Pacientes llegan al Autódromo al no encontrar atención en hospitales
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Andrea Vega

Pacientes llegan al Autódromo después de no encontrar atención en hospitales

Familiares aseguran que sí están recibiendo aquí a quienes llegan a buscar atención hospitalaria, pero los informes sobre su estado de salud tardan mucho.
Andrea Vega
20 de mayo, 2020
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El esposo de Marisela tenía una oxigenación tan baja en sangre que llegó casi morado al hospital de expansión habilitado en el Autódromo Hermanos Rodríguez y administrado por el IMSS. Antes había ido a otros tres hospitales donde no lo recibieron. 

Al Autódromo arribó este lunes 18 de mayo alrededor de las 7 de la noche. Tenía menos de 70 de oxígeno en sangre, cuando lo normal es que éste no baje de 95. Lo ingresaron. Pero Marisela no ha vuelto a tener noticias de él. 

En la puerta 6 del Autódromo, un lugar antes dedicado al entretenimiento y ahora convertido en hospital temporal frente a la pandemia de Covid-19, unas 20 personas esperan informes sobre sus familiares. 

Aunque hace unos días aparecieron en redes sociales imágenes que mostraban una fila de ambulancias ingresando a la instalación, con mensajes que alertaban del desborde de la epidemia en el país y el colapso de los servicios hospitalarios, hoy, 19 de mayo, por la puerta dedicada al ingreso de esos vehículos de emergencia, la 7, no entra ninguna.

Lee: Pacientes COVID-19 no graves pero con factores de riesgo serán hospitalizados en el Autódromo

Marisela dice que han llegado pacientes, pero por la puerta 6. Unos ocho, entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde. Todos han arribado por su cuenta en vehículos privados o en taxis. A todos los han recibido e ingresado. 

“Sí los atienden, pero no nos dicen nada, no sale ningún doctor, ninguna enfermera. Solo al guardia le pasan reportes y va llamando a algunos de los familiares. A nosotros no nos dan ninguna noticia. Nada más nos dicen que de los que entraron ayer aún no hay informe y que si no nos llaman es porque están estables”. 

Este hospital de expansión –habilitado junto con otros para tratar de quitarle presión a los saturados hospitales del Valle de México– está equipado con 218 camas, todas con disposición de oxígeno; de esas, 26 se destinarán a cuidados críticos respiratorios y las restantes están divididas en ocho módulos con 24 camas cada uno.

Se prevé que en su máxima capacidad, este hospital de expansión atenderá a mil 550 pacientes, de acuerdo a información difundida por el IMSS cuando la unidad empezó a funcionar. 

Marisela no se aleja de las rejas cafés de la puerta 6 del Autódromo. Está toda vestida de negro, y usa un cubrebocas del mismo color. El pelo recogido en una cola, muy negro también. Sus ojos verde olivo están tristes. 

Como al resto de las familiares le han pedido que mejor se vaya a su casa. “Pero allá me desespero más. Me fui en la madrugada y regresé a las 11 de la mañana. Traje unas cosas de higiene personal que me pidieron para mi marido. Ya las entregué. Pero no me dicen nada y es angustiante. Estoy muy preocupada porque mi esposo es muy ansioso y no quería venir”.

Arribo tardío 

Como muchos otros pacientes, el esposo de Marisela, un hombre de 44 años, con sobrepeso de 20 kilos y de oficio comerciante, retrasó el ingreso al hospital. La señora dice que él ya llevaba más de seis días con problemas para respirar. 

“Al principio no me dijo nada. Solo lo veía raro. Hasta le dije a una de mis hijas (de 12 y 18 años) que sí no notaba extraño a su papá. Ya no se reía, ni platicaba. Fue hasta el miércoles pasado que me dijo que le costaba respirar”.

Lee: IMSS admite “problemas relevantes” en Hospital de Iztacalco donde sospechosos COVID esperaban en carpas 

Marisela llevó a su esposo a consulta a una farmacia de similares. La médica de ahí los tranquilizó. Les dijo que no era Covid. Aseguró que los bronquios del paciente se estaban cerrando pero que todo se arreglaría con inyecciones y pastillas. Ahí mismo se las vendieron. 

Pero el paciente no mejoró. Decidieron llamar a un conocido que es médico. Les aconsejó acudir a un laboratorio privado y solicitar una radiografía de tórax. 

“Nos dijeron que sus pulmones estaban muy inflamados. El amigo doctor de mi marido nos dijo que lo lleváramos a un hospital donde él trabajaba antes, no sé el nombre ni de qué institución es. Nos dio la dirección y fuimos. No lo recibieron. Dijeron que no tenían equipo para atenderlo. Pero nos dieron una hoja para ingresarlo a otro”, cuenta Marisela. 

De ese otro sí recuerda el nombre, el Hospital General Chimalhuacán 90 Camas. Solo que ahí tampoco lo ingresaron. “Nos dijeron que no había lugar y que no podían recibirlo. Nos fuimos a una clínica privada y tampoco lo quisieron atender, que ahí no atendían pacientes como mi esposo con dificultad respiratoria”. 

