COVID-19: Trabajadores cumplen labor esencial sin contrato ni seguro
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Trabajadores hacen labores consideradas esenciales sin tener contrato ni seguro ante COVID-19

"Yo sí me la juego, la verdad, me puedo contagiar, pero yo le temo más a la necesidad que tengo”, dice una trabajadora del Metro en medio de la pandemia de COVID-19.
19 de abril, 2020
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“Ahora es más trabajo pero menos sueldo. Que ‘límpiele arriba, las mamparas, los elevadores, las taquillas, los pasamanos’. Estoy para que me manden, lo que quieran yo les lavo, pero que den bolsas para cubrirse la cara, para estar también protegidos, porque, no crea, aquí pasan y me estornudan o me avientan un tapabocas y yo lo alzo; siento que sí me voy a infectar, pero me la juego, porque no me queda otro remedio”.

La señora Martha, 56 años, carga en una mano la cubeta de agua negrísima y en la otra el trapeador con el que lavó ella sola los pisos de la estación del Metro Centro Médico, intersección de dos líneas del transporte masivo de la Ciudad. Ella sola está a cargo de la limpieza de toda la estación, porque eran siete trabajadores en total, pero ya los mandaron a sus casas por ser todos adultos mayores.

“Yo soy la única chavita, tengo 56 años, por eso me dijeron: ‘usted se queda a hacer todo’. Como yo estoy sola aquí, me hacen trabajar mis descansos sin pagarlos. Yo ya estoy mala, me acabo de caer por lo mismo que no sé qué me pasa, pero se lo dejo a Dios. No tengo descanso desde que se fueron los compañeros, me han dejado a mí sola en esta área, y yo con gusto lo hago, pero quiero mi dinero, ni más ni menos, mi dinero completo, pero no llega”.

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Lo que ella reclama con su dinero es un sueldo de mil 600 pesos quincenales. Las manos descubiertas llenas de anillos, el rostro también descubierto –sin tapabocas, sin gafas de protección-, Martha busca en las bolsas delanteras del mandil anaranjado, remueve papeles, cosas que se encuentra tiradas, de ahí saca sus fichas de depósito, las desdobla, las desarruga, y con un dedo señala que la última vez le depositaron mil 100 pesos de la quincena, es decir que la empresa para la que trabaja, Tecnolimpieza Ecotec S.A. de C.V., le quitó esta vez 500 pesos, sin explicación, dice, si ella no ha faltado una sola vez, ni siquiera ha descansado el día que le toca –el martes-, y de hecho trabaja más horas cada jornada y duplica el esfuerzo, pues le ordenaron desinfectar con más frecuencia la estación.

Martha desempeña una de las labores clasificadas por el Gobierno federal como “esenciales” para contener la pandemia de COVID-19, lo que significa que no puede parar. Situada en la primera línea de combate, esta nueva condición de trabajadora indispensable para la sociedad la ata a un trabajo que para ella siempre ha sido precario: no tiene contrato, tampoco seguro social, mucho menos ahorro para su retiro ni acceso a créditos de vivienda.

-¿Y si se enferma?

“Me da miedo, pero yo me la juego con el miedo y todo. Tengo que estar transitando en el Metro y yo sí me la juego, la verdad, me puedo contagiar, pero yo le temo más a la necesidad que tengo”, dice Martha, cuyo nombre fue cambiado a petición suya.

Tecnolimpieza Ecotec ha obtenido contratos por 168.7 millones de pesos con instituciones públicas como el IPN, la Semarnat, el SAT, el ISSSTE, la SFP y el Cenagas. Con cada vez más casos confirmados de COVID-19 en el país y más decesos, y con la declaratoria de la Fase 3 de la pandemia en puerta, la empresa no provee a sus trabajadores de materiales básicos de protección sanitaria, indica Martha, que el único gel antibacterial que ha visto es el que los supervisores de la empresa, conocidos como “cabos”, tienen en sus propias oficinas.

