Cirujanos se niegan a atender pacientes COVID; internistas denuncian abandono
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Cirujanos se niegan a atender pacientes COVID; “nos están abandonando”, acusan internistas

El ‘bando’ de medicina interna acusa a la mayoría de especialidades de dejarlos solos en la atención a pacientes COVID, pero ellos argumentan no tener la capacitación suficiente.
Cuartoscuro
Por Andrea Vega y Manu Ureste
10 de mayo, 2020
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Es lunes 27 de abril en la sala de juntas del Hospital General número 30 del IMSS, en la Ciudad de México. En mitad de un silencio tenso, los doctores, todos equipados con batas blancas, cubrebocas, caretas, y una mirada cansada, escuchan a un representante de la jefatura de servicios jurídicos del IMSS que les explica que, una vez decretada la Fase 3 de la pandemia, se van a conformar equipos para atender a pacientes COVID.

Los equipos estarán integrados por grupos de cuatro o cinco doctores que estarán liderados por internistas o urgenciólogos, y en el que deben apoyar médicos de otras especialidades, como cirujanos, otorrinos, o urólogos.

Ante los gestos de desaprobación de algunos de los doctores que hay en la sala, que niegan con la cabeza y murmuran contrariados con sus vecinos de pupitre, el representante jurídico alza ambas manos enguantadas de blanco y pide un momento de calma para terminar de explicarse.

Lee: Doctores del Hospital de Iztacalco cierran avenida en protesta por falta de personal; amagan con ir a paro

Entiende que cada médico tiene su especialidad, dice conciliador. Y que sus actividades están delimitadas y que no todos son neumólogos, ni especialistas en enfermedades respiratorias. Pero, a fin de cuentas, recalca, todos son médicos. Todos tienen conocimientos comunes que pueden aplicar en esta pandemia.

-Es cierto, en el profesiograma hay actividades delimitadas. Pero también está el sentido de apoyar en esta contingencia -plantea el representante que, ante la insistencia de los murmullos, deja una puerta abierta a los inconformes.

-Bueno, esto es voluntario -admite -. Es voluntario que conformen ese equipo para sacar adelante a los pacientes que están en situación crítica.

Sin embargo, el llamado a la épica no tiene respuesta. O, al menos, no la esperada.

-Nada más se están pasando la bolita -interviene un médico cirujano, que lleva cubrebocas y una careta de protección-. Como jurídico, solo díganos si es obligatorio o no (atender a pacientes COVID).

-Ya dije que es una cuestión voluntaria -responde el representante-.

-Perfecto -contesta el cirujano-. Porque aquí hay compañeros de otras unidades (…) que los han amenazado de que les van a mandar a (inspectores) laborales. Por eso es muy importante aclarar esto, para que se haga saber a los compañeros que no es obligatorio, que es voluntario.

-Sí, pero si alguien incurre en alguna irregularidad se impondrán sanciones -advierte el representante-.

Lee: Pacientes sospechosos de COVID duermen en sillas y colchonetas: así la saturación en Hospital de Iztacalco

-Pero acá yo estoy hablando de desobedecer la indicación. Es decir, que cuando me digan ‘te vas a ver neumonías de pacientes COVID’ yo puedo desobedecer porque soy un cirujano general, no soy internista, ni neumólogo. No me corresponde ver a pacientes COVID. Y entiendo que, en esta situación, no habrá consecuencias.

-Sí, pero tendrá que acercarse con su jefe de servicio para ver esa circunstancia -insiste el representante sin perder el tono institucional-.

-¿Y por qué tendría que hacer eso? -cuestiona el cirujano alzando la tensión de la sala-. Me están pidiendo una cosa fuera de mis funciones y no tengo que justificarme. Simplemente, lo que digo es: ‘No te voy a obedecer. Punto’.

“No tenemos capacitación ni protección para atender COVID”

La anterior escena en el Hospital General 30 del IMSS fue publicada en un video de Youtube, cuya veracidad Animal Político corroboró con tres fuentes de esta clínica.

Como se expuso en el video, el personal de cirugía general se niega a atender a pacientes COVID porque no forma parte de su especialidad. Pero no se trata de un caso aislado.

