Así es ser enfermera en un área de urgencias en tiempos de COVID-19
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Así es ser enfermera en un área de urgencias en tiempos de COVID-19

Aunque hay hospitales designados para atender COVID-19, los pacientes van al que les toca o les queda más cerca, donde el personal con menos equipo y poca instrucción oficial debe atenderlos.
Cuartoscuro
1 de abril, 2020
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Alrededor de las 10 de la noche del lunes 23 de marzo, llegó el primer paciente sospechoso de tener COVID-19 al Hospital General de Zona #47 del IMSS, en la Ciudad de México, donde Aurelia trabaja como enfermera. 

Aunque este no es un hospital de referencia para atender a esos pacientes, tienen la obligación de estabilizarlos para después solicitar el traslado a los que sí están designados para eso.

Podría pensarse que por no estar en un hospital de referencia, Aurelia y sus compañeros de trabajo no está en riesgo y no necesitan material especial ni capacitación, pero no es así.

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“Los pacientes empiezan con síntomas y vienen, tenemos la obligación de recibirlos. Yo, por ejemplo, soy una de las enfermeras que atendió al primer caso sospechoso que llegó aquí el lunes como a las 10 de la noche y que después supimos que salió positivo para COVID-19”, dice Aurelia, a quien llamaremos así para proteger su identidad. 

Ella y el resto del personal creen que atendieron a este paciente y a otros cuatro
más sospechosos de COVID sin ponerse en riesgo ni a nadie más en el hospital.

Pero si eso es verdad, dice la enfermera, “no será porque alguien nos haya capacitado o nos haya venido a decir cuál era el protocolo de atención, sino porque actuamos bajo nuestra lógica y de acuerdo a lo que sabemos después de haber enfrentado la epidemia de influenza, cuando, por cierto, tampoco nos dieron capacitación”. 

El IMSS informó que, hasta este martes 31 de marzo, tiene el registro de 39 trabajadores de Salud del Instituto que han dado positivo en las pruebas de COVID-19, y  tres de ellos murieron.

21 de los 39 casos son de trabajadores de una clínica en Monclova, Coahuila, donde se registró un brote. Uno de los médicos de esa unidad murió este martes. 

Basados en eso, en su lógica y sus conocimientos, el personal ya había estipulado que cuando ese tipo de pacientes llegaran al triage de urgencias generales se les enviaría a urgencias respiratorias. 

Ahí se les valoraría y se les tomaría la muestra para la prueba de COVID-19, que deben mandar al laboratorio central en el Hospital MacGregor del IMSS, donde se procesa y se emiten los resultados. 

Para atender al paciente, Aurelia se puso el equipo especial, escaso y reservado para los que estén en contacto con los casos sospechosos de COVID-19. “Me coloqué la mascarilla N95, los googles, y un uniforme quirúrgico, encima del mío que siempre uso”.

Al paciente se le colocó una N95 desde que lo identificaron como caso sospechoso en el área general de urgencias. A pesar de que ingresó al hospital alrededor de las 10 de la noche fue hasta las 3 de la mañana cuando el personal pudo dejarlo en un cuarto aislado. Fue necesario pasar antes por urgencias respiratorias, la valoración médica y la toma de muestra, tiempo que el personal aprovechó para terminar de acondicionar el lugar. 

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Después de ese primer paciente llegaron otros dos casos sospechosos. Para antes de la media noche ya había tres. Solo que a uno, una mujer, lo regresaron a su domicilio con indicaciones de aislamiento, por llevar sintomatología leve. 

El tercero entró como caso sospechoso de influenza y se le trasladó a un cuarto aislado en el área de observación general en urgencias.

Fue hasta el martes, cuando ya habían atendido a tres pacientes sospechosos, y solo porque un grupo de alrededor de 40 trabajadores cerraron periférico oriente, que un representante de la delegación a nivel central del IMSS llegó a dialogar con los empleados que reclaman material de protección, capacitación y protocolos para enfrentarse al nuevo virus que tiene al mundo en alerta. 

En ese reunión, los trabajadores externaron todas sus inconformidades, como Animal Político pudo verificar gracias a un video proporcionado por los mismos empleados. 

El grupo de inconformes señaló, uno a uno las deficiencias, que el aislado estaba junto al área de urgencias de pediatría, lo que les parecía incorrecto; que pese a ser prioritaria la higiene para tratar a un paciente de ese tipo el lavado del área no servía; que no había una zona adecuada para cambiarse y dejar el uniforme especial para atenderlo; que los googles tenían orificios por donde podría entrar el virus hacia los ojos. 

“Se supone que debe haber un área habilitada para quitarte ese uniforme, afuera de donde está el paciente debe haber una zona con lo que se llama área limpia y área sucia, divididas por una línea. Por ejemplo, para quitarte una bota tienes que sentarte, retirarla y pasar el pie al área limpia, después quitarte la otra, dejarla en lo sucio y quedarte en lo limpio, yo me quité todo en una sola área y eché todo en una bolsa negra que se llevó higiene y limpieza, por ese tipo de cosas fue la protesta”, dice Aurelia. 

