Mujeres trans, sobrerrepresentadas e invisibilizadas en las cárceles
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Mujeres trans, violentadas e invisibilizadas en las cárceles

Regularmente, en México, se ingresa a las mujeres trans en penales varoniles o femeniles de acuerdo con sus genitales y no con su identidad sexual, contradiciendo las recomendaciones internacionales.
Cuartoscuro
4 de abril, 2020
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Kenya Cuevas estaba en un picadero cuando cayó un operativo de la Policía Federal. La persona que vendía drogas negoció con los agentes y la dejaron ir. Entonces miraron al resto, y al darse cuenta de que ella era una mujer trans, se fueron contra ella.

“Se voltearon hacia mí y me preguntaron ‘¿desde cuándo vendes droga?’, yo les contesté que lo único que hacía era consumirla, pero ellos me arrestaron y metieron a una camioneta blanca. Me llevaron al Reclusorio Varonil Norte de la Ciudad de México. Días después recibí una hoja que decía ‘Auto formal de prisión del delito daños contra la salud, posesión, distribución y venta’. Pasaron los meses y por fin llegó mi sentencia: veinticuatro años”, recuerda.

“Viví mi cárcel como cualquier otra mujer trans en un centro varonil, donde era agredida físicamente y abusada sexualmente, no solo por los internos, sino también por personal de seguridad y custodia”.

Lee: ‘Estamos cansadas de que nos violenten’: mujeres trans exigen justicia por asesinatos

Kenya logró salir en menos de la mitad de esos años y se convirtió en activista por las trabajadoras sexuales que viven con VIH, además de fundar el primer refugio para mujeres trans en la Ciudad de México. Pero la historia de criminalización y falta de reconocimiento a su identidad es una constante entre la población trans, no solo en México, sino en toda América Latina.

El informe “Mujeres trans privadas de libertad: La invisibilidad tras los muros”, publicado esta semana por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), denuncia que esta población está sobrerrepresentada en las prisiones y suele ser por delitos vinculados a las drogas.

En México, solo hay datos disponibles de la Ciudad de México, que muestran que son mujeres trans más del 30% de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans o Intersexuales y otras diversidades sexuales (LGBTI+), es decir, 150 de las 450 que se reconocen así y están en prisión.

Además, regularmente se decide ingresarlas en penales varoniles o femeniles de acuerdo con sus genitales y no con su identidad sexual. Solo en la capital del país les consultan  su preferencia, y pueden ingresar a un centro de mujeres solo si ya tienen una identificación oficial con su cambio de género.

En contra de recomendaciones internacionales, cuando una trans va a ser encarcelada, no la involucran en la decisión sobre a dónde debe ir ni respetan los criterios de identidad, seguridad, riesgos y preferencia. Al enviarlas a penales varoniles, suelen sufrir violencia sexual . Hay casos en los que son segregadas, lo cual debe evitarse, según las recomendaciones, a menos que haya problemas de seguridad, ya que se les deja en aislamiento, sin acceso a los mismos servicios de capacitación y recreación u otros, y puede provocar depresiones sin contención psicológica.

En México, cita el estudio de WOLA, ya se han registrado intentos de suicidio de mujeres trans en centros penitenciarios. En otros países, son recluidas junto con acusados de delitos contra la integridad sexual.

“La falta de reconocimiento de la identidad de género, así como la discriminación y el maltrato por motivo de la identidad de género u orientación sexual son prácticas frecuentes en las prisiones. La violencia física es sistemática y cotidiana en los establecimientos penitenciarios, mientras el uso excesivo de la fuerza y los abusos—lejos de presentarse como hechos aislados—presentan un carácter constante en los establecimientos de encierro”, señala el informe.

Una vida de exclusión

Que terminen en la cárcel es solo un paso más de una cadena de rechazo y exclusión. El estudio menciona que las trans suelen asumir su identidad entre los 8 y los 13 años de edad, por lo que muchas van a parar a la calle.