En otro video publicado en Facebook, y también corroborado por este medio con varios doctores, se aprecia que en el Hospital General Regional 1 del IMSS, hoy llamado Carlos MacGregor y antes Gabriel Mancera, también en la Ciudad de México, la situación es muy parecida.

Allá también hubo una reunión entre el personal médico y los directivos después de que los especialistas de medicina interna amenazaran con irse a paro por la desorganización del hospital y la carga excesiva de trabajo.

El ‘bando’ de medicina interna acusó a la mayoría de especialidades de dejarlos solos en la atención a pacientes COVID.

En respuesta, el ‘bando’ de médicos especialistas, como cirujanos generales, urólogos y pediatras, entre otros, alegaron no tener la capacitación suficiente ni el equipo de protección necesario para entrar a atender a los afectados por coronavirus. También argumentaron que les hace falta certeza jurídica frente a una posible demanda por la muerte de un paciente.

Además, denuncian que los equipos no se están formando como se debería y no siempre hay a la cabeza un especialista en manejo de infección o de la vía aérea.

En entrevista con Animal Político, un médico especialista de un área no COVID, a quien llamaremos Pedro para reservar su identidad, dice que van dos sábados que le toca atender pacientes con coronavirus y de su equipo sólo llega un integrante más, que no es médico internista, urgenciólogo, ni neumólogo.

“Este sábado 2 de mayo, en el piso 4 en el ala sur había dos médicos para 25 pacientes de COVID, uno era hematólogo y el otro urólogo, a cada uno le tocó de a 12 pacientes”, expone Pedro.

“No había un líder responsable de las especialidades para tratar infecciones o vía área -añade-. En el ala norte estaba igual: ningún líder de esas áreas y solos dos médicos de otras áreas para el mismo número de pacientes”.

Lee: Salud no descarta saturación de servicios funerarios por personas fallecidas de COVID-19

“No nos han capacitado bien”

Ante esta situación, en este ‘bando’ de médicos especialistas las posturas tambíen se han dividido.

Por un lado, hay médicos que han pedido incapacidad o se han amparado para no tener que atender pacientes COVID, o los que simplemente no se presentan a las jornadas en los hospitales, o a los equipos, ante la falta de claridad respecto a si están obligados y las repercusiones que pueden enfrentar.

Y, por otro lado, están los que sí se han presentado a ayudar, pese a toda la incertidumbre, el desgaste y el gasto que eso implica.

“En la reunión con los directivos del hospital les preguntamos qué marco jurídico iba a regir nuestra labor con pacientes COVID, y solo nos dicen que eso depende de la delegación del IMSS y así se echan la bolita. Pero, por ejemplo, una de las dudas es, si un paciente fallece, ¿quién va a firmar él acta de defunción, alguien que por su especialidad no debería haberlo atendido?”

Tras exponer su pregunta, Pedro dice que sí quieren ayudar a atender a los pacientes, “pero nosotros no tenemos el entrenamiento adecuado, no sabemos entubar, por ejemplo. No nos han capacitado bien, mandaron un link como un curso en línea, nos dieron una charla de 30 minutos sobre cómo colocar y quitar el equipo de protección y después nos dieron una charla de una hora sobre el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda. Con eso no basta. Es como si metiéramos a un internista a quirófano a hacer una cirugía”.

Además, se queja de que no les dan el equipo adecuado. “Yo me tuve que comprar una mascarilla buena, porque las del hospital no son de calidad, y un traje especial; están carísimos pero tengo familia, no me puedo arriesgar”.

Sobre si los pueden obligar o no a dar la atención, Pedro dice que siguen sin tenerlo claro, aunque plantea que desde el pasado lunes 4 de mayo les pusieron por escrito, en un oficio, la indicación de que deben presentarse para integrar los equipos COVID.

El oficio, dirigido a cada médico del Hospital MacGregor, señala que, de acuerdo al artículo 134, fracción III, de la Ley Federal del Trabajo, es obligación de los trabajadores desempeñar el servicio bajo la dirección del patrón o de su representante, a cuya autoridad estarán subordinados.

En otras palabras: los “exhortan” a que “en tanto dure la contingencia” deben “formar parte del equipo para la atención a pacientes COVID”.

