Parir en los tiempos de COVID-19: parteras ofrecen alternativa a hospitales
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Parir en los tiempos de COVID-19: parteras ofrecen alternativa a hospitales

Entre abril y junio de 2020 habrá 235 mil nacimientos en todo México, calcula el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva.
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30 de abril, 2020
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Alexandra Sánchez tiene 38 semanas de embarazo, o sea que en las próximas dos puede entrar en labor de parto, justo cuando las autoridades calculan que la pandemia de COVID-19 tenga su pico de contagios en México. Cuando su ginecólogo particular le empezó a decir que ninguna clínica era segura en estas circunstancias, y que para garantizar que tuviera espacio era mejor programar una cesárea de una vez, se asustó y supo que eso no era lo que quería.

Le apareció en internet publicidad sobre un curso de preparación para tener parto natural en casa y le encantó la idea. Empezó a buscar y encontró que existe una casa de partería, para tener hijos fuera del hospital, en pleno Querétaro, la ciudad más cercana a donde vive, en el municipio de Doctor Mora, Guanajuato. Junto con su marido, Emmanuel Olvera, contactaron a la partera y sintieron tanta confianza con el plan alternativo que les planteaba, que aunque el embarazo esté tan adelantado, hace menos de un mes decidieron que van a tener a su bebé con ella.

Claudia Bravo es la partera en Querétaro. No en la Sierra Gorda ni en las zonas indígenas, sino en la capital del estado. Atiende partos a domicilio o en su casa llamada Nacer Tranquilo. Normalmente, solía tener dos o tres nacimientos al mes, pero para este mayo y junio tiene programados ya siete, incluido el de la niña de Alexandra y Emmanuel. Ante la contingencia por la pandemia de COVID-19, muchas mujeres que no quieren exponerse a estar en un hospital o que les limiten la presencia del papá del bebé y las visitas familiares, han buscado esta opción de parto natural y fuera de un hospital.

Entre abril y junio de 2020 habrá 235 mil nacimientos en todo México, calcula el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR) de la Secretaría de Salud.

El pasado 10 de abril publicó los Lineamientos para la prevención y mitigación de COVID-19 en la atención del embarazo, parto, puerperio y de la persona recién nacida, en los que reconoce que “debido al escenario epidemiológico en que nos encontramos, con presencia de transmisión comunitaria y reconociendo las estimaciones de casos asintomáticos, no podemos establecer unidades libres de COVID-19”.

Ese documento explica que ningún hospital dedicado a atención ginecobstétrica será reconvertido en centro para pacientes de COVID-19. Pero sugiere, entre varias medidas para ampliar la atención primaria, la habilitación de casas maternas, y para garantizar que haya personal suficiente, incorporar parteras tradicionales y profesionales para atender embarazos de bajo riesgo.

Sin embargo, la iniciativa La Cueva de la Partera y Osa Mayor enviaron al gobierno una propuesta para impulsar la creación de “Espacios Matriz” y derivar partos a ellas, que hasta ahora no ha tenido respuesta.

Por el contrario, los nacimientos han sido el servicio que más ha pedido el gobierno a hospitales privados dentro del convenio de subrogación de servicios médicos firmado con la Asociación Nacional de Hospitales Privados y el Consorcio Mexicano de Hospitales. El director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Zoé Robledo, dijo en la conferencia matutina de presidencia del 28 de abril que en una semana habían derivado 159 pacientes, de los cuales, 127 fueron partos, embarazos y puerperios, y 22 cesáreas. Es decir, el 94% de lo que el sistema público ha enviado al privado.

Entérate: AMLO acuerda con hospitales privados que presten 50% de sus camas para pacientes del sector público

La propuesta de Espacios Matriz es acondicionar lugares como albergues u hoteles que se encuentren cerca de un hospital para dar atención a mujeres con embarazos de bajo riesgo. Nancy Paola Chávez, investigadora sobre el parto de Osa Mayor y fundadora del blog Mi Parto es Mi Decisión, explica que desde que lanzaron la propuesta el 23 de marzo y un directorio de parteras y doulas (que acompañan el proceso de embarazo) que se puede consultar aquí, han notado más interés en esta opción.

