El cáncer no para: pacientes se quedan sin atención ante epidemia
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El cáncer no para por el COVID-19: pacientes se quedan sin atención ni medicamentos

El sistema de salud se ha volcado en atender a los afectados por el nuevo coronavirus. Buena parte de los hospitales han cerrado sus servicios ordinarios para dejar solo las urgencias.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Andrea Vega
29 de mayo, 2020
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Hace ya un par de años que a Angélica, de 35 años, la vida le dio un vuelco. Fue el día que palpó una bolita en uno de sus senos. Desde entonces, cuenta la docente en Educación Superior, nacida en Chihuahua, su proceso de hacerse fuerte frente al cáncer ha sido lento. Empezó por superar de a poco el miedo a las agujas, a los análisis, a las tomografías, a las quimios. Después con el tratamiento avanzado, empezó a superar el miedo a morir. Dejó de relacionar el cáncer con la muerte. 

Pero con la llegada a México de la pandemia de coronavirus COVID-19, el temor ha regresado a la vida de Angélica, y por partida doble. 

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Por un lado, dice que tiene “pánico” a contagiarse de coronavirus porque es una paciente vulnerable: su sistema inmunológico está muy deprimido por las quimios y el desgaste propio del cáncer. 

Además, Chihuahua es la entidad número 17, a nivel nacional, en casos confirmados de COVID-19, con 1 mil 278 al corte de este 27 de mayo, de los cuales 819 están en Ciudad Juárez. Los contagios, de hecho, han provocado cuellos de botella en el sistema de salud. Muchos médicos especialistas se han tenido que volcar a tratar a pacientes de coronavirus. Pero un retraso en un tratamiento oncológico, recalca Angélica, puede significar complicaciones inmediatas para su salud.

“El cáncer no se detiene ni se queda dormido por la pandemia. Es una enfermedad que sigue su cauce, y que es mortal si no le pones un alto con tratamientos muy precisos”, advierte. 

Angélica se atiende en el Hospital General de Zona #6 del IMSS de Ciudad Juárez, Chihuahua. Ahí, hasta ahora, no le han faltado sus medicamentos: Trastuzumab y Tamoxifeno.

Sin embargo, para lograr que se los surtan debe hacerse varios estudios previos: tomografías, análisis de sangre y estudios del corazón, para a partir de los resultados solicitar el tratamiento. 

Pero en su última quimio le avisaron que los estudios programados para este mes de mayo quedaban en pausa, al menos hasta el 15 de junio, fecha en la que se supone le darán otra fecha de reprogramación. 

Eso, “en tiempo cáncer”, es mucho retraso, lamenta Angélica. Es darle mucha ventaja a la enfermedad. Por eso, dice que, en caso de que el IMSS no pueda subrogarle los estudios, ya está viendo cómo reúne 15 mil pesos para hacérselos por su cuenta. 

En cuanto a su otro gran temor, el de contagiarse, Angélica cuenta que sobre todo al inicio de la pandemia no quería ni ir al Hospital a las quimios. Aunque su oncóloga le quitó rápido la idea de la cabeza: “Le decía, oiga doc, los contagios ya están muy altos en Juárez. Tengo miedo de ir al Hospital. Pero ella me respondió que, en mi situación, es mucho más peligroso dejar la secuencia de tratamiento que el coronavirus”. 

Aún así, cada vez que va a una quimio, no puede evitar el miedo, a pesar de las mascarillas N95 que compró por recomendación de una amiga médica, los lentes de seguridad y el gel antibacterial. 

Se supone que el Hospital General de Zona #6 de Ciudad Juárez no es una clínica COVID. Pero, ante la saturación del que sí lo es, el #35 del IMSS, muchas personas con síntomas del virus están llegando al área de urgencias de la clínica donde se atiende Angélica. Y por eso, muchos pacientes oncológicos como ella, ante alguna emergencia derivada del cáncer, han buscando atención en centros privados.

“El gran temor que tenemos los pacientes con cáncer es que nuestro Hospital se convierta de lleno en una clínica COVID. Porque, entonces, tendrán que volcar toda la atención a esos pacientes. Y nosotros, no podemos permitirnos más retrasos en los tratamientos”, recalca Angélica. 