Animal Político preguntó al Sindicato de Trabajadores del IMSS, a través de su oficina de comunicación, si los médicos de especialidades como cirugía general, urólogos, etcétera, estarían obligados a atender a los pacientes COVID y cuáles serían las implicaciones de no hacerlo. Sin embargo, la respuesta del sindicato fue que “en este momento no hay una postura al respecto”.

También se le consultó lo mismo al IMSS, pero hasta el cierre de este edición no hubo respuesta.

“Nos están abandonando, la situación es terrible”

Del lado de los médicos que sí se enfocan en atender infecciones respiratorias y vía aérea, entre ellos los internistas y urgenciólogos, el sentimiento que permea es que los de otras áreas los están dejando solos, y tienen enojo y desesperanza.

“El fin de semana estuvimos solo cuatro médicos internistas, acompañados de médicos generales, para atender a 78 pacientes COVID, porque los anestesiólogos y los de consulta externa de 15 especialidades se ampararon para no atender pacientes COVID”, se queja un médico del Hospital General 27 del IMSS.

En otro hospital del IMSS, en el número 30 de Iztacalco, las quejas del personal de medicina interna y de urgencias son idénticas.

Reprochan a sus colegas, especialmente a los de cirugía, que no atiendan a pacientes COVID, a pesar de que el hospital está saturado, tal y como mostraron unas imágenes que Animal Político publicó eL martes 5 de mayo, en las que se aprecia a pacientes durmiendo en colchonetas en el piso y en sillas metálicas.

“Están viendo que nos están cayendo, literal, millones de pacientes. Y lo primero que hacen es decir ‘yo no quiero ver a nadie con COVID’ y ver a qué argumentos legales pueden aferrarse para no ayudarnos y abandonarnos”, expone el doctor Rodrigo, del Hospital 30 de Iztacalco, que para evitar represalias ha pedido que se le modifique su nombre real.

“Más que una cuestión legal -añade-, de si están obligados o no a atender a estos pacientes, creo que es más una cuestión de ética, de formación, y que tiene que ver con la respuesta a una pregunta básica que es: ¿por qué somos médicos?”.

Félix, otro doctor de este hospital al que se le modificó el nombre, lamenta que no solo el personal de cirugía es reticente a atender a pacientes COVID.

“Por ejemplo, los encargados de laboratorio no quieren tomar pruebas, porque no quieren infectarse. Y los radiólogos no quieren tomar tomografías ni ultrasonidos. Y eso no nos permite atender a los pacientes y al mismo tiempo hace que todo colapse. La situación es terrible”, asegura.

Qué ha ocasionado el pleito

Como respuesta a la epidemia de coronavirus durante la fase 3, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, publicó el 27 de marzo un decreto en el que se declaran acciones extraordinarias para combatir la epidemia de COVID-19. En el documento se señala que se podrán utilizar como elementos auxiliares (en la atención de los pacientes) a todos los recursos médicos.

En paralelo, la Secretaría de Salud, a través del subsecretario Hugo López Gatell, anunció que se crearían en los hospitales equipos de trabajo que estarían liderados por un especialista de las áreas calificadas para atender una infección respiratoria grave (urgenciólogos, neumólogos, internistas, intensivistas e infectólogos) y conformados por médicos de las otras especialidades.

Fue el anuncio oficial de que todos médicos le entrarían a la atención de los pacientes afectados por el virus SARS-COV2, y no solo los de algunas áreas.

El IMSS emitió entonces la Guía para la preparación y respuesta ante la epidemia de COVID-19 con los lineamientos para la reconversión hospitalaria frente a un mayor número de casos y de pacientes graves. El documento contiene un anexo, el 7, dedicado a los recursos humanos.

En este se detalla que se integrarán los llamados Equipos de Respuesta COVID, para que, ante la contingencia, todo el personal médico y de enfermería “participe de manera activa y solidaria en la atención de los pacientes, sobre todo en los tunos vespertino, nocturno y los fines de semana”.

El documento también señala que, “la provisión de Equipo de Protección Personal será oportuno y suficiente”.

Los grupos de trabajo estarán liderado por un Médico No Familiar de las Especialidades en cuya formación se incluye el manejo de la vía aérea y ventilación mecánica: Urgencias, Terapia Intensiva, Medicina Interna, Neumología e Infectología.