“Ahorita en abril no se ha notado en la red de parteras que han atendido más partos de lo normal, sin embargo sí han estado recibiendo muchísimas más llamadas para pedir información. Pero lo que ellas están percibiendo es que la mujer está hablando desde el miedo, desde el miedo a contraer COVID obviamente en los hospitales, y por eso buscar a una partera, pero también es un miedo y una desconfianza a algo que no conocen aún, porque está instalado el prejuicio de que la partera es para las zonas rurales, cuando no hay medicina, no hay ciencia”, explica Chávez en entrevista desde Chetumal.

Por desgracia, dice, llevan al menos dos décadas luchando porque se les reconozca como personal calificado y no solo como una tradición indígena para zonas rurales, ya que desde el año 2000 el sistema de salud mexicano ha intentado que todos los partos sean medicados y en hospitales.

Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que en 1985, primer año de registro, hubo 810 mil nacimientos en domicilio atendidos por enfermera o partera, que fueron cayendo progresivamente hasta 74 mil 549 en 2018, una reducción del 91%. Mientras que los atendidos por médicos en una clínica u hospital subieron de 1.5 a 1.9 millones, 23% más.

Eso también ha incrementado las operaciones para sacar al bebé, en lugar de los partos naturales, lo que ha llevado a México a ser el cuarto lugar internacional en tasa de cesáreas, que aumentaron 50% este siglo, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) de 2016.

Sin baby shower y conociendo al bebé por foto: los nacimientos en pandemia

Ana Rosas se lamenta. No esperaba que sus últimos días de embarazo y los primeros como mamá fueran así, tan sola.

Tenía programado el baby shower en el salón de un hotel para marzo, cuando en México empezaron los contagios comunitarios de COVID-19 y las autoridades pidieron que no hubiera reuniones masivas, y que la gente se quedara en su casa lo más posible. El hotel canceló todos sus eventos, incluido el baby shower. Ana y su marido, Roberto Torres, se quedaron sin compartir la emoción del fin del embarazo con sus amigos y familiares, y sin regalos para el pequeño Charlie, así que de último momento hubo que comprar más ropita, sábanas y otros insumos, todo por internet y con la desesperación de que las tiendas tuvieran retrasos en la entrega.

A toda velocidad se fue agravando la situación: se supo que dos mujeres embarazadas habían muerto por la nueva enfermedad, el médico le prohibió a Ana salir y recibir visitas, y el hospital donde la atendía anunció que nadie, más que el papá del bebé, podría entrar a partir de ese momento, ni para el día del nacimiento.

El 12 de abril, Charlie nació por cesárea. No hubo visitas familiares al hospital. Y de vuelta en su casa, las mínimas. Los papás y la hermana de Roberto, como no viven en Querétaro, no han podido ir a conocer al nuevo miembro de la familia. Todos los días, Ana toma fotos y videos para mandárselos por celular.

Ella dice que tuvo suerte de que todavía dejaron entrar a Roberto al quirófano, porque a otras amigas embarazadas que tiene ya les avisaron que absolutamente nadie podrá estar, más que ellas.

Ese punto tiene a María José Mondragón al borde de la decisión entre tener a su bebé el próximo mes en una clínica o en una casa de nacimientos. Tomó con la partera Claudia Bravo el curso sobre parto natural y respetado, y así lo pidió a su médico. Pero si le dicen que su marido, Francisco Garza, no puede estar presente, buscará la segunda opción.

Las casas de nacimiento permiten a las mujeres decidir quién quieren que esté con ellas. Al ser espacios mucho más pequeños y sin pacientes de enfermedades, hay menor riesgo de contagio.

“El coronavirus ha hecho una mirada con una lupa gigante hacia los partos en domicilio y fuera del hospital, y están empezando a considerar una alternativa más saludable por el hecho de la infección. Evidentemente lo es: aquí no hay casos de coronavirus, las parteras atendemos un número limitado de personas, nunca limitaríamos la entrada del padre, que es protagonista también”, señala Bravo.

Aunque la pandemia también les está implicando muchas más precauciones. Ella, por ejemplo, ha decidido que por ahora no va a atender partos en tina de agua, como muchas mujeres quieren.

“Yo de entrada estoy dando muchas consultas en línea. Todos tenemos que estar con cubrebocas. El cuarto donde se atiende, se desinfecta antes y después, por precaución. Si voy a atender en agua, aunque toda la evidencia médica dice que no hay transmisión, yo sí tomo mis precauciones, entonces la madre puede relajarse en agua pero no voy a dejar que dé a luz ahí, o sea, se sale de agua para dar a luz”, detalla.

