Solidaridad por el COVID-19: el activismo digital de Frena la Curva
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Solidaridad en tiempos del COVID-19: Ciudadanos apoyan a otros con la plataforma Frena la Curva

La plataforma Frena la Curva articula iniciativas solidarias que han surgido contra la crisis por el COVID-19, para que la ciudadanía sepa dónde y cómo apoyar.
Cuartoscuro
11 de abril, 2020
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Apenas han pasado algunos días desde los primeros contagios de COVID-19 en México y ya han surgido iniciativas espontáneas de solidaridad, como grupos de apoyo psicológico, vecinos que se ofrecen a hacer compras por las personas mayores o makers que están elaborando material médico con impresoras 3D.

Debido a que las iniciativas son tan variadas y son realizadas por ciudadanos o pequeños negocios, en ocasiones es difícil que estas se articulen para trabajar en conjunto, o las personas no llegan a enterarse de cómo y dónde pueden ayudar.

Por ello, un grupo de comunicadores sociales y especialistas en innovación tecnológica creó la plataforma Frena la Curva, en la que se vincula a personas o negocios que requieren apoyo con grupos de voluntarios, ofrece información verificada y comparte actividades y consejos para hacer más ameno el tiempo en casa.

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Una ola de solidaridad

Frena la Curva nació el 12 de marzo Aragón, España, donde las autoridades locales crearon un portal para reunir toda la información sobre los servicios que se estaban brindando durante la emergencia sanitaria.

El Laboratorio de Aragón Gobierno Abierto decidió abrir la página a la ciudadanía para que se publicaran los anuncios de los grupos de ciudadanos que ofrecen apoyo para fabricar material médico que donan a hospitales o que ayudan a sus vecinos para que las personas más vulnerables al COVID-19 puedan permanecer en casa.

Raúl Olivan, creador de Frena la Curva, explica a Animal Político que ante la situación por los contagios de coronavirus en España hubo una ola de solidaridad enorme “y había que canalizarla para que la sociedad civil pudiera encausar toda la energía de tal forma que fuera complementaria a la estrategia del gobierno”.

La página fue conformada como un repositorio de iniciativas ciudadanas ordenadas por categorías: consejos para trabajo a distancia, cuidado de niños en casa, información oficial, apoyo psicológico, consejos para el autocuidado en casa, entre otras.

Hasta el momento, Frena la Curva España tiene más de 600 iniciativas inscritas y ha resultado tan exitosa para vincular el apoyo con las necesidades de profesionales de la salud y ciudadanos que ya se ha replicado en varios países de Latinoamérica, entre ellos México, Colombia y Argentina.

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Activismo digital para responder a desastres

Luis Hernaldo Aguilar trabaja en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y participa como voluntario coordinando el proyecto Frena la Curva en Colombia.

Como parte de la OMS, Aguilar Ramírez ha participado en la atención de la población en desastres como el terremoto de Haití en 2010 y la epidemia de ébola en África Occidental en 2014, de las que ha recuperado buenas prácticas para implementar en esta pandemia.

“Lo que estamos haciendo es aplicar el modelo comando incidentes para organizar a los voluntarios que trabajan siguiendo los principios humanitarios de neutralidad, humanidad, imparcialidad e independencia”, cuenta en entrevista con Animal Político.

En el caso de este país, Luis Hernaldo explica que Frena la Curva trabaja con la iniciativa Colombia cuida Colombia, conformada por empresas nacionales con responsabilidad social, que brindarán asistencia alimentaria para al menos 10 millones de personas en las siguientes semanas.

Al igual que en España, Frena la Curva Colombia se encuentra trabajando en identificar recursos útiles para pasar la cuarentena, crear alianzas e identificar a proveedores de material de protección para médicos que puedan requerirlo.

También han permitido que los ‘makers’ que se encuentran apoyando en la elaboración de equipo de protección con impresoras 3D tengan las especificaciones técnicas de los materiales que fabrican, para que estos cumplan con las normas de seguridad.

“Vamos a hacer todo lo que tengamos que hacer para entre todos decirle bye bye al coronavirus”, afirma.

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Mapeo de necesidades

Frena la Curva México lleva dos semanas funcionando y, hasta el momento, hay más de 100 iniciativas inscritas, que ofrecen apoyo para las clases a distancia de los niños, para el autocuidado, talleres de diferentes actividades y la vinculación entre necesidades y voluntarios.