Eso, para empezar, interrumpe su vida estudiantil. El 45% en México reportó haber sufrido algún tipo de discriminación en las aulas, de acuerdo con el Diagnóstico nacional sobre la discriminación hacia personas LGBTI+ hecho en 2018 por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

En una encuesta hecha en Ciudad de México, solo el 3% de mujeres trans contestó que tenía estudios universitarios, y 22.7% de quienes estudiaban dijeron que se vieron obligadas a interrumpir definitivamente su educación, sobre todo en nivel superior y medio superior.

Para otros países de Latinoamérica no es mejor la situación: en Colombia las personas trans son el grupo poblacional con menor nivel educativo; en Argentina solo el 2% fue a la universidad, y en Guatemala, el 37% acabó únicamente la secundaria.

Lee: La bajista que quiere abrir las puertas de la música a las mujeres transgénero

Cuando se trata de conseguir trabajo, la falta de estudios y condición de calle solo se suman a los prejuicios de los empleadores. Por ello, según las asociaciones civiles que trabajan con esta comunidad, es recurrente que se involucren en los mercados de drogas y de trabajo sexual.

El diagnóstico de la CEAV en México determinó que 25% de trans se dedica a la prostitución, pero la cifra es baja comparada con la reportada en el resto de la región: 35% en Guatemala, 42% en Honduras, 51% en Bolivia, 61% en Costa Rica, 58% en Argentina, 90% en Brasil y 95% en Paraguay.

En ese contexto, también es común que contraigan enfermedades como VIH, sífilis y hepatitis B que afectan su salud y aumentan dramáticamente sus posibilidades de morir.

La esperanza de vida de las personas trans en Latinoamérica es de 35 años, menos de la mitad de lo que tiene la población en general. Por ejemplo en México, el resto de las personas suele morir en promedio a los 77 años.

Pese a la incidencia de enfermedades, muchas no acuden a los servicios de salud porque sufren discriminación de parte del personal médico. En México fue polémico en octubre pasado que en Nuevo León el Congreso aprobó una ley, que después vetó el Ejecutivo, para permitir a médicos argumentar “objeción de conciencia” y no atender personas si por algo va contra sus principios éticos.

De acuerdo con el diagnóstico de personas LGBTI+ de la CEAV, 13% de mujeres trans mexicanas dejó de ir al médico por discriminación. En Argentina, ese porcentaje llega hasta el 48.7%.

Recomendaciones para descriminalizar y reinsertar

Al salir de la cárcel, las mujeres trans enfrentan un doble estigma, por su identificación como población LGBTI+ y por antecedentes, lo que hace aun más improbable que encuentren un trabajo formal y se reinserten en la sociedad.

WOLA enumera una serie de recomendaciones, empezando por promover reformas de políticas de drogas con perspectiva de género para descriminalizar la posesión personal y consumo, y buscar medidas alternativas a la privación de la libertad cuando no son delitos graves y el encarcelamiento implica riesgos para la persona.

Pide tomar en cuenta la opinión de la persona que va a ser encarcelada sobre el espacio en el que va a ser confinada, que le garantice seguridad, así como informarle sus derechos y garantizárselos, tanto a la no discriminación como a la salud y los servicios del Estado. Llama a los Estados a adoptar medidas para prevenir y sancionar la tortura, tratos crueles o degradantes, perpetrados por razones de orientación sexual e identidad de género.

Otro punto importante en el que la organización hace énfasis es la necesidad de contar con datos desagregados por sexo y pertenencia a las comunidades LGBTI+, ya que en la mayoría de los países no había manera de medir con certeza las problemáticas de estas personas porque ni siquiera se registran oficialmente, y la mayor parte de la información ha sido recopilada y generada por organizaciones sociales.

Finalmente, pide trabajar con estas organizaciones que son las únicas que en la región han generado opciones reales de vivienda y trabajo para personas trans que cumplieron una condena en prisión.