Tanto para ir a una casa como en la suya de nacimientos, tiene tanque de oxígeno, sueros, soluciones especiales, respiradores, y material estéril que de preferencia no se utiliza, pero siempre lo tiene disponible por si hace falta. Además, todas las parteras, aclara, tienen un equipo médico de respaldo con el que tienen contacto por si se complica el nacimiento en domicilio y hace falta hacer una cesárea de emergencia. Aunque en sus 15 años de experiencia, estas complicaciones solo se han dado en alrededor de 10% de los casos.

Bravo invita a las mujeres embarazadas a informarse sobre el parto natural y respetado, aunque vayan a ir a un hospital, y que en esta temporada busquen cursos en línea y consideren la opción más allá de la emergencia sanitaria.

“Es un mundo muy diferente. Y la verdad, por un lado dices qué triste todo lo del COVID, lo que está pasando, pero por otro lado nos está moviendo a reflexionar, reflexionar en nosotras mismas y en nuestro gran poder para dar vida, que lo hemos tenido siempre, y simplemente dejamos de confiar”, concluye.

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El periodista de Ecuador que escribió su último relato desde un hospital antes de morir por COVID

Augusto Itúrburu murió por covid-19 el 15 de abril en Guayaquil, la primera ciudad latinoamericana en la que hizo estragos la pandemia. Su historia es el reflejo de una tragedia.
29 de diciembre, 2020
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2020 termina con más de 1,6 millones de muertos por covid-19, según los datos de la Universidad Johns Hopkins. Uno de ellos se llamaba Augusto Itúrburu, era ecuatoriano, tenía 40 años y murió en Guayaquil. Era periodista y su última crónica fue la de su muerte.

El escritor argentino Jorge Luis Borges escribió que “un solo hombre ha muerto en la tierra” y que afirmar lo contrario “es mera estadística”.

Pero en Guayaquil, la primera ciudad latinoamericana arrasada por la covid-19, murió Augusto y murieron muchos más, aunque todavía se discute por qué el virus se comportó como lo había hecho en muy pocos lugares a nivel mundial.

Dos ataúdes en una calle de Guayaquil

Reuters
Guayaquil fue la primera ciudad de América Latina en la que la covid-19 causó estragos.

El sábado 29 de febrero, Augusto estaba en la conferencia de prensa en la que cuatro funcionarios del gobierno nacional anunciaron el primer caso de coronavirus en Ecuador.

Desde hacía siete años se desempeñaba en la sección deportiva del diario público ecuatoriano, El Telégrafo.

La salud no era su tema, pero ese sábado le tocó guardia. La situación en el diario era precaria. Habían despedido gente y en los próximos meses despedirían a muchos más. Él lo sabía bien porque formaba parte del sindicato.

La paciente 0 era ecuatoriana y había llegado a Guayaquil el 14 de febrero desde Madrid para ver a su familia en Babahoyo, provincia de Los Ríos, informaron los funcionarios.

Al momento del anuncio la mujer estaba internada en terapia intensiva con pronóstico reservado. En 13 días moriría.

Augusto no hizo ninguna pregunta. Debía estar cansado de los temas médicos. Su madre había muerto hacía 14 días por un cáncer de estómago diagnosticado en 2017.

En la conferencia de prensa escuchó sobre un virus del que se había burlado en la intimidad de su hogar, pero que lo mataría un mes y medio después.

¿Por qué Guayaquil?

En la rueda de prensa de ese 29 de febrero hablaron la ministra de Salud, un técnico del Instituto Nacional de Investigación en la Salud Pública (INSPI), el presidente del Consejo Directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y el viceministro de Gobernanza y Vigilancia de la Salud.

Antes de que Augusto muera el 15 de abril, los tres que ese día ocupaban cargos políticos ya no estarán en sus puestos.

La ministra Catalina Andramuño renunciará tres sábados después acusando a su propio gobierno de no haberle dado los recursos necesarios para enfrentar la emergencia.

El titular del IESS Paúl Granda presentará su renuncia el 9 de abril tras un escándalo de sobreprecios en compra de mascarillas. El viceministro Julio López será reemplazado cinco días después por un epidemiólogo.

Cementerio Guayaquil Ecuador abril 2020

Getty Images
En el primer mes y medio de la pandemia en Guayas murieron 16.000 personas, 13.000 más que en el mismo periodo del año anterior.

