Tenemos que pagar 'coyote' para regresar a nuestro país: Migrantes varados
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Tenemos que pagar "coyote" para regresar a nuestro país: Migrantes varados en México por COVID

Un grupo de salvadoreños varados en un albergue en Chihuahua pide ayuda para regresar a su país en avión, y no por vía terrestre, donde pueden ser víctimas de delincuencia.
Cuartoscuro
31 de mayo, 2020
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“Es el mundo al revés”, lamenta con una sonrisa irónica José Ángel, un migrante salvadoreño de 36 años. Nunca imaginó que diría que quiere que lo deporten. Que la migra de México, el consulado de su país, las autoridades, alguien, lo suba a un avión y lo mande de regreso a su casa.

Por la pandemia, José Ángel lleva más de un mes varado en un albergue que la iglesia católica tiene en Chihuahua, al norte de México, junto a un grupo de otros 20 compatriotas.

Sentados en sillas de plástico y con las miradas fijas en un celular, los migrantes explican a través de una videollamada que el consulado de su país les dijo que, en este momento, no son una prioridad para repatriarlos porque tienen un refugio. Pero ellos responden que su situación es desesperada: no pueden trabajar, no tienen dinero, y sus familias, con la crisis económica que viene con la pandemia, dependen más que nunca de su trabajo.

Lee: El campamento de los ‘apátridas’: cientos que no son reconocidos por sus países

Por ello, José Ángel dice que está valorando tomar una decisión drástica: reunir como sea 500 dólares y pagar otro coyote.

Pero, esta vez, no para cruzar ilegalmente a Estados Unidos, sino a El Salvador, su propio país.

La migración al revés.

Migrar en la pandemia

“Migrar en plena pandemia fue una decisión muy arriesgada. Estoy consciente de eso. Pero cuando tienes esposa y dos hijas esperándote en Texas… Eso te da una fuerza, un deseo por verlas de nuevo, que no hay virus en el mundo que te detenga”.

Y, en efecto, a José Ángel no lo detuvo la pandemia.

Lo detuvo la Patrulla Fronteriza estadounidense.

Y, además, justo cuando le quedaba poco para llegar a su “levantón”. A la camioneta que, tras cruzar de Miguel Alemán, en Tamaulipas, a Roma, en el condado texano de Starr, lo debía llevar clandestinamente hasta Houston, donde la meta de reunirse de nuevo con su familia lo esperaba.

Pero algo repentino pasó: el sueño de ver de nuevo a sus niñas, y también los 5 mil dólares que le pagó a un coyote para que lo llevara por todo México en buses, camiones, y ‘jalones’ en carro, hasta cruzar la frontera donde, una vez en casa, debía abonar el resto del pasaje hasta completar los 12 mil dólares pactados con el traficante.

Lee: Migrantes de otro mundo: Naufragio en Chiapas

“Ya estábamos en Estados Unidos, caminando en silencio por un terreno, sin hacer ruido -narra el salvadoreño-. Todo iba bien, cuando, de pronto, nos cayó la migra”.

Una vez preso, el migrante dice que un agente le dio un cubrebocas, algo de gel antibacterial, lo subió a la patrulla, y ahí terminó su experiencia norteamericana. A las pocas horas, ya estaba de vuelta en el lado mexicano.

Antes de la pandemia, una devolución así, no hubiera estado permitido por las leyes internacionales de refugio y derechos humanos, al menos en la teoría. Pero, desde el pasado 20 de marzo, el presidente Donald Trump, aprovechando las medidas de protección contra el coronavirus, encontró la excusa perfecta para anunciar una decisión que avala, en la práctica, las deportaciones exprés sin posibilidad de pedir protección: cerrar fronteras a “viajes terrestres no esenciales” y devolver a México inmediatamente a todos los extranjeros que sean arrestados tratando de cruzar sin documentos.

México, por su parte, anunció a través de la Cancillería que aceptará a los connacionales que fueron devueltos de esta manera, y también a los centroamericanos, a los que recibe y encierra en estaciones migratorias antes de expulsarlos.

Pero con el coronavirus, las devoluciones no están siendo inmediatas. De hecho, ante el cierre de fronteras en Centroamérica, México se ha convertido en la antesala de una especie de deportación a plazos.