Roxana de la Fuente, una de las coordinadoras del proyecto, explica que con él se busca “que la gente se conecte y se sume. Empezar a impulsar todo lo que la gente está haciendo y conectarlo para que no sean iniciativas aisladas, sino que todo vaya sumando”.

“Todo es para prevenir e irnos ayudando, a partir del aprendizaje de lo que está pasando en España. Ellos han canalizado y potenciado las iniciativas ciudadanas frente a la emergencia que están viviendo y hay que aprender de ello”, señala.

Además de la plataforma donde se puede encontrar la lista de iniciativas de apoyo por la contingencia de COVID-19, Frena la Curva México presentó un mapa que permite ubicar territorialmente cada proyecto, para que las personas cercanas a él conozcan su existencia y puedan vincularse.

De acuerdo con Rosa Cristina Parra, otra de las coordinadoras de Frena la Curva México, esto permitirá que se fortalezcan las iniciativas de cada rincón del país y que no se centralice el apoyo únicamente en las grandes ciudades.

“El siguiente mes va a representar un reto complejo y vamos a tener que generar iniciativas creativas, por eso estamos organizándonos de tal forma que podamos ayudarnos a conectar con el mayor número de personas y canalizar los apoyos a donde más se necesite”, apunta.

Rodolfo Ferro, quien ha coordinado al equipo que puso en marcha la plataforma Frena la Curva México, explica que el sistema de mapeo Ushahidi permitirá a las personas voluntarias hacer contacto con aquellas que solicitan apoyo, sin vulnerar la privacidad de datos y la seguridad.

“Puede suceder que alguien quiera aprovecharse de saber que alguien está vulnerable para cometer un delito, por eso lo que se muestra en el mapa es un punto de 200 metros de radio en el que se encuentra la necesidad, y para poder apoyar en ella se requiere de una comunicación previa con el solicitante”, explica.

Cualquier persona puede dar de alta su iniciativa o alguna que vea anunciada, para que tenga un mayor alcance de difusión entre la comunidad. Posteriormente, los administradores de Frena la Curva limpian y actualizan el contenido.

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“No hay tiempo de bajar la guardia”

La plataforma ha resultado tan exitosa que ya se encuentra presente en otros países como Argentina, Brasil, Bolivia, Costa Rica, Uruguay, Francia y Polonia.

Ivanna Díaz, coordinadora de Frena la Curva Argentina, dice que ha sido un proyecto interesante, pues la pandemia sucedió en un contexto donde la tecnología juega un papel muy importante.

“Lo que la pandemia pone en escena es la necesidad que tenemos de empezar a pensar los vínculos personales desde otro lugar, en otras formas de economía. Tenemos que pensar en procesos que tengan sostenibilidad en el tiempo y que apelen a la solidaridad y la colaboración”, señala.

Luis Hernaldo Aguilar explica que esta sostenibilidad es importante para que no exista un pico de participación voluntaria y posteriormente el abandono por parte de las personas.

Como testigo de la mitigación del brote de ébola de 2014 en África Occidental, Luis Hernaldo sabe que “vamos a lograr salir de esta, pero solo si nos adherimos a las recomendaciones que nos da la comunidad científica. No hay tiempo de bajar la guardia”.

“La humanidad tiene la capacidad de hacerlo, ya lo hemos hecho, gracias al cielo he sido testigo de cómo se logra y por eso es importante esta iniciativa y el resto que surjan para ayudarnos a permanecer en casa”, señala.

Para dar ánimos, Aguilar comparte un video en el que habitantes de Sierra Leona cuando se declaró al país libre de ébola.

“Como sociedad estamos enfermos y tenemos un tratamiento médico que seguir, el aislamiento. Frena la Curva es una iniciativa que ayuda a la adherencia a ese tratamiento, que si seguimos, probablemente todo va a estar mejor”.

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Cómo el encierro por el COVID-19 está cambiando nuestros grupos de amigos

Una nueva investigación sugiere que las cuarentenas están remodelando nuestros grupos de amigos. ¿Qué significa eso para nuestras relaciones post COVID-19?
15 de octubre, 2020
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Antes de que el coronavirus provocara un segundo bloqueo severo en la ciudad australiana de Melbourne, Karen Lamb, una estadística de 35 años, iba al teatro, a las prácticas semanales de un coro, a clases de baile y pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Pero los confinamientos en su ciudad interrumpieron el comportamiento social de Lamb. Su mundo se ha trasladado a internet y, a veces, Lamb puede sentirse sola.