“Se cubren ellos pero a uno no, a uno que se lo lleve la patada. Yo compro guantes en La Merced, salieron buenos, porque los que nos dieron ellos se rompen; no quieren dar material, hasta eso, el material lo tenemos que comprar. Yo les digo: ‘tienen ustedes que proteger a sus empleados’, pero no quieren, nos mandan a decir puras groserías, ¿y para qué?, ya mejor no les digo nada y lo que Dios diga, lo que Dios diga”.

Martha dice que no hay quincena que no reciba su salario recortado sin justificación, mientras ella se “endroga” para pagar el alquiler de su cuarto en uno de los barrios marginados que conviven con las zonas ricas de Santa Fe, y no hay préstamo que le alcance para comer.

“Ojalá y haya claridad todavía en Dios, porque yo le dije: ‘Dios, si no me mandas algo, ¿qué voy a hacer?’. Yo apenas me acabo de caer, mire, me lastimé”, dice sobándose la rodilla izquierda. “Nadie me hizo nada, yo sola me caí, no sé si es la fuerza que ya no tengo, no tiene uno alimentos, yo creo que es eso, yo me como unas galletas, ¿usted cree que eso es comida? Y qué bueno que Dios me lo mandó, no sé quién me lo mandó a usted, pero, quien sea, de veras que Diosito santísimo los va a ayudar por mostrar a las personas que están detrás de este robo, porque éste es un robo de la empresa, le estamos trabajando a la empresa y ésta nos roba”.

Animal Político buscó a la empresa Tecnolimpieza Ecotec S.A. de C.V. vía correo electrónico para conocer su postura, pero ésta no respondió. Este medio también cuestionó al Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro sobre qué acciones de supervisión emprendería para vigilar que la compañía proporcione a los trabajadores de limpia los recursos necesarios de protección, pero el área de comunicación social no entregó una respuesta hasta el momento de la publicación de este texto.

***

A mano limpia, pero es una mano callosa, curtida por el tiempo, y ya ennegrecida por la suciedad, el señor José recoge la basura de las calles de la colonia Roma, en la Alcaldía Cuauhtémoc. Vestido con un overol anaranjado, lleva consigo dos tambos metálicos sobre ruedas y en ellos acomoda las bolsas de desperdicios que, de sus propias manos, le entregan los vecinos: sabe que van allí “papeles nasales”, como él los llama, o también tapabocas usados, gasas, vidrios rotos y cualquier botella que reposó en una boca desconocida. Pero esto no es una novedad para él: hace 35 años que repite la rutina como trabajador de limpia de la Ciudad de México. De entre una de las bolsas que lleva en los tambos saca un par de guantes nuevos de carnaza, como los que usan los trabajadores de la construcción, que le dieron sus jefes pero que él decidió no utilizar.

“Nos dan guantes, pero no se puede trabajar con ellos, vienen siendo iguales a los de construcción: el material es muy duro, no es flexible, y ahorita con esto de la contingencia nos dieron dos pares de guantes, ¿para qué sirven? Aquí los traigo guardados, este guante no sirve para esto, es muy duro, nos lastima, en lugar de alivianarnos”, platica José. “Yo le hice comentarios al jefe: ‘¿por qué, en lugar de guantes, no trajeron tapabocas?’. No nos dieron ni tapabocas, ni gel, ni lentes, o sea, nada, nada, nosotros estamos desprotegidos, no dieron nada de eso. Él nada más se quedó callado: eso es todo lo que ‘dicen’ los señores. Le pregunto si nosotros vamos a seguir laborando o si vamos a parar y no nos dan respuesta; nosotros tenemos que trabajar, si no, no comemos”.

El señor José, 62 años, que pide evitar su apellido, sólo se puede lavar las manos una vez al día: cuando, al término de su jornada, regresa a la bodega donde guarda sus instrumentos de trabajo y se quita el traje sucio. Hasta ese momento, usa un “pomito” de gel antibacterial que se compró con su propio dinero. Confiado él en no caer enfermo, aunque está asegurado en el ISSSTE, que atiende a los servidores públicos, se encomienda a Dios.

