.

Advierte que no se trata de un documento de viaje y que tampoco acredita la condición de residente temporal ni autoriza el tránsito. Por último, insta al migrantes a “dar seguimiento a al procedimiento indicado en su área hasta en tanto no obtenga una resolución definitiva a su solicitud de reconocimiento de la condición de refugiado ante la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar).

El problema es que Alecio asegura que nunca pidió ser refugiado en México.

“Yo lo que quiero es regresar a mi casa, pero las fronteras están cerradas”, dijo, en entrevista telefónica, el viernes 10 de abril.

Alecio niega haber pedido asilo en México. Sin embargo, tiene un documento del INM, firmado por el titular de su oficina de en Tabasco, Carlos Alberto Santiago Hernández, que lo identifica como solicitante de refugio. De hecho, todos los centroamericanos a los que se sacó de la estación migratoria tienen el mismo documento.

Animal Político preguntó a la Comar por cinco casos a los que tuvo acceso.

Ninguno de ellos estaba registrado como solicitantes de asilo en los archivos de la institución que gestiona la protección a extranjeros. Estas fuentes consideraron que se trata de un procedimiento “irregular”, por no existir coordinación entre INM y Comar.

La advertencia que los funcionarios le dieron a Alecio y sus compañeros al abandonarlos a su suerte en Villahermosa fue que no podían regresar al norte. Qué comiesen, dónde durmiesen o si tendrían agua para lavarse las manos en mitad de la pandemia no era asunto suyo. El gran mandato que trasladaron los funcionarios del INM es que no intentasen regresar al lugar en el que habían sido capturados.

Molesto por el dinero que le arrebataron y por lo que considera “humillaciones” por parte de agentes del INM, el nicaragüense emprendió su camino de regreso. Tras varios días en el albergue de Salto de Agua, en Chiapas, el domingo llegó a Tenosique. De ahí se dirigió a la frontera de El Ceibo, donde las autoridades guatemaltecas hicieron una excepción al bloqueo y permitieron que cruzasen 81 personas. Finalmente lograron transporte hasta la frontera de Corinto, en Honduras: un camión para transportar ganado. En Honduras, donde se impone un toque de queda contra la pandemia, no les esperaba nadie.

Cuatro señalados por el motín de Tenosique en el que murió una persona

En su boletín, el INM también hace referencia a la muerte de un solicitante de asilo durante una protesta en el interior de la estación migratoria de Tenosique, Tabasco. Un guatemalteco, de 42 años, murió asfixiado después de que decenas de sus compañeros protestasen quemando colchones para exigir ser devueltos a sus países. Esto provocó que decenas de organizaciones civiles hiciesen público un escrito culpando de la muerte al comisionado del INM, Francisco Garduño, y exigiendo su destitución.

“Este cierre de fronteras ocasionó incidentes como el registrado, lamentablemente, en la Estación Migratoria de Tenosique, Tabasco, donde se provocó un incendio en el que falleció una persona migrante. Por estos hechos, el Ministerio Público consignó ante un juez de control, como responsables, a cuatro personas de nacionalidad hondureña”, dice el boletín.

Añade que, siguiendo las recomendaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la estación migratoria se encontraba vacía. No obstante, este cierre es temporal, según matizaron fuentes del INM. Después de la muerte del guatemalteco, la CNDH emitió un comunicado en el que denunciaba que las instalaciones carecían de condiciones para albergar a los extranjeros. Esta fue una de las quejas que motivó el motín en el que se produjo el deceso.

“Las personas migrantes que deseen permanecer albergadas en las estaciones migratorias podrán hacerlo al poner de manifiesto, ante el Instituto, su voluntad de manera expresa”, dice el boletín, que asegura que no se ha registrado ni un solo caso de COVID-19 en los centros de detención.

Donde sí hubo contagios es en un albergue gestionado por la iglesia católica en Nuevo Laredo, Tamaulipas. La semana pasada, 15 personas dieron positivo en la casa del migrante Nazaret. El primer paciente sería un mexicano devuelto desde Houston, Texas. A pesar de ello, el INM aseguró que “apoya” a los connacionales deportados en “el retorno a sus comunidades de origen vía terrestre, acción que se realiza con las medidas sanitarias de prevención de contagio e identificación de casos de COVID-19, al momento de su internación”.