El equipo de soporte estará integrado por otros tres médicos con los que cuente la unidad o bolsa de trabajo de cualquier especialidad, o bien por médicos familiares y generales. También se incluirán personal de enfermería.

Cada equipo podrá tener a su cargo 24 camas por turno, y serán sólo ocho pacientes asignados por médico y cuatro pacientes por enfermera general.

Sin embargo, el personal médico entrevistado asegura que, en la práctica, nada, o casi nada de esto, se está cumpliendo.

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El 'Chernóbil mexicano': cómo ocurrió el mayor incidente nuclear de América

Un empleado de un hospital en México manipuló una maquina de terapia de cáncer que tenía una fuente radiactiva. La cadena de sucesos que siguió generó en 1984 el mayor incidente nuclear en la historia del continente.
25 de octubre, 2020
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La búsqueda de desechos radiactivos

BBC/CNSNS
Ciudad Juárez, México, vivió una inquietante alerta por radiación en la década de 1980.

La activación de alarmas en un centro de investigación nuclear en el suroeste de Estados Unidos fue el primer indicio de que algo andaba mal.

En la carretera que pasa por el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México, transitaba un camión de carga en enero de 1984 que activó los detectores de de radiación de ese, el lugar donde se fabricó la primera bomba atómica.

Una cámara del exterior ayudó a detectar que el vehículo, que pasaba por simple coincidencia por ahí, tenía un elevado nivel de radiación.

La investigación de su origen llevó hasta Ciudad Juárez, México, donde inadvertidamente ya estaba en marcha el mayor incidente nuclear de su tipo en América dada la extensión que abarcó.

Aunque no tiene una comparación con la explosión de un reactor nuclear, se le ha llamado el “Chernóbil mexicano” por el alcance de contaminación que generó en México, lo cual provoca comparaciones con aquel accidente de la Unión Soviética.

Y es que miles de toneladas de varilla de construcción quedaron contaminadas con cobalto-60 y este material fue comercializado en 17 de los 32 estados de México.

El otro gran incidente de radiación en América fue en 1987 en Goiânia, Brasil, que causó al menos cinco muertes y una decena de personas con padecimientos crónicos.

Un entierro en Goiânia, Brasil, en 1987

Getty Images
El de Ciudad Juárez y el de Goiânia, Brasil, han sido los incidentes con radiación más grandes del continente.

En el caso de México, unas 4,000 personas tuvieron algún grado de exposición.

Pese al elevado número, hasta la actualidad no hay certeza de cuántas víctimas con padecimientos a largo plazo dejó el incidente, además de que no hubo un seguimiento de las autoridades sanitarias sobre las personas más expuestas.

“Un material que es sólido, encerrado, se vuelve líquido y se convierte en varilla y se distribuye por toda una nación. Aunque en ese estado ya no no es riesgoso, esa es una gran aberración de manejo de material radiactivo“, dice a BBC Mundo Gerardo Espinosa, un físico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y quien participó en la investigación académica de aquel suceso.

Como muestran la documentación de lo ocurrido, varios fueron los errores que generaron la crisis de contaminación de esa magnitud.

La compra inutilizada y no reportada

Una extensa investigación del Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS) publicada en 1985 describe cómo se generó la situación.

El 25 de noviembre de 1977, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez adquirió una unidad de tratamiento con cobalto-60 fabricada en Estados Unidos.

Aunque su importación requería un permiso, la CNSNS asegura que el organismo pertinente “nunca fue avisado” y por ende “jamás extendió la autorización”.

Una unidad de terapia con cobalto

Getty Images
El cobalto-60 se ha usado para la radioterapia desde mediados del siglo XX y hasta la actualidad.

En tanto, el hospital nunca tuvo el personal capacitado para usarlo, por lo que lo almacenó indefinidamente en un espacio de la clínica en la que “no se cumplían los requisitos mínimos” de seguridad, según la CNSNS.

El cobalto es un material radiactivo que se produce en reactores y que se usa para aplicaciones de física médica, para terapias con radiación. Hoy los hospitales siguen usando cobalto-60 para pacientes con cáncer”, explica Espinosa.

La extraen del hospital como “chatarra”

Pasaron seis años hasta que, en diciembre de 1983, el técnico de mantenimiento de la clínica Vicente Sotelo Alardín inadvertidamente inició el incidente.

