Empleados en Grupo Salinas acusan despidos; se respetó la ley: empresa
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Empleados en Grupo Salinas denuncian despidos arbitrarios; se respetó la ley, dice la empresa

Animal Político buscó la postura de Grupo Salinas respecto de las denuncias de despidos injustificados. Luciano Pascoe, director de ADN 40 y de Estrategia Editorial, atribuyó los recortes a una “rotación inherente” a la operación de la compañía.
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9 de mayo, 2020
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Rebeca había recibido en Grupo Salinas un permiso para hacer trabajar desde casa por lactancia materna. Tenía dos semanas trabajando de esta manera cuando le notificaron, el pasado 24 de abril, que sería despedida como parte de un recorte de personal.

Ella y otras personas de las Direcciones de Cobranza y de Crédito de Banco Azteca tenían permiso de trabajar a distancia tras acreditar que se encontraban entre la población vulnerable al coronavirus COVID-19.

Con un hijo de siete meses y además con la obligación de ayudar a la manutención de sus padres mayores de edad, hipertensos y diabéticos, Rebeca acusa que la empresa que preside Ricardo Salinas Pliego no le pagó la totalidad de su liquidación.

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Animal Político buscó vía electrónica la postura de Grupo Salinas respecto de las denuncias de despidos injustificados. Luciano Pascoe, director de ADN 40 y de Estrategia Editorial, atribuyó los recortes a una “rotación inherente” a la operación de la compañía; sin embargo, aseguró que todos los casos de separación laboral se han efectuado y pagado conforme a la ley.

“En Grupo Salinas siempre hemos tenido un compromiso irrenunciable con el Estado de Derecho y la legalidad, por lo que te aseguro que todas nuestras operaciones, incluidas las relaciones laborales con nuestros colaboradores, se apegan plenamente a la ley. Por su dimensión y tamaño, hay una rotación inherente a nuestras operaciones. En ocasiones, ello conlleva despidos, renuncias voluntarias e, incluso, abandonos del trabajo; en todos estos casos, de acuerdo a la naturaleza de la separación laboral, las salidas se pagan conforme a lo establecido en la Ley Federal del Trabajo”, indicó en su respuesta a este medio.

El reclamo de Rebeca señala algo distinto. “Se aplicó el recorte y no fuimos liquidados el 100%. Nos falta el pago de los 20 días por año laborado, la prima de antigüedad y las prestaciones acumuladas”, señala. 

“A mí no me molesta irme. Me molesta la puñalada. Te mandan a trabajar a casa y te hacen esto. Me afecta muchísimo este despido porque es una carrera de siete años y ni siquiera te vas con carta de recomendación. Si me voy, pues ni modo, creo que es mejor momento para encontrar otro lugar en donde no se violen tanto los derechos de los trabajadores”.

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Rebeca, cuyo nombre fue cambiado a petición suya, tuvo que firmar un “compromiso” para que Banco Azteca le permitiera hacer home office: el documento establecía que el empleado debía someterse a dos evaluaciones de resultados durante el periodo del trabajo remoto y que no aprobar dichas pruebas podría ser motivo de despido. Sin embargo, ella señala que el recorte en su área sucedió antes de cualquier evaluación.

El compromiso firmado por Rebeca decía: “Yo (el empleado) reconozco que he recibido este plan (de trabajo) y hago el compromiso para dedicar mi esfuerzo y dedicación a cumplir con los resultados esperados descritos en este plan. Estoy de acuerdo en que el no cumplimiento de cada uno de los resultados del plan puede dar como resultado el término de la relación laboral con la empresa (sic)”.

Ella, que se desempeñó como gerente en Banco Azteca en el inmueble conocido como Torre Área, ubicado en Insurgentes Sur, señala que, cuando recién había regresado de su licencia por maternidad, a inicios de este año, la comisionaron a hacer labores “de relleno”, un maltrato que culminó en su despido.

“No regresé al puesto que yo tenía, me dejaron como tres semanas esperando a ver dónde me iban a colocar, después me colocaron en un área de trabajo, me empezaron a dar trabajo, pero se presenta lo del COVID-19, yo aún no me alcanzaba a integrar al equipo donde yo estaba, porque ingresé ahí la primera semana de febrero, pasa esto y a nosotros nos hacen firmar un documento de que vamos a estar firmando unos reportes, demostrando que todavía somos productivos. Apenas íbamos a mandar el primer reporte de actividades cuando ellos ya habían tomado esa decisión, entonces a mí eso me pareció muy extraño, y a mí sí me pareció una traición, porque yo llevaba siete años ahí”, señala.