Animal Político solicitó una entrevista con el director del Hospital General de Zona #6 de de Ciudad Juárez del IMSS para saber por qué se está retrasando la atención a los pacientes oncológicos y cómo se va a solucionar este problema, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. 

Vender tu patrimonio por una caja de medicamento

Paloma, 33 años, tiene Leucemia desde hace 12 años. En todo ese tiempo, plantea, la atención en el Hospital del ISSSTE de Uruapan, Michoacán, fue buena. “Hasta que llegó la pandemia del coronavirus”. 

En su caso, el problema sí son los medicamentos. Por medio de fotografías, Paloma comparte con Animal Político una receta médica del 4 de mayo. En esta, la farmacia de la clínica deja constancia con un sello que no le surtió su tratamiento de Tasigna Nilotinib, un fármaco de 86 mil 451 pesos la caja de un solo mes.

Paloma regresó a la semana siguiente, el 10 de mayo. Pensaba que, tal vez, todo sería un retraso de unos cuantos días. “A veces pasa, pero te lo dan”, asegura. Pero ese 10 de mayo, tampoco se lo dieron. Y la respuesta que le brindaron en el Hospital la dejó todavía más intranquila. 

“Me la aplicaron al estilo Peña Nieto —dice tras exhalar una risa cansada al otro lado de la llamada telefónica—. Me dijeron que fuera pensando en hacer una tanda, una rifa, o en sacar mis ahorros, porque no iba a haber ese medicamento a corto plazo”. 

“¿Se imagina que le digan, así de golpe, que tienes que juntar más de 85 mil pesos si no te quieres morir?”, cuestiona.

Paloma trabaja en una casa de empeños, pero su salario está a años luz de acercarse a semejante cantidad de dinero. Así que ella y su esposo tuvieron que pedir prestado a amigos y familiares, pero ni así les alcanzó. 

“Hicimos un esfuerzo titánico para comprar una sola caja de medicamento. La gente sí te apoya, pero con 500 pesitos y así. El resto lo tuvimos que buscar por nuestra cuenta: mi esposo se endeudó en una caja de ahorros y mi papá en otra”. 

Una vez comprada la dosis, Paloma llamó de nuevo al ISSSTE este lunes pasado, el 25 de mayo, para sacar su próxima cita el 4 de junio. Pero, de nuevo, las expectativas son malas. 

“Ya me dijeron que, ‘híjole, fíjate que no ha llegado aún tu medicamento. Ya mandamos escrito a México, pero no nos pelan’”.  

Traducción: tiene que reunir otros 86 mil 500 pesos. 

Pero la mujer dice que su familia ya llegó al límite de endeudamiento. Así que ya están pensando en que deberán deshacerse de un patrimonio que les ha costado mucho construir. El primer paso será vender el coche. 

“Ahora, con la pandemia, todo el mundo dice: es que el coronavirus es muy grave, hay que atenderlo de inmediato y con todos los recursos. Y ok, de acuerdo. ¡Pero yo tengo cáncer! —exclama enojada Paloma, que deja unos segundos en silencio la llamada—.

“Es decir, yo si no me muero de coronavirus, me muero de leucemia sin mi tratamiento. Y las autoridades sanitarias no están entendiendo que el resto de las enfermedades, como el cáncer, el VIH, el lupus, etcétera, no se detienen hasta que pase la pandemia. Nuestra enfermedad continúa. Y ahora mismo, estamos en total desatención”.

Para conseguir su tratamiento y no arruinarse, Paloma dice que acudió con Renace San Luis, una organización civil de abogados que ha interpuesto de manera altruista numerosos amparos ante la justicia para obligar a las instituciones públicas de salud a dar los medicamentos y toda la atención a los derechohabientes. 

Animal Político, el pasado 4 de febrero, documentó uno de esos casos, en el que Renace San Luis amparó a un grupo de niños con cáncer de la sierra de Orizaba, en Veracruz. 

Miguel López cuenta que su esposa, de 70 años, no tiene cáncer. Pero lleva 35 años sufriendo artritis reumatoide, así como diabetes e hipertensión. Y, como en el caso de Paloma, dice que la atención en la Clínica de Especialidades Dr. Pedro Bárcenas Hiriart del ISSSTE, en San Luis Potosí, era buena, hasta que se cruzó el coronavirus. 