Así lo publicó el pasado 12 de abril Animal Político en una nota en la que documentó que, en plena pandemia de COVID, México está abandonando a migrantes en la frontera guatemalteca, o los libera en la calle sin recursos y con la prohibición de regresar a la frontera norte, o los aloja en algunos de los pocos albergues de la sociedad civil con espacio para recibirlos.

A José Ángel y al grupo de 20 salvadoreños que está con él, les tocó primero pasar unas semanas en la estación migratoria, en Reynosa, Tamaulipas. Pero, ante el avance de la pandemia, México tomó la decisión de vaciar sus estaciones para evitar contagios en estos centros de detención, habitualmente hacinados.

Como resultado, los 21 salvadoreños fueron trasladados sin mayores explicaciones a un albergue en Chihuahua con un pase de salida de 60 días, pero a más de 2 mil 600 kilómetros del Río Suchiate, la frontera con Guatemala.

“Solo querían deshacernos de nosotros”, comenta José Ángel.

Una vez en el refugio, básicamente, les dijeron que buscaran a su consulado, que tiene oficina en Ciudad Juárez, para que su gobierno se hiciera cargo de ellos y los repatriara.

“Pero nuestro consulado no nos dio respuestas claras”, interviene en la plática Douglas Pérez, salvadoreño de 38 años, que también fue detenido por la Patrulla Fronteriza tras un día entero caminando por el desierto.

“Solo nos dicen que por la pandemia tienen que atender a muchos compatriotas en la misma situación, y que nosotros no somos prioridad porque estamos bajo un techo”.

Hasta ahora, el grupo de migrantes asegura que la única respuesta más o menos concreta que les han dado es que tienen que esperar 14 semanas, tres meses y medio, para que les digan cuándo podría haber una fecha de repatriación vía aérea.

“Eso es demasiado tiempo -dice Douglas que hunde la cabeza entre sus manos durante unos segundos-. Ya llevo aquí más de 15 días varado. Y hay otros compañeros que llevan más de un mes. Y ahora nos piden 14 semanas más para decirnos una fecha”.

Ante la pandemia, que en El Salvador ha dejado hasta el 30 de mayo 2 mil 395 contagiados y 44 fallecidos, los migrantes dicen que entienden que haya restricciones sanitarias en su país, mismas que incluyen confinamiento de la ciudadanía -salvo para comprar alimentos-, suspensión del transporte público, y el traslado a centros de detención a quienes violen la cuarentena. Por eso, aseguran que están dispuestos a hacer la cuarentena durante el tiempo que les digan, “si quieren de 30 días, de 30 días”, pero quieren regresar ya a sus casas.

“Tengo dos hijos en El Salvador. Necesito volver ya”, subraya Douglas.

“Cualquiera nos podría decir que nadie nos obligó a salir de nuestro país -tercia José Ángel-. Pero todos íbamos a tratar de conseguir un mejor futuro. Y ya que no se pudo, queremos regresar a casa”.

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De vuelta con el coyote

Por la cámara del teléfono de celular, se aprecia que varios de los migrantes llevan con ellos a sus hijos, niños de entre siete y 10 años que corretean entre risas por el amplio comedor del albergue católico. Por ellos es que varios de los migrantes dicen que se la piensan mucho para tomar una decisión. Desde luego, ponerse de nuevo en marcha por tierra, es una opción que todos barajan. Es decir, tomar un camión que los lleve lo más cerca posible de la frontera sur, y ahí Dios proveerá.

Pero la carretera, aun y con el pase de salida que les dio el INM para que puedan transitar legalmente por el país durante 60 días, es sinónimo de problemas. De extorsiones de autoridades policiacas y del crimen organizado, de asaltos, agresiones, violaciones, y un largo etcétera que ya todos conocen muy bien.

Que haya bajado la migración con la pandemia -en abril, el INM detuvo a 2 mil 625 migrantes, frente a los más de 20 mil de abril del año pasado-, no quiere decir que los riesgos del camino se hayan esfumado, coinciden en apuntar los migrantes.

