Sistema de salud descuida a personas con diabetes, hipertensión y obesidad
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Cuartoscuro

Sistema de salud mexicano descuida a personas con diabetes, hipertensión y obesidad

En 2018 había 8.6 millones de mexicanos mayores de 20 años con diabetes, lo que representa más de 2 millones de personas más que en 2012.
Cuartoscuro
Por Margarita Vega
19 de abril, 2020
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Durante la epidemia de COVID-19 las autoridades de salud han informado una y otra vez que la mayor parte de las muertes por esta enfermedad ha ocurrido en pacientes que presentaban comorbilidades como diabetes, hipertensión, obesidad o tabaquismo, como si ellos fueran los responsables de su propia condición de salud.

Sin embargo, especialistas advierten que las enfermedades que padecían estas personas, como millones de mexicanos, no solo son resultado de decisiones personales, sino de un sistema de salud que no les ha respondido o que no ha generado políticas eficientes para mejorar su estado físico.

Según datos de la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, estos padecimientos, con excepción del tabaquismo, han tenido un incremento constante en el país, sin que ninguna política pública o atención médica haya podido detener la tendencia.

Lee: COVID-19: Obesidad y sobrepeso aumentan riesgo para población en México

En 2018 había 8.6 millones de mexicanos mayores de 20 años con diabetes, lo que representa más de 2 millones de personas más que en 2012.

La hipertensión también sufrió un incremento en el mismo lapso, al pasar de 9.3 millones a 15.2 millones de personas con el padecimiento, mientras que la obesidad creció alrededor de 4 puntos porcentuales en el periodo.

A pesar del crecimiento y de ser ya la segunda causa de mortalidad en el país, la Federación Mexicana de Diabetes estima que apenas el 55% de los diabéticos recibe un tratamiento adecuado.

De acuerdo con Simón Barquera, especialista del Instituto Nacional de Salud Pública, la obesidad que padece el 40% de las mujeres mexicanas y el 30% de los hombres mayores de 20 años es producto de muchos factores, que van desde la poca regulación de la publicidad de alimentos y bebidas altos en calorías, su amplia accesibilidad, hasta la pobre capacitación de los doctores en activo para manejar a pacientes con estos problemas, entre otras.

“Las personas con obesidad y enfermedades crónicas tienen una condición conocida como inflamación crónica de baja intensidad, el sistema inmune está en estado de estrés, en las personas con obesidad por exceso de tejido adiposo, sal y azúcar que hace que cuando tenga un reto como las infecciones, no responden tan bien, la respuesta inmune está comprometida.

Entérate: El miedo y la incertidumbre de las familias con enfermedades que no son COVID-19

“Este asunto de no estigmatizar se vuelve muy relevante, porque como que hay un discurso donde las personas que viven con diabetes, obesidad o hipertensión es porque no hacen las cosas bien y lo que hemos visto es que el entorno determina en muchos las elecciones, si uno no tiene un entorno saludable, las elecciones no son saludables y ahí es importante ayudar con políticas de regulación, subsidios para hacer más fácil lo saludable y más difícil lo poco saludable”, apunta.

Si bien reconoce la aprobación del nuevo etiquetado de advertencia en alimentos y bebidas que entrará en vigor en los próximos meses, también señala que es necesario elevar los impuestos de los alimentos y bebidas que no son saludables, o aumentar los puntos en donde la población puede acceder a agua potable para sustituir el consumo de refrescos, ello como medidas de política pública para prevenir este problema.

En cuanto a la atención que recibe a mayoría de los mexicanos en las instituciones de salud, Barquera lamenta que los médicos no consideren la prevención y atención de la obesidad en cada una de las consultas que brindan a sus pacientes, independientemente de la enfermedad que los lleve a visitar a un médico. Plantea que así como se les mide la presión arterial o la temperatura, todos los médicos deben calcular el índice de masa corporal de los pacientes y dar medidas para prevenir este problema.