En ese mes y medio morirán en Guayas, la provincia donde está Guayaquil, unas 16.000 personas, 13.000 más que en el mismo período de 2019, según los datos del Registro Civil procesados por el periodista Paúl Mena del diario El Universo.

La única persona de aquel sábado que continúa en su cargo es Alfredo Bruno, el técnico del Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (INSPI) que participó del primer diagnóstico.

Él le recuerda a BBC Mundo que Ecuador fue el tercer país latinoamericano en detectar el virus en su territorio (luego de Brasil y México) lo que demuestra —en su opinión— que el sistema de vigilancia epidemiológica funcionó.

Con respecto a Guayas considera que distintos factores pudieron influir en la rapidez con la que el virus atacó la región.

Se refiere a factores geográficos como la ubicación de Ecuador entre los dos hemisferios, o que la ciudad reciba influencias climatológicas tanto de la corriente fría de Humboldt como de la corriente cálida de El Niño.

“La migración y la densidad poblacional también tienen su impacto, como ha ocurrido —por ejemplo— con el virus de la influenza. Guayaquil es un puerto de entrada que cuenta con más de 2.700.000 habitantes. Muy comercial, con un flujo constante de personas”, dice Bruno, quien es experto en microbiología.

Pie: Augusto Itúrburu (izq.), Luis Cheme (der.) y Elías Vinueza (centro der.) posan con el seleccionador de fútbol sub 17 de Ecuador, Javier Rodríguez.

Gentileza de Elías Vinueza
Augusto Itúrburu (izq.), Luis Cheme (der.) y Elías Vinueza (centro der.) posan con el seleccionador de fútbol sub 17 de Ecuador, Javier Rodríguez.

También destaca el hecho de que Ecuador fue uno de los primeros países de la región en enfrentar el virus y esto le jugó una mala pasada:

“Todos los países pensaban, como ocurre con otros patógenos, que existía una transmisibilidad cuando empezaban los síntomas o había mayor sintomatología, pero este virus ya se transmitía a través de personas asintomáticas, lo cual fue un limitante para poder contenerlo”.

Tras la guardia del fin de semana, Augusto regresó al diario el miércoles 4 de marzo.

Cuatro días después del anuncio del caso 0, se realizaba un partido de fútbol entre el equipo más popular del país, Barcelona de Guayaquil, contra otro conjunto ecuatoriano, Independiente del Valle.

“Cuando volvió yo le asigné el partido en el Monumental por la Copa Libertadores, el famoso partido del miedo“, le cuenta a BBC Mundo Luis Cheme.

Jefe y amigo de Augusto, Cheme habla del miedo porque dos días antes del partido, el gobernador de Guayas, Pedro Pablo Duart, escribió un tuit que decía “¡El virus más peligroso es el miedo! Pero no nos vencerá. El país debe continuar”.

El periodista recuerda que al día siguiente Augusto comenzó a sentir malestar.

“Él bromeaba, tosía y decía ‘ojalá que no sea coronavirus’. Y le respondimos que no había estado en contacto con ninguna persona contagiada”.

Al partido asistieron 20.000 personas, pocas para un encuentro del “ídolo del astillero”. 12 días después el país se paralizó.

La explosión

Entre el sábado 29 de febrero y el lunes 16 de marzo, día que el gobierno de Lenín Moreno declara el estado de excepción en todo el territorio ecuatoriano, el covid-19 contagia a miles de personas en Guayaquil, incluido Augusto. ¿O fue antes?

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Getty Images
El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Para Luis Cheme y Nelson Itúrburu, hermano de Augusto, él se contagió en las idas a los hospitales para curar esa tos que se volvería una infección de garganta.

Néstor Espinoza, que lo conocía desde los 12 años y fue quien presentó su hoja de vida en El Telégrafo en el año 2013, cree que su amigo contrajo el virus en el partido de fútbol y que contagió a más de una persona, incluyéndolo a él.

Y la novia de Augusto, Stefany Mideros, le contó a BBC Mundo que antes del partido él se sentía mal: “Nos dijimos que se iba a cuidar, pero él ya estaba con esa tosecita que después se agudizó; entonces para mí ya estaba contagiado por una prima que vino de Europa”.

Ninguna de estas tres hipótesis se pudo comprobar, aunque el tema de la migración como agente de contagio cobró fuerza por esos días.

