Hacienda retiene recursos para atención a violencia contra mujeres indígenas
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Cuartoscuro Archivo

Hacienda retiene los recursos para atención a violencia contra mujeres indígenas

La Secretaría de Hacienda decidió reservar el dinero que estaba destinado a este programa para atender la contingencia por COVID-19.
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4 de mayo, 2020
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A pesar de que los servicios de atención a la violencia contra las mujeres fueron declarados “esenciales” durante la pandemia de COVID-19, a los que atienden a mujeres indígenas el gobierno los dejó sin dinero en plena contingencia.

Se trata de las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana (CAMIs). Hay 35 en el país enfocadas sobre todo en dos vertientes: derechos sexuales y reproductivos, y prevención y atención de la violencia de género. Funcionan a través de subsidios del Programa de Derechos Indígenas, a cargo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

Entérate: Indígenas en México: ¿cómo enfrentar una epidemia, la discriminación y el abandono histórico del Estado?

La convocatoria para acceder a ese dinero se publicó desde inicios de año y estuvo vigente durante todo febrero. Las encargadas de las CAMI presentaron sus informes de actividades del año pasado y sus proyectos para seguir trabajando este año, con montos que van de los 350 mil pesos al millón y medio para las que ya tienen más tiempo y servicios. Los subsidios solían llegar en abril o mayo, aunque el año pasado ya se habían atrasado hasta junio.

Pero el pasado 3 de abril, el INPI publicó el aviso de que se suspendía la publicación de resultados y, por lo tanto, la entrega de dinero de todas las convocatorias del Programa de Derechos Indígenas. El argumento fue que no hay condiciones para los proyectos y para proteger a los beneficiarios, a pesar de que las CAMI ya están en marcha y algunas tienen casas temporales que sirven de refugio a mujeres originarias víctimas de violencia familiar.

“Se ha determinado posponer la publicación de los resultados relacionados con dichas Convocatorias, dada la imposibilidad de iniciar con la implementación de los proyectos que resulten aprobados y con la firme convicción de cuidar y proteger la salud de la población beneficiada perteneciente a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas que atiende este Instituto”, señaló el organismo en un comunicado.

“Dichos resultados se darán a conocer con posterioridad al día 30 de abril del presente año, o cuando las condiciones así lo permitan”, agregó.

Animal Político preguntó al INPI por esta situación, pero la respuesta fue que ya no está en sus manos: la Secretaría de Hacienda fue quien decidió reservar el dinero que estaba destinado a este programa para atender la contingencia por COVID-19.

Mujeres indígenas reclaman desprotección

Francisca de la Cruz, “Francis”, coordina la CAMI de Ometepec, en la Costa Chica de Guerrero, que fue una de las Casas de la Mujer Indígena pioneras, fundada en 2003. Cuenta que muchas veces reciben a adolescentes embarazadas porque su comunidad las rechaza, y ahí las reciben y atienden el último mes hasta que tienen a sus bebés, ya que uno de los servicios que dan es el de parteras tradicionales.

También dan albergue por unos días a quienes sufren violencia en el hogar; hace poco tuvieron a una mujer cuya situación era tan preocupante, que por seguridad la llevaron a un refugio para víctimas de violencia en Acapulco.

“La verdad yo he visto que la violencia no porque esté este problema se paró; no, día a día sigue. Pero veo que el gobierno le da prioridad a otras cosas y no le da prioridad a los problemas de las mujeres indígenas”, lamenta.

El pasado 24 de abril, la Red Nacional de Casas de la Mujer Indígena envió una carta al INPI —con copia a la Secretaría de Gobernación (Segob), el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim)— reclamando que se haya parado el proceso de resultados y entrega de recursos a la convocatoria para recibir subsidios, cuando el mismo gobierno ha advertido del aumento en la violencia de género durante el confinamiento en los hogares para prevenir contagios de COVID-19.

“Manifestamos nuestra gran preocupación puesto que como ya se ha visto, en todo el país la violencia contra las mujeres se ha incrementado y esto también está repercutiendo en las regiones indígenas. Son alarmantes los datos que día con día se publican sobre los feminicidios en el que también lamentablemente hay mujeres indígenas”, señaló.

Agregó que no solo tienen que seguir dando servicios durante la contingencia, sino que se ha incrementado la demanda, que resuelven como pueden dando asesorías por teléfono en lenguas originarias, y que también han tenido más partos porque los Centros de Salud están priorizando la atención de enfermedades del coronavirus.

“URGIMOS a que los recursos económicos que se deben destinar a las CAMI y que han sido autorizados en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el presente año, se apliquen de manera inmediata, entendiendo que puede derivar atrasos por las medidas de contingencia aplicadas pero se debe garantizar que este recurso se asigne para continuar las actividades urgentes para atenuar la violencia que enfrentamos las mujeres indígenas en nuestras regiones”, pidió.

Pero hasta ahora, no ha habido respuesta positiva, sino todo lo contrario. De la Cruz dice que cada vez que pregunta, solo le contestan que espere. Ismerai Betanzos, activista y excoordinadora de Derechos Indígenas de la entonces Comisión de Pueblos Indígenas (CDI, ahora INPI), tiene varios reportes de directoras de otras casas a las que este viernes les llamaron para avisarles que no habrá dinero porque Hacienda decidió no entregarlo.

De por sí, el actual gobierno ha hecho recortes al presupuesto asignado al Programa de Derechos Indígenas, del que alrededor de una tercera parte se destina a las CAMI. En 2019, de 310.7 millones de pesos asignados en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), el monto se modificó a 212.3, un 32% menos. Y en el PEF 2020 se le asignaron 199.8 millones, lo que significa un recorte de otro 6%.

Mientras tanto, las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana están sobreviviendo como pueden, con lo que siempre guardan para operar los primeros meses del año, mientras se hace la nueva asignación, pero advierten de que si no se entrega el dinero destinado a su funcionamiento, corren el riesgo de cerrar.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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