¿Afectaría a personas con discapacidad quedar libres por la Ley de Amnistía?
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Cómo afectaría a personas con discapacidad quedar libres gracias a la Ley de Amnistía

Aunque liberar a las personas con discapacidad presas por delitos no graves es una medida bien intencionada, hay que asegurarse que tengan familia, dónde vivir, de qué mantenerse y, en algunos casos, si tienen acceso a los psicofármacos que tomaban.
Cuartoscuro
Por Katia D’Artigues / Yo También
22 de abril, 2020
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El lunes 20, el Senado aprobó una Ley de Amnistía que contempla otorgar el perdón a personas privadas de su libertad, sólo por delitos no graves o sin violencia, en prisiones federales. Uno de los grupos beneficiados son personas con discapacidad (pcd).

Pero, ¿qué podría implicar para personas con discapacidad, sobre todo psicosocial? De eso hablamos con Berenice Pérez Ramírez, quien el año pasado publicó en la UNAM un estudio llamado “Personas con discapacidad y privadas de su libertad en la Ciudad de México. Un estadístico de siete centros penitenciarios”.  Aquí está una entrevista que sobre ese estudio le hicimos el año pasado.

En ese estudio, Pérez Ramírez logró entrevistarse cara a cara vía un cuestionario común con 358 personas privadas de su libertad y con discapacidad, lo que logró un retrato pocas veces visto en México.

La Ley de Amnistía propone sacar de la cárcel a algunas personas con discapacidad. ¿Qué te parece en lo general?

La medida la estaban tomando ya meses antes. Estando en el dormitorio 8 y 9 de la prisión femenil de Tepepan observé eso: la salida de mujeres con discapacidad psicosocial. Con esta medida aprobada por el Senado es muy  importante considerar qué pasa cuando salen: ese es un problema importante.

Lee: Aprueban en lo general Ley de Amnistía en el Senado; liberen recursos no delincuentes, reclama el PAN

A veces sólo pensamos en la salida como el objetivo a perseguir, pero muchos o muchas ya no tienen vínculos con algún familiar, no saben si pueden volver a dónde vivían, si aún es su casa.

También la mayoría de ellas y ellos, durante la estancia en prisión, han estado bajo la prescripción de psicofármacos. Si se inhibe la ingesta abruptamente, lo resienten.

Si bien es una medida oportuna en el contexto de la emergencia, me parece que no basta con pensar solo la salida, en que condiciones van a salir y cuáles son las redes que los van a acoger.

¿Crees que se están tomando estas medidas? ¿Cómo podemos saberlo?

Creo que no se están tomando. Es bastante complicado el sistema penitenciario cuando se propone realizar una medida aprobada en otros espacios. El sistema sólo se aboca a cumplirla y no hay un grupo de personas que realmente esté dando seguimiento incluso personalizado. (En la CDMX) no todas las personas que están en Tepepan y el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi) están en las mismas condiciones, habría que ver las particularidades de cada caso.

Debe estar complicado porque el sistema penitenciario está tomando ahora ciertas medidas: no todo el personal está asistiendo, están haciendo guardas. Eso significa que difícilmente están dando un seguimiento puntual.

No me queda claro también que hayan establecido comunicación con organizaciones que puedan fungir como soportes para estos procesos de salida.  Me parece que son medidas que se toman por el contexto, y eso está bien, pero no se consideran cuestiones estructurales de las pcd que están en esos espacios.

Hablabas de la situación de personas con discapacidad psicosocial. ¿Es diferente con personas con otro tipo de discapacidades?, ¿como quizá la motriz?

Puede ser. Una diferencia es que el porcentaje de personas con discapacidad física o motriz que cometió delitos graves es un mayor al de delitos cometidos por personas con discapacidad psicosocial. En ese sentido, quizá no todas las pcd en los distintos centros cumplan con los requisitos de la Ley de Amnistía.

Otra de las diferencias es el contacto con la familia. Sí observamos que si bien también se rompen lazos familiares y comunitarios, se sostienen más que en el caso de las personas con discapacidad psicosocial. Ahí sí es más evidente la ruptura.

Luego está un problema del sistema penitenciario de mucho tiempo. No es lo mismo una persona que ha estado 2 años que 25. Entre más años es otra la ciudad y ya no hay muchas posibilidades de establecer contacto con las familias o hubo un desgaste. ¿En qué condiciones van a salir?

¿Y con qué dinero?

Hay poca capacitación laboral. Si bien sí hay centros escolares en los que pueden hacer algún estudio formal o no formal, al final la salida es muy complicado encontrar un sustento y en este contexto (con el COVID) será mucho más complicado, no habrá tantas posibilidades de trabajo.

Las medidas de la Ley de Amnistía lo único que generan es una despresurización del sistema de momento, pero no lo podemos considerar que funcione a largo plazo. En mi opinión, lo que va a ocurrir es que van a volver.

En un mundo ideal, ¿cómo debería ser el proceso?