A pesar de la pandemia, advierte el INM que la Guardia Nacional “mantiene los puntos de revisión en el sur y en el norte” para impedir que los migrantes alcancen Estados Unidos.

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Los inesperados 'efectos colaterales' positivos de la vacuna contra COVID

Los estudios experimentales ya han comprobado la eficacia de las vacunas. Pero la experiencia práctica muestra que los beneficios de la vacunación van mucho más allá de lo esperado.
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18 de marzo, 2021
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¿Las vacunas contra el covid-19 protegen contra la infección o previenen los casos graves de la enfermedad?

Esta pregunta ha suscitado numerosos debates entre la comunidad científica en las últimas semanas.

Por lo que se sabe hasta ahora, las vacunas ya aprobadas en varios países tienen una buena efectividad en la prevención de cuadros de covid-19 con síntomas (recuerde bien la palabra síntomas).

Pero eso no quiere decir que sus beneficios se limiten a esto: la experiencia en el mundo real, en las campañas de inmunización más avanzadas en algunos países, indica que las dosis que se utilizan actualmente traen otros beneficios en la lucha contra la pandemia.

Los datos de Israel, donde la vacunación está más avanzada, sugieren resultados mejores que los esperados, como una caída dramática en los casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

También hay evidencia de que las vacunas ayudan a combatir los síntomas leves que, aunque tenues, igual mandaban a los pacientes al hospital.

Misma estrategia, varios desenlaces

Para entender cómo los científicos llegaron a estas conclusiones, es necesario remontarse al 9 de abril de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento que definiría las reglas del juego.

En las directrices, la entidad estableció los requisitos mínimos para que se apruebe una vacuna contra el “nuevo” coronavirus.

Entre una serie de criterios técnicos y especificaciones, una regla se destacó como la más importante: la vacuna contra la covid-19 debía tener una tasa mínima de efectividad del 50% frente a una de estas tres circunstancias: la infección en sí, la enfermedad sintomática o las formas graves de la enfermedad.

Tales requisitos no son novedad: existen vacunas que se usan contra otras enfermedades infecciosas que son excelentes para evitar que el virus invada el cuerpo de un individuo y comience a replicarse en su interior.

Este es el caso, por ejemplo, de las dosis contra el sarampión y la fiebre amarilla. Quien los toma está bien protegido de los virus que causan estas enfermedades.

Un niño recibiendo una vacuna

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La vacuna contra el sarampión evita la infección de esta enfermedad.

Otros productos no son capaces de detener la infección en sí, pero evitan que evolucione y afecte demasiado al organismo, lo que requeriría hospitalización y atención médica especializada.

La vacuna contra la gripe encaja perfectamente en esta categoría: quien recibe la inyección a principios de otoño corre un riesgo considerable de contraer el virus durante los próximos meses. Pero, si ocurre, los síntomas de la enfermedad serán mucho más leves y no requerirán estadías prolongadas en salas y unidades de cuidados intensivos.

Esto es bueno para el individuo, que no siente que su salud se vea afectada, y para el sistema de salud en su conjunto, que no colapsa con la llegada de varios pacientes al mismo tiempo, especialmente en invierno, cuando la circulación de los virus que afectan al sistema respiratorio crece mucho.

¿Qué hicieron con la covid-19?

La pandemia, por supuesto, trajo algunos desafíos adicionales a la carrera científica: la humanidad necesitaba una solución rápida. No era factible esperar años para el desarrollo de una vacuna.

Para acelerar el proceso, todas las farmacéuticas y centros de investigación diseñaron las pruebas clínicas de sus candidatas a vacunas para ver si serían efectivas contra la enfermedad con síntomas, el segundo resultado establecido por la OMS.

Línea de producción de una vacuna.

Getty Images
Probada a gran escala en Brasil, la tasa de eficacia de CoronaVac fue de 50%. Pero en la vida real, sus efectos podrían tener mayor alcance.