Fueron unos sobrinos de Marisela los que les sugirieron ir al Autódromo Hermanos Rodríguez. Habían visto en la televisión que ahí estaban recibiendo pacientes. Se enfilaron para allá. A las 7 de la noche el esposo de Marisela por fin consiguió atención hospitalaria, con el semblante ya casi morado, dice ella. 

Ahora Marisela espera que su esposo se recupere. “Estaba muy preocupado. Tenemos deudas. Él es comerciante, vende muñequitos de plástico. Ya no había salido a vender desde hace más de 20 días. No sabemos cómo se contagió si es que tiene esa enfermedad, pero yo dudo que sea eso. ¿Allá adentro no lo tienen junto a los de Covid, verdad?”, pregunta.

Cómo nos vamos si no nos dan noticias 

A unos metros de ella está otra señora, a quien llamaremos “Sara”. Su esposo también llegó anoche al Autódromo. Lo canalizaron acá desde el Hospital General de México, donde no contaban con camas para hospitalizarlo. 

Sara cuenta que su esposo, de 53 años y sin factores de riesgo, no ha tenido fiebre, ni tos, pero desde el sábado tenía dificultad para respirar. “Fuimos con un médico privado y nos dijo que le faltaba oxígeno, pero él no quería hospitalizarse. Decía que si lo iban a intubar, mejor se moría en su casa. Solo que sus hijas, yo soy la segunda esposa, se aferraron a llevarlo ayer (lunes) al General”. 

Lee: Habilitan Autódromo como ‘hospital de expansión’ para atender casos de COVID-19

Para cuando llegó allá, narra la mujer, su esposo ya no tenía fuerzas para sostenerse en pie. Le pusieron oxígeno, lo estabilizaron. Le tomaron una radiografía y lo canalizaron al Autódromo. La familia tuvo que llevarlo por sus propios medios, en un taxi. 

“Sí lo recibieron, y hasta eso que rápido, pero pues ahora no nos dicen nada. A mí me dijeron que me vaya y regrese a las 6 de la tarde, a ver si ya hay informes. Yo no puedo ir y venir. No puedo estar gastando en pasajes. Vivo hasta Iztapalapa. Mi esposo es carpintero. Hace dos meses no tiene trabajo por eso de la enfermedad esta, pues ¿de dónde agarro?”.  

Al otro lado de la reja café de la puerta 6 del Autódromo hay otra mujer. También espera noticias de su esposo. Aquí afuera de este hospital de expansión parecen confirmarse las estadísticas que registran que el mayor riesgo de complicarse por Covid lo tiene el género masculino: de los fallecidos por esta enfermedad, 68% son hombres y 32% mujeres. 

La señora se llama Teresa y tiene los ojos llorosos. Llegó con su esposo al autódromo este lunes en la tarde. También viene referido del Hospital General. Le dijeron lo mismo: que no tenían camas ya. 

“Me angustia que no me digan nada. Mi esposo no quería ingresar a un hospital. Llevaba ya unos siete días con tos y fiebre y el sábado empezó con problemas para respirar. Ayer (lunes) ya se nos puso muy mal. Trataba de jalar y jalar aire y decía que sentía que se ahogaba. Nos fuimos al General”. 

Pero igual que al esposo de Sara, al de Teresa también solo lo estabilizaron y lo mandaron al Autódromo. “Estoy un poco tranquila porque ya entró, pero deberían informarnos. Estamos todos acá afuera con el alma en un hilo. Si quieren que nos vayamos, pues que nos digan cómo están”.

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Covid: el drama de los miles niños huérfanos por coronavirus en Perú

Un estudio publicado en la revista médica "The Lancet" estima que 1.134.000 niños experimentaron la muerte de sus cuidadores principales en todo el mundo. Perú ha sido uno de los más afectados
3 de enero, 2022
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Los hijos de Katherine, como muchos otros, tienen dificultades para hablar de su difunta madre.

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Según la revista The Lancet, desde el 1 de marzo de 2020 hasta el 30 de abril de 2021, un estimado de 1.134.000 niños experimentaron la muerte de sus cuidadores principales en todo el mundo, incluido al menos uno de los padres o abuelos con custodia.

En una casita a las afueras de Lima, Gabriela Zarate vive con su esposo y ocho hijos. Cuatro son suyos. Y los otros cuatro, dos niñas de 7 y 15 años y dos niños de 9 y 12 años, son hijos de su hermana menor Katherine.

Es difícil meterlos a todos. Los dos niños duermen de a dos en una litera, y las niñas comparten habitación en la parte trasera de la casa. “Siempre ha sido una lucha poner comida en la mesa para mi familia”, dice Gabriela. “Y con cuatro hijos más es aún más difícil”.