Por su parte, Luis Adrián Quiroz, integrante de la Red de Acceso, una asociación de pacientes de diversas enfermedades crónicas, destaca que en los últimos años el presupuesto al sector salud se ha reducido significativamente, lo que ha impedido la implementación de políticas eficaces, además de que se ha descuidado la infraestructura y afectado el acceso de toda la población a un sistema de salud que le proporcione un tratamiento efectivo.

“En el sexenio de Enrique Peña Nieto se le quitó al sector salud más de 45 mil millones de pesos y en este escenario llega la cuarta transformación que no comprende de qué tamaño era el problema y empiezan a hacer promesas y empezaron a hacer parches, por lo que no hay un sistema de salud que realmente dé respuesta a la población y atienda estas enfermedades”, lamenta.

Quiroz señala también que incluso entre los pacientes de estas enfermedades hay quien tiene mayores herramientas para enfrentar la epidemia del coronavirus, pues no es lo mismo un diabético que recibe tratamiento, que el que no ha sido siquiera diagnosticado, o aquel que cuenta con seguridad social que el que se atiende en hospitales de las secretarías de salud estatales o federal.

“Parece que tuvieras a personas de primera y de segunda, bueno, de tercera y de quinta, los que cuentan con seguridad social que bien o mal es el único sistema que hoy en día ha demostrado que tiene una amplia gama de servicios aunque con diferentes carencias, versus los otros subsistemas, vemos a un ISSSTE muy complicado con un rezago financiero bastante complejo, vemos un Insabi que no tiene reglas de operación, por ejemplo”, agrega.

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Vacuna Sputnik V: De generar desconfianza a ser un instrumento para la influencia de Rusia en el mundo

Hace unos meses muchos desconfiaban de la vacuna rusa. Pero demostró ser tanto o más eficaz como las principales vacunas ampliamente aprobadas y podría convertirse en un instrumento estratégico para Putin.
15 de febrero, 2021
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Bandera rusa con jeringas.

Getty Images
Las cosas parecen haber cambiado radicalmente para la Sputnik V en apenas unos tres meses.

Cuando el pasado noviembre Rusia anunció que su vacuna contra el coronavirus tenía una eficacia del 92%, la noticia fue acogida con esperanza pero también con mucho escepticismo.

El secretismo que rodeó a los ensayos clínicos y la “precipitación” que criticó parte de la comunidad científica no inspiraban mucha confianza, ni siquiera en los propios rusos.

Hoy, a tres meses de aquel anuncio, las cosas parecen haber cambiado en gran medida.

De a poco los rusos comienzan a confiar en su vacuna y recientemente su eficacia fue respaldada por la prestigiosa revista médica británica The Lancet.

Muchos países, en especial en América Latina, tocan las puertas de Rusia para negociar dosis de su prometedor compuesto, y Rusia no ha tardado en responder y ofrecer su apoyo.

Hasta en Europa ha habido interés por Sputnik.

Josep Borrell, alto representante de Política Exterior y Seguridad de la UE, aseguró recientemente que la aprobación para su uso de la vacuna por parte de la Agencia Europa del Medicamento -en fase aun preliminar- “sería una buena noticia, porque como saben nos enfrentamos a una escasez de vacunas“.

Expertos consultados por BBC Mundo aseguran que el éxito de esta vacuna, producida con fondos estatales, resultará en un golpe de imagen positivo y un instrumento geopolítico importante para Rusia en los países de menos recursos.

Pero, ¿cómo evolucionó el escenario en solo unos meses?

Desarrollo “demasiado rápido”

En agosto de 2020 Rusia anunció que el Instituto estatal Gamaleya estaba desarrollando una vacuna contra el coronavirus.

La televisión, también estatal, presentó este hecho como una prueba del liderazgo científico del país, igual que cuando se anunció el lanzamiento del primer satélite hecho por el hombre hace 60 años.

¿El nombre de ese satélite? Sí, el mismo que la vacuna: Sputnik.

