Cierran estación de Tenosique tras muerte de solicitante de asilo
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Cierran estación de Tenosique tras muerte de solicitante de asilo y medidas cautelares que pidió CNDH

El 31 de marzo murió Héctor Rolando Barrientos Dardón, guatemalteco de 42 años, tras un incendio registrado cuando migrantes encerrados protestaban por sus condiciones de encierro.
Cuartoscuro Archivo
26 de abril, 2020
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El Instituto Nacional de Migración informó sobre el cierre de la estación migratoria de Tenosique, Tabasco, un mes después de que muriera ahí el solicitante de asilo Héctor Rolando Barrientos Dardón, guatemalteco de 42 años, tras un incendio registrado cuando migrantes encerrados protestaban por sus condiciones de encierro.

“Por lo que se refiere a las medidas cautelares solicitadas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) al Instituto, derivadas de los sucesos en Tenosique, se dio cumplimiento a éstas a favor de la población migrante con el cierre de la estación, se rehabilitó el lugar y, actualmente, se encuentra sin ocupación”, refirió el INM en una tarjeta informativa este domingo.

Sobre este mismo caso, el Insituto acusó el cierre fronterizo por parte de los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador ante la pandemia “retrasó los retornos asistidos, tal como sucedió en el cruce fronterizo de Talismán, Chiapas, donde se impidió a personas guatemaltecas retornar a su país y provocó molestia en los vecinos de este municipio por la presencia de esta población.

Este cierre de fronteras ocasionó incidentes como el registrado, lamentablemente, en la Estación Migratoria de Tenosique, Tabasco, donde se provocó un incendio en el que falleció una persona migrante. Por estos hechos, el Ministerio Público consignó ante un Juez de Control, como responsables, a cuatro personas de nacionalidad hondureña”.

El albergue La 72 responsabilizó al INM por la muerte del solicitante de asilo guatemalteco.

“Ante el cierre de fronteras en los países de la región, como medida de contingencia por el Covid-19, el INM no escuchó el llamado de la CNDH, que exigía acciones urgentes para evitar hacinamiento y contagio masivo de coronavirus en personas migrantes, ni las recomendaciones de la sociedad civil para liberar a las personas detenidas, muchas solicitantes de refugio, o reubicarlas en Casas del Migrante del centro del país, evitando el
confinamiento y reduciendo riesgo de contagio”, señaló La 72.

“La muerte sucedida anoche en la Estación Migratoria de Tenosique es responsabilidad directa del INM y de su máximo responsable Francisco Garduño Yañez, quienes no quisieron atender la raíz de las protestas en las Estaciones Migratorias de Tapachula y Villahermosa de la última semana, y que ya hacían presagiar una posible tragedia”, agregó.

Solo hay 106 personas en estaciones y albergues

En su mensaje de este domingo, el Instituto refirió que ante la pandemia de COVID-19 se tomaron medidas para “la salida inmediata de personas extranjeras” albergadas en estancias y estaciones migratorias.

“Con base en las recomendaciones sanitarias de autoridades mexicanas y de organismos nacionales e internacionales sobre la protección de los derechos humanos de grupos en situación de vulnerabilidad, el Instituto implementó la salida de algunas personas migrantes alojadas en las estaciones migratorias y estancias provisionales, a quienes por distintas razones no se había resuelto su situación jurídica”, señaló el INM.

“En las 65 estaciones y albergues migratorios que el INM tiene en el país, con una capacidad de ocupación de 8 mil 524 espacios, fueron alojados en el mes de marzo 3 mil 759 personas migrantes, actualmente albergan a 106″, agregó.

Con el diálogo permanente del INM y la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), detalló el Instituto, “se logró el retorno vía terrestre a Guatemala y vía aérea a Honduras y El Salvador de 3 mil 653 nacionales de esos países, privilegiándose a los grupos vulnerables, como niñas, niños, adolescentes, adultos mayores, familias, mujeres embarazadas y personas extranjeras con riesgos por enfermedades crónicas”.

Las organizaciones de asistencia para personas migrantes dependientes de asociaciones religiosas, como la iglesia católica y las iglesias cristianas evangélicas, agregó, “han apoyado en el alojamiento de más de un centenar de ellas en sus albergues. En tanto, la Organización Internacional para las Migraciones ha realizado traslados aéreos de ciudadanos de los países del norte de Centroamérica”.

Las personas migrantes que deseen permanecer albergadas en las estaciones migratorias, apuntó el Instituto, podrán hacerlo al poner de manifiesto, ante el Instituto, su voluntad de manera expresa.

Hasta ahora, según el INM, no tiene registro de ningún caso positivo de COVID-19 entre la población migrante atendida en sus instalaciones.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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