La 'jefa Juanita' murió por COVID a un mes de jubilarse como enfermera
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La “jefa Juanita” murió por COVID-19 a un mes de jubilarse como enfermera

Juanita Petra Silva tenía 54 años y era supervisora de enfermería en el hospital Belisario Domínguez. Murió el 21 de mayo después de tres semanas con síntomas de COVID. En junio comenzaban sus trámites de jubilación tras 32 años de servicio.
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A Juanita Petra Silva Isidoro, de 54 años, todo el mundo la conocía como la “jefa Juanita” en el Hospital Belisario Domínguez. Allí trabajó como enfermera los últimos 14 años. Estuvo al frente de Neonatología, Terapia Intensiva y, por último, como supervisora. Allí, con el que fue su equipo durante tantos años, murió el pasado jueves 21 de mayo, víctima de complicaciones derivadas de la COVID-19. 

Podía haberse jubilado en 2019 pero decidió quedarse un año más. Le gustaba demasiado su trabajo. Tenía la esperanza de terminar su carrera en el área de neonatos, el lugar donde tuvo su primer empleo en el hospital Legaria hace 32 años.  

Pero entonces llegó la maldita pandemia y todos los planes se frustraron.

A pesar de todo, en junio comenzaban sus trámites de prejubilación. Así que estaría un mes hasta que le llegase la licencia de 90 días previa a despedirse definitivamente. 

La COVID-19 la atrapó antes.

Su cuerpo abandonó el hospital Belisario el viernes. Marchaba por última vez de la que fue su segunda casa. El féretro fue acompañado por los aplausos de todos sus compañeros, que realizaron un pasillo humano hasta la puerta de salida. 

Había muerto la “jefa Juanita”, otra mártir del coronavirus, una nueva víctima en el colectivo de trabajadores de hospitales, hombres y mujeres que hacen frente a una pandemia desconocida con medios escasos y expuestos a grandes riesgos. 

“Las sirenas sonaban y ahí estaba toda la gente: enfermeras, médicos, personal de intendencia. Todo el mundo se expresaba de una forma tan bonita, tan positiva, tan conmovedora sobre mi mamá”, dice Mayra Laura De Rosa Silva, de 28 años, hija mayor de la enfermera fallecida.

Lee: ‘Nunca lo imaginé, este lugar era de gente poderosa’: Así es la estadía de médicos y enfermeras en Los Pinos

El homenaje a Juanita es el símbolo de un colectivo golpeado. A fecha de martes 19, en México había 11 mil 394 casos de coronavirus entre el personal médico, así como 149 defunciones. Entre ellas no estaba contabilizada la enfermera, que falleció dos días después. Cada semana, la Secretaría de Salud actualiza los datos de las víctimas que se dejan la vida intentando que otros salgan adelante. 

El domingo 24 de mayo, la “jefa Juanita” fue inhumada en el Panteón civil San Lorenzo Tezonco, justo al lado del hospital Belisario. “Pareciera que el destino quiere que esté siempre cerca del hospital”, dice su hija.

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La COVID-19 es una enfermedad cruel y la soledad uno de sus castigos. En su inhumación, solo pudieron estar seis personas. Su esposo, Raúl De Rosa Cueto; sus dos hijas, Mayra Laura y Juanita Abril, su mamá y dos hermanos. 

Dos días antes, todo el hospital había salido a dar el último adiós a una de las suyas. “El amor que ella dio es el que recibe ahora. Eso se nota en su despedida. Ella se fue, pero se entregó a los pacientes hasta el último día”, dice Mayra. 

“Si algo puedo decir es que fue entregada hasta el último momento”, afirma.

Enfermera vocacional y muy respetada por sus compañeros

“A veces le preguntaba: si volvieses a nacer, ¿qué te gustaría haber estudiado? Y ella me decía: lo mismo”. Mayra, hija mayor de Juanita, explica la vocación de su madre. Quería ser enfermera casi antes incluso de que le preguntasen “qué quieres ser de mayor”.

Por eso estudió en la Escuela de Enfermería y se especializó en neurología infantil. Nunca dejó de formarse. Actualmente estaba terminando la licenciatura en la Universidad del Sur.  

Nació en Cuacnopalan, Palmar de Bravo, Puebla, en una familia humilde. Era la tercera de nueve hermanos. Su padre trabajaba como albañil y su madre en la casa. 