Este compuesto utiliza la técnica del vector viral, inyectándose un virus diferente y menos dañino con genes de la proteína espiga del coronavirus para crear una respuesta inmunitaria.

A pesar de los anuncios con bombo y platillo de que la vacuna era tan eficaz como las estadounidenses Pfizer y Moderna, ambas con porcentajes de protección superior al 90%, los rusos no acudieron de inmediato cuando arrancó la vacunación en masa en diciembre.

Dice Oleg Boldyrev, periodista del servicio ruso de la BBC en Moscú, que al comienzo de la campaña había mucho escepticismo por la forma tan rápida en que se había creado la vacuna.

“Muchos rusos estaban desconfiados por la naturaleza opaca de su registro y el entusiasmo excesivo de los funcionarios de gobierno. El presidente Vladímir Putin tampoco se había vacunado. Nada de esto ayudaba a crear confianza”, reporta Boldyrev.

Recuperación progresiva de la confianza

Encuestas recientes en Rusia indican que aunque poco a poco se instaura la confianza en la vacuna, sigue quedando una muestra considerable que no se fía del todo y quiere conocer más evidencias sobre su efectividad.

Ancianos en una residencia esperando para ser vacunados.

Getty Images
Poco a poco, los rusos van ganando confianza en su vacuna, reporta el servicio ruso de la BBC.

Sin embargo, puede que los escépticos empiecen a convencerse después de los datos de efectividad publicados en The Lancet, aunque siguen sin estar disponibles algunos datos de los ensayos clínicos y hay muchas preguntas que el Instituto Gamaleya debe responder.

Los más críticos acusan a los científicos de no ser completamente transparentes, pero “el aval de The Lancet es sin duda un gran impulso de optimismo para la distribución de Sputnik V a nivel mundial”, dice Boldyrev.

También debe tenerse en cuenta que, aunque no requiere las temperaturas extremas de conservación de Pfizer, sí necesita guardarse a temperaturas bajas, de alrededor de 8°C, y esto puede dificultar su distribución, como de hecho sucede fuera de las grandes ciudades en Rusia.

De acuerdo a un análisis independiente, menos de 1,5 millones de rusos han recibido la primera dosis de la vacuna. A este ritmo, tomaría unos tres años vacunar a la mitad de su población de 145 millones.

Oportunidad para los menos ricos

“Este es un momento decisivo para nosotros”, dijo en una entrevista a Bloomberg Kirill Dmitriev, director ejecutivo del Fondo Ruso de Inversión Directa, el organismo estatal que financió la vacuna.

El gobierno ruso reporta que muchas de las ocho millones de dosis ya fabricadas se enviarán a aquellos países que las ordenaron hace unos meses.

Una docena de países ha mostrado su interés. Entre ellos se encuentran aliados de Moscú, como Hungría o Irán, y también un buen número de estados latinoamericanos como México, Paraguay, Venezuela o Colombia.

En Argentina y Bolivia, de hecho, ya se ha empezado a inocular a la población con el compuesto ruso.

Vacunación en Argentina.

Getty Images
En Argentina ya se vacuna con la Sputnik V.

“Sputnik V llega en un momento crucial para América Latina”, asegura a BBC Mundo Vanni Pettinà, experto en relaciones exteriores de Rusia en el Colegio de México.

“Los países de la región no tienen tecnología propia para desarrollar sus vacunas ni el dinero suficiente para comprar las carísimas vacunas privadas que han ido aprobándose”, añade el experto.

En este sentido, Pettinà pronostica que la naturaleza estatal de Sputnik V facilitará su distribución y compra por parte de los países con menos recursos.

Y este hecho, indudablemente, también favorecerá un uso geopolítico que Putin puede utilizar muy bien a su conveniencia.

“Al ser estatal, Putin literalmente puede decidir cuántas dosis dar, a qué precios y a quién. Y todo esto estará condicionado por las evaluaciones políticas y estratégicas del Kremlin”, añade Pettinà.