El pasado 6 de mayo, Miguel fue a la farmacia de la clínica —desde el arranque de la pandemia él se encarga de ir por las medicinas de su esposa, para no exponerla— y se encontró con que ya no estaban disponibles los medicamentos para la diabetes y para la hipertensión. Ese mismo día, dirigió un escrito a la dirección del Hospital, que le selló de recibido, pero a la fecha Miguel denuncia que no han tenido respuesta. 

Varias veces ha tenido que regresar al hospital para presionar. Eso, considera Miguel, implica exponerse más al virus, y, por ende, exponer a su esposa “a un tremendo riesgo”, tanto por la crisis sanitaria, como por la falta del medicamento. 

“En esta pandemia, todos necesitamos cuidarnos. Pero, para eso, necesitamos que nuestras instituciones de salud, que pagamos todos, nos den los elementos para cuidarnos, las medicinas, los tratamientos. Porque yo, gracias a Dios, tengo la posibilidad de comprarle por fuera la medicina a mi esposa. Pero sé que hay mucha otra gente que no puede. Y eso, lo que está provocando, es que no solo se expongan al coronavirus, sino a muchas otras enfermedades, que no se detienen”.

Este portal también solicitó al ISSSTE entrevistas con los directores de los dos hospitales mencionados, el de Uruapan, Michoacán, y la clínica de especialidades de San Luis Potosí, pero hasta el cierre de esta edición tampoco hubo respuesta. 

Llegarán más medicamentos oncológicos: Salud

Sobre la escasez de fármacos que han denunciado pacientes oncológicos, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) anunció este lunes 25 de mayo que en la madrugada de ese día llegó a México un vuelo procedente de Argentina con medicamentos oncológicos adquiridos en la compra consolidada 2020 por el gobierno mexicano para todos los pacientes que los requieran en el sector salud, incluidos IMSS e ISSSTE. 

Esta compra, aseguró Insabi en un comunicado, “es un esfuerzo para contar con el abasto requerido de Ciclofosfamida de 1g y 200mg; Fluorouracilo de 500 mg; Etopósido de 100mg; Oxaliplatino de 50 mg y 100 mg y Bleomicina”.  

Durante su comparecencia ante integrantes del Senado de este miércoles 27 de mayo, Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, aseguró que en los próximos días llegará otro vuelo con más medicamentos oncológicos. Las autoridades no han precisado, sin embargo, ni el número de piezas que llegó el 25 de mayo y la cantidad de las que están próximas a llegar. 

La oficina de comunicación del Insabi solo precisó a Animal Político que la cantidad de medicamento que llegó se hará público cuando los libere Cofepris para su distribución en los hospitales. Por ahora, el procedimiento de revisión para avalar que cumplen con los requerimientos de calidad necesarios aun está en curso. 

“Soy una afortunada: yo sí tengo medicamentos”

Perla, de 37 años, lleva dos años batallando contra un cáncer de recto, con metástasis en hígado y pulmón. Ella se atiende en el Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional Siglo XII, del IMSS, en la Ciudad de México. Y, a diferencia de los casos anteriores, la mujer dice que su experiencia, “afortunadamente”, es muy diferente. 

“La atención siempre ha sido muy puntual”, subraya.

Como paciente oncológica, lo único que considera que ha cambiado con el coronavirus es la dinámica de la atención, aunque también lo considera como algo positivo, puesto que se incrementaron las medidas de protección y de higiene, tanto en el personal médico que los atiende, como en ellos, los pacientes. 

“Se extremaron las precauciones. Por ejemplo, ya solo puede entrar a consulta una persona, a menos que tengas alguna discapacidad. Y hay gel antes de la entrada, no puedes acceder sin cubrebocas, ni con objetos metálicos, como relojes, pulseras, pendientes, o anillos”. 

Y claro, los guardias están pendientes todo el rato de que haya una sana distancia de, al menos, dos metros entre los pacientes. Tanto, que ahora las filas para acceder al inmueble se extienden hasta la misma boca del Metro Hospital Siglo XXI. 

“Sí hay consultas en las que te tardas más tiempo, porque, en algunas áreas, hay menos médicos, por la atención al coronavirus. Entonces, puede ser que en un área donde habitualmente había cuatro médicos, ahora solo haya dos. Pero la atención la tenemos”, hace hincapié Perla. 