“Cuando ya terminamos de trabajar, nos lavamos bien para no llevar la infección a la casa, porque tenemos familia, es lo que recomiendan mucho, que si uno siente los síntomas, pero bendito Dios andamos bien, con la voluntad de Dios que no nos ha agarrado esa chiva, pero, ¿cómo no?, sí se le teme, imagínese, se escucha mucho que se está muriendo la gente, y digo: ay caray, pero ni modo, aquí ando, Diosito, y ahora sí que échame la mano”.

Por su edad, José se sitúa entre la población vulnerable ante la pandemia de coronavirus, pero sostiene que no le han indicado si deberá continuar laborando.

“La verdad, sí nos da pendiente, pero ¿qué hacemos?, tenemos que cumplir con el servicio; como tenemos checadores, si no venimos, nos meten la falta y perdemos más. ¿Qué hago yo? No tengo ninguna orden para poder descansar yo, entonces hay que seguirle; mientras no salga ningún escrito que diga que el personal de mi edad tenga que descansar, pues no”, dice.

Efraín Morales, director general de Servicios Urbanos de la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México (Sobse), aclara que existe división de competencias entre el Gobierno capitalino y las Alcaldías en cuanto a la contratación de los trabajadores de limpia.

Señala que el Gobierno de la Ciudad está a cargo de los empleados asignados a las vialidades principales, especialmente a los que operan los camiones de basura, a quienes, afirma, se les entregó elementos de protección como gel antibacterial, tapabocas, guantes, mascarillas y goggles.

“Establecimos supervisiones mucho más incisivas para que se puedan cumplir los protocolos, es decir, traemos vehículos todo el tiempo verificando que en campo, en los camiones, se esté llevando a cabo este procedimiento tal cual”, explica.

Agrega que también se ordenó dejar de presentarse a trabajar a los adultos mayores de 60 años y a personas con enfermedades crónico-degenerativas, que representan alrededor del 30 por ciento de los 2 mil empleados de limpia a cargo de la Sobse.

Entérate: Trabajadores son forzados a ir a oficinas con riesgo de contagio

El funcionario aclara que el barrido de las calles secundarias es una función a cargo de las Alcaldías; no obstante, señala que la Secretaría diseñó un protocolo y se envió a las demarcaciones para que replicaran las medidas de cuidado de los trabajadores del gobierno.

“Lo que buscamos es que de manera permanente ellos estén cumpliendo la misma normativa. Les hicimos llegar de manera formal el protocolo para que se cumpla en los mismos términos. Es responsabilidad de cada una de las demarcaciones tener en las mejores condiciones a sus trabajadores. Depende de cada Alcaldía darle un seguimiento puntual al proceso. Si lo que me preguntas es si hay alguna sanción (por incumplimiento), normativamente no la tenemos”, detalla el funcionario.

***

Durante la pandemia, la labor de las personas que trabajan como repartidoras para empresas de entrega de comida a domicilio se volvió fundamental para que el resto de la gente permanezca en su casa y para que los restaurantes se mantengan a flote. Montando una bicicleta, Samuel Álvarez, de 22 años, originario de Venezuela, trabaja todos los días como repartidor de Rappi y Sin Delantal. Ninguna de estas empresas le hizo firmar contrato, ya que lo consideran “socio” y no empleado, de modo que no tiene un sueldo fijo, seguro social, acceso a crédito de vivienda ni fondo de ahorro para el retiro.

Para afrontar la pandemia de COVID-19, él y cientos de trabajadores se protegen del contagio con materiales donados por el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) y el movimiento #NiUnRepartidorMenos, formado en 2018 tras el arrollamiento y muerte de un “socio” que no contaba con respaldo de ningún tipo.

“Estamos haciendo periódicamente jornadas de sanitización; junto con otras agrupaciones estamos aportando sanitizador para las mochilas, vamos a ciertos puntos de la ciudad y regalamos gel de lo que nos donó el ERUM y sanitizante para limpiar por completo las mochilas, cascos, lentes, guantes, todo lo que los compañeros usan del diario, para así disminuir mucho más el foco de contagio, no sólo por nuestros compañeros en sí, sino también por los usuarios, que se sientan más confiados de todos nosotros que estamos repartiendo”, explica.