Lee: Detienen a un hombre por discriminación y agresión contra enfermera en Querétaro

Sus familiares, cuenta Mayra, fueron los primeros pacientes. 

“Siempre le apoyaron. Me contaba mi abuelita que desde chiquita se ponía trapitos, si alguien se quemaba de sus hermanos, ella los curaba. Luego comenzó sus estudios y, por ejemplo, cuando aprendió a inyectar le decía un hermano, aprende en naranjas, luego practica conmigo”, explica.

Posteriormente se mudó a Tulyehualco, donde creó una familia con Raúl, el hombre que le invitó a bailar en una feria, le llamaba “chaparra” y con el que pasó toda su vida. Este año hubiesen celebrado sus treinta años de casados.  

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Durante 18 años trabajó la “jefa Juanita” en el Hospital Pediátrico Legaria. Hasta 2017, cuando se trasladó al Belisario Domínguez y se ganó el sobrenombre de “jefa”. 

“Era alegre, te sabia escuchar. También era muy profesional en su trabajo, optimista y leal. Un elemento característico de ella es que portaba su uniforme impecable, que estaba siempre bien alineada”, recuerda Gladys Santiago Sánchez, actual coordinadora de enfermería en el Belisario. 

“Fue una mujer muy entregada. Del gremio de salud, el más comprometido es el de enfermería. Es el equipo más disciplinado. Juanita era una persona que siempre estuvo en disposición de ayudar, estudiosa, amable con el personal, tranquila”, afirma el doctor Miguel Ángel Toscano, jefe del área de Terapia Intensiva del Belisario.

La enfermedad evoluciona rápidamente

Nadie puede determinar cuándo se contagió la “jefa Juanita”. El Belisario Domínguez fue reconvertido en hospital-Covid19, así que atiende únicamente a pacientes con coronavirus. Pudo ser en alguna de sus rondas por las áreas donde están los enfermos. O que alguno de sus compañeros, también infectado, le pasase el bicho al acudir a su despacho a presentar un informe. Incluso cabría la posibilidad de que hubiese enfermado en el exterior. Las opciones son amplias en un hospital en el que el personal ha reclamado en varias ocasiones por la escasez de insumos contra la pandemia, un fenómeno que se replica en hospitales de todo el país. 

Calixta Concepción Ramos, jefa de enfermería, también cayó enferma. Además, de las cuatro supervisoras de enfermería, dos resultaron contagiadas. 

Lee: En México no hay suficientes crematorios para los miles de muertos por COVID-19

“Fuimos juntas a hacernos la prueba”, explica. Todavía no se cree que su amiga haya muerto y le cuesta hablar de ella en pasado. 

“El lunes 4 ya nos encontrábamos muy cansadas y en el hospital no nos querían hacer las pruebas, ya que hay pocas y son para los pacientes. Así que una compañera nos recomendó ir al centro de salud de Tlaltenco”, dice.

Allí se fueron las dos, nada más terminar su turno.

Dos días después les informaron de que estaban autorizadas para hacer el test y al poco recibió el veredicto: infección por COVID-19. Para entonces ya se había aislado en casa y el ISSSTE le había concedido la incapacidad de una semana por posible coronavirus. Fue una decisión difícil para alguien que “jamás había faltado a trabajar”, según explica su hija Mayra. Pero no le quedaba otra. Su salud empeoraba y, además, era un foco de contagio.

Todavía sabemos poco de esta enfermedad. Es una lotería cruel. Ella hacía todo lo que estaba en sus manos, pero su cuerpo no respondía. 

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El 10 de mayo, día de la madre, recibió las llamadas de sus amigas como Calixta Concepción Ramos. 

“Ese fue el último día que platicamos. Yo iba mejorando y ella se deterioraba”, dice. 

El 12, Día Internacional de las Enfermeras, fue internada en el Belisario. Su hija Mayra la trasladó y le dijo “te amo” antes de dejarla en manos de sus compañeros. “Yo más”, le respondió Juanita, que para entonces ya apenas podía respirar y sufría problemas de visión. 

La pandemia ha extendido el temor al ingreso hospitalario. En la calle se dice que quien llega al centro médico tiene más posibilidades de perder la vida, que puedes infectarte. El miedo y la falta de información construyen explicaciones irracionales.