Los empleados de Grupo Salinas no solo han tenido que asumir la decisión de la directiva corporativa de seguir presentándose a laborar a sus centros de trabajo durante la pandemia de COVID-19, sino que ahora enfrentan procesos de despido en los que, acusan, no se respetan sus derechos laborales.

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Carlos es un ingeniero que fue despedido de Elektra el pasado 22 de abril, pero le hicieron firmar una hoja en la que manifestaba que se trataba de una renuncia voluntaria, por lo que no le pagaron el monto de la liquidación que le correspondía tras tres años de trabajo en la empresa.

Este empleado, que laboraba en las oficinas de Grupo Salinas ubicadas en el complejo conocido como Torres Esmeralda, relata que le explicaron que su baja se debía a la caída en las ventas de las tiendas Elektra.

“Mi jefe nos citó a una junta, se me hizo extraña la manera en que fue, porque nos citaron solo a cinco personas del área, y nos mencionó que, por cuestiones de las ventas y del COVID-19, estábamos despedidos, así sin más, y que nos presentáramos en el área de Recursos Humanos; fuimos y había una cantidad bárbara de compañeros que quizá estaban esperando por la misma situación, yo pasé con la persona que me iba a atender, le planteé que estaban haciendo mal las cosas cuando me percaté que lo que estaba por firmar era una renuncia voluntaria”, detalla.

Un poco apenado, Carlos, quien también solicita ocultar su verdadero nombre, comenta que tuvo que aceptar el pago que le dio la empresa a pesar de que sabía que no era el monto que debía recibir.

“Firmé a causa de que no tenía dinero para pagar mi renta ni mis alimentos”, justifica.

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A otro empleado despedido de la Dirección de Auditoría de Banco Azteca le comunicaron que no podían pagarle el 100% de su liquidación debido a un “recorte presupuestal” de la compañía.

“Nos dijeron que fue recorte de personal por un recorte de presupuesto, que no fueron cuestiones de desempeño, y no se nos liquidó conforme a ley, al 100%. Por el recorte de presupuesto nos dijeron que era lo que nos tocaba y que no podían dar más”, relata.

Este trabajador pide no ser identificado porque aún conserva la esperanza de poder volver a ser reinstalado en Grupo Salinas cuando termine la emergencia sanitaria, una promesa que le hicieron al despedirlo.

“Nos pidieron salir bien de la empresa para que, si hubiera una oportunidad de ingreso, la tomáramos, y, la verdad, a mí no me gustaría cerrarme ninguna puerta. No nos lo prometieron, nos dijeron que iban a hacer lo posible, no sé qué tanto haya sido cierto, me imagino que en algunos casos sí será cierto, imagino que los que tuvieron buen desempeño o alguna situación así”, estima.

“Si yo firmé aun sabiendo que me tocaba más fue para no cerrarme las puertas, y a lo mejor no nada más para reingresar a la empresa, sino porque, cuando tú solicitas trabajo en otros lados, piden referencias, y no me gustaría que dieran una referencia negativa que me fuera a impedir encontrar un trabajo, o ya sea el reingreso a la empresa”.

De 40 años de edad y con una hija que mantener, el trabajador lamenta haber perdido su fuente de empleo en plena contingencia.

“Desde el momento en que dejas de percibir un ingreso económico fijo te ves en aprietos, porque tus gastos son fijos, eso no es de que los puedas postergar, tienes que cubrirlos tengas ingresos o no, obviamente te afecta esa parte, ¿y ahora de dónde voy a seguir sacando estos gastos?”, cuestiona.

Otro empleado que trabaja como coordinador regional de Elektra y que tiene a su cargo la gestión de 16 tiendas en un estado del Occidente del país, indica que recibió la instrucción de la Dirección de Capital Humano de proponer una lista con los nombres de varios vendedores para darlos de baja de la empresa.

Señala que hace dos semanas, en su región, fueron despedidos dos trabajadores, y estimó que los recortes continuarán.