“Yo soy muy afortunada porque sí tengo la atención y los medicamentos en tiempo y forma. Ojalá que fuera así en todo el país y para todos los pacientes, porque también sé que muchas personas están batallando mucho para tener sus tratamientos y salvar sus vidas”.

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Lilly

Cómo funciona el bamlanivimab, el primer medicamento diseñado específicamente contra la COVID-19

La terapia, aprobada por la FDA en Estados Unidos para uso de emergencia, consiste en anticuerpos monoclonales que se unen al virus para bloquear la infección.
Lilly
16 de noviembre, 2020
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La agencia reguladora de medicamentos norteamericana, FDA (Food and Drug Administration), acaba de emitir una autorización de uso de emergencia (EUA, Emergency Use Authorization) para el tratamiento de la COVID-19 de intensidad leve a moderada en pacientes adultos y pediátricos que no han sido hospitalizados.

La terapia, todavía en investigación, está basada en anticuerpos monoclonales y tiene el nombre de bamlanivimab.

Este agente terapéutico, desarrollado por la compañía farmacéutica Eli Lilly, es un anticuerpo monoclonal similar a los que formaban parte del cóctel de medicamentos para la COVID-19 que se administró a Donald Trump.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Por lo general, los anticuerpos son grandes proteínas integrantes del sistema inmunológico necesarias para identificar y neutralizar objetos extraños al organismo, como bacterias y virus.

En el caso concreto de los anticuerpos monoclonales (mAbs, del inglés monoclonal antibodies), se trata de glicoproteínas producidas por el clon de una célula híbrida (creada a partir de la fusión de una sola célula madre del sistema inmune y una célula plasmática tumoral) y diseñada para atacar a un antígeno concreto.

Su producción se basa en el establecimiento de linfocitos B inmortales modificados para producir una inmunoglobulina específica.

Según el nivel de pureza de la inmunoglobulina, ésta puede ser completamente murina, quimérica, humanizada o completamente humana.

Los anticuerpos monoclonales se seleccionan cuidadosamente y se dirigen contra una molécula concreta que desempeña una función clave en un proceso patológico, y suelen utilizarse en el tratamiento de ciertas enfermedades como el cáncer o la artritis reumatoide.

laboratorio

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Pruebas de estabilidad de los materiales de los ensayos clínicos.

¿Y los anticuerpos neutralizantes?

Los anticuerpos neutralizantes constituyen una de las posibles defensas que tiene el sistema inmunitario frente a las infecciones.

Estos anticuerpos permiten contrarrestar y eliminar el efecto de microorganismos invasores, y su actividad se desencadena, por ejemplo, gracias a proteínas situadas en la superficie de los virus, a las que se unen para “bloquear” la infección.

En este sentido, la comunidad científica lleva tiempo estudiando si la respuesta defensiva mediante anticuerpos neutralizantes puede inducir inmunidad efectiva y duradera.

Y, más concretamente, se está investigando si los anticuerpos generados por pacientes que han estado en contacto con el coronavirus SARS-CoV-2 podrían utilizarse como base para nuevos tratamientos de la COVID-19.

Sin embargo, aunque los anticuerpos neutralizantes se generan cuando una persona sufre una infección y parece que juegan una función importante en la respuesta inmunitaria, su papel concreto en los engranajes de la COVID-19 no está del todo dilucidado.

Los estudios llevados a cabo hasta el momento con el virus SARS-CoV-2 señalan que los anticuerpos neutralizantes aparecen unas dos semanas tras comenzar la infección, y que su pico máximo de actividad se situaría entre las semanas 4 y 6.

Pero existen aún muchas incógnitas: no se ha confirmado si todos los pacientes infectados generan anticuerpos neutralizantes; qué factores determinan su aparición y actividad (edad del paciente, gravedad de la infección).

Tampoco si sus niveles de neutralización son siempre suficientes para conferir protección, ya que estos niveles son muy variables y no se detectan en el 10-30 % de los pacientes.

La entrada de SARS-CoV-2 en las células se inicia por la interacción del dominio de unión al receptor (RBD) de la glicoproteína viral Spike (S) con la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE2), que actúa como receptor del virus en la superficie de la célula diana.