Para Washington Alemán, director de la Unidad de Prevención de Enfermedades Infecciosas del Municipio de Guayaquil, cuando comenzó la epidemia en Europa —sobre todo en Italia y en España— hubo una estampida de migrantes ecuatorianos que regresaron a Ecuador.

El ex viceministro de Salud Ricardo Cañizares añade que cuando uno ve los casos en retrospectiva se puede deducir que la transmisión no empezó con la paciente 0:

“Tenemos migrantes en España, en Estados Unidos. Parece que muchos llegaron infectados a las zonas donde está la gente de más recursos, como Samborondón, pero a estas casas van mujeres de limpieza, van trabajadores, van albañiles; el virus cruzó todas las clases sociales, aunque murieron más personas de los estratos pobres“.

En este escenario, la pandemia se comportó, según Alemán, como solo lo había hecho en otras dos ciudades del mundo, Bérgamo en Italia y Manaos en Brasil:

“Son esas ciudades donde el virus hizo una explosión en su multiplicación exponencialmente veloz, lo que provocó que se contagiara mucha gente en muy corto tiempo, acompañado con una alta mortalidad”.

Luis Cheme

Matías Zibell
Luis Cheme recuerda con miedo aquellas primeras semanas de la pandemia. “Nunca habíamos visto algo similar, al principio uno lo ve desde lejos, cuando empiezan a morir personas cercanas, amigos, ves que es real”.

Así le dice a BBC Mundo Elías Vinueza, otro periodista de El Telégrafo: “Lo que nos sorprendió fue que los casos se reprodujeron en nuestro entorno: cuando creíamos que el virus podía estar en alguien lejano, ya estaba entre nosotros“.

“Yo tuve familiares, amigos y colegas que lo contrajeron en las primeras semanas y muchos de ellos fallecieron”.

Elías fue uno de los colegas a los que Augusto le contó los detalles de su internación, lo que ocurría en la sala del hospital donde estaba internado y su intuición de que no dejaría esa sala con vida.

El lunes 23 de marzo, Augusto Itúrburu entró al hospital de Los Ceibos para un estudio por sus complicaciones respiratorias y terminó internado.

Desde el hospital le escribió a Elías Vinueza: “Se me derrumbó todo”.

Cuando su amigo le dice que allí comenzará la recuperación, Augusto responde: “Lo dudo”.

El último relato

Como en el resto de América Latina, la historia de la pandemia en Ecuador tiene muchas caras.

Tiene el rosto del aumento de la violencia doméstica en el confinamiento, el de la pérdida de empleo y de los servicios básicos, ya de por sí precarios, colapsados.

En Guayaquil, se suma la odisea de los que tuvieron por días los cuerpos de familiares en sus casas o los que pelearon por recuperar los cadáveres de los suyos por semanas, así como las historias de los más de 100 médicos muertos en la primera línea de lucha contra la enfermedad.

Fueron imágenes que dieron la vuelta al mundo y le anunciaron a América Latina la devastación que el virus podía provocar.

La historia de Guayaquil, le dice a BBC Mundo el poeta y escritor Ernesto Carrión, es la de un puerto comercial que creció de forma desordenada, escondiendo debajo de la alfombra su pobreza. “Entonces en algún punto todo esto explota. La realidad se rebosa. Como ocurre cuando hay aguaceros y crímenes. Como ocurrió cuando el sistema de salud no dio abasto y la gente empezó a morir en la calle”.

Como la de su ciudad, la historia de Augusto también está plagada de contradicciones.

Era diabético pero amaba la gaseosa; un fanático del fútbol que no confesaba cuál era el club de sus amores; un amante de la comida esmeraldeña del local de su novia -como la masa de plátano verde en salsa de coco, que en la costa ecuatoriana llaman bolón encocado-, que al mismo tiempo trataba de cuidar su figura.

Hospital de Guayaquil

Getty Images
La historia de la covid-19 se puede contar a través de los médicos que se enfrentaron a la covid-19 y de los que murieron.

Fue un hombre que entre el 23 de marzo -cuando lo internaron- hasta el 27 de ese mes -que lo entubaron- mantuvo el teléfono celular a su lado y contó, quizás por reflejo periodístico, lo que veía y sentía en una sala de hospital público.