Samuel afirma que las empresas que dirigen las aplicaciones de reparto de comida no han dado cobertura de seguro a los trabajadores y tampoco instrumentos de protección e higiene.

“Uber Eats cerró sus oficinas prácticamente sin avisar y no volvieron a abrir por la contingencia. Rappi dijo en una rueda de prensa que nos iba a regalar kits de higiene y prevención del coronavirus, que invirtió una gran cantidad de millones en eso, y todavía no hemos visto el primer kit que hayan regalado”, observa. “Rappi y Uber Eats se puede decir que literalmente se están lavando las manos del tema y no nos están dando más que consejos para prevenir, dentro de la app nos mandan, cada vez que nos conectamos, un pantallazo con varias instrucciones de cómo entregar el pedido de la forma más preventiva posible”.

Luisa Reyes, encargada de Relaciones Públicas de Sin Delantal, asegura que esta empresa ha entregado a los “socios” kits de gel antibacterial y tapabocas. Rappi, la otra compañía para la que trabaja Samuel, no atendió el requerimiento de información por escrito.

Vía correo electrónico, la representante de Sin Delantal afirma que la empresa designó un fondo de 100 millones de dólares que será utilizado para pagar compensaciones económicas a los trabajadores mayores de 65 años que se retiren a sus casas y a los que sean diagnosticados con COVID-19, a quienes se entregará “el equivalente promedio a 22 días laborales de ingresos diarios”.

“Nuestros socios repartidores a partir de 65 años pueden contar con el fondo de apoyo aunque no estén diagnosticados. De esta manera los protegemos ante el COVID-19 y no afectamos su ingreso económico”, detalla Reyes. “Afortunadamente, hasta el día lunes (13 de abril) ninguno de nuestros repartidores ha sido diagnosticado con COVID-19”.

Samuel, que hace dos años y medio llegó a vivir a México con su madre, se convirtió en el único sustento de su casa y está ante el dilema de dejar de laborar para protegerse a sí mismo y su familia o seguir trabajando para mantenerla.

“Es especialmente preocupante para mí, porque en mi casa hay dos personas que su edad no es tan avanzada, es mi mamá y su pareja, ella tiene 44 y él 50, pero mi mamá es hipertensa y su pareja tiene problemas de los pulmones por un accidente que sufrió hace muchos años, ambos están en riesgo”, cuenta. “Igualmente yo tengo que salir a trabajar, porque en el momento en que empezó el estado de emergencia, a ambos en sus distintos trabajos los mandaron a casa y ellos trabajaban por comisión, así que básicamente yo me he convertido en el completo sustento de la casa. “Es muy preocupante esta situación porque, por un lado, tengo miedo de contagiarles y, por el otro, sé que, si no trabajo, no comemos”.

***

Gonzalo es un elemento de los Cuerpos de Seguridad Auxiliares del Estado de México (Cusaem) y resguarda las sucursales del banco Scotiabank en esa entidad y la Ciudad de México. Tanto la institución bancaria, por sus funciones financieras, como la corporación de Gonzalo, por sus tareas de seguridad, son consideradas actividades esenciales durante la pandemia y deben seguir en funcionamiento.

De 55 años de edad, este policía se expone todos los días al contacto con las personas que acuden al banco y sin utilizar ningún elemento de protección como guantes, tapabocas o gel antibacterial.

“A nosotros no nos dan gel, nosotros usamos el que está en las sucursales, agarramos del que es para el público. Tampoco nos han dicho de ponernos guantes o tapabocas. Yo siento que debería ser responsabilidad de ellos que nos lo den, no debo comprarlo yo. Nuestra corporación es desobligada en ese aspecto, y al final quien debe de comprarlo (el material) soy yo con mi dinero”, comenta.

Gonzalo, quien pidió ser identificado con este nombre, sostiene que la institución de seguridad –cuyas funciones son equivalentes a las de la Policía Auxiliar de la CDMX- únicamente ha apostado a que los elementos se protejan del coronavirus con medidas básicas de distancia social e higiene.

