Durante la emergencia ¿tu patrón puede despedirte o pagarte menos?
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Carlo Echegoyen

Durante la emergencia por COVID-19 ¿tu patrón puede despedirte o pagarte menos?

Luego de que se declaró emergencia sanitaria por COVID-19, surgieron dudas sobre si eso implicaba despidos o reducción de sueldos. Te contamos.
Carlo Echegoyen
Por Tania Casasola y Gonzalo Ortuño
1 de abril, 2020
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No hay motivo legal para dejar de pagar el sueldo completo a los trabajadores ante la emergencia sanitaria por el COVID-19 que decretó el 30 de marzo el gobierno federal, aseguraron especialistas en derecho laboral, ante posibles despidos, reducción de salarios o recorte de personal.

El abogado laboralista y asesor sindical Felipe Ortuño, así como el académico de la Ibero y socio director de Monsalvo Abogados, Luis Monsalvo Álvarez, explicaron que ninguna autoridad ha decretado que se suspendan las relaciones colectivas o individuales de trabajo.

Además, no se decretó una “contingencia sanitaria”, cuyo término se menciona en la Ley Federal de Trabajo, sino una “emergencia sanitaria por causas de fuerza mayor”. 

Lee: Declaran emergencia sanitaria por COVID-19; Salud extiende sana distancia hasta el 30 de abril

En 2009 cuando ocurrió la contingencia sanitaria por la influenza AH1N1, en la Ley Federal del Trabajo no había un marco regulatorio en caso de una contingencia o emergencia sanitaria. En 2012 se reformó la ley y se establecieron las reglas laborales que 11 años después deberán aplicarse. 

Lo que pidieron los empresarios 

Hace apenas unos días, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) pidió al gobierno federal realizar una declaratoria oficial de contingencia sanitaria, al considerar que ello brindaría certeza a micros, pequeños y medianos empresarios, igual que a trabajadoras y trabajadores.

Con esta declaratoria, de acuerdo con la Coparmex, las empresas estarían obligadas a pagar a sus trabajadores por una indemnización de hasta 30 días de salario mínimo y cada empresa, según su capacidad económica, podría negociar un salario mayor al mínimo durante la suspensión de actividades, y las que por su muy precaria condición económica no pudieran pagar el mínimo, lo tendrían que acreditar.

Lo que hizo el Gobierno 

Finalmente lo que hizo el gobierno federal tras contabilizar 28 muertes y 1,094 casos positivos de COVID-19 fue decretar “emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor”.

El académico de la Universidad Iberoamericana, Luis Monsalvo Álvarez, señaló que lo que hizo el gobierno fue un juego de palabras entre emergencia sanitaria y contingencia sanitaria que sí hacen una diferencia.

La autoridad lo que hizo fue determinar una emergencia sanitaria por lo que el criterio de pagar un salario mínimo no es aplicable.

“El gobierno federal no lo quiere asumir por un tema de impacto económico y también político, no quiere que la iniciativa privada diga: ‘como el gobierno dijo que es contingencia sanitaria, tú trabajador ya te vas con tu salario mínimo porque entonces el responsable fue el gobierno’”, declaró el académico de la Ibero. 

La Ley Federal del Trabajo contempla varios artículos en los que se pueden suspender las relaciones laborales en caso de “contingencia sanitaria”, e incluso en el cual, los patrones pueden pagar solamente el salario mínimo a sus trabajadores por 30 días, para después despedirlos sin obligaciones legales. 

Por ejemplo, en el artículo 427 de dicha ley señala que las causas para la suspensión temporal de las relaciones de trabajo en una empresa o establecimiento es que la autoridad sanitaria competente, declare “casos de contingencia sanitaria.”

En este caso, Ortuño Hernández explicó que la máxima autoridad en el tema, el Consejo de Salubridad General, no ha declarado esta situación.

Entérate: Pese a emergencia sanitaria por COVID-19, el centro de la capital se resiste a encerrarse en casa

Ortuño detalló que las suspensiones de relaciones de trabajo, ya sea individuales o con sindicatos deben ser aprobadas por un tribunal o una junta laboral. 

El artículo 432 señala que el patrón deberá anunciar con toda oportunidad la fecha de reanudación de los trabajos. Dará aviso al sindicato, y llamará por los medios que sean adecuados, a juicio del Tribunal, a los trabajadores que prestaban sus servicios en la empresa cuando la suspensión fue decretada, y estará obligado a reponerlos en los puestos que ocupaban con anterioridad, siempre que se presenten dentro del plazo que fije el mismo patrón, que no podrá ser menor de treinta días, contado desde la fecha del último llamamiento. 

“Declarar contingencia permitiría legalmente a los patrones rescindir la relación de trabajo sin ninguna responsabilidad para ellos, eso es lo que pretende el sector empresarial grande”, expuso el abogado. 

En opinión del socio director de Monsalvo Abogados, las empresas grandes podrían no resentirlo tanto, pues tendrán las finanzas y las previsiones suficientes para hacer frente al golpe, pero ¿y las Pymes? “Considerando que en el país casi el 80% es una Pyme y vive al día, cómo dar un salario completo, la verdad es que están ante un panorama muy complicado”. 