En la coyuntura actual, no sería factible medir si las vacunas previenen la infección (el primer resultado), por dos razones principales.

Primero, porque una parte considerable de los infectados por el coronavirus no presenta ningún síntoma. Y, en segundo lugar, tal estrategia requeriría un aparato y una inversión financiera absolutamente gigantescos.

“Cada estudio involucró a decenas de miles de voluntarios y, para saber si cada uno de estos participantes no contrajo el virus, sería necesario realizar pruebas diagnósticas a todos ellos durante varias semanas seguidas. ¿Te imaginas el costo de eso?”, pregunta la microbióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciencia, de Brasil.

La otra opción sería evaluar el poder de las vacunas frente a las condiciones más graves, que requieren hospitalización y suponen mayor riesgo de muerte.

La dificultad estaría en el tiempo de observación necesario: en EE.UU. se estima que, de cada 200 personas infectadas por el coronavirus, una muere.

Los investigadores tardarían varios meses en lograr un número mínimo de muertes suficiente para realizar los cálculos estadísticos que determinan la tasa de efectividad y, como vimos anteriormente, el plazo para crear una solución nunca ha sido tan ajustado.

En vista de las limitaciones, todos los competidores terminaron siguiendo el camino intermedio: las pruebas clínicas de la fase 3 se diseñaron para establecer cuánto protegen las candidatas a vacunas contra el covid-19 sintomático, como se explicó en los párrafos anteriores.

Así es como muchas candidatas a vacunas avanzaron en los ensayos clínicos, fueron aprobadas o están siendo analizadas actualmente por agencias reguladoras.

Punto de inflexión

Pero aquí aparece una controversia importante en esta historia: ¿cómo se define un síntoma de covid-19?

Cada farmacéutica y cada centro de investigación estableció sus propios criterios para enmarcar lo que sería una sospecha de infección por coronavirus.

“En las pruebas de CoronaVac, Sinovac y el Instituto Butantan, por ejemplo, se instruyó a los voluntarios para que informaran de cualquier malestar que sintieran, por leve que fuera”, describe Pasternak.

Posteriormente, estos participantes se sometieron a la prueba molecular (hisopado nasofaríngeo) para saber si tenían la enfermedad o no.

Una mujer recibe la vacuna en Francia.

Reuters
La vacunación busca la protección comunitaria, por lo que el éxito del proceso no debe evaluarse a partir de resultados individuales.

“Moderna, en cambio, estableció que, para realizar tal examen, el individuo debía tener al menos dos síntomas o un signo muy claro de covid-19, como falta de aire”, agrega la especialista.

Esta diferencia, por supuesto, tuvo un impacto en los resultados de los análisis preliminares. No es exagerado especular que un número considerable de participantes que recibieron la vacuna de Moderna desarrollaron condiciones leves y moderadas de la enfermedad. Sin embargo, como no fueron sometidos a los métodos de diagnóstico, no supieron que tenían la infección.

Esta es una de las razones por las que los científicos no centran tanto su análisis en las tasas de eficacia: en el mundo real, puede ser que el 50,4% de CoronaVac se vuelva un poco más alto, mientras que el 94% de Moderna termine ligeramente reducido, y no hay problema con eso.

“Debemos entender que la vacuna no es como un medicamento con el que tratamos a una persona. La vacuna es algo que protege a la comunidad. No se puede analizar desde un punto de vista individual, sino de cómo se protege a toda una población”, explica la epidemióloga Denise Garrett, vicepresidenta del Instituto Sabin, una organización internacional sin fines de lucro que promueve la inmunización en todo el mundo.

Observaciones paralelas

Para demostrar su seguridad y eficacia, cada nueva vacuna se somete a un verdadero rito científico, que implica una serie de pasos.

“Todo comienza con experimentos en cultivos de células animales, donde vemos si las moléculas tienen potencial para funcionar en humanos”, explica el doctor Jorge Kalil, profesor de inmunología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

Vacuna de moderna

Reuters
Todas las vacunas autorizadas fueron sometidas a rigurosas pruebas.

Si los resultados son buenos, el producto se prueba en humanos, en tres fases.