Vladimir Putin en junio de 2020.

Getty Images
Que la vacuna sea estatal es un hecho que le permitirá a Putin utilizarla muy bien, de forma estratégica, dice un experto.

“Está claro que Rusia usará la vacuna como un instrumento geopolítico para aumentar lo que llamamos ‘soft power‘ (poder blando) entre estados con menos recursos y también otras empresas privadas a las que venda sus patentes”, explica Mira Milosevich, experta en Rusia y Eurasia para el Real Instituto Elcano.

“Durante la Guerra Fría, el poder blando se imponía con el deporte y el ajedrez, ahora los rusos utilizan la vacuna”, añade Milosevich.

Errores y debilidades de EE.UU. y Europa

Mientras que las primeras vacunas, como las de Pfizer, Moderna y Oxford-AstraZeneca, recibían el visto bueno de las autoridades médicas y comenzaban a distribuirse e inocularse, el optimismo se apoderaba de los países más ricos, que comenzaban a verse más cerca del triunfo sobre la pandemia.

La realidad ha mostrado ser más complicada.

Las farmacéuticas han experimentado notorias interrupciones en la distribución, especialmente evidentes en la UE, que hace unas semanas se involucró en una sonada disputa con AstraZeneca tras acusarle de incumplir los plazos de entrega de vacuna.

“Occidente no tiene mucha flexibilidad para manejar sus vacunas porque no las controla, son productos privados, y por eso está más expuesto al chantaje de precios y a contratos poco transparentes”, dice Pettinà.

El académico señala ciertos “errores y debilidades” tanto de la UE como de EE.UU. que Rusia puede aprovechar muy bien.

“La retirada de asuntos de política exterior de EE.UU. durante el gobierno de Trump y la complejidad y lentitud de la estructura política de la UE abren un espacio que el Kremlin puede usar para mejorar su imagen e influencia en países de menos recursos”, explica.

“Esto es fácil de explicar, Rusia es una potencia oportunista y ha visto que mientras EE.UU. y la UE priorizan abastecerse a sí mismos y son incapaces de proveer a países menos desarrollados, aprovecha para llevar la vacuna a estos territorios, también en América Latina”, coincide Milosevich.

Jeringas con el logo de AstraZeneca de fondo.

Getty Images
Vacunas como la de AstraZeneca prometían optimismo en la lucha contra la pandemia, pero la realidad ha demostrado ser algo más complicada.

“Esto hará que Rusia aumente su influencia en la región, ya de por sí más fácil de ampliar por las tradicionales interacciones con Cuba y otros gobiernos socialistas del siglo XXI como Brasil, Venezuela, Argentina o Bolivia”, completa Pettinà.

Largo historial de poderío científico ruso

Sputnik V no será el final de la investigación contra el coronavirus. Hay dos vacunas más que los científicos rusos están alistando.

“Una vez más, seguramente habrá cuestionamientos sobre la veracidad de los datos científicos que acompañen a los anuncios de eficacia”, apunta Boldyrev.

A pesar de las dudas y del secretismo ruso, Pettinà cree que no se debe infravalorar el historial científico y tecnológico de este país.

Vacunación en Irán, uno de los principales aliados de Rusia.

Getty Images
Varios expertos coinciden en que la vacuna rusa podría ser primordial para los países con menos recursos.

“El secretismo está muy vinculado a la herencia de seguridad soviética, pero no debe olvidarse que Rusia fue una potencia durante la Guerra Fría y que sigue invirtiendo mucho en ciencia y tecnología“.

Que la vacuna rusa funcione y tenga tanta eficacia es sin dudas una gran noticia para el mundo, pero, al igual que las otras vacunas, no se libra de las muchas interrogantes que siguen abiertas.

¿Cuánto durará la protección? ¿Será también efectiva contra las nuevas variantes más contagiosas que emergen en el mundo?

Todo parece indicar que aún es una incógnica el tiempo que queda en la lucha contra la pandemia.


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