Los mAb neutralizantes más potentes se dirigen al RBD y algunos pueden actuar simplemente compitiendo con el receptor para unirse a la proteína S.

¿Qué es el bamlanivimab?

El bamlanivimab es un anticuerpo monoclonal IgG1-kappa humano recombinante neutralizante contra la proteína Spike del virus SARS-CoV-2, y no está modificado en la región Fc.

Este agente está autorizado para el tratamiento de pacientes con resultados positivos en las pruebas del SARS-CoV-2 que tengan 12 años de edad o más y pesen al menos 40 kilogramos y que tengan un alto riesgo de progresar a COVID-19 grave u hospitalización.

Esto incluye a aquellos pacientes que tienen 65 años de edad o más, o que presenten ciertas afecciones médicas crónicas.

El bamlanivimab es un medicamento que debe ser aplicado por vía intravenosa, por lo que los pacientes deben acudir a un centro hospitalario para que les sea administrado.

Si bien se sigue evaluando la seguridad y la eficacia de esta terapia en fase de investigación, los ensayos clínicos han confirmado que el bamlanivimab, en comparación con placebo, reduce las hospitalizaciones o las entradas a los servicios de urgencia relacionadas con la COVID-19 en pacientes con alto riesgo de progresión de la enfermedad, dentro de los 28 días posteriores al inicio del tratamiento.

Por este motivo, su uso es recomendable en las primeras fases de la enfermedad, a ser posible en los primeros 10 días tras la aparición de los síntomas de la enfermedad.

Sin embargo, el bamlanivimab no está autorizado en el caso de pacientes hospitalizados por COVID-19 o que requieran oxigenoterapia, ya que no se ha demostrado un beneficio significativo del tratamiento con este anticuerpo monoclonal en pacientes hospitalizados con COVID-19.

Y, de hecho, los mAb, como el bamlanivimab, pueden estar asociados con peores resultados clínicos cuando se administran a pacientes hospitalizados con COVID-19 que requieren alto flujo de oxígeno o ventilación mecánica.

Con respecto al perfil de seguridad, los efectos adversos de los mAb, en general, se pueden agrupar en dos tipos diferentes: los derivados de la acción del anticuerpo, como infecciones oportunistas, infecciones comunes o desarrollo de fenómenos autoinmunes; y los derivados de la administración de proteínas: reacciones anafilácticas, síndrome de liberación de citoquinas y desarrollo de anticuerpos.

En el caso concreto del bamlanivimab, las reacciones adversas más frecuentemente comunicadas a la FDA han sido náuseas, mareos, dolor de cabeza, prurito, hipersensibilidad inmediata no grave, diarrea y vómitos.

hospital

Getty Images
Las hospitalizaciones por coronavirus en muchos países han aumentado durante las últimas semanas.

En conclusión

El bamlanivimab constituye una nueva herramienta terapéutica en la lucha contra la COVID-19 que ha sido autorizada de forma condicional en EE.UU., bajo el epígrafe de Emergency Use Authorization, lo que implica, al igual que ocurre en Europa, que satisface una necesidad médica no cubierta, en la medida en que el beneficio para la salud pública de su inmediata disponibilidad es superior a la incertidumbre derivada de la limitación de los datos clínicos disponibles.

Sin embargo, la compañía farmacéutica responsable del desarrollo, Eli Lilly, debe comprometerse a proporcionar más datos clínicos que completen la información sobre eficacia y seguridad del medicamento, a medida que se van obteniendo de los resultados de los ensayos clínicos en marcha.

Y solo cuando estos datos sean positivos se concedería la autorización completa y definitiva, mientras que, en caso contrario, habría que retirar el medicamento del mercado.

El bamlanivimab abre una nueva y esperanzadora ventana en la terapia de la COVID-19, pues, al contrario que otros fármacos disponibles en el mercado para otras enfermedades y que han demostrado una cierta eficacia en esta patología (remdesivir, plitidepsina, dexametasona, hidroxicloroquina, etc.), éste es el primer medicamento desarrollado y autorizado específicamente para el tratamiento de los pacientes de COVID-19.

La batalla final contra el virus ha comenzado.

*Francisco López-Muñoz es profesor de farmacología y vicerrector de investigación y ciencia de la Universidad Camilo José Cela y Jose Antonio Guerra Guirao es profesor de farmacología y toxicología de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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