“Con respecto a la contingencia, para evitar el contagio, nos han pedido mantener la distancia, lavarnos las manos, lo mismo que dicen las autoridades, que al momento de estornudar pongamos el codo, no tocarnos la cara, evitar estar muy pegados a las personas, mantener nuestra distancia para no contagiar y no contagiarnos”, explica.

En su cuartel, ubicado en el Centro Histórico de la CDMX, a donde todos los elementos llegan para ponerse o quitarse el uniforme y guardar sus pertenencias, se viven condiciones de hacinamiento.

“En nuestros vestidores estamos amontonados, a menos de un metro de distancia, ahí nos cambiamos, dejamos nuestra ropa dentro del locker, haciendo un esfuerzo por no atropellarnos, por no rozarnos”, refiere.

Cristiano, el oficial confía en que el distanciamiento de los demás, y su fe, sobre todo, ayudará a que él no se contagie ni contagie a otros.

“Yo me siento confiado, yo confío en Dios, que Dios no va a permitir que no me enferme ni mi familia. La mayoría de la gente que desconfía es porque no cree en que hay alguien que los puede proteger, más que un tapabocas, más que un guante, que son cosas secundarias, yo no lo uso porque, en lo personal, no lo veo necesario, y porque yo confío en que no me voy a contagiar. Sí evito saludar de mano, evito el abrazo, el saludo de beso en la mejilla. Lo primordial sí lo evito”, afirma.

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COVID-19: cómo deciden los países cuándo levantar las cuarentenas y volver a la normalidad

¿Reanudar las actividades o extender el confinamiento? Esa es la pregunta que decenas de gobiernos alrededor del mundo se hacen en estos momentos ante la crisis sanitaria y económica causada por la pandemia del covid-19.
18 de abril, 2020
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Son dos de los países más golpeados por el coronavirus y, además, son vecinos. Sin embargo, Francia y España adoptaron esta semana estrategias antagónicas sobre el confinamiento de personas para luchar contra el covid-19.

El lunes 13 de abril, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció la extensión hasta el 11 de mayo de las medidas que restringen la libertad de movimiento de los ciudadanos.

Ese mismo día, millones de trabajadores de servicios no esenciales como la industria y la construcción volvían a sus labores en España tras una suspensión de actividades de dos semanas.

Paradójicamente, Francia, el país que ha sufrido comparativamente menos por el embate de la pandemia, asumía una postura más conservadora que España.

El primero sumaba hasta este jueves unos 134.000 contagios confirmados y unas 17.000 muertes, mientras que el segundo superaba los 182.000 casos y las 19.000 muertes, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins de EE.UU.

Emmanuel Macron

Getty Images
Macron dijo que aún no saben cuándo podrá Francia volver a la normalidad.

España no es, sin embargo, el único país que empieza a flexibilizar la cuarentena.

Italia, Austria, Dinamarca y la República Checa han iniciado medidas para ir reanudando las actividades económicas de forma progresiva.

India y Reino Unido, por contraste, acaban de extender sus medidas de confinamiento.

Y el gobierno de Donald Trump anunció este jueves unos lineamientos para orientar a los gobernadores en Estados Unidos sobre cuándo reanudar las actividades.

En América Latina, Paraguay, Uruguay y Perú han esbozado una posible flexibilización.

Pero ¿cómo deciden los gobiernos cuándo es hora de poner fin a las restricciones?

El riesgo de una recaída

La posibilidad de poner en peligro más vidas y de perder los avances que se han logrado en la lucha por controlar la pandemia del nuevo coronavirus es uno de los elementos centrales de cualquier estrategia.

“No podemos estar apurados para poner las cosas en marcha de nuevo porque si nos movemos muy rápido para levantar estos controles, todo lo que estamos haciendo ahora podría haber sido para nada y nos encontraremos en otro brote igual o peor que el actual”, dijo este miércoles el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, al justificar la continuación de las restricciones.

Un centro de asistencia a pacientes de covid-19 en Ontario.

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Trudeau advirtió a los canadienses que no pueden acelerar las vuelta al trabajo pues puede haber un repunte de la epidemia.

Se trata de una postura extendida.