“En mi zona somos 10 coordinadores generales, cada generalista lleva una región y más o menos todos llevamos el mismo número de tiendas, entre 14 y 18, y nos están pidiendo un aproximado de entre cuatro y seis bajas; échale más o menos, en mi zona son un aproximado de 57 posiciones que tengo que recortar”, explica.

El coordinador, que accede a hablar a condición de anonimato, señala que, para la operación de Elektra, el país se divide en nueve zonas, de modo que, estima, el recorte podría llegar a ser de entre 500 y 600 vendedores.

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Ayman al Zawahiri: cómo la CIA encontró y mató al sucesor de Bin Laden en Afganistán

Luego de estar prófugo por más de 20 años, el hombre falleció en un ataque con drones.
2 de agosto, 2022
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Cuando el año pasado Estados Unidos se retiró apresuradamente de Afganistán, el presidente Joe Biden prometió no permitir que el nuevo régimen de los talibanes hiciera del país un refugio seguro para los terroristas.

Esto dejó claro que, para la administración de Biden, la prolongada guerra contra el terrorismo no se acercaba a su fin.

Casi un año después, los principales asesores de seguridad del presidente le sugirieron que agentes de inteligencia podrían haber localizado al líder de al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en Afganistán.

Un objetivo de alto valor

En sesiones informativas, autoridades del gobierno indicaron a la prensa que creían que Al Zawahiri había regresado a Afganistán el año pasado, tras producirse el colapso del gobierno respaldado por Occidente.

Los espías estadounidenses prestaban especial atención a Afganistán desde la retirada de sus tropas, en busca de señales de que los líderes de al Qaeda estuvieran regresando poco a poco al país, declaró un asesor de Biden.

Ayman al-Zawahiri. Junio de 2011

AFP
Aún no es claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri luego del ataque.

Al Zawahiri se habría instalado con su esposa e hija en un gran complejo con altos muros protectores en el centro de Kabul.

El barrio que escogió, un área relativamente próspera llamada Choorpur, había acogido embajadas y viviendas de diplomáticos extranjeros bajo la anterior administración.

Ahora, la mayoría de los altos funcionarios talibanes viven en las lujosas instalaciones de esa zona.

A principios de abril, autoridades de la CIA comunicaron algo importante a los asesores de Biden y luego al propio presidente: habían identificado una red que apoyaba al líder de al Qaeda y su familia, según varias fuentes de inteligencia.

Los espías estudiaron patrones de comportamiento de los residentes de la casa, incluidos los particulares gestos de una mujer que los espías identificaron como la esposa de Al Zawahiri.

Los funcionarios aseguraron haber reconocido su uso de las “habilidades” terroristas al intentar evitar el acceso de personas a la vivienda de seguridad de su esposo en Kabul.

Observaron que, desde que llegó a la casa, Al Zawahiri nunca abandonó las instalaciones y tenía el hábito de asomarse, de vez en cuando y por cortos periodos, a un balcón frente a los muros de la propiedad.

Lee: El día que mataron a Osama Bin Laden

Cómo se planeó la operación

Para Biden, la oportunidad de matar a uno de los hombres más buscados por Estados Unidos entrañaba muchos riesgos.

Al Zawahiri vivía en un barrio residencial densamente poblado.

Probablemente Biden tenía presente no repetir ciertos errores, como el ataque con aviones no tripulados que mató accidentalmente a 10 inocentes en Kabul entre ellos un trabajador humanitario y siete niños en los últimos días de la presencia estadounidense en Afganistán.

Mapa de donde se cree ocurrió el ataque

En mayo y junio, el líder estadounidense se centró en la guerra en Ucrania y en impulsar una legislación histórica sobre el control de armas y el cambio climático.

Pero, en secreto, un grupo “muy pequeño y selecto” de altos funcionarios de inteligencia preparaba varias opciones para mostrárselas.

Biden había encargado a los agentes de inteligencia asegurarse que en el ataque no murieran civiles, incluyendo la familia de Al Zawahiri y funcionarios talibanes.

El 1 de julio, el presidente estadounidense reunió a altos funcionarios, entre ellos el director de la CIA, William Burns, y la directora de inteligencia nacional, Avril Haines, para una sesión informativa.

Biden evaluó junto a sus asesores un modelo a escala de la vivienda de Al Zawahiri que los agentes de inteligencia habían construido y llevado a la Casa Blanca.

“Se centró particularmente en garantizar que se tomaran todas las medidas necesarias para garantizar que la operación minimizara ese riesgo”, declaró un asesor principal.