“Nuestro gobierno le está apostando a que nos movamos por nuestros medios, pero viajar así por México es un riesgo enorme”, asegura una mujer indocumentada, que prefiere no decir su nombre. Además, hace hincapié en que no todos tienen el dinero suficiente para pagarse un autobús, mientras que otros viajan con niños, y otros más, que requieren de dietas especiales, “no aguantarían un viaje de reversa tan largo”.

“Necesitamos que nos regresen en avión”, resume Douglas, contundente.

“Es mucho más seguro para nosotros”, lo secunda el grupo.

Y, además, está el tema de Guatemala, añaden. Con sus fronteras cerradas, el paso a Centroamérica está sellado.

A pesar de estos obstáculos, José Ángel dice que, si su gobierno no le da una respuesta concreta en breve, se plantea volver por tierra.

“Hablé con otro salvadoreño que conocí en la frontera de Tamaulipas y que ahora está en Veracruz, en otro albergue como este, junto con otros 40 salvadoreños. A ellos también les dijeron que tiene que esperar dos meses para que les digan cuándo los repatrian. Pero ya muchos se están yendo por sus medios para la frontera con Guatemala. Allí le pagarán 500 dólares a otro coyote para entrar por un punto ciego al país”.

“O sea -añade el centroamericano-, que tenemos que pagar un coyote para entrar de ilegales a nuestro propio país. Fíjese usted qué ironía”.

Pero en el caso de sus compatriotas, ellos tuvieron más suerte. Migración mexicana los dejó en Veracruz, mucho más cerca de la frontera sur que Chihuahua, que está a miles de kilómetros de distancia.

De ahí que, a los 500 dólares del coyote, José Ángel tendrá que sumarle dinero extra para conseguir boletos de autobús, comidas, etcétera.

“Nos hemos quedado entre la espada y la pared. Porque la mayoría, después del tremendo gasto que ya hicimos para el coyote a Estados Unidos, no tenemos ahora ese dinero”, plantea el migrante, quien asegura que solo por entrar unas horas a la frontera de Estados Unidos ya pagó 5 mil dólares a su traficante; dinero que sacó de vender un pequeño negocio de ropa, zapatos y de accesorias de teléfono, y de pedir prestado.

El problema es que el crédito con familiares y amigos ya se le agotó. Y más ahora, que no consiguió cruzar a Estados Unidos.

“Nuestros familiares ya no nos quieren mandar más dinero. No confían en que les podamos pagar, porque en El Salvador la cosa sigue muy mal económicamente. Y más ahora, con la pandemia. Saben que no hay trabajo para reunir la plata que les debemos”.

La prioridad, grupos vulnerables

Animal Político buscó al consulado de El Salvador en Ciudad Juárez, Chihuahua, para preguntarle por una postura acerca de lo expuesto por los migrantes salvadoreños en este reportaje, pero no hubo respuesta.

Sin embargo, en su página web, la cancillería salvadoreña destaca en un comunicado que están dando cumplimiento a un plan de repatriación de connacionales que no habían podido regresar al país centroamericano debido a la pandemia de COVID 19.

El pasado 22 de mayo, la Cancillería informó que repatrió a un grupo de 93 salvadoreños que estaban varados en México, y que están haciendo “un gran esfuerzo” para “agilizar el regreso de todos”, aunque en otro comunicado señalaron que están priorizando a las personas más vulnerables, como adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, embarazadas, entre otras.

“Este proceso ya se está acelerando para que todos y cada uno de nuestros compatriotas pueda regresar a patria lo antes posible”, señaló la canciller salvadoreña Alexandra Hill.

 

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BBC THREE

“Mi novio murió por culpa de teorías conspirativas sobre el cáncer”

La desinformación en internet puede ser peligrosa. Aimee cree que en el caso de su novio Sean llegó a ser mortal. Aquí cuenta cómo ambos terminaron atrapados en un mundo de terapias alternativas contra el cáncer con un triste final.
BBC THREE
28 de julio, 2020
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Aimee, de 23 años, conoció a su novio Sean en una organización juvenil en Liverpool, Inglaterra. Le gustaba mucho cantar y acababa de unirse al coro.

“Solíamos hacer juntos pequeños conciertos con mi coro y la banda de música de Sean”, dice ella. “Nos lo pasábamos en grande, así fue como lo conocí: a través de la música”.