La Organización Mundial para la Salud (OMS) ha advertido que levantar las restricciones demasiado pronto podría ocasionar un “resurgimiento letal” de la pandemia.

En el caso de América Latina, la directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa F. Etienne, recomendó este martes “extrema cautela” a los gobiernos a la hora de flexibilizar las normas de distanciamiento social y alertó de que el covid-19 aún “no ha golpeado con toda su fuerza”.

Contagios controlados

Para minimizar los peligros de una recaída severa, la OMS divulgó este miércoles una nueva estrategia frente al covid-19 en la cual incluye seis recomendaciones a tomar en cuenta por los gobiernos que quieran empezar a hacer el tránsito hacia el levantamiento de las restricciones.

Según el documento, el primer factor a considerar es que el contagio del virus esté controlado al punto que solamente se presenten casos esporádicos y en lugares específicos, y que su origen sea claramente identificable tanto si se trata de infectados importados como si son producto de contactos locales.

En el caso de los pacientes que llegan infectados desde fuera del territorio, la OMS considera importante que se haga un análisis de la ruta por la que llegaron y que haya la capacidad para detectar y gestionar todos los casos existentes entre los viajeros.

Un trabajador sanitario manipula una muestra para un test dee covid-19.

Getty Images
La capacidad de realizar suficientes exámenes diagnósticos es un elemento clave de la estrategia para levantar el confinamiento.

La Comisión Europea (CE), por su parte, advirtió en un documento interno enviado a los gobiernos que incluso una reapertura paulatina podría “llevar inevitablemente a un aumento inevitable de nuevos casos”, por lo que recomendaba que el levantamiento de las medidas debía hacerse cuando el contagio del virus se hubiera reducido durante un tiempo significativo.

Esa caída de los contagios durante un periodo extendido también es uno de los criterios de los lineamientos presentados por Trump este jueves para la reanudación de actividades por etapas.

Allí se establece que debe haber una caída de los contagios durante 14 días continuos para pasar de una fase a otra.

Un repartidor con mascarilla en una calle de Madrid.

Getty Images
Desde el lunes pasado, algunos sectores de la economía de España reanudaron sus actividades.

Suficiente capacidad de atención sanitaria

Disponer de un sistema de salud bien dotado que pueda detectar los casos sospechosos, someterlos a pruebas diagnósticas y proceder al aislamiento efectivo es otro de los requisitos que según la OMS debe valorarse antes de levantar las restricciones.

Esto incluye también el ser capaces de ubicar a todos los contactos cercanos de los contagiados y de ponerlos en cuarentena bajo supervisión durante 14 días.

El covid-19 ha desbordado los sistemas de salud de muchos países que carecían de la cantidad necesaria de respiradores y de unidades de cuidados intensivos para atender al elevado número de pacientes.

En ese sentido, la OMS señala que es importante que las capacidades hospitalarias sean suficientes para tratar todos los casos de coronavirus, al tiempo que mantienen una capacidad de reserva sustancial.

Paciente con covid-19

Getty Images
Se estima que el 5% de los infectados por el coronavirus requieren respiración asistida.

Este es uno de los elementos que ha llevado a Uruguay, por ejemplo, a contemplar la posible flexibilización de sus medidas de confinamiento que, en el caso de ese país, son recomendaciones a la población y no prohibiciones.

Las autoridades de ese país consideran que su sistema no corre riesgo de colapsar pues cuentan con unas 900 camas de cuidados intensivos y para que el sistema llegue a su máxima capacidad haría falta que tengan unos 8.700 casos de contagio, según afirmó en una conferencia de prensa el presidente Luis Lacalle Pou.

Hasta este martes, el país registraba unos 493 casos confirmados, según la Universidad Johns Hopkins.

¿Están protegidos los más vulnerables?

Minimizar la exposición de las poblaciones más vulnerables, los riesgos de nuevos brotes y la transmisión hospitalaria es el tercer elemento que menciona en sus recomendaciones la OMS.

Mascarillas colgadas en una cuerda al sol.

Getty Images
La falta de suficiente equipamiento de protección personal ha llevado al personal sanitario a reutilizar materiales que antes eran desechados.