La “jefa Juanita”, sin embargo, era consciente de que ir al hospital era aceptar que su estado agravaba y que si la gente no sale adelante es porque la enfermedad no tiene piedad. Pero también sabía que estaba en buenas manos. Que si alguien podía sacarle adelante eran sus compañeras. 

Lo había dicho en repetidas ocasiones: “si me pongo peor, llévenme con mi equipo. Ellos saben lo que hacen y confío en ellos”.

Durante nueve días y nueve noches, sus compañeros, los mismos con los que trabajó los últimos 13 años, se desvivieron para sacarla adelante. 

No pudieron hacer nada. 

El 15 de mayo fue intubada. Seis días después, Mayra recibió la llamada que nunca hubiese querido tener: la fiebre de su madre no se bajaba, cada vez le costaba más respirar y había que prepararse para lo peor. 

Tuvo la oportunidad de despedirse desde un cristal.

El recorrido hasta el área de Patología, donde se guardan los cuerpos hasta que llegan las funerarias, lo hizo el cuerpo de la “jefa Juanita” rodeada por batas blancas y con la música de Las Golondrinas. Cuando abandonó definitivamente el centro hospitalario todo el mundo estaba ahí. 

El fallecimiento de una compañera es un duro golpe para todo el personal de los hospitales. 

“Nunca imaginamos esta situación. No estábamos preparados. Trabajamos con aislamiento en otras enfermedades infecciosas, pero esto es diferente”, dice Gladys Santiago.

“No me imagino llegar y que Juanita no esté”, lamenta Calixta Concepción Ramos.

El domingo por la mañana, la “jefa Juanita” fue inhumada en el panteón San Lorenzo. Su hija Mayra la recuerda con orgullo. “Si faltaba personal en un área, ella entraba. No hubo día que no fuese a ver a sus compañeras y siempre se entregó a sus pacientes”, dice.

Cuando todo esto acabe, dicen sus compañeras que piensan hacerle un homenaje. El último adiós a la enfermera que tenía que haberse jubilado pero que murió en el hospital en el que tantas vidas ayudó a salvar. 

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#YoSoyAnimal

Por qué está aumentando tanto el precio de los alimentos en todo el mundo (y qué se puede hacer contra su impacto)

Este sábado es el Día Mundial de la Alimentación y coincide con un momento de inseguridad alimentaria "catastrófica y sin precedentes", tal como ha advertido Naciones Unidas.
16 de octubre, 2021
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El Día Mundial de la Alimentación se celebra este sábado en medio de una advertencia de Naciones Unidas sobre el nivel “catastrófico y sin precedentes” de inseguridad alimentaria y el temor a un mayor aumento del precio de la comida a nivel mundial.

“Cerca de medio millón de personas están experimentando condiciones de hambruna en Etiopía, Madagascar, Sudán del Sur y Yemen. En los últimos meses, las poblaciones vulnerables en Burkina Faso y Nigeria también han sido sometidas a estas mismas condiciones”, dijo la ONU en un comunicado.

El organismo llamó a destinar inmediatamente fondos para ayudar a 41 millones de personas en varios países en peligro de una hambruna.

Según la organización benéfica con sede en el Reino Unido The Hunger Project, 690 millones de personas en todo el mundo viven con hambre crónica, 850 millones están en riesgo de pobreza debido a covid-19.

De esos 690 millones, el 60% son mujeres.

Aquí analizamos lo que el alza en el precio de los alimentos significa para todos y qué alternativas se están considerando para ayudar a reducir la pobreza alimentaria.

Pero antes que nada, te explicamos el porqué de ese incremento.

¿Por qué suben los precios?

alimentos

Getty Images
La pandemia ha incrementado el precio de los alimentos.

El gigante internacional de alimentos Kraft Heinz advirtió esta semana que la gente tendrá que “acostumbrarse a precios más altos de los alimentos” como resultado de la inflación “generalizada” posterior a la pandemia.

La doctora Sarika Kulkarni, fundadora y fideicomisaria de Raah Foundation, con sede en Bombay, India, está de acuerdo con la opinión de Miguel Patricio, el jefe de Kraft Heinz, de que los precios de los alimentos se mantendrán altos.