Las autoridades se retiraron de la reunión dejando la promesa de que todo iba mejorar, que habría material suficiente, capacitación y áreas adecuadas. 

Tanto el director del IMSS, Zoé Robledo, como Víctor Hugo Borja, director de Prestaciones Médicas, reconocieron públicamente que los empleados del Hospital Regional # 42, y de otros más de 10 donde también hubo protestas, tenían razón en quejarse y prometieron que habría material, capacitación y protocolos.

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Los cambios

A las 6 de la tarde del martes, se llevaron al paciente que estaba en él área de aislado a La Raza. Salió en una cápsula, de las que se están usando para trasladar a los casos COVID.

Al otro aislado se lo llevaron al MacGregor. “En los resultados de las muestras que se mandaron a analizar, ambos dieron positivo para COVID, como después se le informó a la directora de nuestro hospital”, afirma Aurelia. 

Para el miércoles llegaron los googles sin orificios, pero no han resultado funcionales. “Se nos empañan y tenemos que estar viendo cómo los limpiamos, lo que nos genera un problema adicional”, dice la enfermera. 

El jueves lo que llegó al hospital fueron otros dos casos sospechosos de COVID-19. Se decidió que no podían estar aislados junto al área de urgencias pediátricas, así que se trasladó a los niños a otra área y se dejó ahí a esos dos pacientes. 

Frente al arribo de esos casos sospechosos, el personal ya ha empezado a organizar sus propias estrategias. “Como los googles que nos mandaron, sin orificios, no son funcionales, estamos pensando usar los anteriores y hacernos caretas con acetatos y velcro, ya lo hemos hablado entre enfermeras, y vamos a ver cómo las hacemos”. 

Hay médicos, cuenta Aurelia, que se están comprando el overol blanco (traje de aislamiento), el que parece de astronauta, “porque los uniformes que tenemos no nos cubren todo y no son desechables, estamos considerando comprarlos nosotros también, cuestan alrededor de 700 pesos, pero es la salud de nuestras familias lo que nos jugamos”. 

Y por eso, por la salud de su familia, de su hija pequeña, es que Aurelia se ha autoimpuesto, porque de capacitación no le han dado nada, un ritual para llegar a casa después del trabajo. 

“En el hospital me cambio, dejó el informe quirúrgico que traigo encima en una bolsa, con una etiqueta que la identifica como contaminada. Me quito mi uniforme, lo meto en otra bolsa, le echo desinfectante, y me lo llevo yo para lavar. En la entrada de casa tengo gel alcohol, toallitas con cloralex y otro par de zapatos, me los cambio, desinfecto todo y hasta entonces entro”.

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Por qué el objetivo debe ser aprender a vivir con la COVID, no luchar contra él

Eliminar al coronavirus de la faz de la Tierra sería extraordinario. La erradicación total de un virus solo se ha logrado una vez en la historia.
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18 de febrero, 2021
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El gobierno británico dijo recientemente que espera transformar la COVID-19 en una enfermedad manejable, como la gripe.

Las vacunas y los nuevos tratamientos, argumentan ministros y sus asesores científicos, reducirán la tasa de mortalidad y nos permitirán vivir con el virus, en vez de estar luchando constantemente contra él.

¿Pero es esto posible?

Objetivo inalcanzable

Eliminar la COVID de la faz de la Tierra sería grandioso, por supuesto, dadas las muertes y la destrucción que causa.

Pero el único problema es que la erradicación solo ha sido lograda con un virus: la viruela, en 1980.

Tomó décadas llegar a este punto, y científicos y gobiernos solo pudieron lograrlo gracias un serie de circunstancias únicas.

Primero, la vacuna era tan estable que no necesitaba ser refrigerada y, cuando era suministrada, era obvio de forma inmediata si había funcionado o no.

También era evidente cuando una persona se había infectado. No era necesario para ello hacer un test de laboratorio, lo cual era una gran ventaja a la hora de contener brotes.

La COVID, como todos sabemos, es completamente diferente.

La estrategia “COVID cero”

En cambio, el movimiento llamado “cero COVID” tiende a hablar de eliminación. Esto significa básicamente reducir el número de casos a cerca de cero en un territorio y mantenerlo así.

Viruela

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Una serie de circunstancias únicas hicieron que la viruela pudiese erradicarse en 1980.

Uno de los defensores de más alto perfil de esta teoría es la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

Sridhar cree que deberíamos tratar a la COVID-19 como al sarampión, que ha sido mayormente eliminado en los países ricos.

La profesora argumenta que las continuas restricciones para reducir el número de casos junto con un sistema más efectivo de rastreo y testeo, más vacunación, permitiría contener al virus y regresar a una “suerte de vida doméstica normal”, donde la apertura de restaurantes, bares y la realización de eventos deportivos y musicales fuera posible.

Pero el precio a pagar, dice, sería restringir los viajes internacionales e imponer restricciones en las fronteras, así como “cuarentenas breves y severas” cuando los casos suban de forma inevitable.

Deepti Gurdasani, epidemióloga clínica de la Universidad de Londres, es otra defensora de esta estrategia. Ella es una de más de 4.000 signatarios de la petición “COVID cero”, que hace un llamado para que se debata esta propuesta en el parlamento británico.