“Comenzamos con un número limitado de voluntarios en la fase uno y, a medida que avanza el conocimiento, evolucionamos a decenas de miles de participantes en la fase tres”, resume Kalil, quien también es director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (InCor), en Sao Paulo.

Las vacunas contra la covid-19 han atravesado (y siguen atravesando) esta maratón.

La tasa de eficacia sobre la covid-19 sintomática se establece precisamente en esta etapa de tres ensayos clínicos.

Pero eso no es lo único que miden los científicos: aprovechan toda la estructura para hacer estudios y mediciones “paralelas”, que se conocen como resultados secundarios.

No son el objetivo principal de ese trabajo, pero son conocimientos que también ayudan a comprender el poder de ese candidato para la inmunización.

“Además de saber que CoronaVac tenía una tasa de eficacia general del 50% contra la enfermedad sintomática, la investigación mostró una protección del 78% contra los síntomas leves que también necesitaban asistencia médica. Este fue un resultado secundario observado”, ejemplifica Kalil.

Por lo tanto, aunque se han diseñado estudios clínicos para evaluar la capacidad de las vacunas para prevenir el covid-19 sintomático, muchas de las pruebas ya indicaron que los beneficios podrían ser más prometedores.

Y esa evidencia ahora se está confirmando, con los primeros resultados de la vida real de las campañas de inmunización contra el coronavirus.

El ejemplo de Israel

Con aproximadamente 8,8 millones de habitantes, Israel fue el primer país del mundo en iniciar y expandir rápidamente una campaña de vacunación contra la covid-19.

“El país se ha convertido en un caso de estudio perfecto, ya que está utilizando la misma vacuna en toda la población y aplicando las dosis a un ritmo muy rápido”, señala Pasternak.

Puntos ce vacunación en Israel.

Getty Images
Israel tiene la campaña de inmunización contra la covid-19 más avanzada del mundo.

Los datos publicados la semana pasada por el Ministerio de Salud de Israel y las farmacéuticas responsables de la vacuna revelan resultados que superan las expectativas, como la caída dramática de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

“Los últimos análisis revelan que los individuos no vacunados tienen 44 veces más riesgo de desarrollar una infección sintomática y 28 veces más probabilidades de morir por la enfermedad”, dijeron las entidades, en un comunicado difundido a la prensa.

Nota: las pruebas de fase tres de inmunización de Pfizer y BioNTech se crearon para observar y medir la eficacia contra la covid-19 sintomática. Pero, en la experiencia de la vida real, todo indica que las dosis también son capaces de prevenir la infección (el primer elemento mencionado por la OMS) y las condiciones muy graves (el tercer elemento).

Además de Pfizer/BioNTech, las vacunas de Moderna y AstraZeneca/Oxford ya muestran efectos similares en lugares donde se aplican a gran escala.

“Esto significa que las vacunas pueden tener un impacto en la transmisión viral y, cuantas más personas estén protegidas, más difícil será para el virus encontrar a alguien vulnerable”, argumenta Garrett.

Pie en el acelerador

Hay un ingrediente adicional que exige campañas de inmunización aún más rápidas: el descubrimiento de nuevas variantes del coronavirus.

https://www.youtube.com/watch?v=lGUuIKrNxbE

Ya se sabe que estas versiones del agente infeccioso se propagan con mayor facilidad y que incluso pueden afectar a personas que ya tuvieron la enfermedad en los meses anteriores.

Otro temor es que estas mutaciones en el código genético viral hagan que las vacunas sean menos efectivas o que incluso las dejen completamente desactualizadas.

Precisamente por eso hay que acelerar la vacunación. “Las variantes son preocupantes. Las vacunas que tenemos en este momento dan cuenta de los tipos de coronavirus que se han descrito hasta ahora. Por lo tanto, no podemos dejar margen y tiempo para que aparezcan otras versiones y se escapen de la solución que tenemos”, advierte Pasternak.

La microbióloga apunta que, además de poner un pie en el acelerador de la vacunación, es necesario invertir más en secuenciación genética y vigilancia genómica para identificar estas nuevas amenazas desde su origen, antes de que se extiendan a otros rincones.


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