Aimee describe a Sea como la persona más divertida que ha conocido nunca: “Él era el alma de la fiesta. Le encantaba estar en el escenario y tocar su guitarra. Era conocido en Liverpool por su banda. Siempre feliz y amable”.

Aimee solo llevaba unos meses saliendo con Sean cuando a él le diagnosticaron un linfoma de Hodgkin por segunda vez. Ella sabía que Sean había tenido cáncer a los 17 años y que había estado meses con quimioterapia, pero aún así fue chocante cuando se lo volvieron a diagnosticar.

En ese momento, los médicos que trataban a Sean le dijeron que tenía al menos el 50% de posibilidades de sobrevivir a largo plazo si se sometía a quimioterapia. Pero tras leer mucho en internet, Sean creyó que podría curarse del cáncer haciendo una desintoxicación y cambiando su estilo de vida, evitando así los agotadores efectos secundarios que recordaba de la quimioterapia.

Sean

BBC THREE
Sean tocaba en una banda de música. Aimee lo recuerda como la persona más divertida que llegó a conocer.

Sean también confió en “escáneres termográficos” (imágenes que muestran mapas de calor del cuerpo). Los tomó como una garantía de que los tratamientos alternativos estaban funcionando, aunque el sistema de salud británico (NHS) advierte de que no existen evidencias de que la termografía sea una manera efectiva de detectar o controlar el cáncer.

Aimee dice que para ella los escáneres, que se promocionaban como “libres de radiación”, le estaban dando una falsa esperanza: “Me tranquilizaron un poco, así que hasta que no ingresó en el hospital yo pensaba que estaban funcionando”.

Por desgracia, ambos se equivocaron. El autotratamiento de Sean no funcionó, y en enero de 2018 fue trasladado de urgencia al hospital.

Estaba muy, muy enfermo, visiblemente enfermo. Pero como yo había estado junto a él tanto tiempo no podía verlo. Una amiga me dijo: ‘Aimee, Sean no tiene muy buen aspecto'”.

“Yo solía responder cosas como, ‘¡oh! es la reacción de Herxheimer’, lo cual significa que vas a peor antes de ir a mejor. Eso es lo que se decía en muchos foros de medicina alternativa”.

“Hasta que no llegamos al hospital y nos dijeron, ‘a lo largo de este año, cuando pensaban que se estaba reduciendo, en realidad estaba creciendo’, no me di cuenta de que no había funcionado”.

Los médicos encontraron un tumor del tamaño de un pomelo en el estómago de Sean y otros tres más por su cuerpo. Sean murió en enero de 2019. Tenía 23 años.

"Yo no lo apoyaba ni su madre tampoco, pero poco a poco nos absorbimos por completo en ese mundo de terapias alternativas".", Source: , Source description: , Image:

“Los memes eran una fuente de ideas para tratamientos”

Poco después de que a Sean le dijeran que su cáncer había regresado, decidió rechazar la quimioterapia. Él y su novia comenzaron a ver incontables videos de YouTube y documentales, y a escuchar conferencias.

Aimee dijo que ella y Sean se sumergieron en foros y comunidades de internet dedicadas a “curar el cáncer de forma natural”.

“Al principio yo pensaba: ‘¿Cómo te vas a curar tu propio cáncer?’ Me impactó tanto que le dije: ‘La verdad es que no creo que debas hacer esto'”.

“Yo no lo apoyaba ni tampoco su madre, pero poco a poco nos absorbimos por completo en este mundo”.

Sean se hizo vegano, probó el aceite de cannabis y comenzó a hacerse enemas de café para tratar de curarse a sí mismo. Empezó a documentar su experiencia en Facebook Lives y obtuvo un gran número de seguidores.

“Hablábamos entre nosotros sobre teorías de la conspiración, discutíamos sobre ellas y consolidábamos nuestras creencias”, agrega Aimee.

Memes sin referencias sobre su origen compartidos en la comunidad online se convirtieron en fuente de ideas para tratamientos, reforzando sus puntos de vista.

Meme sobre la industria farmacéutica

INSTAGRAM
“La industria farmacéutica no crea curas; crea CLIENTES”, se lee en este meme.