Kulkarni y la Fundación Raah han estado trabajando para lograr una vida mejor, más saludable y más feliz para las comunidades indígenas de la India.

Durante la pandemia, muchos países vieron caer la producción de materias primas, desde cultivos hasta aceites vegetales.

Las medidas para controlar el virus y la enfermedad limitaron la producción y distribución.

A medida que se ha ido recuperando la oferta, muchas economías no han podido ajustarla a la demanda, lo que ha llevado a un alza de los precios.

El aumento de los costos salariales y energéticos se han sumado a la carga a la que se enfrentan los fabricantes.

“Los precios son una correlación directa de la demanda y la oferta”, explica Kulkarni, experta en alivio de la pobreza.

“Mientras que la población aumenta y la demanda de alimentos se incrementa continuamente, la cantidad de hectáreas bajo cultivo está disminuyendo debido a múltiples desafíos y problemas que incluyen la disponibilidad de agua, el deterioro del suelo y su calidad, el cambio climático y el aumento de casos de variaciones climáticas extremas, el desinterés de las nuevas generaciones en la agricultura como ocupación, etc.”.

“Los agricultores enfrentan diversos retos que se reflejan en el precio de los alimentos, que continúa aumentando”, agrega.

“Sexo a cambio de comida”

manos con alimentos

Getty Images

Según el subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, Martin Griffiths, “cuando finalmente se abre la puerta la hambruna, se vuelve viral de una manera en la que otras amenazas quizás no lo hacen”.

Las mujeres y las niñas son particularmente vulnerables como resultado del aumento de la pobreza y el aumento de los precios de los alimentos.

“Las mujeres nos hablan de las medidas desesperadas que deben tomar para encontrar con qué alimentar a sus familias, incluido el intercambio de sexo por comida, el recurrir a matrimonios precoces e infantiles, como escuché hace poco cuando estuve en Siria”, recordó.

Algunos de los que más inseguridad alimentaria sufren a nivel mundial son los pequeños agricultores, dice Karen Hampson, gerente de Desarrollo de Programas en Farm Radio International.

“El aumento actual del precio de los alimentos es un arma de doble filo para ellos”, le apuntó a la BBC.

“Por un lado, las familias campesinas necesitan comprar los alimentos que no pueden cultivar, por lo que sus costos aumentan o su acceso a los alimentos disminuye, lo que genera hambre y desnutrición”, explicó.

Y “por otro, al menos en teoría, el alza del precio de los alimentos debería significar más ingresos por los productos que venden”.

“Sin embargo, en la mayoría de los casos, el aumento de los precios de los alimentos no parece traducirse en más ingresos para los agricultores, especialmente para los de pequeña escala en África”.

Como señala la doctora Kulkarni, la pobreza es directamente proporcional a los precios; a medida que la pobreza aumenta, desafortunadamente los precios también aumentan, destruyendo los pequeños presupuestos que tenían.

“El alza del precio de los alimentos está causando desnutrición, hambre y muchos otros desafíos relacionados con la salud para las comunidades más pobres. Las está atrapando en un círculo vicioso de hambre, mala salud y pobreza”.

Development Initiatives es una organización global que aprovecha el poder de los datos y la evidencia para tratar de acabar con la pobreza, reducir la desigualdad y aumentar la resiliencia, y su director ejecutivo, Harpinder Collacott, está de acuerdo con Kulkarni.

“La pobreza extrema en particular se calcula sobre la base de los ingresos necesarios para satisfacer las necesidades básicas, y la comida es una proporción significativa de eso”, explica.

“Si el costo de esos alimentos aumenta, cada vez más gente no puede satisfacer sus necesidades básicas, lo que significa que es empujada a la pobreza extrema o por debajo de la línea de pobreza extrema”, agrega.

¿Qué se puede hacer?

Para hacer frente al impacto del alza del precio de los alimentos, los habitantes de los países desarrollados pueden optar por evitar los artículos de lujo, pasar menos vacaciones en el extranjero o incluso administrar cuidadosamente su presupuesto.

En los países subdesarrollados, como se mencionó anteriormente, no todos tienen esas alternativas y hay quienes están desesperadas que a menudo se ven obligados a comerciar sexo por comida, tal como ya mencionamos.