El trabajador “desarmó el cabezal de la unidad y extrajo de allí un cilindro en cuyo interior se encontraba el cobalto-60. La operación la realizó sin ninguna ayuda”, dice la investigación.

“El objetivo era vender como chatarra las partes”.

Ilustración de la fuente de cobalto

CNSNS
Sotelo perforó la fuente blindada de cobalto-60, lo que causó la salida de material radiactivo.

Debido a que el cilindro con la fuente radiactiva pesaba unos 100 kg, Sotelo Alardín le pidió ayuda a un amigo, Ricardo Hernández, para trasladar el material en una pequeña camioneta de carga.

Viajaron hasta un local de compra-venta de chatarra llamado Yonke Fénix, en el sur de Ciudad Juárez, donde vendieron lo obtenido.

Sin embargo, la manera en cómo el aparato fue perforado y trasladado dio pie a que el incidente tuviera consecuencias todavía más graves.

“La verdad es que nunca nos avisaron que esa máquina tenía contaminación. Había muchas cosas arrumbadas: aparatos de ventilación, catres y todo eso y, la verdad, ni un solo letrero con una calavera o algo así“, dijo Sotelo Alardín al semanario Proceso en 1984.

Según los directivos del hospital, el trabajador tomó sin autorización el aparato, pero Sotelo Alardín aseguraba que el jefe de mantenimiento del hospital le dijo que podía tomarlo.

Un rastro de radiación por Ciudad Juárez

El trabajador había perforado el cilindro que contenía 6,000 gránulos o “pellets” de cobalto-60 y una cantidad indefinida de ellos quedaron regados en la camioneta usada, en el patio de Yonke Fénix, en las grúas y otros vehículos del negocio y hasta en las calles de Ciudad Juárez.

Pero los dos grandes focos de radiactividad fueron la camioneta y el depósito de chatarra.

Pellets como los del incidente de Ciudad Juárez

CNSNS
Los gránulos de cobalto-60 son diminutos, pero representan una fuente de radioactividad decadente hasta por 35 años.

“Ha podido establecerse que para el 14 de diciembre de 1983 ya había sido utilizada la chatarra contaminada con el cobalto-60 por las fábricas de productos de acero, en las fundiciones”, dice la investigación, que señala que la empresa Aceros de Chihuahua SA (Achisa) como el principal comprador de hierro.

El descubrimiento por casualidad

El 16 de enero de 1984 se dio la detección del camión de carga que pasaba cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México (Estados Unidos).

Cuando las autoridades estadounidenses revisaron las cámaras y vieron que se trataba del vehículo empleado por Achisa, notificaron al gobierno de México.

A partir de ahí, los expertos fueron jalando la hebra de la madeja hasta dar con el origen del problema y el riesgo de contaminación que se generó: “se confirmó la existencia de una amplia dispersión de material radiactivo”.

Laboratorio Nacional de Los Álamos

Getty Images
En el Laboratorio Nacional de Los Álamos se detectó el camión con radiación.

Espinosa explica que este material radiactivo “tiene una vida media de 5 años” y a partir de ahí la fuente pierde su intensidad de manera progresiva.

“Si tienes 100 átomos radiactivos, en 5 años tendrás 50, en otros 5 años nada más 25. Se considera que tienen 7 vidas medias, es decir, una vida activa de casi 35 años”, así que en 1984 el cobalto-60 del incidente ya había pasado a la mitad de su potencia.

La camioneta estacionada

La investigación encontró en principio que no solo en las instalaciones Yonke Fénix y Achisa había contaminación, sino también en el área de mantenimiento y el conmutador telefónico del hospital de origen, la camioneta del hospital a cargo de Sotelo Alardín y la calle en donde la estacionó, así como una maquiladora de productos de acero llamada Falcón de Juárez.

La fuente de desechos encontrada

CNSNS
La fuente de cobalto-60 fue encontrada en el sitio de compra-venta de chatarra Yonke Fénix.

Además de establecer “blindaje” en torno a los lugares investigados y asegurar las varillas y productos contaminados, fue imperativo rastrear la presencia de los gránulos de cobalto-60 sueltos con equipos especializados e incluso un helicóptero con un detector que barrió las calles de Ciudad Juárez.