“Creo que la gente no se daba cuenta del papel tan importante que jugaron los memes y ese tipo de cosas; verlos sin pensar en la pantalla del celular nos hacía reforzar de cierta manera lo que pensábamos día tras día”.

Por ejemplo: “Las cerezas neutralizan la acidez en el cuerpo y matan células cancerígenas”, se lee en una publicación de Instagram.

En cuanto a por qué se creían información de internet no respaldada científicamente, Aimee dice que era “en parte porque queríamos tener esa esperanza”.

“De cierta manera nos estábamos agarrando a ello. Era tan convincente la forma en la que estaba escrito y cómo hablaban de ello personas carismáticas… Eran muy buenos y simplemente parecía verdad“.

“Me sentí traicionada por ese mundo de terapias alternativas”

Aimee dice que siente mucha rabia por los dos años en los que su novio pudo haber recibido tratamiento en el hospital y no lo hizo.

“Lamentaba la vida que podríamos haber tenido juntos, pero también trataba de ser fuerte por él y de no mostrar que me sentía triste”.

“El mundo de las terapias alternativas se aprovecha de las personas cuando están en su punto más vulnerable“.

“Me sentí tan traicionada por ese mundo… Cuando me di cuenta por primera vez de que había sido radicalizada, fue como una crisis de identidad. No podía creer lo que acababa de ocurrir”.

Meme sobre cómo acabar con el cáncer

BBC THREE
“Mata de hambre al cáncer”, se lee en esta infografía. En los gráficos se recomienda no comer carne procesada, ni azúcar, ni edulcorante, ni lácteos, ni organismos genéticamente modificados, ni aceites hidrogenados.

No fue hasta que Sean no se estaba muriendo que Aimee no pensó que las terapias alternativas no curarían su cáncer.

“No le vi durante un mes -a petición de él- porque él se sentía un poco abatido y le avergonzaba lo débil que estaba y no quería que lo viéramos así. Obviamente, a mí no me importaba. Pero recuerdo ir a verle y cómo me impactaba”.

Ella rememora cómo se sentaba junto a Sean cuando él estaba en cuidados paliativos: “Tenía una cama de hospital en casa, yo le agarraba la mano y trataba de hablar sobre cualquier cosa para distraer su mente”.

“Él siempre solía pedirme que le diera masajes porque estaba muy muy dolorido. Y yo bromeaba preguntándole cuándo me iba a dar masajes él a mí”.

En julio del año pasado, seis meses después de la muerte de Sean, Aimee escribió un mensaje privado en Instagram: “Mis opiniones sobre los tratamientos alternativos contra el cáncer han cambiado, creo que le costaron la vida a Sean“.

Aimee y su novio Sean

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Sean murió con tan solo 23 años.

Layla, una amiga de la universidad de Aimee, recuerda haber seguido la experiencia de Sean a través de internet y le escribió para averiguar más sobre tratamientos alternativos contra el cáncer.

Ahora que ha hecho un documental para BBC Three sobre Sean, dice: “Parece que todo el mundo en Liverpool estaba siguiendo la historia de Sean. Siempre era algo positivo, el periódico local publicó un artículo diciendo que había superado su pronóstico”.

“Pero de repente Sean desactivó todas sus cuentas en redes sociales y solo hubo silencio”.

Layla recuerda pensar que un día, como periodista, le gustaría compartir la historia de Sean: “Pensé que el mundo sabría que puede que logres curarte sin el método convencional, pero la trágica realidad es que esa no fue la historia que aquí se contó, y cuando el propio Sean se dio cuenta ya era demasiado tarde“.

Aimee quiere advertir a otros sobre los peligros de la desinformación, especialmente para quienes han sido diagnosticados recientemente con cáncer.

“Solo quiero que la gente realmente piense en la historia de Sean . Este es el documental que Sean hubiera necesitado ver hace dos años”.

Es demasiado tarde para Sean, pero Aimee cree que el gobierno podría evitar que otros pierdan a sus seres queridos de la misma manera.

“Hay que hacer algo sobre las terapias alternativas y la información falsa en internet porque es muy peligroso”.

Lee el artículo original en inglés en BBC Three


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https://www.youtube.com/watch?v=Sgamt2D5CMs

https://www.youtube.com/watch?v=OPBtbIkRIUc

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