Grandes cantidades de personas reportaron sentirse solas en la primera ola de cuarentenas por coronavirus a principios de 2020.

Según una investigación de la experta en soledad Michelle Lim, de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia), uno de cada dos australianos dijo sentirse solo durante el primer encierro.

En Reino Unido y Estados Unidos, la proporción fue de dos de cada tres.

Ahora, unos investigadores en Australia examinan cómo estos períodos de aislamiento forzados están cambiando nuestras interacciones sociales.

Aunque la pandemia se está desarrollando de manera diferente según el país, en general compartimos una misma inquietud: si los bloqueos están cambiando la forma en que socializamos, ¿cuánto tiempo durará nuestra soledad?

Consolidando las redes de amigos

Los resultados iniciales de una encuesta de seguimiento que enviaron a casi 2.000 australianos han mostrado que se están produciendo algunos cambios de comportamiento importantes relacionados con la pandemia.

La investigación es un proyecto conjunto entre dos académicos, la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad de la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.

Bower dice que en las respuestas abiertas a la encuesta, muchas personas indicaron que habían comenzado a reducir sus redes sociales.

Un hombre y una mujer cenando a través de una videollamada.

Getty Images
Gran parte de nuestras interacciones se han trasladado a las plataformas digitales.

“No socializan con tanta gente como antes, sino con un subgrupo muy particular”, dice. “Las personas que tienen conexiones previas y pueden aprovechar sus amistades existentes en línea, lo están haciendo bastante bien. En muchos casos, están más cerca de los amigos que tenían”.

Ese ha sido el caso de Lamb, que es escocesa, pero ha vivido en Melbourne durante ocho años.

Antes del encierro, hablaba con Amy, una de sus amigas más antiguas, unas cuatro o cinco veces al año.

Ahora conversan todos los jueves, a una hora determinada, y ambas se preguntan por qué no lo habían hecho antes.

Algunas de sus otras amistades, sin embargo, no han resistido tan bien.

“Me ha resultado más fácil mantenerme en contacto con mi amiga escocesa que con mis amigos australianos”, dice Lamb. “Simplemente no he tenido esa relación en línea con los australianos. Durante los últimos seis meses me he distanciado mucho más de mis amigos del día a día”.

“Cuando las interacciones sociales se trasladan a internet, sólo ciertos tipos de relaciones parecían sobrevivir”, explica Bower.

Una vez que se elimina el contexto local o comunitario, se mantienen o fortalecen las relaciones en las que las personas tenían algo en común además del trabajo o pasatiempos, y en las que todos se sienten cómodos con la tecnología digital.

Muchos querían compartir su estrés pandémico con aquellos con quienes se sentían más cercanos; viejos amigos de las ciudades de origen y amigos locales muy cercanos.

“Dado que la mayor parte de la interacción social se ha producido en línea, socializar con personas que viven localmente ha resultado tan fácil como socializar con personas que viven en el otro lado del mundo. Esto significaba que las personas han podido socializar y volver a conectarse con personas con las que eran más cercanas, independientemente de su ubicación”, dice.

Dos amigas conversando por videollamada.

Getty Images
Mucha gente ha retomado viejas amistades.

La sociedad contemporánea a menudo se define por el movimiento de personas fuera de su lugar de origen, agrega Patulny.

“Estás más cerca de las personas que viven en el otro lado del planeta, porque son con las que creciste. No estás necesariamente cerca de aquellos con quienes compartes un vecindario. El covid-19 realmente está mostrando esto”, dice

Conversaciones cotidianas

Sin embargo, también extrañamos las interacciones con aquellas personas con las que no tenemos una amistad suficiente como para construir una relación en línea durante la pandemia.

Según Patulny y Bower, muchas personas dijeron que habían perdido estas microinteracciones con las personas de sus comunidades, que son casi imposibles de facilitar a través de la comunicación digital.