La pequeña camioneta Datsun, estacionada durante semanas debido a una avería en un barrio habitacional cercano a la frontera con EE.UU., donde vivía Sotelo Alardín, también fue un foco de contaminación inquietante: las lecturas de niveles de radiación llegaron en un momento hasta 1.000 R/h

“Eso se considera alto y en una exposición de una hora a cuerpo completo puede morir la persona. Pero si el conductor y acompañante estuvieron en la cabina durante el transporte de la fuente debieron haber recibido una exposición de aproximadamente 4.7 R/h que pudo haberles provocado vómitos al cabo de horas y enrojecimiento de la piel en la semana”, dice a BBC Mundo el doctor Epifanio Cruz, de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Los gránulos o pellets quedaron regados por los locales de comercio de hierro.

“En virtud de que se trataba de una zona densamente poblada, se consideró urgente llevar la camioneta contaminada a un sitio que reuniera las características de no estar poblado ni se encontrase demasiado distante”, dice el informe de la CNSNS.

La maniobra se planeó cuidadosamente y se ejecutó en 10 minutos. El vehículo fue llevado hasta el parque de El Chamizal, a un lado de la línea fronteriza con Estados Unidos.

“Fuimos a hacer mediciones de radiación. Una señora se sentaba diario junto a la camioneta. Nadie se enteró de que había una fuente radiactiva. Y ese fue el problema”, recuerda Espinosa del trabajo que hicieron por parte de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
La población poco supo de la situación que se había dado, explica Espinosa.

“Nadie supo que había material radiactivo ni en el hospital, ni en el traslado, ni en la camioneta”, añade.

El material sacado de Ciudad Juárez

La degradación natural del cobalto-60 hizo que la fuente de radiación pasara de 3.000 curios (Ci) en 1977 a 450 Ci para febrero de 1984.

“Con menos de 500 puede haber efecto, pero no mucho. Depende del tiempo de exposición. Por eso el daño a la población fue muy bajo”, explica Espinosa.

Además de Yonke Fénix y Achisa, la investigación de la CNSNS detectó que tres empresas que comercializaban materiales férreos en las ciudades de Monterrey, Gómez Palacio y San Luis Potosí registraban contaminación.

Las instalaciones de Achisa

CNSNS
Unas 6.600 toneladas de varilla fueron fabricadas con hierro contaminado, según la investigación.

Incluso en una carretera que une a Ciudad Juárez y Chihuahua hubo rastros de material radiactivo. Todo requirió una cuidadosa tarea de detección y aseguramiento de gránulos y objetos conaminados.

En total, 6,600 toneladas de varilla y 3,000 bases metálicas para mesas estaban contaminadas.

La varilla fue comercializada en 17 de los 32 estados de México. De 17,600 construcciones inspeccionadas, 814 tuvieron que ser demolidas, según el informe.

“Nos pidieron a la UNAM que fuéramos a medir las varillas de castillos (pilares) de construcciones. Su nivel ya no era importante, pero por ley había que detectar ese material. Y se hizo un escándalo gubernamental porque se pedía que se derribaran”, recuerda Espinosa.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Gránulos de cobalto-60 fueron detectados incluso en una carretera por la que pasó un vehículo con hierro contaminado.

El experto explica que, si bien el nivel de exposición ya no era riesgoso, las normas internacionales requieren que 90% del material contaminado sea asegurado y desechado.

4,000 personas expuestas

La investigación indica que unas 4,000 personas resultaron “expuestas a la radiación” de las cuales un 80% recibió dosis inferiores a 500 mrem.

Eso es equivalente a lo que una persona puede recibir si está cerca de un paciente que recibió tratamiento de radiación.

Otro 18% recibió entre 0,5 y 25 rems, mientras que 2%, o unas 80 personas, estuvieron expuestas a más de 25 rems. De todas, cinco personas estuvieron expuestas a dosis de entre 300 y 700 rems en un periodo de dos meses, según la CNSNS.

“Para las cinco personas expuestas a las dosis entre 300 y 700 rem, fue más que suficiente para afectar a gónadas, glándulas tiroides y huesos superficiales por ejemplo en manos y pies, acortamiento de la calidad de vida”, explica el doctor Cruz.