¿Deben pagar los salarios completos? 

De acuerdo con los especialistas, hasta que no se decrete otra situación y de acuerdo con la ley, los trabajadores deberán seguir recibiendo su sueldo completo.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, aseguró que la declaratoria que acordó el Consejo de Salubridad General “de ninguna manera permite la aplicación del artículo (429 Bis de la Ley Federal del Trabajo, para el pago de un salario mínimo por un mes).

Lee: Personal médico se aísla de su propia familia para atender a pacientes y evitar contagios

Informó que los negocios deben pagar los salarios completos de sus trabajadores durante esta cuarentena, y que habría sanciones administrativas, o incluso penales para aquellos que incumplan con cierres de instalaciones y provoquen contagios de COVID-19.

El canciller fue cuestionado por la prensa respecto al artículo referente al trabajo para que las empresas pudieran limitar el salario de los trabajadores y solamente entregarles una indemnización. 

El artículo 429 de la Ley Federal del Trabajo indica que si las autoridades declaran la suspensión de labores por una contingencia sanitaria, el patrón estará obligado a pagar a sus trabajadores una indemnización equivalente a un día de salario mínimo general vigente, por cada día que dure la suspensión, sin que pueda exceder de un mes.

¿Ocurre hoy esto a partir de la declaración de emergencia?, cuestionó la prensa.

“No, según nos explicó la Secretaría del Trabajo, el consejero jurídico… Créeme que fue uno de los más largos debates, horas y horas, ya casi me aprendí de memoria los artículos, son 400 y tantos, porque esta declaratoria es de emergencia sanitaria por causas de fuerza mayor y en ese caso la exposición legal no permite la aplicación del artículo que tú señalas. Empresa que lo intente, se va a enfrentar en el proceso laboral que va a perder, porque la ley es muy clara; además, no nos conviene, no les conviene a las empresas”, respondió Ebrard.

¿Pueden demandar quienes hayan sido despedidos? 

De acuerdo con los especialistas en materia laboral, todos los trabajadores que durante la pandemia hayan sido despedidos o sus salarios hayan sido reducidos sin un acuerdo previo pueden demandar.

“El problema es que no van a poder hacer nada, por la situación de emergencia. Lo importante ahora es lo que diga el Consejo de Salubridad General”, declaró Ortuño. 

¿Te despidieron injustificadamente por la emergencia de COVID-19? Cuéntanos

Monsalvo Álvarez dijo que una empresa que cierra está obligada a indemnizar a los trabajadores, pero si las Juntas de Conciliación están cerradas no se puede. ” La autoridad nos pone en un carril sin salida en este sentido”.

La Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet) detalló que ante un despido injustificado, las personas tienen dos meses para demandar, contados a partir del día siguiente del despido (en condiciones normales); en la situación actual de contingencia por COVID-19, el plazo comienza a correr cuando se levante la emergencia sanitaria

Teléfonos que no atienden 

El presidente Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a los empresarios para pagar salarios a sus trabajadores, no llevar esta situación a los tribunales y puso a disposición de los trabajadores varios teléfonos para la gente que tenga dudas, ya sea que tengan una empresa o sean empleados.

Animal Político llamó a los teléfonos que dio el mandatario, dos de ellos de la Secretaría del Trabajo. Tras varios intentos, el primero marcaba ocupado, el segundo que tenía una extensión se cortaba inmediatamente que se marcaba. 

Al número que proporcionó para atender dudas sobre empresas que deben suspender labores respondió una grabación de la Secretaría de Economía indicando: “por el momento todos nuestros orientadores permanecen ocupados”, luego pidió grabar un mensaje en el que pedía nombre completo, estado del que se marca, número telefónico y la duda que se tenga. 

Sobre las dudas legales, de si se debe pagar el salario completo en lo que dura la contingencia o el mínimo (123.22 pesos diarios), es decir, 3 mil 696.6 pesos mensuales, el presidente dijo que es una cuestión de interpretación. 

“En cuánto a lo legal, es una cuestión de interpretación, en una reforma que se hizo a la Ley Federal del Trabajo se estableció que, en casos de emergencia sanitaria, se puede pagar salario mínimo durante un mes, pero hay en la misma Ley una norma que establece que es el salario completo”, dijo López Obrador. 

“Primero, no hay que llegar a los tribunales, es un exhorto, tiene que hacerse por humanismo, tiene que hacerse por fraternidad, por solidaridad, ese es el llamado que estamos haciendo”, pidió.

¿Qué hacer? 

Como cada empresa y negocio sabe sus condiciones laborales, lo mejor, de acuerdo con Monsalvo Álvarez y Felipe Ortuño, es lograr acuerdos entre patrones, trabajadores y sindicatos y evitar afectaciones de ambas partes, ya que para todos, las condiciones pueden ser críticas. 

Por ejemplo, la empresa que no pueda pagar un salario completo podría reducir la jornada de trabajo, es buscar qué opciones puede ofrecer. Recomendaron también estar atentos a las medidas que vaya anunciando el gobierno en caso de apoyos y cambios. 

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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