“La capacidad de simplemente parar, chismear, reír, bromear y todas las cosas que haces fuera de las reuniones, eso no sucede cuando estás reunido en línea”, dice Patulny. “El contacto periférico adicional se ha perdido, y esa es una pérdida importante”.

Una mujer con mascarilla detrás de una ventana.

Getty Images
Mucha gente ya se sentía sola antes del covid-19.

Existe el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren sin estas pequeñas interacciones, dice, ya que ayudan a las personas a conectarse.

En cuanto a si podemos retomar estas amistades después de la pandemia, Bower señala evidencia reciente de Reino Unido que sugiere que las personas que se sentían solas antes probablemente se sentirían un poco más solas después, mientras que otras no experimentaron cambios a largo plazo.

Sin embargo, expresa cierta preocupación por que un período prolongado de soledad para algunas personas pudiera hacer que las interacciones pequeñas se sientan más desafiantes a largo plazo.

“Las personas que experimentan soledad durante períodos prolongados comienzan a experimentar impactos negativos persistentes en la forma en que piensan y actúan en situaciones sociales —son más hipervigilantes en cuanto al rechazo, más ansiosos socialmente— y esto puede dificultar estas interacciones simples y que sea menos probable que salga bien”, dice Bower.

Revertir o cambiar

La investigación de Bower y Patulny seguirá analizando a su grupo de estudio mientras Australia continúa su marcha para salir de las restricciones del covid-19.

Dos mujeres conversando una con la otra, cada una su escritorio.

Getty Images
Mucha gente extraña las pequeñas interacciones que tenía en el día a día con ciertas personas, aunque fueran sus amigas cercanas.

Realizarán una encuesta a la misma muestra cada tres meses para determinar cómo está cambiando su comportamiento y por qué, y enviarán sus resultados a un grupo de expertos que está considerando los impactos de la pandemia en la salud mental.

Es demasiado pronto para cualquier estimación de los cambios sociales a largo plazo, si los hay, pero los investigadores sugieren que podría pasar un poco de tiempo antes de que las interacciones vuelvan a la normalidad.

“Me pregunto si el hecho de que no estés acostumbrado a socializar y que ahora exista un riesgo asociado con socializar, conducirá a impactos a largo plazo en la forma en que nos sentimos y en cómo podemos superar la soledad”, dice Bower.

Patuly dice que no le sorprendería un ligero aumento de la soledad durante algunos años.

Sin embargo, Michelle Lim, la experta en soledad, cree que para la mayoría de las personas, tanto la pérdida de microinteracciones como el estrechamiento de sus redes sociales son temporales, están directamente vinculados a la emergencia de salud pública y es poco probable que duren más que ella.

“Si será significativamente perjudicial para las relaciones dependerá de muchos factores: si el individuo es resistente, si tiene redes sociales sólidas, si se esfuerza por mantener sus amistades a pesar de estas barreras”, dice Lim.

Tampoco está claro, agrega, si los bloqueos más prolongados, ya sea por mandato del gobierno o debido a la necesidad de las personas de protegerse por condiciones de salud preexistentes, conducirán a resultados diferentes o más pronunciados.

Lim dice que es posible que, en el futuro inmediato, las interacciones cara a cara puedan cambiar si seguimos preocupados por la salud pública.

Dos personas con mascarilla guardando la distancia social.

Getty Images
¿Por cuánto tiempo se mantendrán los cambios en las interacciones cara a cara?

Pero también dice que es parte de la naturaleza humana volver a los grupos sociales. La mayoría de las personas que han infringido las normas de encierro lo han hecho para ver a amigos y familiares.

Después de que nos recuperemos del impacto de estos comportamientos alterados, cree que es probable que las cosas vuelvan a la normalidad anterior.

Los principales determinantes de la soledad son bastante estables, agrega.

Es poco probable que aquellos que no estaban solos antes del covid-19 se sientan muy solos a largo plazo una vez que todo haya terminado.

“Creo que durante un corto período de tiempo habrá cambios”, dice. “Pero somos criaturas de hábitos. A menos que estos comportamientos sean a muy, muy largo plazo, creo que volveremos a nuestros grupos sociales”.

* Esta nota es una traducción de un artículo original publicado en inglés en BBC Worklife y que puedes leer aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=mYv_EYYngC4&t=8s

https://www.youtube.com/watch?v=aBKdOAVLVEc

https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

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