Esto prevé que todo el personal sanitario que trabaja en centros de salud pero también que ofrece cuidados médicos en lugares residenciales esté provisto de equipamiento de protección personal.

Muchos expertos consideran que ese ha sido uno de los factores que ha incidido en la elevada tasa de contagio de los trabajadores de la salud en muchas partes del mundo.

En América Latina, la carencia de equipamiento de seguridad fue la razón esgrimida recientemente por el gobierno de Mario Abdo Benítez para dar marcha atrás con la flexibilización del confinamiento en Paraguay, pues estaban esperando un cargamento que aún no había llegado al país.

Caminar sobre la cuerda floja

Aunque las repercusiones económicas del confinamiento no parecen haber sido un factor que tomó en consideración la OMS al momento de elaborar sus recomendaciones, no cabe duda de que al menos algunos gobiernos en el mundo lo están colocando sobre la balanza.

“No podemos dejar que el remedio sea peor que la enfermedad”, escribió en mayúsculas el 22 de marzo el presidente Trump en un tuit muy criticado.

https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1241935285916782593

El mandatario estadounidense expresaba así su preocupación por efecto que las medidas de confinamiento tendrían sobre la economía.

En las tres semanas transcurridas desde entonces, el número de desempleados en Estados Unidos ha escalado hasta los 22 millones de personas.

Y las cosas no lucen mucho mejor en otros países.

En su más reciente informe de perspectivas económicas, el FMI (Fondo Monetario Internacional) prevé que en Italia, uno de los países más golpeados por el coronavirus, el PIB (Productor Interno Bruto) se desplome un 9,1%.

La caída no será mucho menos en las otras economías grandes de Europa: España (8%), Francia (7,2 %), Alemania (7 %) o Reino Unido (6,5%)

En el caso de los países de América Latina, el FMI estima que la caída promedio de la economía será de 5,2%, la peor en medio siglo.

Una mujer recibe unas bolsas con comida en Madrid.

Getty Images
La crisis económica causada por la pandemia ha llevado a muchas familias a vivir de la caridad.

Previendo este panorama, algunos expertos han alertado sobre la importancia de reactivar las economías lo más pronto posible y de encontrar medidas alternativas a la cuarentena absoluta.

En un artículo publicado en The New York Times a finales de marzo, el doctor David L Katz, director fundador del Yale-Griffin Prevention Research Center, un centro de investigación sobre salud pública de la Universidad de Yale, advertía sobre los graves efectos que un confinamiento prolongado podía tener sobre las sociedades.

Estoy profundamente preocupado porque las consecuencias sociales, económicas y de salud pública de este casi absoluto colapso de nuestra vida normal (…) serán duraderas y calamitosas”, escribió.

“Posiblemente más graves que el efecto directo del virus mismo. La bolsa de valores se recuperará pero muchos negocios nunca lo harán. El desempleo, el empobrecimiento y la desesperación probables serán flagelos sanitarios de primer orden”, escribió.

Y es que los efectos económicos del confinamiento también pueden tener consecuencias duraderas sobre la salud de las personas.

Dos obreros de la construcción caminan por una calle de Madrid.

Getty Images
En España, los trabajadores de la construcción ya fueron autorizados para volver al trabajo.

El ingreso es un factor importante para predecir nuestra salud. La pérdida de empleos, dejar de cobrar el salario y el aislamiento social que muchas familias viven ahora muy probablemente tendrán efecto sobre otros problemas de salud”, señaló Steven Woolf, director emérito del Centro sobre Sociedad y Salud de la Virginia Commonwealth University, en conversación con BBC Mundo.

Así, los gobiernos se enfrentan a la flexibilización de las medidas de confinamiento como a un acto de equilibrismo, como señaló recientemente en una rueda de prensa la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen.

“En realidad, será un poco como caminar sobre la cuerda floja. Si nos detenemos, nos podemos caer. Si avanzamos muy rápido, otra cosa puede salir mal. Y por eso es que tenemos que tomar un paso a la vez con cuidado”, dijo.

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BBC

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