“La vida podría retornar a algo parecido a la normalidad. Podríamos incluso abrir corredores de viaje con otros países que han seguido ese camino”, dice.

El problema del enfoque del sarampión

Quizás sea una perspectiva tentadora, pero una que muchos creen que está fuera del alcance o que requeriría restricciones tan sostenidas que los costos económicos y sociales serían enormes.

“COVID cero no es compatible con los derechos individuales y las libertades que caracterizan a las democracias de posguerra”, señala el profesor Francois Balloux, director del Instituto de Genética del University College de Londres.

Países como Nueva Zelanda, Taiwán y Australia han logrado esto porque pudieron evitar que el virus se afianzara, y todo parece indicar que una vez que las poblaciones de estos países estén vacunadas, comenzarán a levantar las restricciones en las fronteras.

Aeropuerto

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Una condición de la estrategia COVID cero es el cierre de fronteras.

Pero ningún país que haya visto la propagación del virus como ocurrió en Reino Unido ha logrado suprimirlo hasta el punto de eliminarlo.

Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para alcanzar esto, como ha pasado con el caso del sarampión.

Pero hay una falla significativa en este argumento, explica la profesora Jackie Cassell, experta en salud pública de la Universidad de Brighton.

El sarampión, dice, es un virus “inusualmente estable”. Esto significa que no cambia de una manera que le permita evadir el efecto de la vacuna. De hecho, la misma vacuna se ha utilizado esencialmente desde la década de 1960, y también proporciona inmunidad de por vida.

Ya está claro que, “lamentablemente”, este no es el caso de este coronavirus, dice Cassell.

El desafío es mantenerse por delante del virus

Las variantes que han surgido en Sudáfrica y Brasil le permiten al virus cambiar para evadir parte de la inmunidad creada por las vacunas.

El virus que circula en Reino Unido también ha mutado y ha conseguido un cambio clave -conocido como E484- que permite que esto suceda.

A medida que se vacunen más personas, es probable que esto aumente. Esto se debe a que las mutaciones que pueden sortear la respuesta inmune de alguna manera tendrán una ventaja selectiva, señala Adam Kucharski, profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien ha llevado a cabo una investigación sobre brotes globales desde Zika hasta Ébola.

“No podemos salvarnos de esto. Puede que necesitemos actualizar las vacunas”.

Vacuna

PA Media
Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para detener la propagación del virus.

El desafío es, entonces, “estar por delante del virus”, explica. Pero esto no es, según cree, tan difícil como parece.

Los coronavirus cambian menos que la gripe, dice, lo que significa que las vacunas deberían seguir siendo efectivas en una gran medida.

Es más, el hecho de que las mutaciones que se están viendo compartan algunas características clave nos da una buena idea de la ruta que están siguiendo. “Es de esperar que sea más fácil de actualizar que la vacuna de la gripe, donde hay muchas cepas diferentes”.

Aunque advierte que se debe tener sumo cuidado en este momento, ya que una población que está construyendo inmunidad en un momento en que hay mucha infección alrededor proporciona un caldo de cultivo ideal para que las variantes escapen de esas vacunas.

Kucharski dice que es demasiado pronto para saber si llegaremos al punto en que el coronavirus pueda tratarse como una gripe, ya que aún no hemos visto por completo el impacto que tendrán las vacunas.

Eliminar el riesgo

Esta precaución es comprensible, ya que los científicos quieren ver primero la evidencia del despliegue del programa de vacunación en el mundo real. Salud Pública de Inglaterra está llevado a cabo un estudio en que analiza esto, y se espera que se publique antes de que se levanten las restricciones.

Pero todas las indicaciones de los ensayos clínicos y la experiencia de Israel, que lidera el tema de la vacunación de la población en el mundo, es que tendrán un impacto significativo en las infecciones, y donde no, al menos contribuirán a evitar casos serios de COVID-19, complicaciones cuando los síntomas se prolongan, así como muertes.

Coronavirus

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Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Para aquellos que todavía son susceptibles porque se niegan a vacunarse o porque la vacuna no ha funcionado en ellos, el avance en los tratamientos será vital.

Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Esto no significa que nadie morirá. Whitty ha hablado de llegar a un tasa de muertes “tolerable”. Y ciertamente muchos esperan que el próximo invierno sea un desafío, con especial preocupación de que las comunidades más desfavorecidas sean las más afectada, por el temor de que la aceptación de la vacunación haya sido más baja en estas áreas.

Pero es fácil olvidar que la gripe también puede matar a gran escala. En 2017-18, por ejemplo, más de 20.000 personas murieron en Reino Unido a causa de la gripe.

Fue un invierno duro y frío y las muertes por otras causas, como enfermedades cardíacas y demencia, también aumentaron, lo que llevó el exceso de muertes invernales a cerca de 50.000. La sociedad apenas parpadeó.

“Hemos convivido con los virus durante milenios”, dice el profesor Robert Dingwall, miembro del Grupo de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del gobierno. “Haremos lo mismo con la COVID”.


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