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Chernóbil: por qué la central nuclear siguió funcionando tras el accidente y cuándo dejará de ser radiactiva

Desde 1986 hasta hoy miles de operarios han trabajado en la planta y se han vivido momentos tensos, como un incendio o el derrumbe parcial de la estructura de contención.
26 de abril, 2022
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Chernóbil ha vivido recientemente sus momentos más tensos desde el desastre de 1986.

Las tropas rusas tomaron la planta y sus alrededores a finales de febrero, en el inicio de la invasión a Ucrania, y las ucranianas recuperaron el territorio un mes después.

Estos acontecimientos han puesto de nuevo el foco de atención en la central donde se produjo la peor catástrofe nuclear de la historia.

La fuga masiva de materiales radioactivos en el accidente del 26 de abril de 1986 causó 56 muertes directas y al menos otras 4,000 entre trabajadores y residentes locales, según estimaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

También dejó prácticamente inhabitable un radio de 30 kilómetros en torno a Prípiat, la ciudad que alberga la planta unos 100 kilómetros al norte de Kiev. Es la llamada zona de exclusión.

Radiación en Chernóbil en 2019

BBC

Los sucesos de 1986, que en su momento ocultó la Unión Soviética, se documentaron ampliamente en años posteriores y han llegado al gran público en diversos formatos, desde informes hasta libros o la exitosa miniserie de HBO de 2019.

Sin embargo, la historia de Chernóbil después del accidente es menos conocida.

La reciente invasión del ejército ruso puso de relevancia algo que muchos ignoraban: la central nuclear no está sellada y clausurada, sino que sigue conectada a la red eléctrica y más de 2,000 operarios trabajan en ella con regularidad.

De hecho, tras el accidente de 1986 en el que explotó el reactor número 4, siguió produciendo electricidad durante casi una década y media con las tres unidades que quedaban.

Esto plantea algunas preguntas sobre Chernóbil después del desastre, en la actualidad en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania, y su futuro.

¿Qué pasó en la planta en los años posteriores al accidente?

Una de las primeras fotos de Chernóbil tras el accidente de 1986

Getty Images
Chernóbil emitió 400 veces más sustancias radioactivas que la bomba de Hiroshima. Esta es una de las primeras fotos de la central tras el accidente de 1986.

Durante 14 años y 7 meses primero la URSS y luego Ucrania mantuvieron operativas las instalaciones para garantizar el suministro eléctrico de la región.

Esto preocupaba a los países cercanos, que temían un nuevo accidente en los reactores soviéticos RBMK-100, moderados con grafito, a los que se atribuían fallas de diseño.

De hecho en 1991 saltaron las alarmas cuando se incendió una turbina del reactor número 2, lo que llevó a clausurar la instalación, mientras el número 1 se cerró cinco años después, en 1996.

Tras años de negociaciones Ucrania se comprometió con los países del G7 a desactivar la central a cambio de 1,500 millones de euros en ayudas (unos US$1.650 millones) y el 12 de diciembre de 2000 el reactor número 3, el último en funcionamiento, se apagó definitivamente.

En cuanto al malogrado reactor 4, que tras el accidente dejó a la intemperie más de 200 toneladas de materiales radiactivos, en los meses posteriores del mismo 1986 se cubrió apresuradamente con un sarcófago de acero y hormigón para impedir fugas.

Los trabajadores de mantenimiento del primer sarcófago de Chernóbil

Getty Images
Los operarios de mantenimiento del primer sarcófago solo podían permanecer en sus puestos por tiempos cortos (a veces de solo unos minutos) debido a la alta radiación.

Pero era un caparazón provisional, construido apresuradamente para aguantar un máximo de 30 años. La radioactividad, nevadas, lluvias y vientos lo fueron deteriorando hasta el punto de que en 2013 se derrumbaron una de las paredes y parte de la cubierta.

