Salud mental y nutrición: así puede afectar el encierro a niños en México
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Salud mental, nutrición y resiliencia: así puede afectar el encierro a niños en México

Para expertos en psicología, nutrición y pedagogía, el confinamiento que ha traído consigo la propagación del COVID-19 tendrá un impacto positivo y negativo a nivel emocional, físico y social en los niños.
Cuartoscuro
18 de abril, 2020
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El festejo del cumpleaños número 8 de Laura será inolvidable para ella y sus siete invitadas: se disfrazaron, jugaron y cantaron Las Mañanitas mientras la festejada soplaba las velas de su pastel. Lo peculiar de esta fiesta es que fue en línea. Cada una de las niñas celebraba detrás de la pantalla y se reunieron con la plataforma zoom, tan de moda en estos días de pandemia.

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Al finalizar la fiesta, Ana, una de las invitadas, se echó a llorar. “Ya quiero que esto se acabe, quiero ver de verdad a mis amigas, quiero que todo sea normal otra vez”.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública, son cerca de 26 millones los niños menores de 16 años que llevan ya casi un mes sin ir a la escuela y con la recomendación oficial de no salir de sus casas ahora hasta finales de mayo. Muchos, sobre todo los que asisten a una escuela privada, han podido tomar clases en línea, otros se enfrentan a tareas interminables, algunos más han visto la contingencia como unas vacaciones largas en las que se pueden levantar tarde, disfrutar a sus papás todo el día y comer más postres.

Para expertos en psicología, nutrición y pedagogía, el confinamiento que ha traído consigo la propagación del coronavirus COVID-19 tendrá un impacto positivo y negativo a nivel emocional, físico y social en los niños, resultado del permanecer en su casa muchas más horas de lo acostumbrado, no realizar actividad física, cambiar sus rutinas e incluso su alimentación.

Un primer ejemplo: a diferencia de los adultos, el peso y la salud de un niño depende en un 80% de la actividad física que realiza, por lo que el confinamiento necesariamente repercutirá en este aspecto, afirma la nutrióloga Mariana Hinojosa.

“Va a tener un impacto importante en ellos porque no van a tener la misma actividad que va desde el párate, ve a la escuela, todo el movimiento del día a día, los juegos en los recreos y porque no tienen las clases de actividad física.

“Además, los papás están haciendo home office, entonces están ocupados y los van a estar callando porque cada vez vivimos en espacios más pequeños, eso puede hacer que los niños coman un poco más por la ansiedad, además que para tener a los niños entretenidos los papás les van a estar dando comida, y comida no saludable porque la economía tampoco está tan bien”, señala.

A ello se suma la falta de exposición a la luz solar, que impacta en sus niveles de vitamina D, que a su vez influye incluso en el estado de ánimo, advierte.

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Para Xóchitl Castañeda, directora del centro especializado “Psicología para Niños”, las principales afectaciones que pueden vivir los niños en estos tiempos de confinamiento son la falta de socialización, sobre todo en edad escolar, quienes expresan con mayor frecuencia cuánto extrañan convivir con sus amigos, además de que muchas escuelas han incrementado la carga académica, lo que les puede generar más ansiedad.

En los preescolares en cambio, señala por su parte Fabiola Estévez, psicóloga y directora técnica del Kínder Tots, de la Colonia del Valle, los papás podrán ver a sus niños irritables y confundidos, pues por su edad todavía no pueden comprender la razón por la que no pueden salir de sus casas y pueden vivir esta etapa como un castigo.

“Está muy delicada la situación porque si para un adulto es difícil comprenderlo, al menos tenemos la oportunidad de ponerlo en palabras a diferencia de los niños y sobre todo a los menores de 6 años les cuesta mucho trabajo entender lo que es un riesgo porque es algo que no están viendo, y poder entender que la causa de este confinamiento es consecuencia de este riesgo es muy complejo para ellos y desata sentimientos que no pueden procesar. A esta edad tienen poca empatía y les cuesta entender que hay otros niños en la misma situación que ellos”, plantea.

Para Castañeda, es posible que en los meses posteriores al levantamiento de la contingencia se encuentren casos de estrés postraumático en los menores a causa de lo vivido en esta etapa, el cual se puede manifestar principalmente en cambios en su comportamiento e irritabilidad.

A ello se suma la ansiedad que perciben en sus padres, o incluso la violencia entre ellos, debido a que los adultos también viven la epidemia como una situación nueva, llena de incertidumbre.

“Yo veo a los niños en general tranquilos pero algunos angustiados por qué va a pasar, pues los papás a veces no les saben aclarar la situación porque nadie la ha vivido”, relata por su parte Grisel de León, maestra de primero de primaria en el Colegio Suizo de la Ciudad de México.

De León considera que si bien la parte académica no está entre las preocupaciones de los menores, el no ir a clases puede afectarles en cuanto a sus habilidades motrices, su socialización e incluso por la ausencia de rutinas claras, aunque también confía en que sea la oportunidad para desarrollar nuevas competencias.

Sección informativa de la Secretaría de Salud para niñas y niños por COVID-19 

En el mismo sentido, Castañeda destaca que esta etapa debe ser aprovechada para trabajar una de las partes más vulnerables en la pandemia: la salud mental, pues ni los padres ni las escuelas están acostumbrados a atender este tema en los niños.

“Creo que después de cuidar la salud física -estamos lavándonos las manos, no saliendo-  lo que sigue en orden de prioridades es cuidar la salud mental, no solo es que me centro y se me quita la ansiedad, sino de buscar ayuda, ahorita toda la gente debería de tener sesiones de grupo al menos una vez a la semana o a la quincena en donde hablar de cómo nos estamos sintiendo porque estamos acostumbrados a desviar nuestras emociones. 

“En lugar de estar enseñando matemáticas, las escuelas deberían de poner a los psicólogos escolares a hacer grupos con niños, ponerlos a interactuar y hablar de sus emociones en lugar de que solo hagan la tarea juntos”, propone.

A pesar de este escenario, todas las especialistas consultadas coinciden en que el confinamiento puede representar también una oportunidad para los niños: no solo para convivir de una manera diferente con sus papás, llevar una vida más relajada lejos de las prisas y las presiones cotidianas, sino también para desarrollar su tolerancia a la frustración y su capacidad de resiliencia.

“La resiliencia es precisamente sacar un aprendizaje positivo de una situación difícil, algo que a mí me pareció muy liberador como mamá y como maestra es el dejar de sentirme abrumada porque sentir que yo tengo la responsabilidad de hacer que la pasaran lo mejor posible y al depositarla en ellos, y hacerlo compartido, ha sido más llevadero el proceso, porque también aprenden a resolver un problema, a adaptarse y encontrar el lado positivo de la situación. Eso los vuelve resilientes, dentro de toda esta oscuridad está esa brecha de luz y es algo muy importante.

“Sí pueden quedar marcados pero depende cómo aprovechemos el momento, si fue el evento traumático que estuvo de la patada donde nos la pasamos peléandonos, o decidir que lo logramos superar como familia, donde cada quien se hace cargo de su propio aburrimiento y eso baja la tensión y algo bien importante y necesario que hagamos las mamás es aprender a identificar los estados de ánimo de nuestros hijos y ayudarlos a ponerlos en palabras, sobre todo en este momento, si de pronto los ves come y come, entonces les digas que se sienten ansiosos por estar encerrados, y es necesario para entender lo que está pasando”, apunta Estévez.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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