“El efecto de esas dosis puede llevar a daños del material genético hereditario al menos a dos generaciones, causar esterilidad y falta de espermatozoides en la persona expuesta que puede recobrarse pasados al menos cinco años”, añade.

La investigación publicada en 1985 presenta un informe médico, pero es poco lo que se describe sobre problemas de salud detectados en las personas expuestas.

Sobre Vicente Sotelo Aldarín no se reporta nada, pero él mismo dijo a Proceso meses después que tuvo malestares que luego desaparecieron: “creyeron que era diabetes”.

Después del incidente, poco se supo del trabajador. Espinosa dice que “el señor se perdió”.

Los trabajadores de Yonke Fénix “dijeron no haber experimentado vómitos, cansancio ni náuseas y no presentaban marcas visibles en pies o manos”, salvo algunas pigmentaciones y algunos malestares pasajeros, según la CNSNS.

Cuatro trabajadores, el hijo de uno de ellos y un cliente, sí presentaron leucopenia, que es disminución en la concentración de leucocitos en la sangre.

Pero luego de unos meses. los empleados de Achisa “se quejaron de fuertes dolores de cabeza, vómitos y diarreas”, reportó Proceso en aquella época.

Señal de peligro por radiación.

Getty Images
Sotelo Aldarín asegura que no había ninguna advertencia de riesgo en la máquina que tomó.

Ricardo Hernández, quien ayudó a trasladar la unidad, tenía “una quemadura atribuible a radiaciones en proceso de cicatrización sin ningún otro síntoma”.

“En ninguno de los casos se detectó sintomatología aguda”, según la investigación de ese entonces. No hubo reportes de víctimas mortales conocidas.

BBC Mundo solicitó a la CNSNS una actualización de las consecuencias médicas que hubo, pero la institución dijo que lo contenido en el informe de 1985 es lo único disponible: “no contamos con más registros de esa época”.

Como varios reportes de la época indican, no hubo seguimiento sanitario de las víctimas, por lo que no se sabe a ciencia cierta si las personas expuestas sufrieron más trastornos o cáncer, que es una de las consecuencias por la exposición de radiación.

El “cementerio” radiactivo

Encontrar un lugar en el cual colocar el material radiactivo fue el siguiente problema a resolver: tenía que estar en un sitio apartado de la población, poca lluvia, sin contacto con fuentes de agua y con el menor riesgo de contaminación al medioambiente.

“Llevaron de un lado para otro durante casi un año en camiones el material radiactivo para ver dónde lo enterraban. Fue un desorden total“, recuerda Espinosa.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
En un espacio desértico conocido como “La Pedrera” fue excavado el “cementerio” de desechos.

Luego de múltiples intentos fallidos por asegurar un terreno, por la oposición de pobladores y autoridades locales, el gobierno mexicano efectuó una excavación en un paraje desértico del sur de Ciudad Juárez llamado “La Pedrera”.

Ahí fueron llevados tanto las varillas y otros materiales fabricados con hierro contaminado, como la camioneta de Sotelo Aldarín. Todo fue sepultado entre concreto para neutralizar su efecto nocivo.

Sin embargo, reportajes de la prensa local y nacional han mostrado que aquel “cementerio” de desechos radiactivos que debería estar protegido ha quedado en el abandono.

La CNSNS dijo a BBC Mundo que “se calcula que actualmente la concentración de actividad presenta niveles prácticamente inocuos, cercanos a los niveles de dispensa”.

“Por lo anterior, se puede afirmar que la existencia del sitio de disposición La Piedrera no representa riesgo radiológico alguno para la población ni para el ambiente”, añade.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
La camioneta manejada por Sotelo Aldarín fue enterrada en el tiradero construido.

Y es que medios locales han denunciado que el lugar carece de vigilancia y que incluso ha habido incursiones de personas que buscan objetos para comercializar.

Para el físico Guillermo Espinosa, es cierto que la vida media ya superada ayudó a que no fuera un riesgo en la actualidad: “pero sí creo que fue muy mal manejado”, considera.

La radiactividad es como el fuego: si lo manejas bien, cocinas unos excelentes bifes. Si no la manejas bien, hay quemaduras”, continúa.

“La lección que se debe aprender es que cualquier fuente de radiación debe estar controlada, certificada y siempre debe haber un responsable. Cosa que ahí no ocurrió”.


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