Biden pidió información sobre la estructura del edificio y, en particular, sobre cómo recibiría el impacto de un proyectil, antes de volar a Camp David para un receso de fin de semana.

En las semanas siguientes, los funcionarios se reunieron en la sala de crisis de la Casa Blanca, un centro de comando similar a un búnker bajo el edificio pensado para que el presidente controle situaciones límite dentro y fuera del país.

Planearon metódicamente la operación, tratando de anticipar cualquier pregunta que pudiera hacer el presidente.

En paralelo, un reducido equipo de abogados se reunió para evaluar la legalidad del ataque y concluyó que Al Zawahiri era un objetivo legítimo por “su papel de liderazgo continuo en al Qaeda, y su participación y apoyo operativo para los ataques del grupo”.

El 25 de julio, tras convocar a su equipo por última vez y pedir la opinión de sus principales asesores, Biden autorizó el ataque.

Inquietud entre los talibanes

A las 6:18 hora local, dos misiles Hellfire disparados por un dron alcanzaron el balcón de la casa de Al Zawahiri, matando al líder de al Qaeda. Los miembros de su familia resultaron ilesos, informaron autoridades de inteligencia.

Las ventanas de la casa parecían destruidas, pero sorprendentemente no se observaban más daños.

Muchos analistas creen que se utilizó una versión poco conocida del misil Hellfire, sin ojiva explosiva.

El cohete que se usó en el ataque

Esta variante llamada AGM-114R9X posee seis cuchillas que se despliegan en la superficie del misil a medida que se acerca al objetivo.

La energía cinética provocada por la velocidad de esta arma es lo que causa la destrucción, ya que hace trizas todo lo que alcanza y minimiza los daños colaterales.

A miles de kilómetros de distancia, en Washington, el presidente fue informado del éxito de la operación.

El domingo, el Ministerio del Interior talibán comunicó al medio local Tolo que un cohete había impactado en una vivienda vacía sin causar víctimas. No aportó detalles adicionales en ese momento.

Sin embargo, poco después la administración Biden anunció que combatientes de la red Haqqani, un ala ultraviolenta de los talibanes, habían sacado a la familia de Al Zawahiri del lugar y tratado de encubrir su presencia.

Cuando un periodista de la BBC acudió la mañana del lunes a la vivienda, un cordón del talibán lo detuvo, apuntándole con rifles e insistiendo en que “no había nada que ver”.

La supuesta locación del ataque con drones

BBC
Este es el supuesto sitio en el que se mató a Al Zawahiri.

Funcionarios estadounidenses afirmaron que “múltiples” fuentes de inteligencia habían confirmado la muerte de Al Zawahiri, pero enfatizaron que no hay personal estadounidense sobre el terreno en Kabul.

Se negaron a dar más detalles sobre cómo fue posible confirmar el éxito del ataque.

El cuerpo

Las agencias de inteligencia preservan con celo las identidades de sus espías. James Clapper, exdirector de inteligencia nacional durante la presidencia de Barack Obama, explicó a BBC que los exaliados de EU en Kabul pueden haber proporcionado alguna información.

No está claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri tras el ataque.

Según fuentes de la administración Biden, las autoridades de Estados Unidos no trataron de recuperar los restos de Al Zawahiri, a diferencia de la operación en la que se dio muerte a Osama Bin Laden.

En aquella ocasión, las fuerzas especiales recuperaron el cuerpo de Bin Laden para confirmar su identidad antes de lanzarlo al mar para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario para los islamistas.

Mientras Biden transmitía la noticia al mundo desde la Casa Blanca, los líderes talibanes condenaron enérgicamente la incursión de Estados Unidos en su territorio.

Pero en sus comentarios no mencionaron a Al Zawahiri.

Ahora toca preguntarse hasta qué punto los altos líderes talibanes sabían de la presencia de Al Zawahiri en Kabul y qué ayuda le podrían haber estado brindando.

Un afgano que vive en la zona aseguró a BBC que los combatientes talibanes habían estado vigilando la calle y que la presencia de “residentes no afganos” era un secreto a voces entre los vecinos.

Es probable que esta hipótesis plantee algunas preguntas incómodas para los líderes talibanes.

Informes adicionales sobre el sistema Hellfire de Chris Partridge.


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