La ONU, los organismos regionales y los gobiernos respectivos pueden adoptar enfoques convencionales para sacar a las personas de la pobreza, para enfrentar el desafío del aumento de los precios de los alimentos. Y muchas organizaciones benéficas de todo el mundo se están centrando en métodos innovadores.

“La asistencia alimentaria y de medios de subsistencia debe prestarse en conjunto”, dice el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Qu Dongyu.

“Apoyar los sistemas agroalimentarios y brindar asistencia a largo plazo allana el camino hacia la recuperación más allá de la supervivencia y aumenta la resiliencia. No hay tiempo que perder”, dijo.

Maria Mchele y agricultores en Tanzania

Susuma Susuma
Los programas de radio ayudan a educar para sacar mejor provecho de la tierra y los recuersos naturales.

Pero Collacott le dijo a la BBC que la pobreza alimentaria no se resolverá solo con más dinero.

“Necesitamos una reforma radical de los sistemas y estructuras que mantienen a la gente en la pobreza”, señala.

“Necesitamos un esfuerzo global, de todos los gobiernos, instituciones, empresas y ONG, que coloque a las personas más pobres en el centro de su enfoque para cambiar el status quo y cree un sistema global que no deje a las personas atrás”.

Según Kulkarni, lo que se necesita es impulsar la agricultura climáticamente inteligente, aumentar la adaptabilidad al cambio climático como la mejora de la capacidad de recolección y almacenamiento de agua de lluvia, bajar el precio de las semillas y otras materias primas relacionadas con la agricultura, alentar a los agricultores a que reserven lo que necesitan para el autoconsumo y obtengan ingresos vendiendo el resto.

En los últimos siete años, la Fundación Raah les ha garantizado agua a 105 aldeas, por lo que más de 30.000 habitantes han tenido acceso a ella durante todo el año.

“Hemos estado alentando a los jóvenes a que se dediquen a la agricultura como una ocupación de tiempo completo, proporcionándoles los incentivos necesarios y creando corredores agrícolas para garantizar que la agricultura enfocada genere mejores rendimientos y, por lo tanto, ingresos”, dice Kulkarni.

Según Hampson, una de las causas de la pobreza alimentaria es que los hogares rurales de los países en desarrollo no tienen un acceso adecuado a información sobre precios en diferentes mercados, por lo que no pueden negociar muy bien con distribuidores y mayoristas; o sobre prácticas mejoradas o clima localizado.

Farm Radio International, una ONG canadiense, utiliza la radio interactiva para responder a las necesidades de comunicación e información de los pequeños agricultores del África subsahariana.

“Los programas de radio agrícolas pueden cambiar eso ofreciendo consejos sobre cómo obtener mejores precios por sus productos u otra información precisa y oportuna”, le dijo Hampson a la BBC.

“Por ejemplo, en un proyecto reciente sobre servicios climáticos en Tanzania, el 58% de los oyentes calificaron su conocimiento de cómo usar información meteorológica para mejorar su agricultura como ‘mejor’ después de escuchar los programas de radio, y el 73% informó que habían mejorado sus prácticas de deshierbar después de escuchar los programas de radio “, agregó.

¿Ahora que?

mujeres tomando notas

Susuma Susuma

Si bien es posible que personas de todo el mundo, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, se pregunten cómo enfrentar el aumento del precio de los alimentos, los activistas expresan su esperanza de que se pueda evitar una crisis, siempre que los líderes del mundo adopten medidas rápidas y mesuradas.

“Personalmente, diría que siempre hay esperanza”, dice Hampson.

Pero solo si “escuchamos a mujeres, hombres y jóvenes agricultores, les dejamos liderar y escuchar sus preocupaciones, los incluimos en los diálogos de políticas y apoyamos sus esfuerzos, ya sea a través de cooperativas, grupos de agricultores y de mujeres o la innovación”.

Agrega que hay que “centrarse en la respuesta al cambio climático y apoyar especialmente a los grupos marginados y responder a sus necesidades: igualdad de acceso a los mercados, acceso al crédito, acceso a la información “.

La doctora Kulkarni expresa una opinión similar: “Tenemos esperanza, ya que todavía hay tiempo para abordar las brechas tal como se conocen e identifican”.

Pero advierte: “Si seguimos ignorándolas, podríamos tener un problema y la esperanza podría desvanecerse”.


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