Esta comunicación es inusual. La mayoría de los pacientes que ingresaron por covid-19 no pudieron hablar más con sus familias, sus seres queridos no supieron de ellos hasta que se recuperaron o murieron.

En cambio, Augusto, que el 12 de marzo había publicado su última nota para el diario (el caso de Emily Franco y Valeria Orobio, las dos únicas árbitras ecuatorianas calificadas para dirigir partidos de rugby), 11 días después comienza a contar su última historia.

“Sospechan que es coronavirus porque las radiografías muestran cosas raras; que pueden demorar unos tres días hasta saber”, le escribe a Elías Vinueza, su antiguo editor, desde el hospital.

José Balarezo

Matías Zibell
José Balarezo, amigo de Augusto, recuerda que el periodista no confesaba cuál era su club, en una ciudad amante del fútbol donde “no hay hinchas con criterio, hay hinchas fanáticos”.

Añade que está débil y que le cuesta pararse, que todo es un caos, y que comparte sala con otras 12 personas. Sólo le han dado paracetamol.

Mientras, su hermano y su novia esperan afuera del hospital y su padre está en la más estricta cuarentena en su casa.

Nelson, quien no vive en Guayaquil sino en la zona rural del Guayas, iba todos los lunes y esperaba afuera del hospital por noticias. “Allí vi morir como unas cuatro personas. La gente moría haciendo cola”, le dice a BBC Mundo.

El 24 de marzo Augusto le escribe a Elías sobre su mayor miedo: “Estoy viendo como entuban a la gente” y le cuenta que ya han comenzado a darle antibióticos.

Por la noche le envía un audio:

“Acá no dan respuesta de nada, me tienen con oxígeno y con suero. No sé si hay cómo mover alguna influencia para que me hagan el examen, y para que me den un buen tratamiento, porque siento que estoy jodido de los pulmones; no sé si estos manes me van a confinar así nomás. La verdad es que me comenzó a dar un poco de temor”.

A su novia, Augusto le escribe: “Sáquenme de aquí por favor”.

Pero el 25 de marzo le cuenta a Elías que está mejor de ánimo y que cuando salga se irá a Esmeraldas.

Un día después le han vuelto a ganar la ansiedad y el miedo. “Esto agota el cuerpo”, escribe. Es lo último que le dirá a su editor.

El robo

El 27 de marzo entuban a Augusto Itúrburu.

Ese día la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, escribe un tuit contra el gobierno nacional: “No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger“.

El vicepresidente, Otto Sonnenholzner, le responde que “haga más” y que “hable menos”.

Dos mujeres en Guayaquil y de fondo el cuerpo de un hombre tapado en la calle.

Reuters
“No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger”, escribió en Twitter Cynthia Viteri.

La contienda política llega al ámbito médico.

El 6 de abril el infectólogo Washington Alemán es invitado por la alcaldía guayaquileña junto con otros expertos para diseñar una estrategia contra el virus. Se sugiere entonces reforzar la atención médica en barrios y comunas.

“El Ministerio de Salud se preocupó más en armar las terapias intensivas. Lastimosamente, el 50% de personal sanitario se infectó y el resto de personal se ubicó en los hospitales esperando que llegaran los enfermos; por lo tanto, se descuidó toda la atención primaria y fácilmente se colapsó un sistema que, de por sí, era débil“, le dice el médico a BBC Mundo.

Para el ex viceministro de Salud Ricardo Cañizares, hay que tener en cuenta que el ingreso de la covid-19 en Guayaquil fue tan brusco que, para cuando el sistema intentó reaccionar, la transmisión del virus ya era comunitaria:

“Demoramos mucho, ya había demasiados enfermos que no podíamos contener. Entonces, ¿adónde van a ir los enfermos? Al hospital. Por eso no me atrevería a decir que el gobierno planificó enfrentar al virus en los hospitales, yo creo que se vieron casi obligados”.

La primera quincena de abril, los jefes y colegas de Augusto intentan cualquier camino para saber de él.

Uno llega a tomarle una foto a una pantalla donde aparece el nombre de una médica residente y le escribe a su perfil de Facebook. Nadie le responde.

La directora editorial de El Telégrafo, Carla Maldonado, habló con la gerente general del hospital el 14 de abril: “Me dijo que no estaba bien, pero tampoco estaba muy mal”.

“Al otro día Augusto murió“.

Tristemente, la tragedia no acabó allí.