Tener un equipo que pueda fungir como puente-enlace entre personas privadas de su libertad y afuera. Que establezcan contactos con organizaciones, redes, agrupaciones de familiares para dar seguimiento caso por caso.
Tendrían que considerar el factor tiempo, cuánto tiempo han estado encerrados porque impacta de manera tremenda. Es importante hacer grupos de apoyo: los que estuvieron menos de 5 años, de 5 a 10 años, más de 10 años.

Considerar que si quien sale usa psicofármacos, asegurar la continuidad. Si hay diagnóstico de discapacidad psicosocial, el acompañamiento debe estar más cercano.

Aun cubriendo estos aspectos, hay que pensar que hay un gran estigma afuera. En algún momento un grupo de personas en el Reclusorio Norte me decían: ‘Ya no quiero mentir, porque lo he hecho toda la vida, pero a mi salida no sé cómo decirle a la gente que estuve en la cárcel, que busco trabajo, casa’.

Se debería de promover una reflexión afuera sobre el estigma que cargan quienes han estado en la cárcel, los obstáculos a los que se van a enfrentar serán tremendos. Por eso la reincidencia es grande. Si bien la Ley de Amnistía puede parecer muy avanzada y a favor de las personas que no han cometido delitos graves, si no pensamos en la salida, podría ser peor.

Esta nota fue publicada originalmente en Yotambién.mx.

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Foto: BBC

Nicolás Toledo: quién era el mexicano que murió en el tiroteo del desfile del 4 de julio en Chicago

La familia Toledo había acudido junta a disfrutar del desfile del Día de la Independencia en Highland Park.
Foto: BBC
6 de julio, 2022
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Nicolás Toledo, el mexicano que murió en el tiroteo, no estaba muy convencido de ir a ver el desfile del Día de la Independencia la mañana del lunes en Highland Park.

El mexicano de 78 años necesitaba de una andadera para caminar y sabía que podría ser difícil para él desplazarse por las aceras llenas de gente en esa ciudad al norte de Chicago.

Su familia, sin embargo, no quería dejarlo solo en casa. Todos iban a asistir y era una buena oportunidad para pasar un día juntos.

Iban 15 de la familia y eligieron un buen sitio para ver el desfile en el centro de Highland Park. Los carros alegóricos comenzaron a pasar, dice Xochil Toledo, una de sus nietas que lo acompañó.

Súbitamente estalló el caos: Robert Crimo, un estadounidense de 22 años, comenzó a disparar hacia la multitud con un rifle de alto poder. Más de 70 disparos, según la investigación de la policía.

Nicolás Toledo fue uno de los siete fallecidos, además de una treintena de heridos, que ha dejado este ataque del 4 de julio.

“Un día que se suponía que iba a estar lleno de alegría y felicidad se convirtió en un sueño lleno de terror y dolor”, dice la nieta de Toledo en un mensaje de su perfil de Facebook.

Las autoridades han identificado a otras víctimas mortales como Katherine Goldstein, de 64 años, Irina McCarthy (35), Kevin McCarthy (37), Jacquelyn Sundheim (63) y Stephen Straus (88).

Irina y Kevin McCarthy eran una joven pareja que dejan huérfano a un bebé de 2 años.

“Un ángel de la guarda”

Xochil Toledo explica que su abuelo estaba sentado en medio de la familia cuando arrancó el desfile.

Mientras pasaba un carro con una banda en la Avenida Central de Highland Park, su abuelo se veía feliz, “disfrutando el momento”.

El lugar del tiroteo

Getty Images

Escucharon detonaciones, que en un principio pensaron eran parte del espectáculo. Pero entonces comenzaron a caer las balas justamente en el lugar en el que estaba la familia.

Tres impactaron en el abuelo, causando su muerte.

“Él nos salvó la vida a todos. Pudieron haber ido contra mí, contra mi novio o contra mis primos”, dijo Xochil Toledo al diario Chicago Sun Times.

Un hijo de Toledo trató de protegerlo y recibió un disparo en el brazo, pero todos los demás pudieron ponerse a salvo luego del ataque.

La familia dice que Toledo es unángel de la guarda” que los protegió.

Abrieron una recaudación de fondos que en poco más de 24 horas obtuvo la respuesta de más de 1.200 personas y una ayuda superior a los US$60.000.

“No hay palabras para decir cuánto agradecemos a la comunidad por toda su ayuda en estos momentos tan difíciles para nuestra familia. Todas las donaciones irán para los gastos del funeral”, escribieron.

Dos personas frente a un ramo de flores

Reuters
Algunas personas han regresado al sitio del ataque para colocar flores por las víctimas del tiroteo.

Nicolás Toledo estaba de visita a su familia al norte de Chicago, luego de dos años de no poder viajar a EE.UU. por las restricciones de la pandemia.

Era originario del estado de Morelos, en el centro de México, pero durante muchos años trabajó en Estados Unidos, donde está una buena parte de su familia conformada por su esposa y ocho hijos.

Tenía doble nacionalidad mexicano-estadounidense, así que pasaba largos periodos con su familia en Illinois.

“Lo trajimos aquí para que pudiera tener una vida mejor”, dijo su nieta al diario The New York Times. “Sus hijos querían cuidarlo y estar más en su vida y luego sucedió esta tragedia”.


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