En 2016, tras siete años de trabajos, se inauguró el conocido como NSC (siglas en inglés de “nuevo confinamiento seguro”), diseñado para contener los restos radioactivos durante un siglo.

NSC (nuevo confinamiento seguro) de Chernóbil

Getty Images
El proyecto del NSC (nuevo confinamiento seguro) costó más de 2.000 millones de euros

¿Cómo pudo seguir funcionando la central entre 1986 y 2000?

Hay que recordar que la planta de Chernóbil está en el epicentro de la zona de exclusión donde se prohibió toda actividad humana excepto trabajar en el lugar más peligroso: la central nuclear.

“Si bien la radiación era elevada para los estándares laborales actuales, permitía el trabajo normal de los operarios sin que esto fuera mortal para ellos”, explica a BBC Mundo el ingeniero nuclear argentino Aníbal Blanco, investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y especializado en el accidente de Chernóbil.

Dos trabajadoras de la central de Chernóbil en 1996 pasan el control rutinario de radiación.

Getty Images

El experto puntualiza, sin embargo, que “según la normativa internacional vigente referida a la protección radiológica de los trabajadores del área nuclear, hoy no se permitiría el trabajo en esas condiciones“.

Los empleados de la central nuclear durante esos años permanecían en sus puestos en turnos limitados y medían constantemente su exposición a la radiación.

Ángela Merkel, entonces ministra de Medio ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996

Getty Images
Una imagen curiosa: Angela Merkel, entonces ministra de Medio Ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996. Tanto ella como los periodistas y operarios que la acompañan llevan el rostro y las manos al descubierto dentro de las instalaciones.

¿Qué ocurrió tras el cierre y qué trabajos se llevan a cabo en la central?

Aunque no produce electricidad desde el año 2000, Chernóbil no se ha podido desmantelar y requiere una gestión constante.

“Todas las personas que operan en la central nuclear de Chernóbil siguen trabajando para eliminar las consecuencias del desastre de 1986“, indica a BBC Mundo el diputado Ihor Kryvosheyev, presidente del comité para la reparación de daños del accidente de Chernóbil en el Parlamento de Ucrania.

Ihor Kryvosheyev, diputado ucraniano

Ihor Kryvosheyev
Debido a la guerra Ihor Kryvosheyev ha dejado temporalmente el Parlamento y se dedica a transportar suministros desde la frontera con Eslovaquia hasta Kiev y otras ciudades.

La central, afirma Kryvosheyev, “ahora tiene como objetivo garantizar la seguridad nuclear”, teniendo en cuenta que dentro del confinado reactor 4 se siguen produciendo reacciones de fisión por la concentración de elementos radiactivos.

En la planta hay registrados unos 2.400 empleados, desde científicos y técnicos hasta cocineros, médicos, personal de apoyo y miembros de la guardia nacional.

Los primeros llevan a cabo varias tareas imprescindibles, como la reubicación de combustibles atómicos o el mantenimiento del sarcófago y las instalaciones con residuos radiactivos.

trabajadores de Chernóbil en un ensayo de situaciones de emergencia en 2006

Getty Images
Los trabajadores de Chernóbil llevan a cabo frecuentes ensayos de situaciones de emergencia

Estos trabajos requieren un flujo constante de electricidad.

El temor a un corte eléctrico prolongado: ¿qué pasaría si esto sucediera?

Cuando las tropas rusas llegaron a la zona de Prípiat el 24 de febrero se produjo un corte eléctrico de varias horas que obligó a usar los generadores diésel de emergencia, sin que esto causara un grave peligro.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por el conflicto u otro motivo la corriente se cortara durante varios días, o semanas?

Aníbal Blanco advierte de que “esto no debe suceder de ninguna manera en este tipo de instalaciones”.

“En el peor escenario -de pérdida total de energía por varios días- el agua de las piletas podría evaporarse, dejando al aire los elementos combustibles gastados (ECG)”, explica.