En junio de 2020, cuando Perú ya estaba luchando por contener la Covid-19, Katherine se infectó. Los hospitales estaban abarrotados, los suministros se habían agotado y los familiares vieron morir a sus seres queridos, incapaces de ayudar.

Cuando los médicos rechazaron a Katherine, Gabriela no tuvo otra opción que llevarla a casa. Katherine estaba tendida sobre un colchón. Luchaba por respirar, pero su familia no tenía suficiente dinero como para darle oxígeno. Todos vieron a Katherine debilitarse cada vez más.

Una semana después, murió.

Una de las últimas cosas que hizo Katherine fue pedirle a Gabriela que cuidara a sus hijos. Su padre sufre problemas de salud y adicción y no siempre está presente. Katherine no quería que terminaran en un hogar de niños, por lo que Gabriela accedió a cuidarlos.

No ha sido fácil. Cuando el Gobierno impuso una estricta orden de quedarse en casa durante las peores olas de la pandemia, se quedaron preguntándose qué harían.

“Solía conducir un taxi y vender dulces en las calles”, dice Gabriela. “Pero luego nos dijeron que nos quedáramos en casa y me preocupé. ¿Cómo íbamos a alimentarlos a todos?”.

Gabriela ahora cuida de ocho hijos: cuatro de los suyos y los otros cuatro de su hermana, Katherine.

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Gabriela ahora cuida de ocho hijos: cuatro de los suyos y los otros cuatro de su hermana, Katherine.

Para ganar algo de dinero, su pareja comenzó a entregar comida a las personas durante el toque de queda, lo que era ilegal. Fue entonces cuando él también contrajo covid-19 y ya no pudo trabajar. “Todos teníamos miedo de que muriera, pero al final se recuperó”, dice.

En los peores momentos, cuando ninguno de los dos podía salir a trabajar, Gabriela colgó una bandera blanca fuera de su casa para indicar que necesitaba ayuda. Los vecinos comenzaron a traerle sacos de papas y otros alimentos.

Perú ha sido golpeado por Covid-19, con más de 202.500 muertes en una población de menos de 33 millones. Uno de los efectos más trágicos de la pandemia aquí ha sido la cantidad de niños que se han quedado sin una madre, un padre o algún otro cuidador.

Los niños están haciendo clases en línea durante dos días a la semana.

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Los niños están haciendo clases en línea durante dos días a la semana.

En Perú hay al menos 93.000 de ellos, según la revista médica “The Lancet”. Y aunque uno de sus padres aún esté vivo, se les conoce como “huérfanos de covid”.

Muchos enfrentan una lucha diaria por sobrevivir. Financiera y emocionalmente.

Los hijos de Katherine, como muchos otros, tienen dificultades para hablar de su madre. Su hija de 15 años la vio morir y Gabriela dice que está traumatizada. Ella no habla de lo que pasó con nadie.

Los hijos la recuerdan con nostalgia. “Extraño a mi madre”, dice el hijo de nueve años de Katherine. “Solía llevarnos a la calle a jugar con nosotros”.

A pesar de extrañar a su madre, los niños dicen que les gusta vivir con su tía.

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A pesar de extrañar a su madre, los niños dicen que les gusta vivir con su tía.

Ayudar a los niños como ellos es un tema que están tratando de abordar profesionales como Andrea Ramos. Es trabajadora social del ayuntamiento de dos zonas pobres de Lima. Su escritorio está repleto de papeleo y confía en que los lugareños se pongan en contacto con ella a través de WhatsApp para indicar quién necesita ayuda.

La pobreza, dice, está empeorando debido al aumento del desempleo en la pandemia. Esto, a su vez, está generando más frustración y violencia en los hogares.

“Tenemos muchos niños con problemas de salud mental que tienen miedo de salir porque han estado encerrados durante las peores olas de la pandemia”, dice.

Hay talleres de ayuda a las familias para que lidien cuando los niños estén en casa todo el día con clases en línea; y cómo resolver peleas y mantener los ánimos bajo control

Los profesionales están preocupados por los efectos a largo plazo de la pandemia en los niños.

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Los profesionales están preocupados por los efectos a largo plazo de la pandemia en los niños.

Para algunas familias, la vida está mejorando lentamente. Gabriela ahora recibe una pensión covid aprobada por el gobierno para cada uno de sus sobrinos y sobrinas. Solo representa alrededor de $50 al mes por niño, pero significa que puede permitirse comprar comida extra para ellos e imprimir páginas para su tarea.

Los niños están viendo clases en línea dos días a la semana. Es difícil encontrar espacio para todos. A pesar de extrañar a su madre, dicen que les gusta vivir con su tía. Es divertido jugar al fútbol en la calle con sus primos, aunque a veces terminan discutiendo.

Aunque profesionales como Andrea están preocupados por los efectos a largo plazo que tendrá la pandemia en los “huérfanos de covid”, los sobrinos y sobrinas de Gabriela son ambiciosos sobre su futuro. La mayor quiere ser abogada, los dos niños policía y la niña pequeña médica.


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