“Yo estaba en la morgue cuando mi papá me llama, y me dice que han sacado la plata de la cuenta del banco, que la tarjeta (que tenía Augusto cuando ingresó al hospital) estaba activa y que esa mañana habían sacado la plata”, recuerda su hermano Nelson. Sus pertenencias tampoco aparecieron.

Ese día la portada de Fanáticos, el suplemento deportivo de El Telégrafo fue dedicada a Augusto. Pero el homenaje queda teñido por la noticia del robo.

“Es indignante, después de ver que a él lo internan y que se contagia posiblemente en el IESS, que le hacen tarde la prueba, que finalmente muere, y cuando piensas que no es posible que tanta negligencia le ocurra a una sola persona, ocurre el robo“, le dice a BBC Mundo Jéssica Zambrano, compañera del diario.

“Eso fue un golpe más para mi papá porque él se imaginaba que le habían estado robando a Augusto mientras estaba agonizando; a mí lo único que se me ocurre es que le preguntaron la clave de la tarjeta como para comprar algo cuando él estaba internado y esperaron a que muriera”, sentencia Nelson.

Maldonado cuenta que las autoridades del hospital se comprometieron a devolver el dinero robado. Nelson reconoce que la devolución se produjo, y afirma que le pidieron a su padre que retirara la denuncia, cosa que este se negó a hacer.

BBC Mundo contactó al establecimiento para conocer su versión, pero la institución declinó la entrevista argumentando que hay una investigación abierta.

El padre de Augusto, Nelson de nombre como su hijo mayor, murió el 10 de agosto, de un cáncer fulminante.

El que está solo

Todos los médicos del hospital contactados por BBC Mundo dejaron de responder a la solicitud de entrevistas cuando se mencionó el nombre de Augusto.

Sólo una doctora dijo que el robo fue una situación aislada, pero añadió: “Cuando hay caos, hay oportunidad”.

Esta oportunidad no se dio solo a nivel local.

El 21 de septiembre el diario El Comercio informó que un equipo de 30 fiscales había abierto hasta el 1 de junio 95 expedientes por corrupción en el país durante la crisis sanitaria.

“Según esa información en poder de la Fiscalía, solo en cuatro de las 24 provincias no se han detectado posibles hechos ilícitos. Los agentes han descubierto delitos, como cohecho, peculado, enriquecimiento ilícito, concusión y tráfico de influencias”, indican los periodistas Fernando Medina y Diego Puente.

Por el caso de Augusto, un hombre fue detenido con fines investigativos.

La Fiscalía respondió el 2 de diciembre a la petición de BBC Mundo que no puede dar información porque el caso se encuentra bajo investigación.

Luego de ese brote feroz en Guayaquil, los altos índices de infección y mortalidad se mudaron a la Sierra ecuatoriana, especialmente la provincia de Pichincha, donde se encuentra Quito.

En círculos políticos y mediáticos se habló entonces del “milagro guayaquileño”. La ciudad no ha vuelto a tener un rebrote, aunque este diciembre se han encendido las alarmas nuevamente por el incremento de casos.

Desde la administración municipal, Washington Alemán dice: “Fuimos los primeros y nos costó muy caro pagar con todas las víctimas que pagamos. El consuelo es que salvamos vidas, el desconsuelo es que se nos murieron más de 10.000 compatriotas, entre amigos, colegas y familiares”.

Los amigos de Augusto del diario que perdieron el trabajo con los despidos masivos de julio tuvieron que manifestarse para cobrar sus liquidaciones.

“Cuando hacíamos las protestas pensábamos que Augusto hubiera estado primerito, hubiese organizado las protestas porque a él le gustaba organizarnos y estar pendiente; así lo recuerda la gente que formó parte de El Telégrafo“, dice Luis Cheme.

Uno de los últimos mensajes que Augusto Itúrburu le escribió a su novia desde el hospital la última noche que tuvo el teléfono con él quedó registrado a las 21:32 de ese 26 de marzo.

Dice: “Se murieron tres”.

Dos hombres llevan un ataúd por las calles de Guayaquil.

Reuters
2020 termina con más de 1,6 millones de personas muertas por covid-19.

Borges escribe que “un solo hombre ha muerto en los hospitales, en barcos, en la ardua soledad, en la alcoba del hábito y del amor”.

Su poema “Tú” cierra con 10 palabras: “Hablo del único, del uno, del que siempre está solo”.


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