La exposición de tales materiales “elevaría la radiación ambiental y podría sobrecalentar los ECGs, que podrían fisurarse y emitir partículas radiactivas al ambiente”, apunta.

Interior de la central de chernóbil

Getty Images
La central se alimenta de la red eléctrica y cuenta con generadores diésel de emergencia

Kryvosheyev, por su parte, cree que el desastre podría ser mayor.

“Si se cortara la electricidad de forma prolongada, al no funcionar el sistema de ventilación del NSC del reactor 4 es probable que el polvo radiactivo supere el sarcófago y se propague más allá de la zona de exclusión, contaminando áreas limpias de Ucrania y Europa“.

¿Qué supuso la invasión y la estancia de las tropas rusas?

La llegada de las tropas rusas a finales de febrero causó un aumento fuerte y repentino de los niveles de radiación en la zona.

Esto generó temores a una posible fuga radiactiva por el impacto de algún proyectil o explosivo en la central.

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Sin embargo, no se debía a eso. El paso de las tropas y vehículos pesados en la primera etapa de la guerra levantó polvo en la zona de exclusión, cuyo suelo acumula material radiactivo.

“Ese polvo radiactivo en el ambiente hizo saltar las alarmas en los detectores. Luego, al estacionarse las tropas y vehículos, se desvaneció y los niveles de radiación bajaron a niveles previos”, afirma Blanco.

Cuando las tropas rusas tomaron Chernóbil se encontraban allí unos 200 operarios, que permanecieron 25 días retenidos en las instalaciones hasta recibir relevo el 20 de marzo.

También mantuvieron cautivos a 169 miembros de la Guardia Nacional ucraniana en las instalaciones de la central y después se los llevaron a Rusia como prisioneros, según autoridades de Kiev.

“Fueron tomados como rehenes y retenidos por la fuerza”, denuncia el diputado ucraniano.

Kryvosheyev acusa al ejército ruso de haber usado la zona de exclusión “como base militar, para almacenar explosivos y municiones”, algo que, considera, podría haber provocado un accidente nuclear con “terribles consecuencias para Europa y todo el planeta”.

Las autoridades rusas, por su parte, aseguraron que garantizaban el suministro eléctrico de la planta y señalaron a Ucrania como responsable de cualquier incidente que pudiera suceder allí.

En todo caso, el 1 de abril Ucrania confirmó que había vuelto a tomar el control de la planta.

Energoatom, la agencia estatal de energía nuclear de Ucrania, afirmó que los soldados rusos estuvieron expuestos a “dosis significativas” de radiación durante su estancia de más de un mes.

Una habitación llena de desechos en Chernóbil

BBC
Yogita Limaye, de BBC, fue una de los pocos periodistas que entraron a la planta tras recuperarla las tropas de Ucrania. Esta foto, incluida en su crónica, muestra cómo quedó una de las habitaciones donde los soldados rusos mantuvieron cautivos a miembros de la Guardia Nacional ucraniana.

Décadas de actividad

La central será desmantelada completamente en torno a 2064. ¿Por qué tanto tiempo?

Aníbal Blanco argumenta que las tareas de desmantelamiento “son extremadamente complejas y requieren de una planificación cuidadosa”.

“A la construcción del sarcófago del reactor 4 y el mantenimiento de los lugares donde se depositaron los residuos radiactivos y los combustibles gastados de las unidades 1 a 3 se suma el traspaso de esos combustibles usados y luego el desmantelamiento progresivo de las 3 unidades y de los sitios ya no utilizados”.

El nuevo confinamiento seguro de Chernóbil

Getty Images

Kryvosheyev, por su parte, asegura que el año 2064 “solo es una fecha de referencia“.

“Nuestros científicos han creado un plan con los pasos a implementar hasta ese año y nuestro estado está dispuesto a financiar e implementar esas medidas”.

En todo caso, sentencia, “el problema de Chernóbil llegó para quedarse durante milenios“.


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